• No results found

Todo comenzó cuando estaba yo dando buena cuenta de un plato de sopa ranchera casera en un agradable restaurante del barrio y empecé a notar de repente rinitis y picor en los ojos. Como lo atribuí a haber estado en contacto con un alérgeno, tomé un Benadryl y me fui.

En cuanto llegué a casa, la reacción alérgica se había transformado en una anafilaxis completa, y respiraba con dificultad. Tenía la cara roja e hinchada y se me estaba cerrando la garganta por momentos; empecé a alarmarme. Tuve que ir a urgencias, y para cuando llegué ya sufría un shock anafiláctico profundo y no podía respirar. La enfermera me condujo a la sala de traumas sin preguntarme siquiera el nombre, me inyectó dos intravenosas, llamó a los técnicos para que me aplicaran tratamientos de respiración y me administró epinefrina. Por mi cabecera pasaron toda clase de médicos y enfermeras. Una vez recibidos los primeros cuidados, me sentí bien con cierta rapidez. Era algo alarmante al no saber qué había provocado aquella reacción «cercana a la muerte», pero como enfermera sabía que, debido al tiempo transcurrido, tenía que ser algo que hubiera ingerido.

Al día siguiente, volví al restaurante y hablé personalmente con el chef, que estuvo muy servicial: me entregó unas bolsitas individuales con las especias que utilizaba en la sopa ranchera, que yo llevé al alergólogo para el test de piel, durante el cual tuve una reacción tan violenta al comino que tuvieron que administrarme epinefrina. El alergólogo me dijo que jamás había visto una reacción así a una especia.

El especialista en alergias me derivó a un centro de investigación con la esperanza de que allí descifraran aquella fuerte reacción al comino. Tras una semana de hurgar y pinchar, no supieron determinar la causa exacta. Tampoco habían visto nunca nada igual.

A lo largo de los seis años siguientes, sufrí cinco reacciones anafilácticas en diferentes ciudades y debido a la ingestión de distintos alimentos que, según aseguraban los chefs y camareros, no llevaban comino aunque al final este estaba incluido en la harina o en alguna de las otras especias. Esto se confirmó después de ser ingresada en urgencias. La verdad es que el asunto era grave, y más perturbador aún por el hecho de que el comino puede estar oculto en cualquier especia o comida preparada. Por esa razón empecé a vivir de ensaladas y helados. Entretanto, estaba yo tan resuelta a hacer algo para ayudarme a mí misma que entré en contacto con expertos en nutrición y alergólogos y mandé todos los e-mails que pude. Llegué hasta a pensar que la anafilaxis quizá se producía a raíz de mis implantes en los pechos, y leí un montón sobre la respuesta inmunitaria a la silicona. Hice que me quitaran los implantes, pensando que acaso ayudaría y valdría la pena. Por desgracia, poco después de la operación para quitarlos, experimenté otra reacción anafiláctica a comida que, sin saberlo el chef, contenía comino.

Desesperada por encontrar algún tratamiento alternativo, un día encendí la televisión y vi al doctor Weiss como invitado en el programa de Oprah Winfrey. Mientras hablaba, por alguna extraña razón agucé el oído y escuché. Había algo dirigido precisamente a mí, y en internet busqué información sobre regresiones a vidas pasadas. Compré dos de los libros del doctor y leí más acerca de ese fenómeno. Al cabo de uno o dos años, localicé en Chicago un seminario en el que el doctor Weiss iba a intervenir. Fuimos para allá mi hija y yo, pero las tres sesiones de regresión a vidas anteriores con el doctor a las que asistí fueron en vano.

La última sesión del seminario llevaba por título «Encauzamiento con O’Brien». En aquel momento yo ni siquiera sabía qué significaba «encauzamiento», pero como aún faltaban dos horas para que despegara el avión de vuelta a casa, acudimos a la sesión. Mi hija fue escogida para formularle una pregunta a O’Brien. Inquirió acerca de mis reacciones anafilácticas al comino, y él dijo: «Ah, ya sé, y también es alérgica a otras dos especias.» Mi hija preguntó cómo podríamos tratar eso, y O’Brien explicó que yo necesitaría una regresión porque en dos vidas anteriores yo había sido asesinada, sin querer, por esta especia. Me quedé conmocionada. En Houston, Tejas, localicé a una mujer que pudo ayudarme con las experiencias de vidas pasadas. En una de ellas, yo estaba embarazada de cinco meses y me daban náuseas. Una vecina intentó ayudarme ofreciéndome cierta especia y agua. Recuerdo que yo llevaba un vestido blanco, la cama era de madera, y la casa era una cabaña de troncos con el suelo sucio. Seguramente transcurría todo allá por el siglo xix. Yo tenía veinte y pocos años, y en ese momento éramos las dos únicas personas de la casa. La mujer cometió un error y puso demasiado comino en el agua para asentar mi

estómago, lo que me causó la muerte. Me sentí tan culpable de haber matado al bebé de mis entrañas que lloré. La regresionista me pidió que encontrara el alma del niño, pero no había manera. Entonces me di cuenta de que en realidad no estaba embarazada como creía. Lo que tenía era un tumor, pero en aquellos tiempos no había pruebas para determinarlo, y como el abdomen era cada vez más grande di por supuesto el embarazo. En cuanto supe que no era culpable de haber acabado con la vida de mi bebé y que se trataba de un tumor, me sentí más tranquila.

Volví con el alergólogo para realizar un test cutáneo complementario para el comino, y dio negativo. Todas las pruebas de piel anteriores habían sido positivas. Me hizo tomar un poco de comida mexicana con comino en su consulta mientras una enfermera asignada me observaba. No hubo reacción alguna. Era asombroso; me sentí vivir de nuevo. De hecho, haber descubierto mi vida anterior me había devuelto la vida presente.

~ Sandy

Al no estar demasiado familiarizado con el comino, tras leer la historia de Sandy investigué un poco y me enteré de que es una de las especias más antiguas y más extendidas. Aunque habitualmente se usa en el curry y el chile en polvo, también se encuentra, como bien sabe Sandy, en muchos sitios inesperados: queso, pan, bebidas alcohólicas, fármacos y perfumes.

En el sur de Asia, el té de semillas de comino es un remedio tradicional para la indigestión y los problemas gastrointestinales, y las náuseas matinales del embarazo. La Sandy del siglo xix, que creía estar embarazada y tenía dolor de estómago, tomó té de comino exactamente por las mismas razones, pero la Sandy del siglo xxi no tenía ni idea de que existieran siquiera esas costumbres.

Hay que confiar en el proceso. Sandy necesitaba efectivamente recordar una vida pasada específica para poner remedio a su grave alergia al comino. Fue a Chicago, pero la terapeuta que al final orquestaría la curación estaba en Houston, Tejas. Para llegar allí, tuvo que encender la televisión y verme en el Oprah Winfrey Show. Luego debió viajar a Chicago, probar en tres regresiones de grupo y al final de la semana dejarse caer «casualmente» por la sesión de encauzamiento, donde su hija fuera escogida para formular una pregunta, cuya respuesta confirmó la causalidad ligada a la vida pasada. Fue a Houston y aprendió los detalles específicos; y desapareció la grave alergia, incluida una comprobación directa en el consultorio del médico.

Existe una inteligencia sensata, bondadosa e infinitamente compasiva que nos guía todo el tiempo. Nuestra profunda sabiduría intuitiva puede acceder a ese proceso, distinguir la dirección y establecer contacto con lo divino. En un recuerdo de vida pasada en Noruega hace varios cientos de años, Margaret se caía de un arado. Nunca había estado allí en su vida actual, pero sabía que se trataba de Noruega. La caída era hacia atrás, sobre los hombros y el cuello, en el lugar donde se encuentran la cabeza y la espalda. Al día siguiente, el dolor en la espalda y el cuello en esta vida, fuerte y discapacitante, había desaparecido. Natalia recordó una vida anterior en que era una niña en Europa varios siglos atrás, una vida en la que

debía ocultar sus capacidades psíquicas, sus destrezas curativas y sus conocimientos sobre hierbas. Los miembros de su familia también se veían obligados a disimular sus facultades, pues si las autoridades los descubrían, su vida corría peligro. Años después, siendo una mujer joven en esa misma vida, denunció sin tapujos la situación y fue quemada en la hoguera, lo que corroboraba el riesgo de darse a conocer públicamente. En una vida pasada conectada, la mataban en el potro de tortura por «bruja», es decir, por curar con hierbas. En su vida actual, el considerable dolor de articulaciones de Natalia mejoró tras estos dos recuerdos.

Recibí un mensaje de una mujer australiana en que decía que llevaba una década sufriendo artritis grave en las manos. Estaba resignada a vivir siempre con ese padecimiento. Tras asistir a mi taller de Brisbane en 2011, le desapareció el dolor por completo. La curación, decía, había sido eficaz y a fondo.

Otra persona que había estado en el mismo taller de Brisbane contó por escrito su propia historia de curación. Como hinduista que era, había aprendido sobre la reencarnación en etapas tempranas de su vida; sin embargo, no sabía que la meditación y la regresión a vidas pasadas podían sanar de veras. Esa mujer padecía asma desde niña y dependía a diario de su inhalador. Un mes después del taller, se había restablecido de su dolencia. Tranquilizar la mente y abrir las puertas del pasado pueden ayudarnos literalmente a respirar mejor.

Quienes evocan episodios de vidas anteriores o tienen experiencias espirituales suelen ser capaces de curar o mejorar mucho el estado de individuos con achaques físicos crónicos, entre ellos artritis, migraña, asma, hemorragia incontrolada, dolor fuerte, problemas de las articulaciones e incluso derrame ocular. Las personas que cuentan las siguientes cuatro historias proceden de ambientes y culturas de lo más divergentes, pero sus experiencias son sorprendentemente parecidas.

Related documents