A C A D E M IA N A C IO N A L DE A G R O N O M IA Y V E T E R IN A R IA 1 9 4 1 - 1 9 4 3 M esa D irectiva P R E S I D E N T E ... I n g . E m ilio A . C o n i V IC EtP R E S I D E N T E... D r . J u a n N . M u r t a g h S E C R E T A R I O G E N E R A L . . . ... S E C R E T A R I O D E A C T A S . . . D r . L u is V a n de P a s T E S O R E R O ... I n g . M ig u e l F . C a sa re s A C A D E M IC O S D E N U M ERO D r . A m a d e o T o m á s D r . A n c h o r e n a J o a q u ín S . de D r . C a b r e r a A n g e l D r . C á n e p a E r n e s to D r . C á rc a n o R a m ó n J . I n g . D e v o t o F r a n c o E . I n g . F r e r s J u liá n D r . G iu s ti L e o p o ld o D r . I n c h a u s t i D a n ie l D r . L a n u s s e A r t u r o I n g . L a v e n ir P a b lo D r . L e B r e t o n T o m á s A . I n g . M a r o t t a F . P e d ro G r a l. D r . M o r a le s B u s t a m a n t e J o sé I n g . P a r o d i L o r e n z o R . D r . P e r e y r a I r a o la L e o n a r d o D r . R e ic h e r t F e d e r ic o D r . R o s e n b u s c h F r a n c is c o D r . S ív o r i F e d e r ic o D r . Z a n o lli C é sa r A C A D E M IC O S H O N O R A R IO S D r . V a ll é H e n r y , D r . F in z i G u id o , D r . J e n z e n O r la , D r . K e e s o m M . H ., D r . C ordón O r d á s F é l i x , I n g . A g r . R ic a r d J o sé M ., D r . S a n z E g a ñ a C e sá re o , C oron el D u n lo p Y o u n g , D r . B o s s i V i r g i n i o , D r . M a r t in o li C a y e ta n o . A C A D E M IC O S D E N U M E R O F A L L E C ID O S B a r b a r á B e r la r m in o , D e m a r c h i A l f r e d o , G ü ir a ld e s M a n u e l J ., L a h ille F e r n a n d o , L a v a lle F r a n c is c o P ., M o n t a n a r i M o ld o , P a g é s P e d ro T ., Q u e v e d o J o sé M ., G a lla r d o A n g e l, S c h a tz R ic a r d o , L ig n ié r e s J o s é , T o r in o D a m iá n M ., R a m o s M e j í a E x e q u ie l, G ir ó la C a rlo s D ., B o t t o A le ja n d r o .
Sr. R e c to r : Sr. P resid en te: S eñ oras:
S eñ ores:
El señor Presidente de la A cadem ia, me ha encom endado la tarea m uy grata y honrosa, de recibir en nom bre de la Institución a los nue vos colegas, Dres. Ernesto Cánepa y A n gel Cabrera, que ocuparán, respectivam ente, los sitiales de los ilustres m iem bros de núm ero fa llecidos, Dres. R icardo Schatz y A n gel G allardo.
E l Dr. Ernesto Cánepa ha sido designado académ ico, por sus gran des m éritos personales y por la valiosa obra que ha realizado.
Me une a él, una am istad ininterrum pida de cerca de cuarenta años y he podido apreciar con su trato continuo, las bellas cualidades que le distinguen.
Es un trabajador infatigable, m uy disciplinado y de carácter bon dadoso y afectivo, aunque enérgico en sus determ inaciones. ^
No se arredra ante las dificultades y las enfrenta con decisión inquebrantable.
R eflexivo, escucha opiniones y las analiza una p or una, para ac tuar serenamente, con firm eza y ecuanim idad.
Es un m odelo perm anente de honestidad y del cum plim iento del deber, con el sentido de la propia responsabilidad y de superación en su línea de conducta.
En la Facultad de A gronom ía y V eterinaria de Buenos A ires y en la Inspección Veterinaria M unicipal, ha dem ostrado su capacidad de organizador progresista y eficaz hom bre de gobierno.
Como profesor y director del Instituto de Clínica de animales pe queños, se ha consagrado con una dedicación ejem plar y em puje ju venil, im plantando los m étodos más m odernos en la m archa de ese prestigioso centro de investigación y consultorio acreditado. Ha hecho verdadera escuela, form ando discípulos de la talla de Da Graña, Cam- pori, M orán, M arzoratti, D olcetti, etc. que hacen honor al maestro.
E xpansivo y vivaz, es inflexible ante el desorden y la indisciplina. Anim a y realiza obra constructiva, sin ruido ni obstentación, con dignidad y señorío, im poniéndose por su propia gravitación.
Esclarece problem as y sugiere iniciativas.
V ive su vida interior, com o todo espíritu selecto, dispuesto siem pre, a colaborar en procura de un m ejoram iento social.
Cumple en sí mismo, la m áxim a de P a steu r: « Todo depende del trabajo en este m undo, y gracias al saber, uno se eleva por sobre todo lo demás. V ivir, es luchar y renovarse, renaciendo cada día, com o el s o l» .
Com o actual decano de la F a cu lta d de A gron om ía y V eterinaria de Buenos A ires se está conquistando el cariño y respeto de conseje- ros, profesores y alum nos, p or su con tra cción en el desem peño del de lica d o cargo universitario.
Es m iem bro de num erosas instituciones culturales nacionales y extranjeras.
H a pu blica d o estudios de in vestigación y artículos científicos, de alto vu elo in telectu al-
H a recib id o m uchas distinciones hon oríficas, pero no lo han m a reado, y se considera siem pre un estudiante, con avidez de aprender y p erfeccion a rse.
H om bre de hogar, de tem peram ento am able y resign a d o; es feliz en su gabinete de estudio, rodead o de su esposa, h ijos y nietos.
H a en con trado una exquisita com pañera, que le com prende y com parte plenam ente con él, sus triu n fos y am arguras; le alienta y estim ula, para que siga firm e, en el cam ino de elevación que se ha trazado, de grandeza m oral.
D r. E rnesto C án epa:
M e com p lazco en presentarle los más cordiales saludos de bien venida, y m ucho esperam os de su actuación inteligente, al participar en las fu nciones de este suprem o organism o cultural.
E l D r. A n g el Cabrera, es tam bién un va lor, que h oy se in corpora a nuestra A cadem ia.
P erson alidad descollante, m undialm ente con ocida por sus origin a les tra b a jos cien tíficos y narraciones de la naturaleza.
Es un exim io in vestigador, que penetra hondo, sin caer en la en ferm ed a d del apuro, com o diría M arañón, d efecto tan com ún en nues tra época, en que se vive tan a prisa, hablándose m ucho y pensan do p oco.
Es m uy buen observad or y no se apresura por nada, ni por nadie. E n los m uchos años que le con ozco jam ás le he visto hacer gestos de im paciencia, p ron u n ciar frases destem pladas, ir con el paso acele rado, ni cam biar el ritm o arm onioso de su voz, pero en vez se preocupa con la perseverancia de un apóstol, en enseñar el arte de hablar bien, de escrib ir bien, de hacer bien, im pulsado p or el noble propósito de aum entar el n ivel cu ltu ral del país y de la ciencia.
Es m uy interesante la an écdota que no ha trascendido aún, de cóm o se in ició la a fició n de A n g el C abrera a las Ciencias Naturales, sin haber habido antes en su fam ilia, ninguno, con la m enor in clina ción p or estos estudios.
N a cid o en 1879 pertenece a una gen eración cuya adolescencia no co n o ció todavía, el cine, ni las novelas policiales y se recreaba con los libros de via jes y aventuras de Ju lio V erne, el C apitán M ayne R eid, F ed erico M arryat, etc. Su autor fa v o rito fu é M ayne R e id ; a los diez y seis años había leído todas sus novelas, algunas de ellas, tres o cua tro veces, sobre tod o las de grandes cacerías, com o « V eladas de caza »,
« L os cazadores de osos » y « L os jóven es boers », y sólo soñaba, con llegar a ser algún día exp lora d or, e ir a cazar bú falos o a luchar con los hotentotes o los pieles rojas.
Esas lecturas le despertaron la a fición a la H istoria N atu ral; a los via jes y al caballo, que todavía h oy son sus tres grandes pasiones.
Sus padres, sin em bargo, no las m iraban con agrado y constante mente, le aconsejaban que se dedicase a leer libros más serios.
Fué entonces cuando un m ilitar am igo de la fam ilia, don E dm un do F ort, que poseía una soberbia biblioteca, le ofreció prestarle una obra en la que podría enterarse de aquellas cosas que tanto le agrada ban, sin verlas disfrazadas por la ficció n del novelista.
En efecto, a los pocos días del ofrecim iento llegó a la casa de Ca brera, el asistente de don Edm undo, portador de varios volum inosos tomos. Era la edición castellana de la fam osa « V ida de los animales », de Brehm, publicada en Barcelona.
Ese libro fu é para A n gel Cabrera toda una revelación y aprove chando unas vacaciones de verano, no solo lo leía todo, sino que copia ba m uchas de sus páginas y no pocas de sus figuras.
Cuando se inició el nuevo curso, todos sus m om entos libres, los dedicaba a buscar obras de Zoología, a frecuentar el Jardín Z o ológ ico o a visitar el Museo de Ciencias Naturales, entonces, todavía instalado en el viejo edificio en que lo fundara Carlos III.
En la rica biblioteca del Museo, pasó muchas horas, fam iliarizán dose con las obras de los más fam osos zoólogos y de los grandes v ia je ros y llenando cuadernos y más cuadernos, de notas y copias de fig u ras. No tardaron los profesores del M useo, en darse cuenta de la cons tante presencia de aquel niño, que devoraba los libros y copiaba to dos los bichos de las vitrinas.
Los más, le m iraban con cierto com pasivo desdén, pero algunos, con interés y afecto, contándose entre los segundos, el entonces p ro fe sor de entom ología Dr. Ignacio B olívar, quien después de escucharle, le aconsejó que ingresase en la Sociedad Española de H istoria Natural para publicar allí, el resultado de sus observaciones.
El fué tam bién, quien le insinuó que se pusiera en contacto con el sabio zoólogo y am ericanista Jim énez de la Espada, que a la sazón incom prendido, por sus com patriotas y olvidado de todos, enferm o y achacoso, languidecía en la m ayor pobreza.
A B olívar y a Espada, así com o a aquel am igo, que le prestara el Brehm, se debe todo el gran amor de A n gel Cabrera por la Z oología.
Pareciera que en tales circunstancias al em prender una carrera, debería haber seguido la de Ciencias Naturales pero su padre tenía otros planes y quiso que estudiase filosofía y letras, y en aquellos tiempos, era un sacrilegio oponerse a la voluntad paterna, más aún, cuando se trataba de un padre amantísimo, que aparte de lo dicho, no opuso el m enor reparo a sus aficiones, aunque siempre las m iró com o una especie de chifladura.
P or otra parte el espectáculo de Espada am argado por los desen gaños, y de quien por falta de influencia, nadie había hecho caso a pesar de ser autor de notables descubrim ientos (entre ellos, el de la reproducción de la Rhinoderm a darw ini) y de haber arriesgado su vida en penosos viajes, le desanimaba, no poco.
Siguió pues los deseos paternos y no solo cursó la carrera de filosofía y letras, sino que se com prom etió en hacerla con las m ejores notas, lo que cum plió religiosam ente.
Como me lo ha m anifestado, no lo lamenta ni lo lam entará nunca, pues en ella adquirió conocim ientos, que de otro m odo no se le hubie ra ocurrido aprender.
pero sólo lleg ó al tercer año, porque, justam ente, entonces, le ofrecie ron un em pleo bien rentado y m uy en consonancia con sus gustos, el de J efe de la red a cción de una revista de viajes y divu lgación cientí fica , que se había fu n d a d o en M adrid con el título de « A lred ed or del M undo ».
E l estaba ya en una edad en que no pod ía seguir siendo una car ga para sus padres y entonces, al m enos en España, la asistencia a clase era forzosa y no era posible estudiar y desem peñar a la vez un em pleo.
E n dicha revista de la que andando el tiem po llegó a ser director, se habituó a escribir para .el gran pú blico.
P o r otra parte B olív a r acababa de ser nom brado director del M u seo y al darle una nueva organ ización pasó a form ar parte de su per
sonal técn ico.
T u vo pues que d eja r sus estudios universitarios, para dividir su tiem po entre el periodism o edu cativo y el M useo, continuando así, hasta que vin o a nuestro país, llam ado p or la U niversidad de la Plata.
Es en la actualidad con sejero y p rofesor titular de Z oolog ía en la F a cu lta d de A gron om ía y V eterin aria de Buenos A ires, J efe del D e partam ento de P a leon tología de V ertebrados, y p rofesor en el In sti tuto del M useo de la U n iversidad de L a Plata.
Es uno de los ases de la H istoria N atural, a quien se le consulta y se le adm ira, p o r su saber, caballerosidad y sencillez.
Su curricu lum vitae es extraord in ario, y sólo la m ención de los tí tulos h o n o rífico s que se le han otorga d o, com o la lista de sus pu blica ciones, ocu pan m uchas páginas, pasando de quinientos el núm ero de sus valiosos artículos aparecidos en libros, revistas y periódicos argen tinos y extra n jeros, sobre zoología pura y aplicada, zootecnia y vete rinaria, notas de d ivu lg a ción cien tífica , m em orias de paleontología y etn ogra fía , etc.
M aestro excelso de la elocución, expone las ideas conductoras ar tísticam ente, aplican do la palabra pura y precisa, con estilo atrayente e ingenioso.
L a señora de C abrera tam bién es digna de alabanza, y m erece que la recordem os en este acto, porqu e ella, con su fem inidad, tacto y delicadeza, con tribu ye a con solid ar las virtudes de su em inente esposo.
D r. A n g e l C a b rera :
Es con íntim a satisfacción , que veo vu estro ingreso en el seno de la co rp ora ción a la cual aportaréis los destellos de vuestro talento y experien cia.
Señor R ector de la U niversidad de Buenos Aires.
Sr. Presidente de la A cadem ia N acional de A gronom ía y V eterinaria. Sres. A cadém icos.
Sr. D ecano de la F acultad de Ciencias M édicas. Señoras y Señores.
Ocupar un sitial en la A cadem ia N acional de A gron om ía y V ete rinaria es para mí tan grande honor, que solam ente puedo ostentarlo por la generosa benevolencia con que sus ilustres m iem bros han queri
do ju zga r mis m uy escasos m erecim ientos.
A l reiterar mi agradecim iento por la designación de m iem bro de número de esta A cadem ia, destinado a ocupar el sitial N.° 3 que fué del extinto académ ico titular Dr. R icardo Schatz repito a O ctavio R. Am adeo en acto similar. « H erencia d ifícil que habría sido más honra do renunciar si no fuera tan honroso recibirla ».
Este acto solemne me es doblem ente grato porque m i in corpora ción a la A cadem ia se efectúa conjuntam ente con la del profesor Dr. A n gel Cabrera, m aestro « del gran saber y del bien decir » y porque el académ ico profesor Dr. L eopold o Giusti, ha querido pronunciar, con la elocuencia que lo caracteriza, el discurso de recepción dem ostrando así, en lo que a m í se refiere, com o, con un corazón noble y una amis tad de más de treinta años se pueden descubrir m éritos y condiciones inexistentes.
D ando cum plim iento al A rt. 29 de los Estatutos debo hablar sobre la personalidad científica de mi antecesor.
E l Dr. R icardo Schatz, figu ra descollante en los círculos cientí ficos y universitarios de las postrim erías del siglo pasado y com ienzos del siglo pasado y com ienzos del actual, se graduó de Dr. en M edici na, en 1891, después de cursar con gran brillo sus estudios en nuestra
Universidad.
Su vida científica que com enzó a destacarse en las aulas fu é una serie ininterrum pida de triunfos que si no le procuraron provecho propio, redundaron en beneficio para el país y en especial para la sa lud de la población.
Fué un m édico higienista por vocación.
P oco tiem po después de graduado, en 1895 fu é designado p ro fe sor sustituto de Higiene, en m érito a su especialización en esta dis ciplina y a sus trabajos entre los que m erecen destacarse los referen tes a « Esterilización de la carne de cerdos tuberculosos » y « P ro fila xia de la tuberculosis en los tambos de Buenos Aires ».
Jefe de trabajos prácticos de H igiene durante varios años, llega en 1900 a la cátedra de H igiene de Farm acia y cinco años después, en 1905, es designado profesor titular de H igiene M édica, cátedra que
desem peña hasta 1920 y a la que renuncia p or haberse acogido a los ben eficios de la ju b ila ción . Ese m ismo año es designado P rofesor H o norario de la F a cu lta d de Ciencias M édicas.
Su curso de H igiene, de 1912, fu é tom ado en versión taqu igráfica e im preso en un volum en.
E l D r. Schatz com partió su a ctivid ad docente con una fecun da y sostenida a cción de higienista y con una destacada actuación un iver sitaria.
D esde la dirección del Instituto de H igiene de la F acu ltad de M e d icin a ; desde la In spección T écn ica de H igiene de la A dm inistración Sanitaria y A sistencia P ú blica de Buenos A ires, cuya jefa tu ra des em peñó y com o alto fu n cion a rio del D epartam ento N acional de H i giene, tra b a jó con eficien te tenacidad y p reocu pa ción constante en p ro de una alim entación más higiénica, de una m ayor higiene indus trial y de un m e jo r estado sanitario del país y especialm ente de los m unicipios.
Sus im portantes pu blicacion es sobre « L os edulcorantes a rtificia les desde el pu nto de vista h igién ico » y sobre « el tra b a jo del F ó s fo ro » ; del « H ierro, del C obre y del B ron ce » ; « del V id rio » ; « en las A rtes G ráficas » ; « del P lom o y del Z in c » ; así com o sobre « Las con dicion es com unes que deben reunir los establecim ientos industriales » y sobre « la crem ación de cadáveres » atestiguan, conjuntam ente con su efica z in terven ción en la S ociedad de H igiene P ú blica e Ingeniería Sanitaria y su p a rticip a ción en diversos congresos cien tíficos que es taba am pliam ente ju stifica d a su fam a de higienista destacado.
V ein te años de a ctu ación universitaria y académ ica ha p od ido ostentar con legítim a satsifa cción el D r. Schatz y con razón, con m oti v o de su fa llecim ien to en 1929 pudo decir la crón ica que acababa de desaparecer una de las figu ras descollantes de nuestra U niversidad.
E n la sesión del 23 de ju n io de 1909, cuando el entonces R ector de la U n iversidad de B uenos A ires, D r. E ufem io Uballes, pone en p o sesión al nuevo C onsejo D irectiv o de la F acultad, in corporan do com o tal al In stitu to S u perior de A gron om ía y V eterin aria que fu ndara el M inistro E scalante, fig u ra el D r. K icardo Schatz com o C onsejero p re sente y en esa m ism a sesión se lo designa delegado al C onsejo Superior U niversitario, suplente del Teniente G eneral Ju lio A . R oca que acababa de ser designado d elegado titular.
E n ju n io de 1910, al constituirse la A cadem ia de A gron om ía y V eterin aria, tam bién está presente el D r. Schatz y es electo Secreta rio p rovisorio. C onjuntam ente con el D r. P ed ro Lagleize, designado P residente, redacta el reglam ento de la A cadem ia que es aprobado en la reunión siguiente.
P ero la culm in ación universitaria del D r. Schatz fu é el decanato de la F a cu lta d de A g ron om ía y V eterin aria de Buenos A ires, para el que fu era elegido en 1911, es decir, en los prim eros albores de su vida un iversitaria propiam ente dicha, decanato que abarca dos períodos con secu tivos p or haber sido reelecto.
F ué durante el decan ato del D r. Schatz que se creó la R evista de la F a cu lta d de A g ron om ía y V eterin aria y se im plantó el internado, que en su época tuvo gran im portancia para el desarrollo y progreso de la Institu ción. Se establecieron los cursos populares y la enseñanza de la B otá n ica y A g ron om ía aplicadas, para los m aestros y maestras, lo que con stitu yó un feliz ensayo de extensión universitaria. Se insta
ló la Clínica en el local de la F acultad, en un ed ificio especialm ente construido. Se designaron profesores titulares de la talla de F ernan do Lahille, B ernardo A . Houssay y F elipe A . Justo y un con ju n to dis tinguidísim o de profesores suplentes, m uchos de ellos titulares hoy, y no pocos académ icos, algunos de los cuales han ocupado decanatos y han llegado hasta el V ice-R ectorad o y el R ectorado de la U niver sidad.
Su proyecto de m odifica ción del plan de estudios y de organiza ción en la F acultad de A gronom ía y V eterinaria que proponía se denom inara de Ciencias A grarias y Veterinarias, constituye una in i