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Effect of exposure time on corrosion of Ti6Al4V in the presence of

5.4 Metal ion release and EIS measurement at constant potentials

5.5.1 Effect of exposure time on corrosion of Ti6Al4V in the presence of

como dimensión constitutiva de la cultura

La modernidad ha exacerbado y tras- tocado radicalmente la noción misma de lo tecnológico, lo ha proyectado so- bre todos los ámbitos del sentido y de la experiencia, la ha entronizado como la objetivación esencial de la fuerza. La ha investido con una dinámica en apariencia autónoma, emanación autó- noma del acontecer, que enlaza la na-

turaleza a lo social. Se ha conferido a la tecnología, incluso, el poder de en- gendrar la singularidad del sujeto como sola secuela de su desempeño. La au- tonomía de lo tecnológica ha emergido como fuerza eficaz y como espectáculo, capaz de someter lo social y las formas de vida a sus propias tensiones, ritmos, y potencias imposibles de anticipar. El incalculable espectro de lo tecnológico ha surgido como el lugar extremo del acontecer pero es, asimismo, el ámbi- to donde el acontecer pierde su sentido, se transfigura en apatía, en olvido, en insignificancia, en mortandad.

La modernidad ha alentado la exacer- bación de lo tecnológico hasta llevarlo a instaurar imperativos de formas de vida. Esta nueva faceta de la creación e im- plantación social de las técnicas, pro- ducto evidentemente de la modernidad, asume su propia historia sin dejar de in- troducir una incesante metamorfosis en las historias regionales y en los procesos desiguales de transformación de lo social y lo político. Su particular heteronomía —casi un régimen propiamente autóno-

mo de recreación y transformación— no sólo define un propio ritmo de creci- miento, sino que participa de la creación inédita de formas de operación surgidas en el curso de los procesos sociales. De- rivan de ahí la composición y el ordena- miento social que plantean cierto tipo de situaciones que desbordan los marcos de la inteligibilidad instituida.

La tecnología abre un dominio incesan- temente desafiante; es un ámbito per- sistente y cotidiano del acontecer y la racionalidad instrumental que incide en todos las facetas de las formas de vida y en los mecanismos contempo- ráneos de control. En esa medida, es al mismo tiempo algo sustancial en la perspectiva de los estudios culturales. La historia de la técnica no es simple- mente una derivación lógica, o un des- prendimiento calculable de los saberes instituidos. Es un ámbito propio de un acontecer de creación social material, pragmática y simbólica, objetivado en un espectro de objetos de sentido po- tencialmente abierto. La inmensa varie- dad de las tecnologías las ha llevado a

trastocar los dominios más vastos y los más ínfimos, los públicos y los íntimos, los patentes y los oscuros, los discer- nibles y los inextricables de la gestión, la práctica y las modalidades del poder. Pero acaso, en la fase contemporánea su incidencia cardinal, definitiva y al mismo tiempo inadvertida, ocurre en el dominio de lo simbólico, en su instau- ración de modalidades de significación ajenas a la experiencia, transfiguradas en espectáculo, troqueladas al margen de la vida cotidiana, destinadas a este- reotipar y a transfigurar lo cotidiano. Es imposible pensar la modernidad al margen del de la multiplicación de los regímenes y las modalidades tecnoló- gicas de sentido. Heidegger desplegó, acaso, la reflexión más perturbadora y más incisiva que abrió la vía a la re- flexión crítica acerca de la tecnología, pero deslizó apenas alguna observación respecto de esta faceta de las tecnolo- gías de lo simbólico: la transfiguración de los lenguajes en instrumento téc- nico, en tecnologías, para engendrar y modelar otros lenguajes. No obstante,

la crítica abierta respecto de el sentido contemporáneo de la técnica ha tomado diferentes y significativos derroteros: en las diversas expresiones del análi- sis cultural de la Escuela de Frankfurt —Adorno, Horkheimer, Benjamin— o en las reflexiones tempranas de Edgar Morin. Estas contribuciones, sin duda, hicieron patentes facetas cardinales para la comprensión de la incidencia de la tecnología en los procesos sociales, capaz de dar forma, transfigurar e im- plantar eficazmente tramas y estrate- gias de control que replantean radical- mente no sólo el sentido mismo de la cultura sino su devenir, el modo de exis- tir de lo político. La comprensión critica de la modernidad pasa por esta línea de historicidad específica que comprende la transformación del régimen operati- vo de las tecnologías, su sentido, y su modo de incidir en las formas de vida. No obstante, la modernidad ha propi- ciado una faceta de la historicidad par- ticular: la de la autonomía regional de los saberes que alientan y dan forma al régimen tecnológico, orientados a acrecentar su eficacia potencial y obje-

tivada. Esta nueva faceta de la creación e implantación social de las técnicas, producto evidente de la modernidad, asume su propia historia sin dejar de introducir una incesante metamorfosis en las historias sociales locales y en los procesos desiguales de transformación en los diversos segmentos de lo so- cial y lo político. Su particular hetero- nomía —casi un régimen propiamente autónomo de recreación y transforma- ción — no sólo define un propio ritmo de crecimiento, sino que participa de la creación de forma de operación que imponen inflexiones singulares al curso de los procesos sociales.

El acontecer tecnológico revela el modo de implantación de los saberes en la modernidad: en la fase contemporánea del desarrollo tecnológico se invierte el vínculo de engendramiento entre saber y tecnología. Si en las etapas previas de la modernidad el desarrollo tecnoló- gico derivaba de la forma y los aspec- tos “aplicados” de los saberes, en la fase contemporáneos, es la expectati- va y el rendimiento tecnológico lo que

orienta la creación y gestión de los sa- beres. La instrumentalidad, como mo- dalidad dominante de la tecnología, se ha constituido en el eje cardinal de las formas de vida. Pero la autonomía de lo tecnológico revela también una fa- ceta oscura, indeterminada. Es el do- minio del acontecer puro. Nadie puede preveer el devenir de un objeto o una tendencia tecnológica: no hay plazos ni lugares para la irrupción del aconte- cimiento tecnológico y quebranta toda previsibilidad. No son anticipables las secuelas de una invención tecnológica. En la fase contemporánea el aconte- cer tecnológico se hace más habitual, más apresurado, y con ello casi trans- parente, inadvertido, pero la violencia de sus transformaciones se acrecienta. Alienta un pasmo y una indiferencia, las afecciones que rodean al acontecer tecnológico se exacerban hasta alcan- zar un punto extremo en el que se ex- tinguen: surge una apatía social ante la perplejidad de lo tecnológico y sus tra- bajos nocturnos. Pero este acontecer de lo tecnológico se propaga también pasma, inhibe y exacerba el juego del

acontecer social: como lo ha señalado Paul Virilio, irrumpe en las formas de la violencia, de la guerra, del control, de la génesis de estrategias de control y de exterminio.

Las formas de vida incitadas por la crea- ción tecnológica de los procesos infor- máticos han multiplicado los puntos de inflexión de las estrategias de control, los recursos para la gestión política, las condiciones de gobernabilidad e, inclu- so, las afecciones y los dominios de lo íntimo. La situación tecnológica emer- ge como un quebrantamiento catastró- fico: las condiciones en la que hoy nos encontramos respecto a los desarrollos de la telefonía, la informática, la física del estado sólido, entre otros dominios del avasallamiento tecnológico, introdu- cen asimismo, con esta transfiguración de la vida, un régimen de opacidad de lo dado. Las tecnologías implantan una racionalidad propia e inexpugnable, in- descifrable en su funcionamiento y en sus potencialidades. Crean y diseminan un repertorio de objetos, procesos y ac- ciones que participan de esta opacidad

de lo tecnológico. Suscitan un experien- cia de irracionalismo sólo contrarresta- da por la convicción de la racionalidad radical e inaccesible de la propia tec- nología. El irracionalismo tecnológico, sin embargo, se propaga a los proce- sos económicos y a todas las formas de gestión y de control, con ello confiere un poder despótico al régimen buro- crático que apuntala sus operaciones administrativas en estas tecnologías para acrecentar su control potencial de las formas de vida. Las consecuencias de esta transfiguración de las poten- cias de acción, personal y colectiva, y los alcances y los recursos del control decisivo de los procesos simbólicos ha trastocado de una manera incalificable la experiencia del tiempo, del espacio, de los cuerpos y del acontecer mismo de su composición.

La tecnología, no obstante, se conju- ga íntimamente con las operaciones de control y la gobernabilidad apuntaladas en la transformación del espectro sim- bólico y de las experiencias de territo- rio, identidad, regulación, ordenamien-

to y sustentación de los vínculos y los intercambios sociales. El sentido de lo tecnológico da lugar a experiencias va- gas que dan lugar, sin embargo, a certi- dumbres inconmovibles y a experiencias de fe, cifradas enteramente en la om- nipotencia imaginaria de la tecnología. Una creciente y generalizada disemi- nación de la fe en la instrumentalidad como potencia, como metáfora y como pauta analógica de la redención, se pro- yecta sobre lo social para suscitar espe- ranza y consuelo ante la transformación social y política que ya ha ocurrido. La tecnología emerge de las exigencias y las estrategias de control y gobernabili- dad y las trastoca al engendrar una mu- tación de pautas simbólicas cruciales en la experiencia subjetiva y colectiva. La forma y el sentido de la gestión so- cial, sustentados hoy en las tramas y operaciones de control simbólico, están sometidos a las condiciones del acon- tecer tecnológico. Este acontecer en su capacidad de acrecentamiento y de suspensión o anulación del vínculo co- lectivo, de exacerbación y abatimiento

de la potencia de acción e inteligibilidad social del entorno, y de la integración efímera y desintegración constitutiva de lo social mismo, reclama una renovada e inédita creación conceptual. Escapa a toda anticipación, disloca toda crea- ción de patrones. La noción misma de estabilidad social, modelada desde una aprehensión regulada del tiempo, recla- ma una disponibilidad a lo instantáneo y las condiciones de su inteligibilidad. La incidencia de lo tecnológico desman- tela patrones duraderos de vínculo so- cial estables, para suplirla con tramas densas y precarias de relaciones que saturan las formas de vida. Se conju- gan modalidades contrastantes de la experiencia social e individual: apare- cen zonas de radical desdibujamiento de los horizontes de la acción que da cabida, únicamente, a acciones eficaces puntuales; la disipación de vínculos da lugar a la primacía de los encuentros extraños a los lazos de reciprocidad; los momentos y territorios de lo social se pueblan de interacciones carentes de alcances éticos o afectivos; surgen tam- bién múltiples dominios de invisibilidad

e ininteligibilidad social, que coexisten, paradójicamente, con dominios de visi- bilidad exacerbada, de espectacularidad avasalladora. A espacios sociales some- tidos a control minucioso y sofocante, se añaden múltiples opacidades jurídi- cas, territorios anómicos y zonas de va- cío de control derivadas de la opacidad de la propia operación tecnológica. La gestión burocrática acrecienta sus extrañezas y sus silencios, y la exalta- ción de la vigencia del derecho como forma simbólica primordial del vínculo exalta y degrada a relevancia de la ac- ción individual, mientras se vela hasta volverse imperceptible la fuerza cohesi- va de los vínculos colectivos de recipro- cidad. Las formas de vida en todas sus facetas, públicas, privadas e íntimas, sometidas a estos contrastes de las mo- dalidades de control y visibilidad, se ex- presan como un acrecentamiento de la desolación y en pautas de confinamien- to íntimo. Al mismo tiempo, se satura el espacio público con escenificaciones destinadas a la exaltación y euforiza- ción íntima, abismadas en la intensifica-

ción de lo instante. La degradación de los proyectos sociales se expresa tam- bién en insignificancia del pasado y en abatimiento del sentido integrador de la experiencia colectiva.

Esta conjugación de procesos reclama para su inteligibilidad —una inteligibili- dad precaria, evanescente, sometida a la volatilidad del acontecimiento— la ar- ticulación de puntos de vista que emer- gen y se eclipsan incesantemente para dar sentido al acontecer. Estos puntos de vista no pueden sino exigir expre- siones conceptuales que desbordan los marcos disciplinarios —necesariamente estables, duraderos, ajenos a la irrup- ción incesante de quebrantamientos cardinales de la evidencia— de las cien- cias sociales.

Los usos, las racionalidades, los regí- menes de gestión, las modalidades de acción sometidas a las capacidades ins- trumentales de lo social, con el impul- so tecnológico cambian su naturaleza, pero asumen también otra fuerza de implantación en la sociedad. La trans-

figuración de la experiencia interfiere también en la génesis de los equili- brios políticos y las formas del vínculo y el intercambio contemporáneos. Es- tas tensiones por supuesto obligan a las ciencias sociales a un replanteamiento radical de sus objetos.

La sociología y la antropología canó- nicas no construyen, a través de sus conceptos, salvo atisbos, bosquejos de estas mutaciones. Las disciplinas jurí- dicas, orientadas y apuntaladas por la experiencia de las regulaciones durade- ras, son incesantemente desbordadas y su validez encuentra alcances cada vez más limitados, al proliferar las zo- nas de opacidad y al ampliarse los es- pacios ajenos a toda regulación. El peso simbólico de lo jurídico se puebla de es- pacios de mera escenificación, al verse desplazadas por mecanismos de control simbólico más sutiles derivadas de las nuevas pautas de visibilidad e interven- ción social. La economía, transformada en su raíz por procesos de transmisión de información y de capital, siempre en los límites de lo controlable o desbor-

dándolo, da cabida a operaciones ex- trañas, inabarcables conceptualmente, del capital financiero. La economía se modela según las capacidades infor- máticas y queda librada a las formas equívocas de poder derivadas de nue- vas potencias para la transferencia y la valoración artificial, puramente ciberné- tica, del capital. El mercado se vuelve una entelequia al mismo tiempo insus- tancial y, sin embargo, disruptiva y pre- ponderante, en su calidad incierta, en todos los ámbitos del intercambio eco- nómico. En el dominio de los procesos simbólicos, la circularidad recursiva de la operación simbólica tiene efectos indeterminables en la identidad, las expectativas, las afecciones y las in- tensidades de los vínculos colectivos. Control y simbolización establecen una relación de engendramiento recíproco y de interferencia recurrente: pautas de control —privilegiadamente simbóli- cas— tienen por objeto procesos sim- bólicos que, a su vez, transforman y potencian, de manera indeterminada los recursos y las estrategias de control.

Este “control” de los procesos simbóli- cos se expresa, en las formas íntimas de la vida, en la mutación de las for- mas de narratividad, de los recursos expresivos, de las modalidades de la visibilidad, de las voces y los modos del relato y el testimonio, en las con- diciones de la certeza y el arraigo de la ficción. Incide en las pautas de reco- nocimiento al apuntalar la construcción de los impulsos narcisistas y la exalta- ción de las promesas de autosatisfac- ción. Esta relación íntima entre control y simbolización se expresa también en la industrialización de la visibilidad y en la gestión privada de la informa- ción, en los controles que administran diferencialmente el acceso a modalida- des específicas del placer, a la exaltación obsesiva de la modelación de cuerpos y afecciones. El control y la simbolización se conjugan para implantar tácitamen- te la distribución y ordenamiento de los tiempos, los horarios, los calendarios, para programar las trayectorias, asen- tamientos territoriales, movimientos de cuerpos y disposición de las entidades demográficas.

Esta inscripción plena de los procesos simbólicos y afectivos en la trama de modalidades dinámicas de control des- bordan la caracterización restringida, derivadas de las teorías estéticas con- vencionales. La modelación de las afec- ciones, de la sensibilidad y, finalmente, de las estructuras constitutivas de la subjetividad tampoco pueden ser apre- hendidas simplemente con las tesis de una psicología confinada a la compren- sión de los procesos cognitivos, o de una aproximación arrebatada por las fi- guras abismales de lo inconsciente.

5. Modernidad: individuación,