Part II: Firing
62. What does it mean for an employee to be hired ‘‘at
Este documento25 fue el último eslabón en la preparación inmediata a la Conferencia de
Santo Domingo. El CELAM lo publicó después de obtenida la aprobación de Roma a fines de junio de 1992. Se pensó en un texto que no fuese largo y pesado de manera que motivara a todo el Pueblo de Dios en la preparación de la IV Conferencia. En general el DTSD tiene un espíritu sereno, abierto y positivo que llama a la unidad y reconciliación; en su metodología sigue el ver, juzgar y actuar, de particular utilización en la tradición del continente.
El análisis de la comunicación social lo abordaremos en los momentos explícitos del DTSD reconociendo que existen otras citaciones a lo largo del mismo. En la Primera Parte del documento que observa pastoralmente la realidad del continente, mirando la realidad secular del tema, se alude a los medios de comunicación como una de las fuentes creadoras de la cultura postmoderna (Cfr. 185; 172) mediante una cultura audiovisual, que aportó valores como la fraternidad, la solidaridad, la superación de prejuicios (Cfr. 110) y de barreras, educación e información y transmisión de valores culturales (Cfr. 185). Además una progresiva configuración de una cultura cada vez más universal, visiones unilaterales o distorsionadas de la realidad, manipulaciones políticas o económicas (Cfr. 185), unificación masificante y reducción del discernimiento; en ésto la generación juvenil es la más afectada y expuesta a los MCS (Cfr. 110).
Observando la realidad eclesial del área, dado que algunas Iglesias locales disponen de excelentes MCS se los entienden como un espacio privilegiado para el ejercicio del ministerio profético de los pastores (Cfr. 213). Sin embargo la utilización de éstos está bloqueada y es ineficiente debido a que muchos en la Iglesia no comprenden cabalmente la cultura audiovisual y sus códigos; no creen en la eficacia de los medios para la evangelización, y a menudo no saben que hacer con ellos (Cfr. 214).
No obstante se destaca que muchos comunicadores cristianos bregan por obtener una mayor presencia en los MCS (Cfr. 213), mientras que miembros de otras confesiones no católicas “los emplean eficazmente, confundiendo la fe del pueblo, ofreciéndole un mensaje espiritualista y fundamentalista” (214).
En la Segunda Parte del DTSD que abarca la iluminación teológica y pastoral, se ve que “Dios es el primer comunicador, el comunicador por excelencia, y su Buena Noticia, así como la inculturación de la fe, son impensables sin la comunicación” (544). La acción evangelizadora es observada como un proceso de comunicación y la cultura es el fruto de la comunicación entre personas (Cfr. Idem).
El documento reafirma los vínculos entre comunicación, evangelización y cultura; la comunicación nace del amor de Dios por nosotros (Cfr. 540) manifestado en Jesucristo que vino a comunicar (evangelizar) el amor del Padre encarnándose y dialogando entre los hombres y culturas de su tiempo. El es testigo fiel del amor comunicativo de Dios (Cfr. 532).
Jesús con su encarnación y actitud de diálogo con los hombres ha dejado el modelo de la inculturación, la Iglesia reconoce que no puede proseguir una eficaz comunicación de la fe sino se adecua a los signos de la cultura audiovisual y a sus nuevos códigos y lenguajes, a fin de llegar al corazón y la vida misma de los interlocutores (Cfr. 465-466).
“Por ello nos urge aprender a hablar, según la mentalidad y las culturas de los oyentes, de acuerdo a sus formas de comunicación y a los medios que están en uso” (465). Además, “en nuestros días necesitamos promover una gran creatividad —signo de nuestro tiempo— para que la nueva evangelización se exprese en lenguajes que cuestionen al mismo tiempo que brinden esperanza” (466).
En la Tercera Parte del documento, al indicar los grandes desafíos pastorales, se insiste que la Iglesia debe fortalecer su conciencia sobre la comunicación social en sí misma como
fenómeno socio-cultural y como constructora de hábitos y consumos culturales (Cfr. 602). También se retoma EN 45 (Cfr. 603) y se reconoce que frente a la creciente pluralidad vivida en el continente,“la Iglesia va pasando a ser una voz entre otras, muchas veces considerada sólo una opinión más” (604; Cfr. CIL’91 4.12).
En esta misma parte del DTSD, nuestro tema tiene un tratamiento más pormenorizado cuando se habla de Una nueva comunicación para una nueva evangelización (Cfr. 664-676). En ella luego de un proemio que motiva a la presencia evangelizadora en el mundo de la comunicación, “reconociendo la importancia de la imagen y la palabra en la formación de la
cultura y en la implantación de valores” (640), el punto indicado se divide en dos momentos: objetivos (Cfr. 664-671) y medios (Cfr. 672-676).
Los objetivos expresan como la corriente vital de la comunicación relaciona a la evangelización, la promoción humana y la cultura (Cfr. 664), por ello la Iglesia debe asumir como constitutivo evangelizador el mundo de las comunicaciones (Cfr. 667; 640), “pues por medio de ella se manifiesta al mismo tiempo como realidad salvífica comunicada, acontecimiento comunicable y signo comunicante, es decir como don que se recibe, mensaje que se proclama y tarea que se realiza” (667).
La Iglesia realidad salvífica comunicada, el don que recibe es la Palabra encarnada y dialogante en la historia por obra del Espíritu, para revelar el amor del Padre (Cfr. 665); el
acontecimiento comunicable, es el mensaje que proclama, el Reino que exige “procesos de interrelación humana en que se comparten significados, como condición para crear cultura” (666; Cfr. CIL’91 1.2); el signo comunicante (sacramento) es la tarea que se realiza, la comunión de los hombres, la convivencia, el diálogo, el intercambio (Cfr. 668).
Comunicar, evangelizar para anunciar el Reino, exige nuevos comunicadores que se tornen expertos en el arte y la ciencia de la comunicación (Cfr. 669) y revisar y actualizar las formas de comunicación (lenguajes, canales, gestos, medios de comunicación, etcétera) (Cfr. 670).
Al tratar los medios, el documento retoma grandes desafíos que venimos observando en nuestra reflexión: profundizar la reflexión teologal de la comunicación (Cfr. 672); la formación de los agentes de pastoral y de los profesionales (Cfr. 673); elaborar políticas de comunicación e información a través de la planificación pastoral (Cfr. 674); integrar la comunicación dentro de la pastoral de conjunto (Cfr. Idem); producir materiales audiovisuales para la acción pastoral (Cfr. 675) y subrayar algunas características de la influencia del mundo de la comunicación en la nueva evangelización (Cfr. 676).
El DTSD confirma el espíritu de otros documentos anteriores al ligar la comunicación con el fenómeno cultural de los hombres y los pueblos. En el dinamismo vital de la comunicación como creadora de cultura y en la significación que los hombres elaboran en las interrelaciones, se moldea la acción evangelizadora de la Iglesia. Ella se comunica como signo visible del Reino, anunciando e inculturando la Buena Nueva, produciendo significados para los hombres y sus culturas, a fin de promover la convivencia humana y para extender en ella los valores del Evangelio.
El DTSD dedica una atención particular al lenguaje audiovisual de la nueva cultura que la Iglesia no puede ignorar si quiere ser eficaz en su misión de encarnar la Buena Nueva en las culturas. Sólo así la nueva evangelización será nueva en su ardor, método y expresión.
Constatamos que el documento estudiado al incorporar algunos elementos de la comunicación en la reflexión teologal, abre un camino orientador y doctrinal para la pastoral de la comunicación social y su gravitación en la nueva evangelización.
3.6. Conclusión
El período mediato e inmediato a Santo Domingo es marcado por la íntima relación entre la comunicación y la cultura. Se confirma progresivamente lo indicado en el análisis del post- Puebla. Consideramos que algunos documentos reflexionados (v.gr. RRSD, CIL’91 y DTSD) tienen una línea común al respecto y propugnan que la comunicación no sea sólo entendida como una categoría en sí misma, sino destacándola como un concepto englobante de la evangelización de la cultura. También los documentos estudiados van incorporando algunas de las reflexiones que surgen desde RM y AN.
De la encíclica misionera se rescata la expresión mundo de la comunicación (Cfr. 37c) integradora de las manifestaciones culturales e instrumentales que conlleva la comunicación. De AN se destacan tanto la expresión identidad cultural (Cfr. 7,9,13,16) que tendrá preponderancia a la hora de la inculturación del Evangelio, como la visión de la Iglesia- comunión (Cfr. 10) que irá vislumbrando una eclesiología de comunión, para incluir en ésta una reflexión teológica de la comunicación.
Del CIL’91 (entre otros temas) se retoma el concepto de alteridad, que junto a la identidad
permite comprender de un modo integral el proceso de la comunicación humana y divina. Del DTSD debemos destacar la incorporación de la comunicación social en su reflexión teológica, sustentando así nuevos caminos para la praxis pastoral desde principios doctrinales orientadores. Finalizando esta apretada síntesis hemos de indicar el espíritu de RRSD presentando variados temas y desafíos pastorales para que la comunicación sea dinamizadora de la nueva evangelización.
Los documentos analizados son un reflejo de la praxis pastoral comunicacional en la Iglesia del continente; los procesos que genera la comunicación no se pueden restringir a los estudios esbozados, son antes que palabras, vivencias culturales de los hombres y pueblos.
Hemos subrayado elementos que emergen y conducen hacia Santo Domingo, donde se recogerán algunos de los aportes que hemos indicado como más significativos favoreciendo la
comunicación inculturada de la Buena Nueva de Jesús en y desde la Iglesia, como don, mensaje y misión de la comunión (Cfr. DTSD 667).
4. LA CONFERENCIA DE SANTO DOMINGO. CONCLUSIONES DE SANTO