6. Experimentation
6.3 Sample Size Determination
6.4.2. Discussions from Statistical Tests
2.1. El Egeo: sismicidad y climatología
Figura nº 3: Foto satélite del Egeo.
El paisaje mediterráneo, y especialmente el egeo, es, en sus elementos básicos, el resultado de las diferentes modificaciones tectónicas, que han acontecido a lo largo de las distintas eras geológicas, y del posterior modelado, que ha tenido lugar en función de los cambios climáticos y las alteraciones de la corteza terrestre. Dos son, por tanto, los fenómenos que influyen directamente en la configuración de este paisaje: el tectónico y el climático82y que cobran extraordinaria importancia para poder comprender la evolución del paisaje en todo aquello que sucede en su superficie, ya sea su fauna, flora, suelos y, sobre todo, las condiciones en las que se ha desarrollado la vida humana. Es precisamente en este último aspecto, en la descripción de aquellos
elementos ecológicos que condicionaron, y condicionan todavía, la presencia humana en el Egeo, en general, y en Creta, en particular, en el que vamos a centrar esta primera parta de nuestra exposición.
Ciertamente la corteza terrestre del Egeo presenta una gran fragilidad, baste mencionar como ejemplo la erupción de Tera, que ha dado lugar a una amplísima bibliografía83, y existe un arco volcánico de volcanes apagados pero bien conservados que van desde la isla de Egina a las Cícladas meridionales hasta Nisiros. Con todo, al noroeste del Egeo todavía en la actualidad se producen manifestaciones volcánicas (Lesbos, Samotracia, etc). Sin embargo, el verdadero peligro reside en los terremotos de la que sólo escapan la Macedonia occidental (incluido el Olimpo), una buena parte de la plataforma de las Cícladas, la Calcídica y la fachada de Anatolia84. A lo largo de la Antigüedad tenemos evidencias de destrucciones de importantes ciudades (Atalanti,
Helike-Aigion, Delfos, Corinto, Olimpia) y de numerosos fenómenos sísmicos85.
La causa de ello hay que buscarla, desde el punto de vista tectónico, en el enfrentamiento en la cuenca del Egeo de la llanura Eurásica, al norte, y la placa Africana, al sur, entre las que surgió en la Era Secundaria el Tetis y cuyo suelo está constituido por corteza oceánica y recubierto de sedimentaciones detríticas o bioquímicas. La contracción de este espacio, por la aproximación de ambas placas, se inició a finales de la Era Secundaria acelerándose en los inicios de la Terciaria y provocando un sistema de plegamientos que dio lugar al sistema alpino, cuyos desgarros
83 En general: Marinatos, 1968-76; Doumas, 1983; Forsyth, 1997. Sobre la erupción y sus efectos en Creta, Anatolia o incluso Egipto: Bond y Sparks, 1976, 1-16; Doumas, 1974, 110-115; Downey y Tarling, 1984, 519-523; 1985, 75; Dunn, 2005, 115-125; Eastwood, Pearce, Westgate y Perkins, 1998, 677-687; Foster y Bichler, 2003, 431-439; Luce, 1976, 9-16; Marinatos, 1939, 425-439; Money, 1973, 50-53; Nixon, 1985, 9-24; Pichler y Friedrich, 1980, 15-35; Pichler y Schiering, 1977, 819-822; Stanley y Sheng, 1986, 733-735; Sullivan, 1988, 552-554; Zielinski y Germani, 1998, 279-289. Sobre su datación: Hammer, Clausen, Friedrich y Tauber, 1987, 517-519; Hammer, Kurat, Hoppe, Grum y Clausen, 2003, 87-94; Manning, 1998, 1039-1042 (con respuesta de Zielinski y Germani en pp. 1043-1045; Manning, 2005, 97-114; Aitken, Michael, Betancourt y Warren, 1988, 164-182; Goedicke, 1992, 60-61; Hughes, 1988, 211-212; Kuniholm, Kromer, Manning, Newton, Latini, y Bruce, 1996, 780-783; Niemeier, 1980, 1-76; Pyle, 1990, 167-173; Zielinski, Germani, 1998, 279-289; Y sobre todo ver TAW III, vol. 2 y 3 y en especial: Soles y Davaras, 1990, 89-95; Davis, 1990, 232-235; Housley, Hedges, Law y Bronk, 1990, 207-215;
84 Cf. Stiros, Dakoronia, 1989, 422-439; Tsapanos, Vlachos, Georganta, 2002, 123-130.
85 Cf. por ejemplo, Estrabón (1.3.20), un seísmo que afecta a la Lócride Epicnemidia, en el Canal de Eubea, y Tucídides (3.89.1-3), un terremoto que golpea a Orobias de Eubea, a la isla de Atalante (cf. Th.2.32), la actual Talantonisi, frente al litoral del Golfo de Opunte, y a Peparetos. Posiblemente ambos autores se refiere a sucesos distintos, el de Estrabón del siglo III y aquel de Tucidides en 426. (uid. Papioannou-Papadopoulos-Pavlides, 2004: 1477-1480; Dakoronia, 2000).
longitudinales trajeron consigo movimientos laterales deslizantes sucediéndose una serie de segmentos curvos orientados hacia el exterior, los llamados arcos inducidos del Egeo. Esto explica las estructuras paralelas del sistema helénico en el continente griego y la combadura sur egea entre el Peloponeso y el Tauro86.
Figura nº 4: Mapa téctonico de placas egeas
En una segunda etapa, hace cuarenta millones de años, se produjo un enfrentamiento directo entre las dos placas rígidas apareciendo nuevas estructuras. La parte frontal de la placa africana se hundió bajo la eurasiática, dando lugar al levantamiento del plegamiento reciente y grandes fracturas que dividieron dos partes de la corteza continental: la placa egea y la placa anatólica.
En el Mioceno y Plioceno, esta estructura se mantuvo y la distensión de las placas en un desplazamiento provocó la aparición de una red de fallas que cortaron dicha
estructura. A lo largo de las fallas tuvieron lugar movimientos verticales y en la construcción anterior del sistema de plegamiento apareció un mosaico de bloques elevados y de cuencas subsidentes invadidas por aguas, dulces o saladas. Todavía hoy África y Europa siguen aproximándose a razón de cuatro centímetros por año. El hundimiento de la placa meridional produce la profunda fosa helénica en oposición al frente arqueado y levantado de la placa egea desde las islas Jónicas al Peloponeso y al sur de Creta. Los frotamientos que se producen por el hundimiento de la placa egea explican el conjunto de relieves del Egeo y los riesgos vulcano-sísmicos87.
A finales del Mioceno (entre seis y cinco millones de años) se produjo la total desecación del Mediterráneo. En el Plioceno se cubrió de nuevo de agua y surgió un clima más húmedo. Durante el Pleistoceno (últimos tres millones de años) tuvieron lugar grandes rupturas. Primero las tectónicas, con varias fases con deformaciones distensivas o compresivas que recortaron el relieve e incrementaron la fuerza de los bloques levantados; será en este momento cuando el Olimpo alcanza su mayor altitud, disminuyeron las depresiones lacustres y el mar Egeo sobrepasó las orillas meridionales ocupando el centro de la cuenca. Todos estos sucesos estuvieron dominados por la actividad tectónica.
El resultado de esta actividad tectónica son las prominentes montañas de la isla de Creta que refleja, en realidad, la posición de la isla entre las dos grandes placas de la corteza terrestre, la Euroasiática y la Africana, cuya confrontación constante ha sido, y continua siendo la responsable de una gran cantidad de actividad tectónica que se manifiesta en los continuos terremotos y erupciones volcánicas dentro del arco que cruza el sur del egeo.
El clima mediterráneo se caracteriza principalmente por sus extremos contrastes con dos estaciones bien diferenciadas: una fría y húmeda, con lluvias fuertes pero poco frecuentes, que se producen principalmente en otoño y que varían entre 400 y 1200 mm en altitudes bajas, y la estación calurosa que se caracteriza por un intenso calor y una intensa evaporación. Las variabilidades pluviométrica interanual y, en menor grado, térmica del clima del Egeo son muy acusadas especialmente en las islas y en las zonas
litorales. Este tipo de clima es el que se instala en el Egeo tras el Plioceno (entre dos y tres millones de años). En un primer momento se produce una degradación lenta e irregular que hará desaparecer los vestigios de la flora y fauna tropical pliocena, que sólo volverá a reaparecer en los períodos interglaciares seguidos por períodos fríos. En el último millón de años se han sucedido oscilaciones cada vez más rápidas de temperaturas, de la pluviosidad y, posteriormente, de las formaciones vegetales y del nivel del mar. El último período frío se produjo en el 18000 BP y el interglaciar más próximo tuvo lugar en el 110.000-120.000 BP. En estos períodos el paisaje egeo se vio sometido a climas fríos. El clima actual sólo se consolidó hace unos 10-8.000 de años. Diferentes análisis sobre muestras de sedimentos, estudios palinológicos y edafológicos han alcanzado a reconstruir las grandes líneas de la evolución del paisaje a lo largo de los últimos diez milenios88. Inicialmente se produce una cubierta forestal continua que da lugar a dos tipos de paisaje; el primero, compuesto por un bosque poco espeso, donde predomina el pino, y el segundo, un bosque rico en árboles y arbustos poblado de una buna variedad de especies, donde domina el roble, unido a las encinas de tipo mediterráneo. Esta sucesión muestra un panorama climático similar al que conocemos y confirma la regla ecológica válida para los ambientes degradados que indica que las formaciones vegetales pioneras (herbáceas, pinares) dejan luego paso a especies más exigentes, después de haber proporcionado los elementos orgánicos necesarios para la creación de una primera capa edafológica continua. No obstante, el bosque del IX milenio en el Egeo presenta algunas diferencias regionales. Durante el VIII y VII milenio hay una auténtica explosión vegetal que reviste gran importancia para el desarrollo de las sociedades que allí se asentarán. La evolución edafológica que se produjo sobre todo entre el VIII y VII milenio dio lugar al típico suelo pardo rojizo de clima mediterráneo. El paleosuelo pardo es el producto de la génesis de suelos ocurrida durante el largo período en el cual las laderas egeas estaban cubiertas por el bosque mixto, dominado por las encinas en altitudes medias y bajas y las coníferas y pinos en las alturas, con lo que se protegía la erosión superficial causada por la escorrentía de las aguas. Sobre estas formaciones detríticas del último período frío y del inicio del interglaciar (conos de deyección, terrazas aluviales, cubiertas de restos más finos y de limos eólicos) se creó una reserva de suelos considerable que constituye un importante recurso como el bosque y una excelente base para el inicio de una economía agrícola.
También se disponía de agua, elemento crucial para el ser humano, sus ganados, cultivos y huertos. La presencia del manto vegetal contribuía a mitigar el riesgo de sequía y el bosque equilibraba el ciclo hidrológico, prolongaba el verano y las reservas en los suelos, mantenía el caudal de las fuentes y contribuía a una regularidad mayor en el rendimiento de las cosechas y de la ganadería y, en consecuencia, al crecimiento demográfico de las comunidades. El bosque además preservaba las laderas, limitaba las consecuencias de las sacudidas sísmicas, moderaba las crecidas otoñales de los ríos y, por consiguiente, disminuía los riesgos de destrucción en las numerosas aldeas situadas en sus orillas, en el piedemonte o la desembocadura de las escorrentías procedentes de la montaña.
En definitiva, además del tipo de suelo, el clima influye directamente en el tipo devegetación que nos vamos a encontrar tales como encinas, pino de Alepo, laurel, enebro, olivo y especies vegetales de sotobosque como la jara. No obstante, conviene recordar que el clima egeo no es uniforme y que existen diferencias marcadas entre la zona del norte, por ejemplo en Macedonia, y la parte oriental, donde las lluvias son más abundantes.
Un elemento fundamental del paisaje egeo lo constituye, como es obvio, el mar. Ahora bien la superficie marina egea se nos presenta rodeada de múltiples cadenas montañosas. De este modo, los bordes que delimitan el mar Egeo están compuestos de barreras continuas sólo interrumpidas por pequeños puertos. Al norte, los montes Rodopi, entre los grandes valles meridionales del Vader-Axios y del Euris-Manitsa, donde se alcanzan los 2.000 m. de altitud y que se anteponen a una segunda cadena montañosa, la de los grandes Balcanes o Stana Planiva. Al Oeste, la cordillera de las Helénidas forma la verde columna vertebral de la Península griega, donde se pueden encontrar alturas en torno a los 2.500 m. (Pindo 2.637 m.; Parnaso, 2.407 m.). Entre el ángulo formado por dicha cordillera y el Rodopi, se extiende el majestuoso Olimpo, con sus 2.917 m de altitud. Al Este, sin embargo, aparecen bloques de montañas muy erosionadas, que albergan cuencas de grandes ríos como la del Menades. Al sur, el mar Egeo se cierra y separa del Mediterráneo con el arco formado por las islas de Citera, Creta, Casos, Carpatos y Rodas, que acaban uniéndose a la costa de Asia Menor y, en
concreto, en la isla de Creta, volveremos a encontrar macizos bloques montañosos con altitudes superiores a los 2.000 metros.
Debido a esta configuración, la cuenca del Egeo, aunque forma una unidad y un espacio definido por el propio mar, alberga también una gran diversidad: importantes elevaciones en el continente, llanuras en el centro entre el sur, montañas, cubetas, cuencas fluviales y depresiones cársticas, elementos que proporcionan una base para el despliegue de una agricultura autóctona, desarrollada por comunidades aisladas unas de otras, en razón del relieve o la extensión de la superficie marítima y que, indudablemente, facilitará e impulsará la formación de sociedades complejas89.
Un aspecto peculiar de esta fragmentación viene marcado por la presencia de numerosísimas las islas, muchas de las cuales poseen una entidad propia y forman un pequeño microcosmos definido por la interrelación particular de los tres elementos característicos: el mar, la montaña y la llanura. En casi todas ellas predomina la roca sobre la cobertura vegetal debido a la fuerte degradación que han sufrido los suelos. De hecho, los habitantes del Egeo fueron los artífices de un galopante proceso de deforestación para obtener tierras de cultivo, pastos para la ganadería y los materiales necesarios para la construcción de sus casas y barcos90.
En definitiva, la elevada actividad tectónica, el vulcanismo intermitente, el paisaje montañoso, los factores climáticos y la presencia constante del mar, han sido y son las constantes de medio ambiente egeo, que son también relevantes en Creta y que han condicionado una vida humana siempre precaria.
2.2.- El paisaje cretense
89 Faugères, 1992:27-30.
Figura nº 5: Imagen satélite de la isla de Creta
“Con el Mar de Sicilia se juntan el Mar de Creta, el Sarónico y el de Myrtos, que está entre Creta, la Argólide y el Ática y cuya máxima anchura desde el Ática es de unos 1.200 estadios y su longitud menos del doble. En él están las islas de Citera y Calauria, Egina y Salamina y algunas de las Cícladas. Contiguo a éste se encuentra ya el Egeo con el Golfo Negro y el Helesponto y el Mar de Ícaro y el de Cárpato hasta Rodas, Creta, Cnido y las primeras estribaciones de Asia “. (Est. II, 21, 358
trad.J.L.García Ramón).
Creta es la isla griega de mayor tamaño con una extensión de 8.261 kilómetros cuadrados y ocupa un lugar privilegiado en el sur del Egeo entre Europa, Asia y África. Situada entre los meridianos 23º 30’ y 26º 60’ E, y en los paralelos 34º 50’ y 35º 4’N, Creta constituye el extremo más meridional del Mar Egeo y forma parte del arco meridional que cierra dicho mar y en el que incluyen, al oeste, las islas de Anticitera y Citera hasta alcanzar el Peloponeso, y al este, las islas del Dodecaneso, Cárpatos y Rodas hasta la misma costa de Asia Menor91. Su silueta característicamente alargada y sus accidentadas costas siempre han servido de referencia para los navegantes.
A lo largo de los tiempos Creta ha sido un puente entre los tres continentes antedichos, Europa, Asia y África. En días claros el Peloponeso se divisa nítidamente desde las Montañas Blancas. A su vez, esta cordillera, que marca la posición de la Bahía de Soudha, es visible desde el cabo Malea. Desde el Monte Dicté se perciben las Cícladas, incluida Santorini. Las cimas del Dicté se vislumbran al poco tiempo de
zarpar desde las Cícladas meridionales rumbo a los puertos del Quersoneso, Mileto o a la Bahía de Spinalonga. La cadena formada por las islas de Rodas, Cárpatos y Casos protege a los barcos que transitan desde Anatolia, Chipre o Siria, mientras que el triangular monte Modhi señala la ruta hacia los puertos orientales.
La costa del Norte de África se encuentra a 320 kilómetros de la costa sur cretense, a solo dos días de navegación (Est.X, 4, 5) y varias de las rutas marítimas mediterráneas más concurridas tocan la isla, lo que ha marcado la historia cretense. Constituye el umbral entre el Egeo y el Próximo Oriente. La proximidad a las civilizaciones del Este, más desarrolladas, hizo que los cretenses estuviesen familiarizados con diferentes elementos culturales susceptibles de adaptar a su propia sociedad y que dio como resultado que fueran de los primeros innovadores del mundo egeo durante la Edad del Bronce. De hecho las importaciones orientales encontradas en buena cantidad en la isla, constituyen los vestigios arqueológicos de las corrientes intelectuales que discurrían entre Creta y el Próximo Oriente92.
La isla tiene una longitud E-O de unos doscientos sesenta kilómetros93. La parte más ancha, N-S, va desde el Cabo Stavros, al oeste de Candía, hasta el Cabo Kefala, el antiguo Cabo León, es decir unos cincuenta y siete kilómetros. En el istmo de
Yerapetra, sin embargo, la isla sólo posee doce kilómetros de anchura, y en el istmo de Retimno, dieciocho kilómetros. Su población actual supera los 600.000 habitantes (censo 2001).
92 Aruz, 1995:1-21; Betancourt, 1998: 5-11; 2005, 449-453 ; Bevan, 2004: 107-126; Bietak, 1995:19-28; 2000: 185-205; Bloedow, 1997 439- 447; Branigan, 1966: 123-126; 1967: 117-121; 1973: 23-27; 1989 : 65-71 ; Cadogan, 1979: 63-68; Caubet, 1995: 99-112; Cline, 1999a: 115-144;Cline, 2005: 45-51; Davis, 2000: 64-70; Graziadio, 2005: 323-334; Heltzer 1988:167-169; Hood, 2000: 21-23; Kantor, 1947: 1-103; Knappett, Nikolakopoulou, 2005: 175-184; Kochavi, 1992: 7-15; Kopaka, 2005: 91-101;Kopcke, 1987: 255-259; Laffineur, 1998: 53-67; 2005: 53-58; Leclant, 1996: II: 613-625; Melas, 1988: 47-70;
Merrillees, 1972: 281-294; Merrillees and J. Winter, 1972: 101-133; Niemeier, W.D.y B., 1991: 189- 201; 1998: 69-97; 2004:393-398; Pelon, 1987c: 381-392; Popham, 1979: 178-191; Poursat, 2000: 29-30; Schiering, 1984: 187-188;Strøm, 1984: 191-195; Watrous, 1985: 7-18; 1998:19-27; Warren, 2000: 24- 28; Weingarten, 1991: 303-324; Wiener, 1987: 261-266; uid. Bronce Age Trade in the Mediterranean.
SMEA vol. XC, ed. N.H.Gale (1991), en particular: Catling, 1-13; Sherrat: 351-384 y Wiener, 325-350;
93 Estrabon estima la longitud de Creta en 2000 estadios que viene a ser unos 315 km. (Est. II, 3 c106, trad. J.L.García Ramón) y en el libro X hace referencia a diferentes estimaciones (Est.X, 3, trad. JJ. Torres Esbarranch).
Durante los inicios del Mesozoico hasta la mitad del período (hace 225-140 millones de años) la mayor parte de Grecia, Creta incluida, estaba bajo el mar y acumulaba grandes cantidades de sedimentos marinos. Durante el final del Cretácico (hace unos setenta millones de años), tiene lugar el plegamiento alpino, y estos sedimentos marinos carbonatados emergen y formaran la mayor parte de la masa de tierra de Grecia, las Cícladas y Creta. Como resultado de estas emergencias se produce el deslizamiento de Este a Oeste de los macizos levantados a zonas más bajas que estaban todavía sumergidas. Estas montañas en movimiento se llaman nappes. En Creta pueden representar desde el tamaño de una casa grande hasta un macizo de 30 km. de largo (como es el caso de la mitad oeste de las Montañas Blancas). La alternancia de
nappes explica la repetición de algunos de los paisajes cretenses94.
Toda vez que emerge desde el lecho del mar, Creta, las Cícladas y el continente forman una masa de tierra más o menos unificada durante varios millones de años. Hacia el final del Mioceno (hace unos cinco millones de años), las subsidencias hacen que esta masa de tierra se parta y se hunda, una vez más, bajo las aguas. En Creta, todo excepto las montañas quedó sumergido. Durante este período se depositaron las formaciones arenosas y arcillosas del Neógeno, tan características de la costa septentrional de la isla.
Estas tierras permanecen sumergidas hasta la mitad del Plioceno (hace 3-4 millones de años) con un pequeño intervalo de emergencia durante la crisis de desecación del Mediterráneo hace unos cinco millones de años (durante el Mesenio) que dejó a Creta en lo alto de una cadena de montañas alcanzando unas proporciones similares al Himalaya y rodeada por unas vastas llanuras y lagos salinos. Los montes de yeso del suroeste de Creta y de otras zonas se probablemente se forman durante estos acontecimientos.
Hacia el final del Plioceno o en los inicios del Pleistoceno (hace unos dos millones de años) nuevos movimientos hacen que bloques de la corteza terrestre se hundan entre las fallas formando unas depresiones denominadas grabens mientras que otros se levantan. Tres grabens forman profundas zanjas en el Noroeste, Norte y Noreste de Creta separando la isla del resto del territorio. Los movimientos de estos
bloques (algunos de hasta 800 metros) en la isla de Creta, son los que han dado lugar a