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CHAPTER 2. 2D FRAGMENTED IMAGE REASSEMBLY

2.3 Methodology

Por lo general, una llamada del alma se produce de dos maneras posibles. Para unos, es un conocimiento que se convierte en convicción profunda y origina acción. Para otros, se parece más a recibir un golpe en la cabeza o a ser zarandeado hasta que castañetean los dientes, lo que sirve para tomar conciencia de algo. Esto es lo que me pasó a mí cuando leí Muchas vidas, muchos maestros. Totalmente absorta en las fabulosas historias, llegué a la última página, donde me llamó la atención la dirección de Brian. En ese instante, tuve una sensación déjà vu: no solo me vi claramente en América aprendiendo con él, sino que experimenté también el profundo conocimiento de que había descubierto la finalidad de mi alma en el trabajo de regresión. De pronto estuve segura de que para eso estaba yo aquí.

No es poca cosa liar el petate, dejar a la familia y aventurarte al otro lado del mundo por tu cuenta, pero no podemos ignorar las llamadas del alma. Aún recuerdo el asombro de algunos de los otros participantes en el curso de Rhinebeck, Nueva York. «¿Vienes de Australia?», exclamaban incrédulos. Aunque había más de cien profesionales de todo el globo, yo era la que venía de más lejos.

Durante el curso de formación, iba yo a experimentar una curación potentísima que me pilló totalmente por sorpresa. Brian estaba dirigiendo regresiones con miembros escogidos del público. Yo anhelaba ser uno de ellos, pero al ser tantos los dispuestos a ofrecernos como voluntarios, él solo podía llevar a cabo un número limitado de demostraciones antes de animarnos a practicar en grupos pequeños. Si visualizamos a más de un centenar de personas en una sala completamente llena, con pequeñas regresiones de grupo en todas partes, cabe imaginar el nivel de ruido. Me sentía decepcionada por no tener una regresión personal con Brian, y cuando me llegó el turno, recuerdo que, al tenderme en el duro suelo, pensé: Pero cómo va a funcionar realmente esto con todo este jaleo. Era plenamente consciente del ruido de fondo cuando una de las mujeres del grupo me guio por el proceso de inducción.

Mi mente vagaba por diferentes partes de la sala, oyendo fragmentos de conversación aquí y allá, cuando de pronto noté una sacudida del cuerpo y que mi cabeza se volvía hacia el lado derecho. Más tarde me enteraría de que en ese momento yo no había movido el cuerpo en absoluto.

Un tanto atónita, me vi mirando la rueda de madera de un carro mientras daba sacudidas por una calle empedrada. Al mismo tiempo que mi mente subconsciente registraba esto, me daba perfecta cuenta de lo que pensaba mi mente consciente: Ah, por eso traquetea, porque está hecha de un

trozo de madera maciza; en aquella época no podían hacerlas redondas del todo. Era de lo más extraño estar experimentando algo en un nivel y comprendiéndolo en otro, y sin embargo en ese momento daba la impresión de ser la cosa más natural del mundo.

Poco después, noté una incómoda sensación de bloqueo en mis piernas, como si estuvieran atadas o sujetas de algún modo. Más tarde, las mujeres del grupo me explicaron que yo estaba frotándome las piernas una con otra, como si quisiera liberarlas. Aunque en su momento no me di cuenta, luego adquirió todo el sentido.

Por lo visto era la Inquisición, y a mí me llevaban en un carromato de madera para ser quemada en la hoguera acusada de bruja, simplemente por practicar mis artes curativas. Aunque parezca mentira, no estaba asustada, solo enfadada. ¡Cómo se atrevían a castigarme (y a otros como yo) por intentar ayudar a las personas que necesitaban curación! Me frustraba más su estupidez que el acto de violencia propiamente dicho, y era consciente de que esta sensación iba dirigida específicamente a los hombres. Tengo un vago recuerdo de llamas y montones de rostros burlones. Diez años después, los detalles no son tan nítidos, pero la experiencia es tan vívida como entonces.

El conjunto de la experiencia pareció durar unos minutos; luego supe que había transcurrido casi una hora. La sensación de bloqueo en las piernas se debía efectivamente a que estaban atadas con una cuerda. Lo que me resultó aún más asombroso fue que durante los últimos veinte años había padecido una psoriasis grave, sobre todo en las piernas, en el mismo sitio donde había notado el roce de las cuerdas. De hecho, era algo tan antiestético y me daba tanta vergüenza que siempre llevaba pantalones en vez de vestidos o faldas.

Tras la regresión, la facilitadora, una mujer maravillosa también participante en el curso, me dijo que, según su intuición, mi enojo con los hombres estaba relacionado con los sarpullidos de las piernas. Menos mal que alguien tuvo la suficiente claridad mental para tomar unas fotos que sirvieran como referencia futura. Me emociona ser capaz de adjuntar una foto reciente, tomada unos diez años después, en la que se ve unas piernas curadas casi por completo. El proceso terapéutico comenzó inmediatamente después de la regresión y siguió hasta que desaparecieron los sarpullidos, al cabo de unos seis meses.

Curiosamente, todavía se produce una ligera reaparición cada vez que estoy estresada, lo que me sirve de oportuno recordatorio de que debo deshacerme de cualquier emoción negativa ligada a mi experiencia.

Ahora trabajo como terapeuta de regresiones en Perth, Australia occidental, y observo en mis pacientes episodios parecidos. La idea de Brian de que guardamos las experiencias en nuestras memorias celulares tiene toda la lógica si reflexiono en la curación física y emocional que suele producirse durante la labor de regresión. En cuanto el recuerdo se libera y se hace consciente, parece haber un restablecimiento automático en la mayoría de los casos.

Tuve incluso un caso de curación espontánea de un dolor crónico en el pecho, pese al hecho de que la mujer a la que yo efectuaba la regresión dudaba de que su experiencia fuese real. Más adelante, me escribió para decirme que, hasta el día de hoy, no han vuelto los síntomas.

He aquí un magnífico relato del poder de la terapia de las regresiones a vidas pasadas. Se puede resumir de forma simple y clara: «En cuanto el recuerdo se libera y se hace consciente, parece haber un restablecimiento automático en la mayoría de los casos.» Quizá la psoriasis sea una enfermedad difícil de curar, pero Valarie fue capaz de realizar esa proeza solo recordando. En su caso, no necesitó medicación, terapia con luz ni ningún otro tratamiento. Cuando utilizamos la regresión a vidas anteriores para tratar enfermedades o síntomas más graves que la psoriasis, se puede seguir con los tratamientos convencionales mientras el paciente está experimentando las regresiones. Esta es la esencia de la medicina complementaria: el uso de modalidades terapéuticas simultáneas. Mientras se logre la curación, da igual cuál sea la técnica más efectiva.

La regresión de Valarie pone de manifiesto otros rasgos de una experiencia clásica y real de vida pasada, además de la remisión de los síntomas. Su sentido de la distorsión del tiempo (una hora equivalía a unos minutos) es señal de haber alcanzado un profundo nivel de relajación y concentración. En este nivel, es posible disolver los miedos y alcanzar la curación física y/o emocional. El ruido ambiental no interfería, pues su mente subconsciente captaba la oportunidad para curar y no hacía caso de las distracciones. Para alcanzar este estado profundo y alterado no nos hace falta una cámara de privación sensorial. Del mismo modo, su mente consciente observaba y hacía comentarios a la vez que experimentaba las escenas de vidas anteriores. Ella entendía lo de la rueda de madera, pero permanecía en el estado altamente focalizado. Es interesante releer y meditar sobre el caso de Valarie, pues revela de veras los matices y la esencia de la terapia de regresión a vidas anteriores.

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