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Romeo i Julija : ljubavna priča = Romeo and Juliet’s love story

E. An additional edition statement following either an edition statement or a statement of responsibility

2.1 Edition statement

La influencia de los tratamientos antimaláricos en la adquisición de inmunidad por el hospedador es un aspecto fundamental en la infección por malaria puesto que la primera defensa ante la infección, en los países endémicos, es la respuesta inmune. En el campo de los estudios clínicos se ha demostrado que el tratamiento quimioterapéutico de la malaria es una estrategia eficaz de inmunización. La repetición de infecciones subclínicas de malaria, seguidas de un tratamiento farmacológico, facilita el desarrollo de la inmunidad a la malaria en humanos (Schellenberg et al. 2005). Además, la inoculación experimental de pequeñas dosis de esporozoítos de P. falciparum bajo el tratamiento preventivo con cloroquina en humanos (Roestenberg et al. 2009) confiere mayor nivel de protección comparado con la vacunación mediante esporozoítos irradiados (Hoffman et al. 2002). Similarmente, la inmunización de ratones con cepas no letales de P. yoelii bajo el tratamiento con cloroquina induce la protección contra parásitos intra y exoeritrocíticos (Belnoue et al. 2008). Incluso, los fármacos antimaláricos clásicos pueden afectar directamente al sistema inmunitario en mecanismos como la presentación antigénica, la fagocitosis, la producción de citoquinas, nitrógeno o intermediarios

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de oxígeno y la adherencia de los eritrocitos parasitados, entre otros (revisado por (Muniz-Junqueira 2007)).

Con el objetivo de conocer la influencia de la borrelidina sobre la adquisición de inmunidad a la malaria, los ratones que sobrevivieron a la primera infección por PyL tras el tratamiento con borrelidina o cloroquina-30, fueron reinfectados de forma homóloga el día 75 pi. La adquisición de parasitemia fue examinada durante los 30 días posteriores a esta segunda inyección de parásitos. Todos los animales tratados con borrelidina sobrevivieron asintomáticamente a la infección con una parasitemia transitoria y casi imperceptible microscópicamente, lo cual indica la inmunidad a la malaria de todos los animales. En el caso de los ratones tratados con cloroquina-30, se observó también una parasitemia extremadamente baja tras la segunda infección, con la excepción de un ratón que desarrolló una parasitemia la cual fue letal en el día 10 pi. Todos los ratones supervivientes de la segunda infección del ensayo, sobrevivieron a una tercera infección aplicada al cabo de un año. El retraso de la muerte del ratón tratado con cloroquina-30 respecto a los controles infectados por primera vez, sugiere cierta activación inmunológica, pero la ausencia de parasitemia visible microscópicamente durante su primera infección fue probablemente la responsable de la falta de protección eficaz. Los resultados coinciden con infecciones de P. berghei en ratón en las que el tratamiento que mantienen la cronicidad de la primera infección promueven altas tasas de supervivencia ante la reinfección, mientras que los tratamientos que eliminan completamente al parásito en la primo-infección no protegen ante la reinfección (Long et al. 2002).

Los datos de concentración de los Acs IgG específicos en los sueros de los ratones tratados con borrelidina y cloroquina-30 obtenidos tras las tres infecciones revelaron que los niveles de IgG fueron mucho mayores tras las reinfecciones que en el primer contacto con el parásito y fueron equivalentes entre ambos grupos, lo que indicaría que, además de la actividad antimalárica directa, la protección está mediada por una respuesta humoral y que ésta es similar en ambos grupos de tratamiento. La presencia de grandes cantidades de Acs específicos durante 9 meses tras la segunda infección que son capaces de eliminar rápidamente al parásito (Kinyanjui et al. 2004; Achtman et al. 2007; Weiss et al. 2009) y el incremento de la avidez de las IgGs tras las reinfecciones (Berek 1993) nos indican la generación de memoria inmunológica frente a la infección por PyL en el 100% de ratones tratados con borrelidina y en el 90% de los tratados con cloroquina. Ambos tratamientos mostraron la mayor avidez en la segunda infección, lo que puede ser debido a una cierta pérdida de la respuesta inmune a la infección un prolongado periodo de tiempo (9 meses) sin contacto con el parásito entre la segunda y tercera infección, como se ha demostrado también en humanos (Linares et al. 2011) y cepas no letales de

Plasmodium en ratón (Bull et al. 2002).

La variedad de antígenos detectados por las IgGs del suero de los ratones supervivientes fue evaluado mediante técnicas de inmunoblot que revelaron el aumento de éstos con cada infección, contrariamente al ratón tratado con cloroquina-30 que murió tras la segunda infección, que mostró un

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reducido reconocimiento de antígenos. Este resultado coincide con la adquisición de inmunidad clínica en los humanos, que es paralela a la acumulación de distintas especificidades antigénicas a lo largo del tiempo (Bull et al. 2002; Kinyanjui et al. 2004).

Los resultados demuestran que los tratamientos antimaláricos a dosis que promueven la eliminación rápida de los parásitos en la sangre pueden reducir el tiempo de residencia de los parásitos nativos en la sangre dificultando la presentación antigénica a las células inmunes. Así, los niveles de parasitemia durante la infección es un factor muy importantes para el desarrollo de la respuesta inmune ya que la inmunización de humanos a la malaria a través de infecciones experimentales de P. falciparum revelan que la presencia de Acs -particularmente transcendentales en la inmunidad a la malaria en humanos (Cohen et al. 1961) y ratones (Jayawardena et al. 1978)- es dependiente de la presencia de parásitos detectable microscópicamente en sangre (Pombo et al. 2002; Roestenberg et al. 2011; Teirlinck et al. 2011). Los compuestos con actividad estática pueden incrementar el tiempo de presentación antigénica necesaria para el desarrollo de la inmunidad a la malaria (Scholar and Pratt 1939; Urban et al. 2005; Amante et al. 2011).

Se localizaron por microscopía de fluorescencia los antígenos reconocidos por las IgGs de los ratones inmunes en los merozoítos e interior de los eritrocitos infectados. Las proteínas de los merozoítos, especialmente AMA-1 y variantes de MSP, son conocidas por su alta antigenicidad que ha pretendido ser aprovechada para la elaboración de vacunas (Riley and Stewart 2013). Por el contrario, los antígenos internos del eritrocito se consideran marcadores de infección y de un probable incremento de la eliminación de los parásitos, pero no de la existencia de una inmunidad protectora debido a que éstas proteínas son solo detectadas al ser secretadas con la rotura de las células rojas que las contienen (Boyle et al. 1997). Sin embargo, hay estudios previos que han detectado excepcionalmente antígenos intracelulares de Plasmodium u otros parásitos que confieren inmunidad humoral protectora (Vedi et al. 2008; Crompton et al. 2010), por lo que no se puede descartar la relevancia de los antígenos intracelulares detectados por nuestros ratones en la protección.