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The need for improved environmental conditions and methods for

7.1 General discussion

7.1.1 The need for improved environmental conditions and methods for

ceptualización demográfica. Es- trategias de gobernabilidad y condiciones culturales

El pensamiento sobre lo social emerge en el siglo XIX confrontando la prima- cía explicativa de la psicología empíri- ca que derivaba de una fundamentación biológico de lo psíquico, la comprensión de todo desempeño de los sujetos y, por consiguiente, entendía a la colectividad

como mero efecto de la composición de estas conductas. La polémica sobre el lugar de la subjetividad, la diferencia entre sujeto individual y social, y el tipo de aproximación específica que requería la comprensión de estas diferencias para la inteligibilidad de los procesos sociales no fue jamás dirimida. La reflexión so- bre el sujeto individual, sin embargo, en el mismo movimiento decimonónico de delimitación de los ámbitos explicativos disciplinarios, no es ajena al surgimien- to sobre el sujeto colectivo: el siglo XIX instaura la psicología social privilegian- do un tópico surgido urgentemente de las brutales transformaciones del capi- talismo, las masas.

Con la aparición de las masas como objeto de reflexión, el sujeto colectivo aparece como un tópico axial que exhi- be, de manera privilegiada, las inquie- tudes y los límites de la reflexión sobre el vínculo colectivo. Emerge como un punto de inflexión en el desarrollo par- ticular de las ciencias sociales. La com- prensión del sujeto colectivo inherente a las génesis de la subjetividad en la

modernidad, aparece como una de las tensiones constitutivas de la compren- sión de lo político: remite a la tensión entre controles políticos, económicos, simbólicos y jurídicos centrados sobre el proceso individualizante y las gé- nesis de las pautas y estrategias de la gobernabilidad contemporánea, centra- das sobre la operación en magnitudes y conceptos orientados a la comprensión de concentraciones y procesos de vas- tas y complejas demografías. La socie- dad de masas pone en escena la den- sidad de las interacciones sociales sin vínculos, en una forma de interacción difusa y efímera, vinculados solamen- te por el sustrato jurídico de las formas institucionales. La gobernabilidad recla- ma estrategias capaces de operar sobre estas masas densas, pero molecular- mente desagregadas. Estas estrategias involucran el diseño de organización, desempeño institucional, regímenes de eficiencia administrativa y modos de operación disciplinaria destinadas, a un mismo tiempo, a operar sobre las vastas magnitudes demográficas y so- bre las formas de vida de los sujetos

individualizados. Estas estrategias re- claman una homogeneidad surgida no de los procesos de la acción recíproca de reconocimiento, sino de la homoge- neidad instituida de afectos, placeres, modos de percibir, y patrones de con- ceptualización. Ponen en juego modelos estadísticos y mecánicos —en la parti- cular denominación de Lévi-Strauss—; los saberes estadísticos comprehenden conceptos y operaciones cuyo dominio son las poblaciones, mientras que los modelos mecánicos modelan los pro- cesos individualizantes de intercambio. Estas estrategias dualistas de control sustentar ciertas políticas de control y de gobierno.

Es posible advertir que estas aproxima- ciones a magnitudes demográficas y a comportamientos definibles estadística- mente involucran amplios y diferencia- dos mecanismos de subjetivación, arti- culada en estrategias de gobernabilidad. Pero estas estrategias, objetivadas en vastos andamiajes institucionales con- forman ámbitos de racionalidad que in- tervienen en la atribución de identidad,

sentido, valor y finalidad a los actos in- dividuales. En la modernidad se exacer- ba esta implantación de ámbitos de ra- cionalidad diferenciados, fragmentados, disyuntivos y con frecuencia incompa- tibles o contradictorios que acotan las formas de vida, que participan en la conformación de las esferas de expe- riencia —pública, privada, íntima— de los sujetos. Las colectividades surgen así de esta congregación multitudinaria conformada exclusivamente por estas racionalidades segmentales articuladas por meros lazos jurídicos que reempla- zan a los patrones de intercambio y so- lidaridad de las sociedades tradiciona- les. Lo jurídico no es el recurso para la regulación de los lazos intersubjetivos, sino, por el contrario, para sostener su insustancialidad, para reemplazar su vacuidad. Pero la intervención de lo ju- rídico no es sino una forma de control simbólico: en la conformación de la tra- ma social, modela las interacciones se- gpun las teleologías fundadas sobre la ilusión del orden social y la gravitación imaginaria de la promesa de bienestar y la amenaza del castigo.

Estas transformaciones de los proce- sos sociales encuentran su referen- cia en la reiterada polémica, crucial, en distintos momentos de las ciencias sociales, sobre el lugar y la caracte- rización del concepto de subjetividad relevante para la comprensión de lo contemporáneo. Las ciencias sociales desde el siglo XIX confieren un senti- do ambivalente a la posición del suje- to en la comprensión de lo social. Por momentos, la relevancia del sujeto ha sido desplazada por otros factores: las estructuras —sociales, cognitivas, dis- cursivas—, las instituciones, las fun- ciones; el sujeto se asume entonces como derivado de estas estructuras, una condición marginal.Se ha eclipsa- do así su significado en la compren- sión de lo social. En otros momen- tos, la necesidad de inteligibilidad del acontecer de lo social alienta, paradó- jicamente, la exigencia de nuevas con- cepciones sobre la subjetividad para iluminar la aparición de nuevas fa- ses de la modernidad. Han surgido en consecuencia otros criterios de rele- vancia para la incorporación de la sub-

jetividad y su conceptualización como elemento cardinal en la comprensión de lo social. Esta oscilación no priva- da de ambivalencia revela, a su vez, una persistente e irreductible tensión entre la comprensión de la subjetivi- dad —como afección, como inteligi- bilidad, como composición pulsional, como condición de la acción recíproca y como asunción de normatividad— y la aprehensión de lo social como pro- ceso de instauración y recomposición de patrones persistentes de regula- ción. Esta posición de lo social, sin embargo, abre la posibilidad de entre- ver rasgos definitivos de la moderni- dad por encima de la aprehensión de formas estables de regulación tanto prescriptiva como prohibitiva que in- tervienen en las manifestaciones esta- bles de las formas de vida.

Esta reiterada aunque controvertida irrupción de la subjetividad en las cien- cias sociales se conjuga con una consoli- dación de ciertas alternativas de pensa- miento sobre el sujeto que emanan de la filosofía —particularmente de la feno-

menología o las “filosofías de la vida”—, de las diversas perspectivas psicoanalí- ticas y de las derivaciones contemporá- neas del neokantismo, que se expresan con frecuencia en las psicologías cogni- tivas. Las visiones de la subjetividad, le- jos de una aprehensión unificada o con- vergente de la naturaleza y relevancia de los procesos subjetivos y su papel en la génesis, estabilidad y transfiguración de lo social instauran una constelación de tensiones adicionales en la compren- sión de lo social. Las aproximaciones cognitivas han reclamado un lugar pri- vilegiado en la explicación de lo social. Mientras, las facetas fenomenológicas, vitalistas y psicoanalíticas, en sí mismas difícilmente reductibles a una visión concordante, ofrecen aproximaciones a la experiencia, que desbordan los mar- cos puramente cognitivos y abre a mo- dalidades múltiples de creación de sen- tido. Se acentúa en la comprensión de lo social la relevancia de las afecciones, la corporalidad, los ámbitos pasionales y pulsionales y sus complejos procesos de objetivación en modalidades abiertas de simbolización.

6. Cultura y sustentos cognitivos