4D Analysis of Rockfall using Continuous TLS Data
4.6 Filtering
4.6.1 Edge and hole filter
Una ex militante del PST que formó parte del grupo que se estableció en Bogotá durante la última dictadura argentina, frente a la pregunta por el exilio del grupo, aclaró que “se fue a hacer una tarea política, no nos fuimos deses- perados […] el trabajo internacional estuvo proyectado desde siempre” (Entre- vista a Amelia, ex militante del PST, mayo de 2008). La voz de la entrevistada es un puntapié inicial para indagar en la significación de esta emigración, pero también nos permite habilitar el interrogante acerca de los sentidos del “exilio” para otros grupos de la izquierda partidaria.
En relación con esto, la pregunta que guía este trabajo es a partir de qué prácticas y discursos políticos se desarrolló y representó la emigración política de la dirigencia partidaria del PST en Bogotá. Es decir, cómo insertamos la ex- periencia de los militantes del PST en el marco de la heterogeneidad de causas, objetivos, motivaciones y conflictos que nos permite explicar la salida al exilio de los diversos grupos políticos, sociales, culturales y religiosos en la década del setenta en Argentina.
Consideramos que es importante pensar la salida al exilio de este partido teniendo en cuenta las particularidades de las prácticas políticas organizativas más generales desarrolladas por el PST en el período 1976-1983. De esta ma-
nera, nos acercaremos a las representaciones que militantes, ex militantes y otros actores contemporáneos construyeron sobre esa experiencia.4
En el caso particular del PST, hasta 1982, todas sus acciones se inscribieron en un paradigma político-partidario “obrerista” y “revolucionario”. El discurso se modificaría significativamente recién a finales del régimen dictatorial, cuando el PST se transformó en Movimiento al Socialismo y la problemática de los De- rechos Humanos y el proceso electoral se constituyeron en el eje de su inter- vención política (Osuna, 2013).
Para profundizar nuestra indagación, nos resulta muy útil traer a colación una de las hipótesis del trabajo de Marina Franco (2008) sobre los argentinos exiliados en Francia. Durante los primeros años de la dictadura, los exiliados provenientes de diferentes partidos armados y no armados (Montoneros, Par- tido Revolucionario de los Trabajadores-Ejército Revolucionario del Pueblo, Peronismo de Base, Poder Obrero, Política Obrera, entre otros) se incorporaron a las diversas Organizaciones de Derechos Humanos que existían o se fueron creando en Francia. A pesar de las acciones solidarias que realizaban en orden a la denuncia internacional sobre las violaciones a los derechos humanos y la solidaridad con las víctimas; una de las características centrales de su parti- cipación, al menos hasta 1980, fue el sostenimiento de un discurso político- partidario “revolucionario”. Por este motivo, las Organizaciones de Derechos Hu- manos estuvieron atravesadas, en los primeros años, por la conflictividad interna vinculada con las experiencias de militancia política previa. La reivindicación del respeto de los derechos humanos se inscribía en un marco más amplio, rela- cionado con la “lucha revolucionaria”. Este era el objetivo de las organizaciones que ya existían desde años anteriores al período analizado, algunas de las cuales darían nacimiento al Comité Argentin d`Information et Solidarité (CAIS), creado en 1975. Aunque no tenían un manifiesto origen partidario, su propósito era de- nunciar la represión desde un discurso clasista, anticapitalista y antiimperialista, apoyando de esta manera, a las “fuerzas revolucionarias” y a la clase obrera de Argentina en el “combate por el socialismo” (Franco, 2008:91-92).
4 Para un estudio de las representaciones del exilio en militantes de otra formación de la
Este paradigma político partidario, hasta 1982, también va a sustentar las prácticas del PST, en los planos nacional e internacional, de maneras específi- cas que explicaremos en este trabajo.
En los últimos años, algunos investigadores han comenzado a estudiar los partidos de la izquierda no armada argentina durante la última dictadura, inda- gando también en los discursos y prácticas de estos grupos sobre el exilio. En relación con esta problemática, se realizaron trabajos sobre el Partido Comu- nista de Argentino (PCA) (Casola, 2012); sobre el PST (Osuna, 2011, 2012, 2013; Mangiantini, 2012) y sobre las organizaciones maoístas (Celentano, 2005).
Tanto el PCA como los grupos maoístas (Partido Comunista Revolu- cionario, Vanguardia Comunista, Partido Comunista Maoísta, y el Partido Comunista Marxista Leninista), se oponían a la salida al exilio por diferen- tes razones vinculadas con la estrategia partidaria. Natalia Casola (2012) explica que el PCA estaba en contra del exilio de los militantes de la orga- nización ya que, por un lado, consideraban que era sinónimo de derrota y en su diagnóstico eso no había ocurrido; y además, ese acto debilitaría la capacidad de intervención de las “fuerzas democráticas” dentro del país.5
El PCA se oponía al exilio de los militantes de izquierda en general, a la transformación de su residencia en el exterior en permanente y a que el eje de su actividad fuese la construcción de organismos políticos en los países de acogida.
En el caso de las organizaciones maoístas argentinas, como señala Adrián Celentano (2005), el exilio tampoco fue la opción preferible, ya que defendie- ron la línea de “resistencia antidictatorial”. Estos grupos sostenían que aún con- tinuaba abierto el supuesto proceso “revolucionario” que habría inaugurado el “Cordobazo”. Además, tenían la certeza de que estaba vacante la dirección “verdaderamente revolucionaria de la acción política antidictatorial” y consi- deraban que tenían la posibilidad de consolidarse como la vanguardia de esa lucha. A pesar de esto, el exilio era vislumbrado como una opción en caso de no poder continuar la militancia a causa del accionar represivo.
5 Sobre la estrategia partidaria del PCA también puede consultarse el capítulo de Natalia
Martin Mangiantini (2012), por su parte, inscribe el exilio del PST en la tra- dición trotskista asumida por la corriente liderada por Nahuel Moreno, ya que “en toda su historia, otorgó prácticamente la misma jerarquía a la mili- tancia dentro del país como al trabajo político a escala internacional, al tener siempre presente como objetivo el forjar y sostener relaciones con distintos agrupamientos políticos y activistas de diferentes latitudes en la búsqueda de una corriente internacional que interviniera en las diversas coyunturas políticas de cada país” (Mangiantini, 2012:2).
El trabajo de Jimena Alonso y Magdalena Figueredo (2012) sobre la ex- periencia del Movimiento de Liberación Nacional- Tupamaros uruguayo en Argentina también resulta interesante como aporte para esta discusión. Las autoras se preguntan “¿Reorganización o exilio?”, haciendo alusión a los objeti- vos de la emigración del grupo, y señalan que
“
para el MLN-T, como organiza- ción, su salida al exterior fue la continuidad de la organización en otro país” y, en este sentido, explican “la mayoría de los militantes que entrevistamos para este trabajo denomina la etapa de reorganización como ‘el MLN-T en el exte- rior’ y no en el exilio” (Alonso y Figueredo, 2012:16).En el caso del PST, como hemos mencionado, la inscripción de su exilio en el paradigma “revolucionario” implicó proyectar, desde el exterior, el desarrollo de una corriente internacional que diputara la dirección de la IV Internacional trotskista. Las acciones en Colombia apuntaron en esa dirección: por un lado, se realizaron viajes por diferentes lugares de Latinoamérica y Europa para construir dicha corriente; y, por otro lado, en Bogotá, se publicaron revistas y libros vincu- lados con el marxismo-leninismo, utilizando la Editorial Pluma que el Partido abrió en esa ciudad. Es importante tener en cuenta que, a pesar de estas accio- nes, en el caso del PST, sus militantes utilizaron el término “exilio”, puesto que el establecimiento en Bogotá a mediados de 1976 se relacionó directamente con la disolución del partido y con la fuerte represión contra la militancia política. En ese marco, fue pensada la emigración como forma de proteger y resguardar a la dirigencia partidaria para dar continuidad al proyecto político.