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7. Economic neglect

Giovanni Tornabuoni. Aliado político de los Médicis, cuñado de Piero de Médicis, em- pleado de la banca Médicis desde 1443 y director de la sucursal de Roma de 1465 hasta 1494. En el año de 1486 adquirió los derechos de patronazgo sobre la Capilla Mayor de Santa María Novella valiéndose de su vínculo familiar con Jacopo Tornaquinci, propie- tario de la primera iglesia dominica que se ubicaba en ese lugar. Hollingsworth (2002) afirma que el patrocinio ejercido por este personaje fue notorio y costoso, a tal grado que para proveer misas en memoria de su alma consignó los ingresos de una tienda

Las Scuole. (Escuelas). Fueron instituciones exclusivamente venecianas cuya función principal era proporcionar a sus miembros un espacio para atender los deberes carita- tivos, propios de un buen cristiano, como cuidar a los enfermos, brindarles alojamiento y limosnas, apoyarlos en el financiamiento de las dotes y en la ejecución de sus man- das testamentarias. Tenían un importante papel cívico y como agentes de cohesión social entre las diferentes clases de la sociedad veneciana; éstas se encontraban bajo control del Estado a través del Consejo de los Diez, quienes se encargaban de la seguri- dad del Estado para lo cual contaban con un cuerpo de policía.

de lana a la Cofradía de San Pedro Mártir, que era una compañía laica muy prestigiosa y que estuvo asociada a la iglesia. Tornabuoni renovó la capilla mayor de esta cofradía con un gasto mayor a mil florines, incluía una sillería de coro de taracea y ventanas con vidrieras policromadas; así como frescos y un retablo. Encargó a Ghirlandaio el Na-

cimiento de la Virgen, Matanza de los inocentes, Anuncio a Zacarías que incluía retratos

de 21 miembros de la familia Tornaquinci–Tornabuoni.

17. Domenico Ghirlandaio: El Nacimiento de la Virgen, fresco en la capilla Tornabuoni en la iglesia de Santa María Novella en Florencia, 1491.

Las Scuole fueron importantes patronos del arte, entre sus artistas más destacados se encontraban Durero, Donatello, Gentile y Giovanni Bellini y Carpaccio, por citar algu- nos. Estas obtuvieron derechos de patronazgo sobre altares de las iglesias de la ciudad, lo cual aprovecharon para competir y exhibir su poder. A lo largo del siglo XV hubo hasta 200 escuelas en Venecia, cada una dedicada a un santo patrono, todo ciudadano pertenecía a una, sólo estaban excluidos los marginados sociales y las sexoservidoras. Estaban la Scuole piccole –escuelas pequeñas– y las Scuole grandi –escuelas grandes–; también había escuelas con miembros extranjeros, una de ellas era la Scuola di San Giovanni Battista que estaba conformada por florentinos que radicaban en Venecia y que, hacia el año de 1438, encargó a Donatello una escultura de su santo patrono para su capilla en los Frari.

La Scuole grandi de San Marcos y San Juan Evangelista tenía los recursos para encargar obras a los dos pintores más importantes de Venecia: Gentile y Giovanni Bellini, quie- nes trabajaron en las Sala del Gran Consejo.

Las Scuola piccole encargaban obras a un pintor menos conocido como Carpaccio. Sin embargo, este artista afianzó su reputación en obras para la Scuola di Sant´Ursula donde ejecutó nueve escenas de la vida de Santa Ursula, de 1490 a 1500; en la Scuola di Santa María Degli Albanesi pintó seis escenas de la vida de la virgen hacia 1502; para la Scuola di San Giorgio Degli Schiavoni representó nueve pasajes de Cristo, San Jerónimo, San Agustín, San Jorge y San Trifón, entre los años 1502 a 1507.

Isabella d’Este. Fue una codiciosa patrona y coleccionista de arte que estuvo extrema- damente preocupada por su imagen pública. De acuerdo con Rose Marie San Juan (1991) en su texto: The Court Lady’s Dilemma: Isabella d’Este and Art collecting in the Renais- sance. Ésta ha tenido un trato especial por parte de los historiadores de arte, pues a diferencia de otros coleccionistas hombres del mismo período, quienes han desapa- recido de las discusiones del patronazgo, ella ha sobrevivido, aunque con una serie de calificativos como tiránica, codiciosa, etcétera. Lo anterior ha desviado su trabajo como una de las mayores coleccionistas de arte en la Italia del siglo XV y principios del XVI. Este personaje llama la atención de los historiadores y críticos de arte porque, a dife- rencia de otros, dedicó mucho tiempo a la decoración de sus espacios en el Palacio Du-

cal y poseía un deseo insaciable por las antigüedades,10 a tal grado

que tenía agentes que recorrían la península en busca de objetos preciosos; además, coleccionó ge- mas, camafeos, pinturas, escul- turas y ediciones de alta calidad de textos clásicos impresos por Aldo Manuzio en Venecia.11

Isabella d’Este realizó importan- tes encargos de cerámica en Fe- rrara y Faenza, así como cristale- ría de Venecia; adquirió estatuas de Cupido realizadas por Praxíte- les y por Miguel Ángel en los años 1505 y 1502, respectivamente. Como muchos de los patronos de esa época su principal interés era el contenido de las pinturas, no el estilo. Por tal motivo, Giovan- ni Bellini rechazó una invitación porque quería más libertad com- positiva. Al revisar su colección completa, los expertos pudieron deducir que estuvo más interesa-

da en pequeñas obras que en pinturas de gran formato. En 1964 Andrew Martindale señaló que sus preferencias eran acordes a una personalidad femenina:

“Isabella fue una coleccionista determinada y, de una manera típicamente feme- nina, su entusiasmo se despertó sobre todo por objetos de arte. A primera vista, los

10. (Brown C.M. 324. Citado por Hollingsworth; 2002: 236)

11. Sobre las colecciones de Isabella d´Este, véase Chambers y Martineau, 159-179 (Catálogos 108-140); Brown; Flectcher, C.M. 1981. (Citado por Hollingsworth; 2002: 236)

archivos de Mantua, los cuales eran ricos en información sobre las pinturas, no sugieren que esto era así y, sin embargo, en una inspección más cercana, pronto nos damos cuenta que la mayor parte de la colección estaba formada por bronces, medallas, piedras preciosas y similares: el juego de las pinturas, por así decirlo, era un rol de apoyo. Por otra parte, la cantidad de dinero que Isabella pagó, y es- taba dispuesta a pagar por estas piezas, fue sin duda mayor de lo que destinaba para sus pinturas”. (Martindale, citado por San Juan; 1991: 67)

Para concluir, se puede afirmar que Isabella d’Este estuvo atada a las convenciones culturales de su tiempo. Que el patronazgo femenino tenía sus diferencias con el mas- culino de los siglos XV y XVI. Al observar sus colecciones se puede deducir que sus mo- tivaciones eran más de carácter estético y social que académicas o anticuarias; éstas reflejaban su agudo sentido de decoración interior.

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