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Current Policy Framework

3.1 EEA Nationals

La necesidad china de materias primas, sobre todo de recursos energéticos y minerales, es lo que ha potenciado el vínculo comercial con África. Esto le ha reportado grandes beneficios al continen- te, ya que la mayor demanda ha generado un aumento de los precios, y por lo tanto mayores in- gresos. El crecimiento económico producido en África se debe en gran parte a esta situación. A su vez, esta gran demanda china le ha permitido a África reducir su dependencia respecto al mundo occidental como mercado de exportación. Ahora existe un nuevo socio con el cual comer- ciar, lo que le permite también tener un rol más importante en las negociaciones comerciales. Si Occidente quiere imponer condiciones que los africanos no están dispuestos a aceptar, estos pue- den optar por la alternativa china, siempre presente y dispuesta a ocupar los lugares abandonados por otros.

Este aumento comercial también se vio favorecido por la reducción china de aranceles para 440 series de productos africanos en 2006.

Para poner en números y clarificar la importancia de las relaciones comerciales, podemos observar que en la década de 1990, el comercio bilateral aumentó un 700%, y desde el inicio de este siglo se ha multiplicado por siete, llegando en 2008 a 107.000 millones de dólares, lo que ubica a China como el tercer socio comercial de África, tras Estados Unidos y Francia (la Unión Europea en con- junto se ubicaría en primer lugar). Igualmente, en los últimos años la balanza comercial de África con China ha sido negativa, exceptuando los países productores de petróleo. Este es un elemento clave en la relación bilateral. Los beneficios que el comercio acarrea no se distribuyen de manera equitativa. Por ejemplo, en 2007, del total de las importaciones chinas, el 69 por ciento provino de cinco países: Angola, Congo, Guinea Ecuatorial, Libia y Sudán; los principales abastecedores de petróleo a China, alcanzando ese año el 86,7 por ciento del total de importaciones chinas de petróleo africano y aumentando al 94,7 por ciento en 2008. [BUFFA, 2008]

Pero no es sólo el petróleo lo que le interesa al gigante asiático. Actualmente está importando cobalto de la República Democrática del Congo; se ha comprometido a renovar la red eléctrica de Zimbabwe y a ampliar su red ferroviaria a cambio del tabaco, algodón y níquel; y está presente en las minas de cobre de Zambia. A su vez, China es el máximo importador de madera y hay denun- cias recurrentes de tala y exportación ilegal en Gabón, Guinea Ecuatorial, Camerún y Liberia. [BE- LLO, 2009]

Por eso, hay que tener en cuenta que los chinos han ingresado al mercado de materias primas con la voracidad que los caracteriza, razón por la cual, de no aplicarse controles efectivos, el continen- te podría sufrir el agotamiento de estos recursos y los consecuentes efectos ambientales al alte- rarse los ecosistemas.

Este incremento del comercio implica una mayor cantidad de trabajo para los africanos. Aunque aquí se presenta uno de los principales problemas de la relación con China. Las empresas orienta- les encargadas de invertir en África para extraer materias primas están trayendo sus obreros de China, alegando la falta de especialización de los trabajadores africanos. Si los gobiernos colocan el interés de sus sociedades por encima de todo y logran sancionar leyes efectivas que protejan el trabajo nativo, este beneficio sería enorme, ya que el aumento laboral acarrea muchas otras ven- tajas, siendo las más importantes la reducción de la pobreza y mejores condiciones de vida. Un ejemplo de lo anterior sería el caso de la República Democrática del Congo, donde el gobierno estipuló que del 10 al 12% de todas las obras de infraestructura a realizarse deben ser subcontra- tadas a firmas congoleñas, que los trabajadores chinos no pueden superar el 20% del total, y que al menos un 1% de los costos de cada proyecto sea gastado en capacitación obrera.

Hay otro aspecto de la relación comercial que beneficia a África, por lo menos en la actualidad. A cambio de las materias primas, China exporta bienes manufacturados de muy bajo precio. Esto posibilita a la población un mayor acceso a los mismos. Estos bienes también son exportados por los países occidentales, pero en este caso son de mejor calidad y más caros. Los habitantes africa- nos, debido a la escasez tradicional, aún no han desarrollado hábitos de consumo más refinados, por lo cual la diferencia de precio es lo que determina las decisiones de compra. Sin embargo, a largo plazo, esto puede ocasionar la falta de producción local ante la imposibilidad de competir con los productos chinos, situación que ya se observa en el mercado textil de Marruecos o Túnez. A pesar de esto, lo importante es que la población ahora tiene la posibilidad de adquirir bienes que antes le resultaban inaccesibles. [ZIBELL, 2007]

Este mayor comercio, sin embargo, puede ocurrir que no conduzca a una situación mejor. Como señala Buffa: lo ue pode os e a pa ti de los datos a te io es, es ue la ‘PCh (República Popu- lar China) importa en mayor medida recursos naturales y no ha diversificado su importación a pro- ductos de mayor valor agregado que realmente beneficien a la industria africana. Si la relación comercial mantiene el mismo patrón que ha demostrado en los últimos cinco años, aunque las ci- fras continúen aumentando y África tenga un superávit en la balanza comercial con China, no es posible afirmar que este dinamismo comercial resulte en un desarrollo del continente, a menos que se adopten medidas que permitan diversificar las exportaciones africanas hacia su socio asiático

i e ti a do así la i dust ia lo al fa o e ie do la edist i u ió de las ga a ias del o e io. [BUFFA, 2008]

Las relaciones sino-africanas no implican sólo el comercio. Los dirigentes chinos también saben que su socio necesita de inversiones para poder mantener una oferta que satisfaga su demanda. Los años de guerra civil en varios países han ocasionado que la infraestructura quede destruida, co- mo es el caso de Angola o Mozambique. En otros la corrupción gubernamental impidió que los fon- dos se destinen correctamente, mientras que hubo situaciones donde la infraestructura existente fue imposible de ser mantenida, por ejemplo, la red ferroviaria de Nigeria. Sea cual fuere el caso, la infraestructura necesaria para que toda economía avance era inexistente.

Por esta razón, China ha otorgado créditos blandos para la realización de obras. Estos préstamos son a tasas baratas y a largo plazo, ofreciendo a los países africanos una verdadera posibilidad de pago. Incluso, en algunos casos, ha aceptado cobrarlos mediante materias primas, como sucedió con Angola, donde China invirtió y a cambio recibe una cierta cantidad de barriles de petróleo por día.

Estas inversiones requieren un enorme capital para ser realizadas, razón por la cual obligatoria- mente deben provenir del exterior. La gran ventaja que África obtiene radica en las condiciones y montos de inversión. China cuenta hoy en día con más dinero para prestar que el Fondo Moneta- rio Internacional, pudiendo proporcionar montos mayores y en mejores términos. Pero, además, el gobierno chino no impone condiciones respecto al dinero. Lo único que pide es que los gobier-

osàaf i a osàa epte àelàp i ipioàdeà u aàChi a à à oà e o oz a àalàEstadoàdeàTai .àM sàall à

de eso, no exige nada sobre democracia, derechos humanos y demás cuestiones requeridas por los organismos financieros internacionales y los Estados occidentales.

Este último punto ha generado un gran debate sobre la posibilidad de retrasar, detener o incluso hacer retroceder los avances en la democratización, pacificación y detención de violaciones a los derechos humanos en diferentes partes del continente africano. Uno podría pensar que los go- biernos corruptos y/o dictatoriales podrían perpetuarse en el poder gracias a ese dinero. Sin em- bargo, pese a esta política china, aún no se han observado retrasos ni detenciones en dichos pro- cesos. En mi opinión, respecto a los gobiernos corruptos, estos saben que las inversiones chinas tienen un destino definido y que de no cumplirse, situación difícil por el hecho de ser realizadas por empresas chinas, se retirarán del país dejándolo en la situación previa, por lo cual no tomarán el riesgo de desviar fondos para intereses particulares. Por otro lado, tampoco hay que olvidar lo que puede denominarse la hipocresía occidental, que consiste en presentar quejas a China por actitudes que esos mismos países habían adoptado en años anteriores, por ejemplo, el caso de Francia apoyando al general Juvenal Habyarimana en Ruanda, que incluso hizo una visita oficial a los Estados Unidos en 1980.

Las obras que se están realizando son de todo tipo. Hay represas hidroeléctricas, como la que se está construyendo en el Congo, refinerías y plantas de extracción de petróleo como en Sudán y

hasta edificios gubernamentales, como la Cámara de Representantes en Mozambique y Gabón o los ministerios de relaciones exteriores de Uganda y Djibouti.

No obstante, el símbolo máximo del apoyo al continente se ve en la construcción de la sede de la Unión Africana en Addis Abeba. El edificio contará con 23 pisos, un auditorio para 2000 personas, una sala de conferencias para más de 600, varias salas de reuniones y dos helipuertos. Esta obra es un regalo de China hacia el continente y una muestra de su apoyo al proceso de integración regio- nal que el continente lleva adelante.

En relación a todos estos proyectos de infraestructura es donde se produce la mayor tensión bila- teral sobre la cuestión laboral que mencioné anteriormente. La construcción es un sector que no requiere de gran especialización y a través de él los gobiernos esperaban reactivar la economía. Sin embargo, los chinos traen a los obreros de su país. Esto es lo que los países africanos están buscando limitar. [RELEA, 2010]

Por otra parte, el gobierno de Hu Jintao es consciente de esas críticas y sabe que su acercamiento puede verse dificultado de no hacer algo al respecto. Por eso, se ha comprometido a capacitar a 15.000 obreros. El ejemplo paradigmático de esta colaboración es el caso de Tanzania, con quien se firmaron tratados en 1962 y 1992 para que estudiantes tanzanos viajen a China; esos estudian- tes trabajan hoy en día en las empresas chinas que operan en ese país del este de África. A su vez, el gobierno chino alienta a las empresas que invierten allí a regionalizar la producción, instalando las plantas en el continente africano sin eludir las normativas y utilizando la mano de obra local apoyada por algunos expertos traídos de China.

En relación a esto último, siguiendo lo mencionado por Buffa, podemos ver que: La i e sió ea- lizada en las últimas décadas fue acompañada de ayudas y programas de cooperación para el de- sarrollo. La iniciativa china para fomentar la cooperación bilateral fue en aumento desde comien- zos del nuevo siglo. Se ha convertido en una herramienta de importancia estratégica de su diplo- macia, como mecanismo para generar mayor confianza, aumentar su participación en el continen-

te , al is o tie po, p otege fo e ta las i e sio es de e p esas de o ige hi o. [BUFFA, 2008]

El apoyo económico chino también se ve otras acciones. En 2004, condonó la deuda bilateral a varios países de la región, que en total alcanzaba los 10.000 millones de dólares. Mientras que, por otro lado, en 2009, en el cuarto Foro de Cooperación China-África prometió un préstamo por el mismo monto en un plazo de tres años para fortalecer el sistema financiero y favorecer el desarro- llo. [RELEA, 2010]

China insiste en la complementariedad de las economías. Durante su visita a Nigeria en 2006, Hu Jintao señalóà ue:à África tiene ricos recursos y un gran potencial de mercado, mientras que China dispone de una experiencia modernizadora y unas técnicas prácticas que ofrecen vastas perspecti- vas a la cooperación bilateral .à[‘ÍO“,à ;à ]àEstaà oope a ió àpe itiría desarrollar algunos sectores de África, como la agricultura o la industria.

En relación a esto último, es sabido que para lograr el desarrollo económico se necesitan indus- trias. África puede ofrecerse a China como un área donde producir bienes a precios baratos, mien- tras que el gigante oriental va pasando su estructura productiva a industrias que incorporen un mayor valor agregado. Este proceso fue el mismo que realizó China en su vínculo con Japón, Corea y Estados Unidos, entre otros, en la segunda mitad del siglo XX. Pero, el continente africano tiene la ventaja, además, de poseer los recursos naturales y las materias primas necesarias para la pro- ducción, razón por la cual además de obtener una mano de obra barata se ahorrarían los costos de transporte de recursos. A su vez, la ubicación geográfica de África, en el centro del mundo y cerca de los diferentes mercados, permitiría ahorrar en los transportes en general.

Respecto a la agricultura, China está necesitada de alimentos y su tierra está en gran parte agota- da, por lo que ve en África a un proveedor. Los gobernantes chinos iniciaron en la década de 1960 proyectos de cooperativas agrícolas en Guinea, Mali, República del Congo, República Democrática del Congo, Mauritania y Níger. Con el ingreso a la Organización Mundial del Comercio, la agricultu- ra pasó a ser un tema primordial para China, por temor al proceso de adaptación al que debía so- meterse. El actual gobierno chino impulsa a las compañías a invertir en África en forma de joint ventures. Todo esto es positivo para los Estados africanos, ya que el hecho de ser inversiones bajo este formato garantizaría la presencia de capitales y trabajadores locales y, por lo tanto, parte de la producción y los beneficios. A pesar de la asimetría en la relación, sobre todo en lo que a capita- les se refiere, los gobiernos africanos pueden tener una posición más rígida aquí en lograr una re- partición más equitativa ya que son los poseedores de la tierra y los recursos. La mayor producción agrícola permite un aumento en la disponibilidad de alimentos en el continente que más hambru- na sufre. Restará ver si esos alimentos son distribuidos correctamente y si los precios efectivamen- te bajan al existir una mayor oferta, haciendo más accesible los mismos a toda la población. Por otra parte, los joint ventures facilitan la transferencia de conocimientos tan reclamada por los diri- gentes africanos y, en este caso, en un sector clave de las economías y sociedades locales, como es el agrícola. [GARCÍA ENCINA, 2006]

Por último, en lo que a los aspectos económicos se refiere, China se muestra ante África como un modelo de desarrollo exitoso alternativo a las propuestas del FMI, Banco Mundial y los países de Occidente. Entonces, incentivados por el modelo chino, los países africanos pueden pensar en di- ferentes caminos para lograr crecer económicamente, desarrollarse y salir de la situación actual sin necesidad de caer en recetas preestablecidas y propuestas como la solución única. Como lo

e p esaàBello:à Ante el fracaso de al menos veinte planes de desarrollo impuestos desde el exterior en los últimos cuarenta años y la insuficiencia de la ayuda externa, coordinada y adecuada del Nor- te, los países africanos tienen cada vez más interés en desarrollar su cooperación con los países asiáticos, en particular China, que les ofrece otras alternativas y la posibilidad de eludir las impro- ductivas condicionalidades políticas y económicas occidentales. à[BELLO,à ;à ]

Esto también se refuerza al comparar el pasado chino con el africano. Como señala Alden, al haber sufrido la explotación externa, llevar a cabo desastrosos experimentos económicos en los prime- ros años de independencia y luego experimentar un rápido crecimiento basado en el mercado,

China se encuentra en una posición única para entender los desafíos que África debe enfrentar hoy. [ALDEN, 2005]

La presencia china no se limita sólo a la economía, también se observa en lo político-diplomático y en lo militar. Aunque en ambos casos, refuerzan y sirven para lograr los acuerdos económicos que tanto interesan a los dirigentes chinos. Dos herramientas son usadas para el fortalecimiento de la relación diplomática. La primera son las visitas de Estado, en las que acostumbran participar las máximas autoridades chinas. Al comenzar cada año, el primer destino visitado es África, usual- mente 7 u 8 países, sin distinción entre los Estados grandes y chicos. La segunda es el Foro de Co- operación China-África, inaugurado en el 2000 y que reúne a todos los países africanos, excep- tuando a los que reconocen a Taiwán. También acuden allí 17 organismos regionales en calidad de observadores. Este foro ha establecido mecanismos para ampliar las relaciones diplomáticas y procesos de consultas sobre asuntos internacionales, lo cual otorga a África la posibilidad de tener voz y manifestar su opinión sobre temas de su interés.

Además, ahora, el continente africano cuenta con un aliado en el Consejo de Seguridad de las Na- ciones Unidas, que puede imponer su veto a las decisiones que afecten a los países del continente y con las que éstos no estén de acuerdo. Esto puede ser utilizado tanto de forma positiva como

egati a.àPo àu àlado,àpuedeàse i àpa aài pedi à i te e io esàhu a ita ias à ueàsóloà us a à

aprovecharse de los recursos y mantener los conflictos con dicho fin, como ha ocurrido en el pa- sado; pero también puede permitir a los gobiernos africanos perpetuarse en el poder y mantener políticas violatorias de los derechos humanos.

Lo anterior se relaciona con los principios en que China basa su cooperación, la no injerencia en los

asu tosài te osà àlaà eut alidad.àEsteà odeloàpe iteàu aà asociación estratégica que tenga en cuenta los respectivos valores y ritmos y que resulte mutuamente beneficiosa à[‘ÍO“,à ;à ],àloà

cual no implica que esté libre de críticas por considerarse que puede conducir a la perpetuación de las situaciones en la región.

En contrapartida a la situación del Consejo de Seguridad, África se convierte en un aliado esencial de China en la Asamblea General. El gran caudal de votos que representan estos Estados le permi- te obtener un fuerte apoyo para sus iniciativas como así también para el rechazo de las propuestas a las que se opone. [GONZÁLEZ, 2006]

Pasando a la cooperación militar, esta se observa en la venta de armas y la formación de personal, estén esos Estados en conflicto o no. Pero China no sólo vende las armas allí, sino que también ha construido fábricas en el territorio africano, en Sudán, Zimbabwe y Mali. [ROGERS, 2007] Respecto a la formación militar, China ofrece la posibilidad de que los miembros de las fuerzas se capaciten en su propio territorio, sin tener que recurrir a las academias europeas. Estos dos aspectos pueden representar una ventaja en cuanto al desarrollo de industrias, que generan empleo, y la mayor accesibilidad a la formación con el consiguiente aumento del nivel general de las fuerzas; sin em- bargo, no hay que dejar de lado las posibilidades y herramientas que esto brinda a los gobernantes africanos. Esta situación es particularmente criticada respecto al caso de Sudán, por las acusacio- nes al gobierno por la cuestión de Darfur.

No obstante, China también colabora en misiones de paz en la región (Congo, Liberia, Sahara) y ayuda en el despliegue de cascos azules en Darfur, apoyando a la Unión Africana en el proceso de