ASPECTOS OBJETIVO DE LA JORNADA
1. ¿Qué cambios cree que seria deseable se produjesen en España, en el ejercicio de la profesión farmacéutica?
La primera consideración a realizar radica en la utilización del término cambio. El término se refiere fundamentalmente a “tomar o hacer tomar, en lu-
gar de lo que se tiene, algo que lo sustituya”. Vista esta acepción general del tér-
mino, la primera reflexión es en torno a: ¿qué es lo que somos, profesional- mente hablando, y qué sería deseable ser?
— Lo que podemos ser con la legislación actual:
Tenemos cobertura jurídica amplia, donde asumimos la responsabilidad de hacer llegar a la población el medicamento necesario en condiciones ópti- mas y con cobertura de 24 horas al día, pero en la que figuran además con- ceptos generales como:
— Velar por el cumplimiento de pautas establecidas por el médico. — Seguimiento del tratamiento a través de la atención farmacéutica. — Colaboración en el uso racional del medicamento a través de la dispen- sación informada.
En la ordenación farmacéutica autonómica, como la catalana, aparecen nuevos conceptos como:
— Detección de reacciones adversas y notificación a los organismos res- ponsables de la farmacovigilancia.
— Participación en la promoción y protección de la salud, prevención de la enfermedad y educación sanitaria.
— Realización de otras funciones de carácter sanitario que puedan ser aportadas desde la oficina de farmacia.
— Lo que realmente somos:
— Cumplimos de forma eficaz i eficiente ser garantes de la accesibilidad de los fármacos a la población, su información y su seguridad.
— Tenemos el reconocimiento y confianza de los ciudadanos, y de la ad- ministración sanitaria, situándonos como el profesional sanitario más próximo, accesible y valorado.
— Somos también una profesión sanitaria que muestra grandes dosis de inquietud por el crecimiento profesional y asunción de nuevas responsabilida- des, que se vuelca en una gran variedad de proyectos y campañas sanitarias demostrando su valor y potencial en el ámbito de la salud.
— ¿Necesitamos un cambio? Sinceramente creo que deberíamos olvidar la pa- labra cambio, puesto que aquello que se nos reconoce de nuestra actividad es tre- mendamente positivo. Sí, soy un convencido defensor del concepto “Crecimiento Profesional”, para el cual tenemos una amplía cobertura legislativa y una situación estratégica óptima en las estructuras de la sanidad, que nos permitiría abordar el ini- cio de un proceso de ampliación de servicios desde la farmacia comunitaria.
Este crecimiento debe abordarse con actividades muy concretas relacio- nadas en una cartera de servicios, voluntaria para aquellas farmacias que quie- ran abordarlas y con la solidez de la protocolización, formación y acreditación de las farmacias, para afianzar un crecimiento sólido puesto que no podemos permitirnos errores que puedan truncar este camino.
2. En su opinión ¿Cuáles son las expectativas de los farmacéuticos? ¿Qué demandan a los colegios, a las administraciones Sanitarias y al Mi- nisterio de Sanidad?
Nuestro colectivo, mayoritariamente hablando, es muy pragmático y hace bueno el lema “Primum vivere deinde philosophari”.
Tenemos entre un 15 y un 20% de las farmacias dispuestas a dedicar tiempo en asumir nuevos retos profesionales en el amplio ámbito de la salud del paciente. Sin embargo, sus demandas mayoritarias están ahora centradas en la corrección de los mecanismos de establecimiento de precios menores y de referencia.
Nuestra habilidad y liderazgo debe conseguir que el modelo de éxito de la farmacia resida en proyectos y servicios de carácter profesional.
La experiencia en el Colegio de Barcelona con el SPD nos puede dar una visión de cual es el camino para generalizar nuevos servicios profesionales. En el momento que desde los centros de atención primaria se han empezado a recomendar Sistemas personalizados de Dosificación, hemos tenido un alud de participantes en los cursos y de solicitud de acreditaciones, haciendo bue- na la competencia profesional como factor diferenciador de las farmacias. Re- sultado: 900 farmacias acreditadas en el servicio, reconocimiento del resto de profesionales sanitarios de la eficacia de la intervención farmacéutica y interés por parte de la administración sanitaria de abordar el camino, en un primer
paso, de descripción de una cartera de servicios de la Oficina de Farmacia, pa- ra posteriormente buscar la formula de incentivar económicamente. Ninguna profesión puede crecer de forma generalizada basada en el voluntarismo de ser buenos profesionales. Si los servicios son útiles, la sociedad y la administra- ción deben estar dispuestas a pagar por ellos.
3. ¿Aceptarían las Instituciones distintos niveles de acreditación de farmacéuticos?
Por supuesto que sí. ¿A caso no han provocado que no todas las farmacias elaboren formulas magistrales? ¿O que se acrediten farmacias para el progra- ma de Metadona, del tabaquismo o de intercambio de jeringuillas?
En nuestro caso defendemos el proceso de acreditación para todos aque- llos servicios de valor añadido. Los cambios deben ser graduales y voluntarios y será el tiempo el que generalizará aquellos que se correspondan con un mo- delo de éxito.
4. ¿Qué instituciones piensa que deberían financiar las experiencias reales de implantación de nuevos servicios farmacéuticos?
El liderazgo debe partir de los colegios y sociedades científicas, aglutinan- do a su alrededor aquellos profesionales dispuestos a investigar.
Las funciones a realizar son:
Creación de grupos de trabajo en áreas concretas para detectar necesi- dades del usuario y del sistema.
Definir y protocolizar la actuación del farmacéutico consensuada con otros profesionales sanitarios implicados.
Ser receptor de los resultados y registros si los hubiese (indispensable según la naturaleza del servicio) y del consecuente análisis.
Realizar y promover estudios con metodología científica respecto a sus resultados.
Difundir su práctica y ofertar formación.
Demostrar el coste-efectividad del servicio y buscar su concertación con las administraciones públicas o privadas.
Todas estas actuaciones requieren de financiación que se obtienen entre la prio- rización estratégica dentro de los presupuestos de las entidades, la obtención de fondos de la administración cuando sus fines coinciden con sus planes de salud.
La industria es también fuente de financiación de algunas de estas activi- dades, siempre y cuando coincidan con una enfermedad donde tengan fár- macos comercializados o en investigación.
Ejemplos:
Estudio farmaepoc, en la detección de Epoc en la farmacia.
Presfarm en el seguimiento fármaco terapéutico de la hipertensión.
D. José Ramón Luis-Yagúe. Director del departamento de Relaciones con las Comunidades Autónomas. Farmaindustria.
“RELACIÓN INDUSTRIA FARMACEÚTICA-FARMACÉUTICO COMU- NITARIO”
El actual marco normativo, y en concreto la Ley 16/2003, de cohesión y calidad del Sistema Nacional de Salud, y la Ley 44/2003 de ordenación de las profesiones sanitarias han venido a establecer las funciones que, respecto de la prescripción y dispensación corresponden a los diferentes profesionales de la atención primaria.
Así, de acuerdo con el artículo 2 de la Ley 44/2003 corresponde:
A los médicos la indicación y realización de las actividades dirigidas a la promoción y mantenimiento de la salud, a la prevención de las enfermedades y al diagnostico, tratamiento, terapéutica y rehabilitación de los pacientes, al enjuiciamiento y pronostico de los procesos objeto de atención.
A los farmacéuticos las actividades dirigidas a producción, conservación y dispensación de los medicamentos, así como la colaboración en los proce- sos analíticos, farmacoterapéuticos y de vigilancia de la salud pública.
Por tanto, queda establecido que, de acuerdo con el marco normativo ac- tual, la prescripción es una actividad propia e inherente a los médicos y odon- tólogos, mientras que corresponde a los farmacéuticos la dispensación de los tratamientos farmacológicos prescritos.
En este mismo sentido abunda la Ley de Garantías y Uso Racional del Me- dicamento, al reconocer que corresponde al medico, y es el médico el respon- sable de dirigir el proceso de diagnostico y atención. Y todo ello sin perjuicio de que este marco legal pueda ser modificado, reconociendo cierta capaci- dad para indicar determinados tipos de medicamentos a otros profesionales sanitarios o que se avance en formulas de colaboración entre los diferentes profesionales con la finalidad de potenciar la atención que se presta a los pa- cientes, especialmente en el ámbito fármacoterapéutico.
En este sentido, diferentes leyes de ordenación farmacéutica que se ha ido elaborando y aprobando en las distintas Comunidades Autónomas han abordado, en mayor o menor medida, la regulación de la atención far- macéutica, generalmente entendida como la prestación que ha de darse a los ciudadanos en los establecimientos y servicios farmacéuticos, a través de un proceso mediante el cual los farmacéuticos cooperan con el pacien- te, con los médicos y demás profesionales sanitarios con el objetivo de que los tratamientos farmacológicos produzcan los adecuados resultados terapéuticos.
Una regulación que, básicamente, se sustenta en los siguientes principios: Adecuación al marco normativo estatal aplicable (Ley 14/1986 General de Sanidad, Ley 44/2003 de Ordenación de Profesiones Sanitarias, Ley 16/2003 de Cohesión y Calidad, Ley 29/2006 de Garantías y Uso Racional de los Medi- camentos.
Derecho del paciente a recibir los medicamentos prescritos. Confidencialidad de la relación paciente-farmacéutico.
Información sobre los medicamentos, actualizada, evaluada y objetiva, tanto a los pacientes como a los profesionales sanitarios.
Promoción del uso racional del medicamento. No inducción al consumo indebido.
Una regulación que, al igual que el resto de la normativa del Sistema Na- cional de Salud, parte de considerar al paciente como centro y eje del sistema y de las actuaciones de sus profesionales, inspiradas en los principios de inte- gralidad, continuidad, seguridad, eficiencia y calidad.
Sin embargo puede fácilmente constatarse que en torno a este desarro- llo de la atención farmacéutica existe un cierto debate, especialmente en el colectivo médico, dándose un amplio abanico de posiciones al respecto.
Farmaindustria, Asociación Nacional Empresarial de la Industria Farmacéu- tica establecida en España, es una entidad que agrupa a la gran mayoría de Laboratorios Farmacéuticos, que representan la práctica totalidad de las ven- tas de medicamentos de prescripción en España.
La Industria Farmacéutica proporciona a la Sociedad uno de los bienes más preciados y que más contribuye al bienestar y a la salud de la población: el medicamento. La Industria investiga, desarrolla, produce y comercializa pro- ductos farmacéuticos que alivian dolencias y curan enfermedades.
Por todo ello, la misión de Farmaindustria como asociación se centra en los siguientes objetivos:
Colaborar con las Administraciones Públicas para configurar un marco regulador y económico estable que propicie el crecimiento equilibrado del mercado, el aumento de las actividades de I+D y el desarrollo de la industria farmacéutica.
Potenciar la percepción pública de la industria farmacéutica y del medicamen- to, transmitiendo a ciudadanos, líderes de opinión y responsables públicos el valor que aportan las medicinas a nuestro progreso social y a nuestra calidad de vida.
Proporcionar servicios de valor añadido a los laboratorios asociados en los campos de la información, el asesoramiento y la colaboración em- presarial.
Representar a la industria farmacéutica establecida en España, tanto a ni- vel nacional como internacional.
Por tanto, es evidente que a Farmaindustria, como asociación, no le corres- ponde entrar en cuestiones como la atención farmacéutica, ni adoptar posi- ciones en relación a la misma. Y ello con independencia de las iniciativas que a este respecto puedan adoptar, o hayan adoptado, algunos laboratorios.
Unas iniciativas que se dirigen a colaborar en el ejercicio de la atención farmacéutica, mediante actividades dirigidas a reforzar la información so- bre los medicamentos y la formación continuada de estos profesionales.
Los servicios que prestan las oficinas de farmacia son percibidos de una forma muy positiva desde la Industria Farmacéutica, toda vez que facilitan a los pacientes el acceso a los medicamentos prescritos por su médico, y que la industria pone a disposición del sistema sanitario. Unos servicios que in- cluyen, también, una información de calidad sobre los diferentes aspectos del medicamento que pueden ayudar a reforzar la adherencia del paciente al tratamiento.
Sin embargo, la Industria también percibe con inquietud como se ha alte- rado el proceso tradicional de prescripción —dispensación, merced a ciertas políticas de gestión de la prestación farmacéutica pública que, al amparo de criterios economicistas y de un supuesto uso racional del medicamento, han impulsado iniciativas, como la prescripción por principio activo, que repercu- ten negativamente sobre la industria, afectan a la relación médico— paciente, pueden disminuir la adherencia a los tratamientos y generan confusión en co- lectivos de pacientes muy sensibles. Políticas que, además, no suponen hoy mejoras en la eficiencia del sistema sanitario, al no generar ahorros o ser míni- mos, toda vez que con la actualización del sistema de precios de referencia las diferencias de precio entre los medicamentos que comparten un mismo prin-
cipio activo prácticamente han desaparecido. Incluso es sabido la existencia de medicamentos de marca, de precio inferior a genéricos, que se ven despla- zados de la dispensación por estos criterios.
Igualmente a la Industria le resulta difícil comprender ciertas disposiciones contenidas en la ley de garantías, y en concreto las que hacen referencia a que, a igualdad de precio, se favorezca la dispensación de medicamentos ge- néricos frente a los de marca.
El proceso farmacoterapéutico debe estar centrado en el paciente y en lo- grar la mayor eficacia en el tratamiento prescrito por el médico y dispensado por el farmacéutico. En este contexto parece lógico que este proceso se sus- tente en establecer un marco de colaboración entre ambos profesionales que facilite alcanzar este objetivo.
Una colaboración que puede articularse mediante protocolos que, par- tiendo de las competencias que otorga a médicos y farmacéuticos la Ley de Ordenación de Profesiones Sanitarias, establezca un marco de trabajo común. En este sentido existen ya algunas iniciativas de alto interés. Igualmente en al- guna comunidad autónoma existe previsiones de elaborar protocolos qie orienten esta atención farmacéutica.
Por lo que respecta a la visita médica es indudable que está experimentando una profunda transformación, que sin duda alcanza también a los farmacéuticos. Las polí- ticas de “visita médica” forman parte de la estrategia de trabajo de cada Compañía, por lo que no parece que la Asociación del sector deba posicionarse a este respecto.
Finalmente no cabe olvidar que cada país ha ido desarrollando un modelo sanitario propio, consecuencia de su historia y de su propia evolución. Por ello, no parece que la exportación de estas experiencias a otros países pueda reali- zarse de una manera mimética. Además no cabe olvidar que apenas existen estudios evaluativos que permitan extraer conclusiones sobre la eficacia de iniciativas que en el ámbito de la gestión de servicios se están desarrollándose en los distintos sistemas de asistencia sanitaria pública.
D. Vicente Baos. Médico especialista medicina familiar y comunitaria.