V Setup and Calibration
V.1.1 Domain Setup and Discretization
El último artículo de la reforma de los estatutos de 1618 creaba el puesto de primicerio, oficio que adquiriría una enorme trascendencia desde el punto de vista protocolario en la organización de las principales ceremonias académicas. Hasta ese momento, el maestro de ceremonias, ocupación prevista en la normativa de 1607, era el encargado de cuidar la etiqueta, pero la organización de los eventos superaba su capacidad y su cometido. Seguramente la inexistencia inicial de aquel cargo fue planteando problemas de ejecución y organización en el desarrollo de los actos universitarios, ya que a partir de su creación advertimos su presencia en ellos como ejecutor de aspectos muy relevantes y que hasta ese momento no eran responsabilidad de nadie en concreto, aunque CANELLA SECADES menciona que el
fiscal de nuestra institución tuvo “algo de los antiguos Primicerios de otras Escuelas”182, entendiendo que solo algunas cuestiones de naturaleza ceremonial
quedaban ocasionalmente por él resueltas.
El Zeremonial Sagrado y Político de la Universidad de Salamanca explica, en el capítulo 21, que el nombre ‘primicerio’ “…se toma por el primero de la Comunidad, orden, ejercicio o ministerio, así San Agustín llama al protomártir San Esteban primicerio de los Mártires…” y como referencia más cercana “…el que presidía en la escuela de los Cantores, cuando en cada Iglesia Catedral la había…”183, por lo que nos volvemos a encontrar una relación directa con la
tradición eclesiástica y su organización, en este caso dentro de las catedrales cuyas escuelas fueron el origen de futuras universidades.
181 AHN, Consejos, legajo 26902, exp. 1, año 1744. 182 CANELLA SECADES,FERMÍN, op. cit. pág. 44.
183 UNIVERSIDAD DE SALAMANCA, Zeremonial…, op. cit. Cap. 21, “Oficio del Sr. primicerio sus honores y
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En la de Oviedo, sin lugar a dudas, fue importado de la salmantina donde se mencionaba ya en las constituciones de 1411, dictadas por el papa Benedicto XIII, en las que se mandaba que los doctores, el mismo día de la elección del rector, nombrasen uno de entre ellos para representarlos, presidirlos y convocarlos. Las constituciones de 1422 del papa Martín V lo convirtieron en la autoridad inmediata al rector que, además, se encargaba de regir el colegio de doctores y maestros y de velar por los intereses de este colectivo. Era el único que podía convocar, con cédula ante diem, el claustro de primicerio y en esta Universidad mayor su oficio alcanzó tal desarrollo que se creó el arca de primicerio con aportaciones destinadas a las fiestas y actos que se organizaban desde su ministerio.
En la práctica dependían de él la organización de los festejos y de las solemnidades académicas, entre las que tenían suma importancia las denominadas ‘de capilla’, es decir, celebraciones de tipo religioso de ritual complejo y muy elaborado en las que, al menos en teoría, participaba el grueso de la comunidad académica. Dos de los aspectos más relevantes que acometía eran las cuestiones de asiento y protocolo y el reparto de propinas y retribuciones de graduados y ministros por la participación en las ceremonias, lo que suponía controlar quiénes tenían derecho a ellas y negarlas a aquellos que llegaban tarde. Ocupaba en todos los actos un lugar preeminente, cercano al rector, lo que da una idea de su importancia en una institución tan jerarquizada como la universidad.
En Oviedo adquirió también muchísima relevancia, puesto que los actos académicos, como ya sabemos, trascendían su propio entorno universitario y precisamente el protocolo era la puesta en escena que mostraba a la corporación académica en todo su esplendor. Sin embargo, su importancia desde el punto de vista del colectivo al que representaba -doctores y maestros- fue menor respecto a Salamanca, por la sencilla razón de que el claustro académico era ya únicamente doctoral y en él no había ningún otro grupo representado184, así pues, podemos
184 Recordemos que en Salamanca el rectorado y las consiliaturas eran ejercidas por estudiantes,
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afirmar que el primicerio en Oviedo era un organizador de la vida académica en la vertiente ceremonial de los actos, no solamente los que se desarrollaban durante las fiestas, sino de todos los que tenían lugar en el devenir cotidiano de la escuela. Adquirió además importantes atribuciones administrativas y económicas, puesto que una tercera parte del presupuesto estaba destinado a las fiestas y gastos de capilla que dependían directamente de él. También se le encargó la supervisión y contratación de las reparaciones menores del edificio cuando así fuese necesario y era miembro nato de los claustros que se convocaban a fin de año para el control de las cuentas y de la hacienda. Además, se encargaba de conocer y gestionar todos los pleitos pendientes o que estaban en plazo de ejecución.
Mientras que en Salamanca era elegido el mismo día de San Martín en la capilla de San Jerónimo, en la de Oviedo se llevaba a cabo la víspera, 10 de noviembre, en la de San Gregorio, tras la elección del rector y quizás antes de la de los consiliarios, puesto que ocupaba el segundo lugar en la prelación académica. También, como en el caso de la primera autoridad, desconocemos los pormenores de los comicios que, en Salamanca, están regulados en el título VIII de la Recopilación de 1625. Es posible que el sistema de emisión de los votos se desarrollase en función de la antigüedad de los doctores y maestros electores, ya que este era uno de los criterios fundamentales de ordenación. A pesar de que los estatutos de 1618 ordenan la elección bienal, lo cierto es que siguió la estela de la temporalidad rectoral de un año. Parece que la reelección estaba permitida, aunque puede que se tratase igualmente de una contravención de la norma185.
Desde el punto de vista de la organización universitaria ejercía autoridad sobre los oficiales y daba instrucciones de lo que tenía que hacer cada uno. Los cometidos de los ministros estaban registrados, a tenor de lo dispuesto en los estatutos ovetenses y salmantinos, en un memorial recopilado por el propio primicerio para que cada uno conociese sus responsabilidades y evitase su
representatividad y operatividad del colectivo de doctores. En realidad este cargo refuerza el elemento docente frente e la excesiva fuerza de los estudiantes.
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incumplimiento186. Era también el encargado de imponer las multas por las
infracciones cometidas en el trabajo, cuya cantidad oscilaba entre los cuatro reales y un ducado.
Tenía a su cargo igualmente otras responsabilidades previas a la ejecución de las funciones académicas. Repartía las conclusiones de los ejercicios también llamados ‘actos de conclusiones’, las propias de la prueba de la licenciatura y los sermones impresos que se entregaban a los doctores y los maestros antes de las funciones en las que les correspondía argumentar, pues tenían que conocer de antemano su contenido. También se le exigía asistir a todos los ejercicios y actos universitarios. De hecho, el primicerio elaboraba un libro en el que anotaba todos los grados mayores y menores que se concedían en la Universidad187,
independientemente del que realizaba el secretario-notario. En él posiblemente quedase registrada la asistencia de los doctores y la propina entregada a cada uno, además de las formalidades y gastos generados, ya que al final de su primiceriato daba cuenta de ello, así como del cumplimiento de los estatutos en el desarrollo de sus funciones. También se confiaba a su arca tanto el depósito pecuniario previo a la realización de los ejercicios, como el fondo para poder hacer efectivas las propinas, de suerte que era obligatoria su cédula para la obtención de la titulación188. De las cuentas justificadas por el primicerio Dr. Quirós, en 1733, se
extrae que se le confiaba también el dinero de las vacantes, posesiones de cátedras y grados mayores y menores. Realizaba, además, pagos más allá de las propinas, como las deudas contraídas con algunos de los oficiales que de él dependían (en este caso al sustituto del sacristán y a la viuda del relojero), la remuneración por la limpieza del patio o por las mejoras en las aulas y salas del edificio llevadas a cabo por obreros. Él percibía una asignación anual de cien reales.
186 Ibídem. En este expediente de 1777 se especifica como mérito de un opositor el haber sido
primicerio de la Universidad, teniendo por ello a su cargo “celar por el cumplimiento de los subalternos”.
187 AHN, Consejos, legajo 26902, exp. 1, año 1744. En este expediente se menciona la existencia del
libro del primiceriato.
188 Ibídem. Inicialmente el depositario de las propinas era el secretario de la Universidad; sin
embargo, el claustro decidió, con anterioridad a 1774 y ante irregularidades cometidas por Felipe Antonio Suárez de la Vega, que el anticipo de las mismas quedase en manos del primicerio, encargado de repartirlas.
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Entre sus responsabilidades más destacadas estaba la organización, supervisión y coordinación de las fiestas de capilla, que adquirieron muchísima trascendencia en la vida universitaria porque, además de ser bastante numerosas, exigían la participación de todos los miembros de la corporación académica, mantenían un estricto protocolo y contaban con la asignación de un tercio del presupuesto de la hacienda de la escuela, lo que nos da una idea de su relevancia. De hecho, en la Universidad de Salamanca, el título LII de la Recopilación de 1625 fue dedicado exclusivamente a la capilla, las misas y las fiestas que se celebraban en ella, honras de difuntos y ornamentos y el Zeremonial desarrolló en su capítulo 21, consagrado a la figura del primicerio, un listado de todos los festejos de capilla que dependían de él. En Oviedo inicialmente organizaba y pagaba las fiestas relacionadas con Santa Catalina, San Ambrosio, San Gregorio, misas de la víspera de San Martín y paseo público de la misma festividad, aunque acabó responsabilizándose de las otras que se desarrollaban durante el curso.
Al igual que en Salamanca, decidía la compra de los elementos y ornamentos necesarios para la capilla de San Gregorio, entre ellos la cera, imprescindible para la ejecución de los actos; pero no sólo, ya que precisamente esta estancia era la más y mejor dotada de todas las universitarias y el conocido como ‘ajuar de capilla’ constituía, sin duda, la asignación más importante a nivel ceremonial de todas las académicas189. Para hacer frente a estos gastos el rector y
los diputados de la hacienda daban orden al mayordomo que efectuaba la libranza del fondo asignado al primicerio.
189 CANELLA da cuenta de ello ya que dice que los ornamentos de la capilla se fueron incrementando
con el paso del tiempo, aumentando sobre la dotación inicial por la que el primer sacristán, nombrado en 1608, dio una fianza de 2000 ducados. Véase CANELLA SECADES,FERMÍN, op. cit. pág.
169. En A.H.N. Consejos, legajo 26902, exp. 1, año 1744, se incluye un inventario de los bienes de la capilla que da cuenta de su riqueza. En este mismo legajo y expediente, en las cuentas dadas por el primicerio en 1733, consta que compró una casulla de damasco de seda, “blanco y encarnado”, una estola, un manípulo, un frontal de altar y un marco para él.
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Ostentaba gran autoridad en la materia que le encomendaban los estatutos y llama la atención la potestad que la norma le concedió para multar a los maestros, doctores y al mismísimo rector cada vez que no cumpliesen con sus mandamientos en los actos académicos, en un total de ocho reales de infracción que iban a parar al arca de la Universidad.
En materia de prelación ocupaba el primer lugar tras el rector190, aunque en
algunos actos, debido a su trabajo, tenía que estar pendiente del desarrollo ritual e incluso tomar parte activa en momentos concretos, como la entrega de las propinas, por lo que no ocupaba un lugar fijo dentro de las doctorales191. No
obstante, precedía a maestros y doctores en los actos y reuniones a los que acudían como corporación.