La política exterior consiste en la acción que cada Estado desarrolla en el plano
internacional. Esa acción puede desenvolverse en forma bilateral, respecto de cada uno de los miembros de la comunidad internacional, o en formal multilateral, en el seno de las
organizaciones internacionales. La política exterior ocupa un lugar preponderante y cada vez mayor en las actividades del Estado. Siempre, sin duda, la política exterior constituyó un elemento capital de esa actividad, en la época actual el hecho de que la
interdependencia haya adquirido tal fuerza y los problemas internacionales sean de tal repercusión para la suerte de los países y de los hombres que los habitan, hace que la política exterior constituya el tema crucial por excelencia de la vida pública, no consiste en una mera sucesión de actitudes inconexas, lo que define la existencia de una política exterior es la coherencia y la continuidad que guardan esas actitudes entres sí, un país que obrara en cada caso con total prescindencia de la conducta que ha seguido o sigue en otras situaciones análogas podrá tener relaciones internacionales pero, en el sentido estricto de la palabra, no tendrá política exterior, buena o mala, acertada o errónea, la política exterior exige un mínimo de unidad de acción.
Suele confundirse en el lenguaje corriente a la política exterior con la diplomacia. En cambio, la diplomacia es el conjunto de instrumentos mediante los cuales el Estado asegura la ejecución de esa política. La diplomacia es, por tanto, la herramienta principal -aunque no la única- con que se elabora la política exterior. La existencia de la política exterior es una consecuencia directa de la división del mundo en Estados soberanos y recíprocamente independientes. Cuando entre dos unidades políticas existe una relación mutua de subordinación, no hay entre ellas actos de política exterior; hay actos de mando y actos de obediencia o desobediencia. La política exterior presupone la libre
determinación. Por eso, cuando un Estado nominalmente soberano se encuentra, de hecho, bajo la influencia de otro, sólo en apariencia realiza actos de política exterior. Su posición es equivalente -aunque formalmente no lo sea así- a la de una colonia o a la de un protectorado. El signo más claro de que un Estado goza de plena soberanía es que lleva a cabo una política exterior independiente.
2. Los órganos de la política exterior
La política exterior de los Estados es, conducida por sus respectivos gobiernos. Es a ellos a quienes corresponde tomar las decisiones que comprometen o interesan al país en el orden internacional, en cuanto a los órganos de gobierno a quienes toca participar en la conducción de los negocios extranjeros, el asunto es materia del derecho interno de cada Estado, dentro de las normas básicas que rigen su ordenamiento institucional se
establece y delimita las atribuciones de cada órgano del poder público en materia
internacional, el grado de participación de los cuerpos parlamentarios en la conducción de los negocios internacionales varía considerablemente según las leyes y según los hábitos de cada país, en las naciones donde priva una tradición de gobierno fuertemente
personal, la participación de los órganos legislativos es relativamente secundaria, estos se limitan a tener conocimiento periódico de las decisiones del Poder Ejecutivo y, a dictar leyes que correspondan a ese sector de gobierno. Esta facultad específicamente legislativa incluye siempre el poder de aprobar o desechar los tratados En los países donde existe una fuerte tradición de gobierno parlamentario, los órganos legislativos tienen una presencia actuante de primer plano en la elaboración de la política exterior, tanto en los países de régimen presidencial como en los de régimen parlamentario, el manejo efectivo de las relaciones internacionales, bajo la autoridad del jefe de gobierno, corresponde al Ministro de Relaciones Exteriores, a él toca planear la orientación de la política exterior, aconsejar al jefe de gobierno las decisiones que deben ser adoptadas por éste y llevar a cabo las negociaciones con las potencias extranjeras. El Ministro es,
además, jefe del servicio Exterior.
El Ministro (o Canciller como se lo llama en algunos países) no integra el Cuerpo
Diplomático y no necesita, por tanto, ser un “técnico” en el sentido estricto de la palabra, pero debe poseer los conocimientos generales que hoy son indispensables para actuar en el plano internacional y, por sobre todo, tener sentido común e instinto para los problemas de la política exterior, experiencia acerca de esos problemas no es, la menos importante de las cualificaciones que se requieren para desempeñar el cargo. En cuanto al
responsable último por la conducción internacional -sea jefe de Estado o jefe de
Gobierno- no es ni necesario ni conveniente que la totalidad de los asuntos sea llevada a su consideración, no le es posible conocer en su detalle los problemas que surgen en cada departamento de la Administración. En las cosas esenciales no solamente debe ser consultado sino que la decisión le corresponde personalmente a él, en lo demás, el rumbo debe ser trazado por el Ministro ningún otro organismo gubernativo podría pretender impartir instrucciones o señalar rumbos al Ministerio de Relaciones Exteriores en materias que le son privativas, algunas veces, ciertos organismos oficiales pretenden modificar las orientaciones de la Cancillería o, inclusive, planificar su acción futura, si por ejemplo, el Ministerio de Agricultura adopta una determinada posición en materia de exportación de cereales, es necesario compaginar su punto de vista con la conveniencia del país en los aspectos que nada tienen que ver con la agricultura. Si todos intervienen y nadie regula y ordena esa intervención, un país puede simultáneamente ser belicista y pacifista,
que, como la Cancillería, tenga el poder de decisión final, impide esas incoherencias. En la era actual no es inusual que los gobernantes tengan a su lado a hombres o equipos de confianza a los que no asignan funciones formales claramente especificadas, pero que son sus consejeros más influyentes.