Chapter 4: Interviewing
42. How formal should an interview be?
Tal como ocurriera en otros períodos, los eventos comunicacionales celebrados por la Iglesia latinoamericana reflexionados en el punto anterior convergen en la III Conferencia del Episcopado Latinoamericano efectuada del 27 de enero al 12 de febrero de 1979 en la ciudad de Puebla de los Angeles (México). Este encuentro episcopal latinoamericano elaboró el
Documento de Puebla (DP) sobre el tema La evangelización en el presente y en el futuro de América Latina.52
Después de la convocatoria lanzada en 1976 comienza con motivo de esta conferencia “la preparación y un etapa de consultas como nunca antes se habían hecho en la Iglesia latinoamericana”.53 La preparación primordial para Puebla la constituyó la manifestación de las
diversas diócesis del continente con sus parroquias, movimientos de toda índole espiritual y pastoral y las Comunidades Eclesiales de Bases todos colaborando con un amplio sentido eclesial. “Rara vez en la historia de la Iglesia universal se había realizado un acto tan participado.54
La Conferencia de Puebla fue un acontecimiento55 eclesial, signado por la presencia de Juan
Pablo II entregando en ella las primicias de su pontificado; en su Discurso Inaugural marcó “hondamente la estructura y espíritu del Documento de los obispos”.56 Con la peregrinación
apostólica del Papa a México se plantea para la Iglesia la pastoral de una presencia, a fin de entablar un diálogo con la cultura y el mundo moderno.57 Otro signo de Puebla es la presencia
de los obispos reunidos que concurrieron en la redacción de “un Documento que tiene una unidad pastoral, una convergencia pastoral”.58
La edición oficial y definitiva del DP contiene diversos textos, cada uno de ellos pertenece de algún modo al mismo. Aparece en primer lugar la carta de aprobación remitida por Juan Pablo II a los obipos del continente (págs. 5-6) y tres discursos del Papa “que más directa e intencionalmente estaban en relación con la III Conferencia (...) ubicados no según un orden cronológico, sino al parecer, conforme a su grado de importancia o de referencia más directa a la Conferencia Episcopal”59 (págs. 9;27 y 33). El texto episcopal de Puebla comprende además la Presentación (págs. 39-41) y el Mensaje a los pueblos de América Latina (págs. 43-53), que recoge las grandes directrices de la Conferencia.
Finalmente lo que se puede llamar el cuerpo del Documento, dividido en cinco partes. “El DP tiene la riqueza y los límites propios de aquello que se elabora en un tiempo muy corto (...) a la vez deja notar desconexiones entre los temas, articulaciones imperfectas, diversidad de estilos y modos de expresarse, apresuramiento en la redacción, repeticiones. (...) Pero el DP deja traslucir el mérito de una Iglesia, recogida de entre veinte países, cuyos obispos han podido conversar, discutir, expresar sus propias diferencias y tensiones, llevándolas a una
convergencia y unidad pastoral”.60
Antes de introducirnos en nuestro punto específico, haremos una breve visión de conjunto en el contenido del cuerpo del DP. La Primera Parte: Visión pastoral de la realidad latinoamericana, es un encuadre del destinatario de la evangelización; el hombre y la cultura del continente. Se parte de la realidad temporal, enfrentando la historia como un proceso, un movimiento, desde una óptica pastoral. Se analiza hacia dónde va la historia. La Segunda Parte: Designio de Dios sobre la realidad de América Latina; si el capítulo anterior aborda la evangelización desde la óptica histórica, ahora lo hace desde el punto de vista doctrinal. “Se trata de los principios y criterios que rigen toda evangelización y que han de regir por consiguiente la evangelización de América Latina”.61
Desde esta parte doctrinal que dice relación con la situación histórica del continente se iluminan las otras partes pastorales del DP. En la Tercera Parte: la evangelización en la Iglesia de América Latina. Comunión y Participación; corresponde el aterrizaje en la práctica de la evangelización en las áreas claves de centros, agentes y medios. La Cuarta Parte: Iglesia misionera al servicio de la evangelización en América Latina; expresa las opciones concretas
de la Conferencia. Son muchas las opciones diseminadas en todo el DP. En esta parte se destacan cuatro, con un cierto valor desigual. La Quinta Parte: Bajo el dinamismo del Espíritu: opciones pastorales, presenta el espíritu que debe a enmarcar la evangelización del continente latinoamericano.
La lectura del DP no resulta fácil. A lo largo de los diversos capítulos se van sumando y repitiendo temas y reflexiones. “Como toda construcción literaria, Puebla tiene ideas maestras o principios rectores, que determinan la fisonomía del conjunto”.62 Brevemente trataremos de
Consideramos que a partir de su tema específico y en cierto sentido único, la evangelización63 aparecen como tres líneas de lectura latinoamericana del DP, “que no se
excluyen mutuamente, sobre todo si no se las absolutiza o uniteraliza. Ellas son: 1. la que ve como hilo conductor, idea matriz y pensamiento clave del Documento al de la comunión y participación; 2. la que pone como su núcleo fundamental y principio de interpretación a la opción preferencial por los pobres; 3. la que encuentra en el tema de la evangelización de la cultura y, en general, en la Segunda Parte del Documento, su gozne articulador, aquello que constituye el ápice, la novedad y la fuerza de Puebla”.64
La idea de comunión y participación aparece en el DP cerca de 60 veces y la palabra
participación y sus derivados todavía más, quizás 100 veces.65 Desde los DCP y DTP este binomio aparece como la línea teológico-pastoral de la Conferencia de Puebla. Penetra todo el conjunto, lo organiza y le concede unidad total. “Podemos recordar aquí que la intención de Puebla fue la de dar un fuerte impulso a una evangelización liberadora, hacia la comunión y participación en la Iglesia y en el mundo ”.66
La opción preferencial por los pobres aparece no sólo como un desafío humano y pastoral en un continente marcado por la injusticia y la opresión de los marginados sociales, económicos y políticos, sino también como “la otra o segunda cara del núcleo constituido por el binomio prioritario ‘comunión y participación’, en cuanto es visto en contraste con la realidad latinoamericana, que en gran medida está signado por la anti-comunión y anti-participación”.67
Según la opinión de Scannone68 estos dos núcleos generadores son los fundamentales del DP,
pero para comprender más acabadamente su mutua correspondencia, se debe valorar acertadamente el papel estructurador que tiene la Segunda Parte del Documento.
La perspectiva centrada en la Segunda Parte del DP, la considera desde la función mediadora
que esta sección juega en relación al movimiento global del documento.69 Por lo tanto no se
excluye lo dicho anteriormente sobre los núcleos. La Segunda Parte organiza a las demás, “porque ocupa como el corazón mediador entre la visión pastoral de la realidad latinoamericana (Primera Parte) y la respuesta pastoral hacia dentro y hacia afuera de la Iglesia (predominantemente la Tercera y Cuarta Parte)”.70
Dentro de esta misma parte se pueden distinguir dos movimientos71 uno ad intra que estaría dado en el trípode doctrinal (Cristo, Iglesia y Hombre) y otro ad ex tra que sería la evangelización de la cultura que desemboca en las otras partes del documento. “Entonces la
clave de articulación entre doctrina y pastoral, punto neurálgico dentro del clímax de Puebla, es la evangelización de la cultura, aporte decisivo de la Evangelii Nuntiandi ”.72 No se trata de una
acción o tarea más, es la praxis global de la cual se despliegan las otras. El tema de la cultura es central, “porque Puebla quiso —expresamente— convertirlo en la clave que articula y da su sentido más profundo al paso que va de los contenidos de la evangelización, a la reflexión sobre el proceso evangelizador concreto”.73
A la luz de lo esbozado el DP “no es sólo un texto escrito (...) El texto leído fuera del acontecimiento, se empobrece. Puebla es un acontecimiento que desborda al texto”.74 Como
evento es una clara identidad y autoconciencia de la Iglesia latinoamericana. “Puebla es antes que nada la reafirmación serena y tranquila de la mayoría de edad de la Iglesia Latinoamericana”.75
Como ya lo indicáramos Puebla a diferencia de Medellín elaboró un único documento. De la comunicación social se ocupa de un modo explícito en la Tercera Parte, en el Capítulo III (Medios para la Comunión y Participación), punto quinto. De este modo la comunicación social junto con los otros medios: la liturgia, oración personal y piedad popular, el testimonio, la catequesis y la educación, son considerados como los “medios principales de evangelización, con los cuales la Iglesia crea comunión e invita a los hombres al servicio de sus hermanos” (893).
El DP al elaborarse en forma unitaria impone una lectura lo más integral posible de cada una de las partes en relación a todo el documento y al eje conductor que enhebra todas las partes
entre sí. Aun cuando no siempre hagamos referencias explícitas a lo indicado no por ello dejamos de tenerlo presente.
El DP dedica 33 párrafos (1063-1095) que transcribiremos en los momentos de nuestro estudio pormenorizado, al tema que abordamos, pero también lo nombra en otros espacios a lo largo del documento (v.g. 59; 62; 128; 158; 367; 419; 573; 790; 892; 894; 900; 908; 949; 1014; 1018; 1172; 1197; 1235; 1241; 1264; Men 8, etcétera). Nos detendremos en la sección que aborda la comunicación social de un modo explícito, sin por eso ignorar cuando lo veamos conveniente las otras referencias a lo largo del documento. En los párrafos sobre comunicación social, Puebla referencia cuatro veces a CP y dos veces a EN.
El texto de la comunicación social se configura en dos partes: análisis de la situación
(1065-1079) y opciones pastorales (1080-1095), con una breve declaración inicial (1063- 1064).