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El cambio simbólico que representó la Revolución Francesa en el campo de la educación y el patrimonio es uno de los acontecimientos más importantes de la historia social del momento. La evolución de los conceptos de nación y de derecho provocó un vuelco radical en la nueva concepción de los Estados y ello tuvo su eco en la “devolución”

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Un ejemplo de este tipo de colecciones ubicadas en monasterios es la de Kremsmünster en la que la representación del saber universal, a través de colecciones de ciencias, naturaleza y artefactos, se completaba con un tesoro artístico nada despreciable, en un museo creado entre 1748 y 1758. SCHLOSSER, J. von. Las cámaras artísticas…, Op. Cit., p. 143.

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BAZIN, G. El tiempo de… Op, Cit., p. 116.

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Ese era el deseo del obispo de Vic Sr. Francesc de Veyán i Mola según la carta que le remite al cabildo el 13 de noviembre de 1804. Su deseo se convirtió en realidad en los años siguientes, llegando a formar una colección natural que, con los años, se fue completando con obras de arte y antigüedades. ORDEIG I MATA, R. “Museos, col·leccions i exposicions en el Vic del secle XIX”, en Ausa, XIV, 127, 1991, pp. 326-7.

al pueblo de los bienes que hasta ahora habían estado en manos de las clases minoritarias privilegiadas.

Se procedió a la nacionalización de los bienes de la Iglesia, la monarquía y la nobleza exiliada. El Estado laico desamortizó conventos y monasterios e incautó el patrimonio mueble eclesiástico que convirtió en bienes nacionales en espera de conservación y estudio. Y todo ello en un momento en el que el vandalismo se hacía incontrolado, la legislación mostraba un gran vacío y las arcas no estaban preparadas para asumir tan ingente cantidad de trabajo.

Ante un siglo tan claramente anticlerical, poco o nada podía hacer la Iglesia por la cultura y el desarrollo normal de la religiosidad dejando el protagonismo absoluto al Estado. El modelo francés centralizador y organizador de todas las parcelas de la vida se extendió con el imperio y se adaptó a los diferentes estados. Ahora, las iniciativas de corte educativo-cultural pasaban a manos oficiales, al igual que las nuevas instituciones creadas por ellos entre las que estaban los mus eos, como testimonios reales de las teorías políticas del momento. El museo se convierte en el nuevo templo “laico” del saber y de la historia. Evidentemente no encontraremos, por lo menos hasta finales de siglo, ejemplos de iniciativas eclesiásticas propias en relación con el patrimonio mueble e inmueble en España87, aunque sí es destacable la renovada actividad en el Vaticano que vuelve a poner en marcha la fundación de museos específicos en virtud de la intensa y prolífica actividad arqueológica de la ciudad88. Y ello, teniendo en cuenta el cruel saqueo a que se habían visto sometidos los Museos Vaticanos en los años finales del siglo XVIII por parte de las tropas francesas, que consideraron las estatuas antiguas como trofeos morales dignos de una entrada triunfal en su nueva residencia, el Museo de Louvre.

En España, ya desde principios del siglo XIX, la Guerra de la Independencia había traído consigo la destrucción y la rapiña de gran parte del tesoro artístico que fue expoliado del país de forma masiva y vendido, en muchos casos, para hacer frente a los gastos económicos de la guerra que sumían al erario público en una situación casi

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Una excepción podemos encontrar en la iniciativa del canónigo de la Colegiata de Santa Ana de Barcelona (don Ramón Iglesias) que, tras recorrer España e Italia, llegó a formar una importante colección de 200 pinturas que, en 1815 decide depositar en el Monasterio de Montserrat “donde han de colocarse en una

galería que se construirá al intento y a donde podrán acudir los profesores y aficionados…”. Dato publicado

por Antonio Elías de Molins y recogido por LÓPEZ PELÁEZ, A. “Museos Diocesanos. Discurso en la inauguración del de Tarragona por el Excmo. e Ilmo. Sr. Arzobispo Dr. don Antolín López Peláez”, en Boletín

Arqueológico (Tarragona), época II, nº 12, mayo-agosto de 1916, p. 44. 88

Los protagonistas más importantes hasta la llegada de León XIII serán el papa Pío VII (1800-1823) fundador de los Museos Chiaramonti y Egipcio, y creador de la Pontificia Comisión de Arqueología Sagrada en 1816 para la asignación de las excavaciones y conservación de los monumentos antiguos; Gregorio XVI (1834- 1846) responsable del Museo Gregoriano-etrusco en 1837, creado para acoger las obras salidas de las excavaciones de la Etruria sur, y del Museo Gregoriano profano en 1844; su sucesor Pío IX (1846-1878) será el encargado de crear en 1854 el Museo Pío Cristiano en el Palacio Lateranense para acoger las obras de la antigüedad salidas de las excavaciones de las catacumbas, además de haber invertido grandes cantidades de dinero en la compra de piezas y haber dado protección al gran arqueólogo vaticano, J. B. de Rossi.

dramática89. El proceso desamortizador iniciado en los años 30 acabó por sentenciar el resto de lo que quedaba mediante la venta pública de los bienes raíces de las comunidades religiosas, la extinción general de conventos de ambos sexos90 y los sucesivos derribos de algunos edificios en la segunda mitad del siglo, para dar lugar a la nueva ciudad burguesa de ensanches y avenidas que dejaba atrás las murallas y los trazados de las ciudades medievales. Como en muchos otros países, los objetos de arte confiscados acabaron formando importantes depósitos en antiguos monasterios que, con el tiempo, serían transformados en futuros museos públicos.

Sin embargo, se puede rastrear en alguno de los decretos desamortizadores las primeras preocupaciones por salvar para provecho público ciertos objetos de valor artístico, como ocurre en el D. 8 marzo de 1836 donde se aclaraban algunos términos del proceso de enajenación y se decía que los objetos propios del culto podían destinarse a las parroquias más pobres, pero que los objetos de ciencia y de arte “se conservarían

cuidadosamente en Museos y Academias”91, lo que indica la intención educativa, cultural y museal de la legislación, aunque desde el punto de vista práctico tuviera poco efecto.

La situación de crisis que sufren las manifestaciones artísticas92 se trató de subsanar teóricamente con la creación de las Comisiones Científicas y Artísticas Provinciales. Sin embargo, esta iniciativa no fue más que el preludio de un proyecto más ambicioso y duradero (aunque con un éxito más que relativo): las Comisiones Provinciales

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Además de lo expoliado y robado, la Iglesia hacía frente a los gastos de la guerra con los objetos de valor que todavía poseía. Sobre lo que ocurría en la zona catalana de Tarragona tenemos la siguiente imagen: “Desde el comienzo de la guerra, en lo primeros meses del año 1808, hasta la toma de Tarragona a últimos

de junio de 1811, las corporaciones religiosas, y a su frente el Prelado y Cabildo, sacrificaron imágenes, joyas y otros objetos de plata y oro destinados al culto para la fabricación de monedas con que pudieran ser atendidas las necesidades del ejército” de la obra La catedral de Tarragona del Sr. Morera, citado por LÓPEZ

PELÁEZ, A. “Museos Diocesanos. Discurso en la inauguración…, Op. Cit., p. 64 (nº 8, marzo-abril de 1915).

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R. D. 25 julio de 1835 (supresión de conventos y monasterios de menos de 12 miembros), R. D. 19 febrero 1836 (se declaraban en venta todos los bienes raíces de cualquier clase de las comunidades religiosas extinguidas), Ley 22 Julio 1837 (sobre la extinción general de conventos de ambos sexos), Ley 2 septiembre 1841 (nacionalización de todos los bienes del clero secular de cualquier clase exceptuando los edificios, los ornamentos y los objetos artísticos).

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MARTÍN GONZÁLEZ, J. J. “Problemática de la desamortización en el arte español”, en II Congreso Español

de Historia del Arte, Valladolid, 1978, p.19. 92

“La penuria del Tesoro obligó por estas fechas a utilizar las alhajas de las iglesias, y su venta la aprobaron

las Cortes el 5 de Septiembre [de 1837] 83 votos contra 45. Por otra parte, se cometieron abusos en el mobiliario de los conventos que siendo ya patrimonio de la Nación, lo fue de particulares, ya apropiándoselos unos, ya vendiéndoselos a otros, hasta que tuvo el Gobierno que prohibir la escandalosa extracción que se hacía para el extranjero de riquísimos cuadros robados y vendidos a vil precio”, así describe la situación A.

PIRALA en La Guerra Carlista, I, Madrid, 1895, p. 405, tomado de MUTIOLA POZA, J. Mª. La

Desamortización eclesiástica en Navarra, Publicación de la Universidad de Navarra, Pamplona, 1972, pp. 91-

92, nota 149. Otro testimonio de la situación lo recoge José Mª ANTEQUERA en La desamortización

eclesiástica considerada en sus diferentes aspectos y relaciones, Madrid, 1885, p.451 de un arquitecto al decir

“Yo he visto, con vergüenza y espanto servir de pesebre á un ganado pilas bautismales de mérito inmenso y

de antigüedad notable. Yo he visto anidar gallinas en afiligranado santuario del siglo XIV. Yo he visto notabilísimos cuadros italianos y españoles formando cerramientos de ventanas en pobres pajares, ó cubrir el defecto de tapias en corrales de aldea; y, finalmente, he visto servir para tapar pucheros de arrope las arrancadas hojas de breviarios y libros de horas del siglo XII”.

de Monumentos Históricos y Artístico93, bajo cuya responsabilidad quedaba la apertura de los nuevos museos provinciales.

La segunda mitad del siglo XIX mostró una nueva preocupación por la situación del patrimonio histórico y, si bien en la práctica las cosas no mejoraron excesivamente, en la teoría se observó un cambio hacia una mayor protección con la promulgación sucesiva de reales órdenes y decretos que pretendían controlar el expolio generado tras las desamortizaciones de los bienes eclesiásticos94. Toda esta labor legislativa es sólo un ejemplo del espíritu de control que pretendía ejercer el Estado sobre un campo demasiado amplio y olvidado hasta entonces. Si bien la legislación de estos años mostraba un creciente interés por el tema patrimonial, lo cierto es que las razones políticas tuvieron un mayor peso y, quizá por eso, se prestó menos atención a los elementos necesarios para llevar a la práctica esas disposiciones. Un ejemplo de la importancia política de los acuerdos de esos años fue el Concordato de 16 marzo de 1851 entre España y la Santa Sede95, que ponía sobre la mesa el apoyo de Pío IX a la política de Isabel II.

El revuelto panorama político y la definitiva revolución “Gloriosa” de septiembre de 1868, que terminaría con el reinado de Isabel II, llenó al país de nuevos aires liberales, progresistas e intelectuales como consecuencia del descrédito y el desgaste en que había caído el gobierno de la reina. La revolución burguesa, favorecida por la masa, trajo consigo una política de “revancha” hacia los estamentos religiosos96 que se tradujo en las disposiciones incautadoras de 1869 (D. 1 de enero y O. 18 de enero). Los objetos susceptibles de ser incautados se incluían dentro de la clasificación de libros impresos o manuscritos, códices, documentos, láminas, sellos, monedas, medallas, y cualquier objeto

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R. O. 13 junio 1844 para la Creación de las Comisiones de Monumentos Históricos y Artísticos Provinciales. A esta orden se une la iniciativa del Gobierno de los moderados de terminar con las ventas de los bienes de la Iglesia por el D. 26 julio de 1844.

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En R. D. 11 Abril 1845 se establecía la suspensión de la venta de edificios -conventos de comunidades religiosas suprimidas; en R. O. 4 mayo de 1850 se prohibían obras en edificios públicos sin previa consulta a la Comisión Provincial de Monumentos; y, el 9 Septiembre de 1857 se establecía la Ley de Instrucción Pública cuya Sección II, capítulo IV se reservaba a las Academias, Bibliotecas, Archivos y Museos (los museos pasaban a ser un elemento más en la organización de la enseñanza con un claro objetivo docente); R. O. 10 abril de 1866 por la que se ordena que el clero no disponga de los objetos artísticos o arqueológicos que existan o sean descubiertos en las iglesias sin previo aviso a las Academias de Bellas Artes o a la Comisión Provincial correspondiente.

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B. O. A. S., año 3, nº 69, sábado 30 enero de 1864, pp. 33-72.

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“En antiguos y derruidos monasterios, alejados de todo centro de actividad y aun de toda población, en

ciudades de escaso vecindario, en las iglesias y catedrales existen en España riquezas materiales de enseñanza y estudio, obras de inteligencia de todos los siglos, valores cuantiosos representados por los libros, los códices y los instrumentos científicos; obras de destreza y de consumada experiencia representadas por la infinita variedad de objetos labrados para las necesidades de la vida humana, algunos de los cuales protestan por su uso del sitio en que se conservan estérilmente, del mismo modo que el avaro conserva su riqueza ocultándola á toda mirada y apartándola de todo útil movimiento. Allí están expuestas á todos los peligros y contingencias del aislamiento; al fuego del cielo y al robo á mano armada; á las incautaciones y á la estafa; á la destructora obra del tiempo y del abandono, tal vez más temible”. Decreto 1

artístico o arqueológico que sirviera para enriquecer las bibliotecas y museos públicos, exceptuando aquellos objetos de aplicación real en el culto97.

El proceso expropiador de 1869 demostraba, de nuevo, la debilidad de la situación política y la delicada posición de la Iglesia ante cualquier movimiento revolucionario de carácter liberal. El resultado de esta nueva nacionalización en catedrales, monasterios y órdenes militares de las diócesis gallegas fue un tanto decepcionante en la medida en que, los comisionados responsables de las mismas, se encontraron con un panorama de desolación donde apenas se detectaron objetos de artes y ciencias de mérito y donde la documentación y libros de interés ya habían desaparecido en procesos anteriores98.

El estado de deterioro y abandono al que se había llegado a finales de la centuria en lo relativo al patrimonio de la Iglesia provocó la aparición de medidas que trataron de controlar el saqueo, el abandono, la venta ilegal y la exportación de obras de arte, tanto por parte del Estado como por parte de las diferentes diócesis españolas que, a través de sus obispos, intentaban concienciar a la población sobre la importancia de los bienes históricos. Mientras el Estado centraba su atención en el campo de la restauración arquitectónica, la Iglesia lo hacía en las advertencias, a través de sus Boletines Oficiales, sobre los robos sacrílegos, las medidas de seguridad en las iglesias, el valor de los objetos litúrgicos, la información a los párrocos de los peligros del patrimonio artístico, los límites de las enajenaciones de los objetos de la Iglesia y las advertencias ante los compradores de arte y los anticuarios extranjeros99. El antiguo coleccionismo religioso había desaparecido para concentrarse en manos de civiles favorecidos por los bajos precios del mercado y la cantidad de obra en circulación. Paralelamente, los Boletines de

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O. 18 enero de 1869, Gaceta de Madrid, nº 26, año CCVIII, martes 26 febrero de 1869. Artículo 10º.

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A. G. A. Fondo Educación, IDD 31, caja 6814. Acta de incautación de la Catedral de Santiago de Compostela, “…Seguidamente se pasó á la Biblioteca, que viene á ser una pieza que comunica á la sala de

Sesiones y el Sr. Alcalde en nombre de la Nacion tomó posesion de la librería que se encuentra colocada en un estante de la pared de la repetida pieza, recogiendo de pode del Sr. Dean las dos llaves correspondientes á la estantería y colocando sobre las cerraduras de la misma el numero de sellos necesarios (…) Apesar de los reconocimientos que con la mayor escrupulosidad se han practicado, ningun objeto artístico ni arqueológico se encontró, que sirva para enriquecer las bibliotecas, archivos ó museos Nacionales…”. A. G.

A., Fondo Educación, IDD 31, caja 6815. Acta de incautación de la catedral de Lugo, 25 enero de 1869 “…que

el Cabildo é Iglesia de Lugo no tiene objetos de Arte, Ciencias y Letras y demás que se mencionan en dicha circular, asi porque en el incendio de su archivo ocurrido el año de mil quinientos cuarenta y nueve perecieron muchos de ellos; como porque la Autoridad Civil se incautó y estrajo de aquel todos los documentos y papeles de utilidad que contenia en las épocas de mil ochocientos cuarenta y uno y mil ochocientos cincuenta y cinco. En cuanto a pinturas, que si bien tenia las retratos de dos individuos que biena sido de aquella Corporación uno del Exmo Señor D. Manuel Fernandez Varela Comisario General de Cruzada y otro del Exmo Sr. D. Agusti Lorenzo Varela Obispo de Lugo, no eran de ningun mérito artístico segun los inteligentes y peritos en la materia. En cuanto á preciosidades de alhajas, esta Santa Iglesia solo tenia las indispensables para el Culto, por cuanto en mil ochocientos nueve habia sido saqueada por los Franceses que estrageron de ella cerca de mil quinientas libras de plata labrada…”.

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Un ejemplo de los engaños a los que se sometía a los párrocos es el caso ocurrido en el arzobispado de Santiago de Compostela sobre “un vecino que recorre las parroquias rurales y recoge objetos de culto y vasos

sagrados para componerlos ó dorarlos. Como en varios casos la persona no devolvió los objetos que le entregaron, se advierte a los curas encargados de Iglesias que entreguen a persona de confianza los objetos de valor cuando necesiten restaurarse, pues a los párrocos se les hará responsable de cualquier falta que hubiera en las alhajas… a excepción de casos de violencia, incendios, etc.” B. O. A. S., año XXXII, nº 1313,

los obispados se llenaron, por estos años, de cartas llegadas de la Santa Sede, de las redactadas por el Nuncio Apostólico, de las declaraciones conjuntas del episcopado español y de las manifestaciones particulares de cada obispo, sobre el patrimonio histórico-artístico de sus diócesis. Sería interminable hacer una compilación de ellas, estando casi todas relacionadas con las medidas de precaución que debían adoptar los párrocos y encargados de iglesias con los bienes custodiados dentro100.

La consecuencia de este continuo movimiento de bienes eclesiásticos fue la pérdida de una parte importante del patrimonio heredado, que la Iglesia quería recuperar siguiendo la tendencia oficial y privada de formación de museos, con la creación de los suyos propios a partir de los objetos que se habían salvado después de los convulsos años vividos. A finales de siglo se manifestó un impulso en el papel de la Iglesia dentro del mundo moderno liderado por León XIII (1878-1903) que, junto con la aparición de religiosos interesados en la arqueología y la historia101, va a poner en marcha un período de renacimiento del espíritu católico y sus manifestaciones. Por primera vez en España los tesoros de las diócesis se abren al público y abandonan las sacristías. Este movimiento, iniciado en la zona catalana, se irá extendiendo, lentamente, al resto de la Península hasta bien entrado el siglo XX en que la generalización de este tipo de museos se hace habitual.

Dentro del área catalana (de la que hablaremos más ampliamente en el capítulo dedicado a los elementos de base en la creación de los museos eclesiásticos en España) comienzan a aparecer una serie de principios que serían el caldo de cultivo de un renacimiento cultural que también fue posible dentro de la Iglesia católica. Abandonadas

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Del B. E .O .M. tomamos un ejemplo en la carta remitida por el obispo el 23 noviembre de 1882, y publicada ese mismo día sobre la atención a los que se hacen pasar por artistas o comerciantes: “Ha llegado

á nuestra noticia que por varios puntos de la Diócesis se han presentado, en ciertas ocasiones varios sujetos que bien a título de artistas bien á título de comerciantes pretenden de los R. R. Párrocos y demas

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