2. Research context
2.1. Soils of arid regions
2.1.2. The effect of skeleton content and stone pavement on
Otra de las perspectivas, según lo estudiado, que ha adoptado influyentes posiciones para lo que se relaciona, sobre todo con los populismos clásicos, es la corriente marxista (aunque pretende ir más allá de la realidad latinoamericana), principalmente representada con los aportes de Ernesto Laclau, quien tiene el mérito de criticar el reduccionismo funcionalista105 y clasista elaborando una teoría propia que se nutre de las principales tesis althusserianas sobre la ideología, inscribiéndola a su vez en el pensamiento de Gramsci.
El argentino se percata de que el concepto sigue siendo ampliamente utilizado en los análisis sociológicos y políticos, admitiendo que esa tenaz supervivencia se puede
103 Ibídem. 104 Ibídem, p. 149.
105 Respeta los aportes de Germani y Di Tella pero objeta sus respectivas interpretaciones porque es un
convencido de la existencia de populismos en países que no están insertos en el pasaje de la sociedad tradicional a la industrial, como el fascismo en Italia, el poujadismo en Francia y el nazismo alemán.
deber a la vaguedad e imprecisión en la definición sobre aquella característica que identificaría al populismo como tal.
Para Laclau el populismo no es un movimiento sociopolítico o un régimen estatal. De su principal obra se puede desprender que su visión del objeto de estudio es que es un fenómeno de corte ideológico que puede estar inscrito en las organizaciones, variando las bases sociales y las orientaciones políticas106. Tomando la noción de “interpelación” de Althusser, según la cual la función primordial de la ideología es interpelar/constituir a los individuos en “sujetos”107, Laclau manifiesta que el populismo, como fenómeno ideológico, se caracterizaría por poner en escena y dar forma discursiva a un dispositivo interpelatorio particular.
Lo lógico sería expresar que este dispositivo fuera la apelación al “pueblo”, que como manifesté ciertos autores suelen destacar al momento de caracterizar el concepto. No obstante, Laclau tiene también la claridad para reconocer que aunque los populismos lógicamente apelan a esta figura, no sería suficiente para definir totalmente el término, pues existen reiteradas manifestaciones lingüísticas que destacan al pueblo en algunos discursos y no son parte de esta dimensión política:
“(...) lo que transforma a un discurso en populista es una peculiar forma de articulación de las interpelaciones popular-democráticas (...) Nuestra tesis es que el populismo consiste en la presentación de las interpelaciones popular-democráticas como conjunto sintético-antagónico respecto a la ideología dominante”108.
No bastaría entonces sólo con interpelar a los actores sociales en términos del sujeto “pueblo”, sería condición además que la estructura ideológica se situara en el contexto de un antagonismo explícito, es decir, el que está en franca oposición con los intereses del pueblo109. Sin embargo, el populismo tampoco sería un movimiento
106 LACLAU, E. (1978). Política e ideología en la teoría marxista. Capitalismo, fascismo, populismo.
México: Siglo XXI.
107 “Los individuos que son meros soportes de las estructuras, son transformados por la ideología en
sujetos, es decir, viven la relación con sus condiciones reales de existencia como si ellos constituyeran el principio de determinación autónomo de dicha relación. El mecanismo de inversión característica es la interpelación”. Laclau, E. (1978), op. cit., p. 112.
108 Ibídem, p. 201.
109 El pueblo definido por Laclau no es un “mero concepto retórico, sino una determinación objetiva del
sistema, que es diferente de la determinación de clase: el pueblo es uno de los polos de la contradicción dominante en una formación social, esto es, una contradicción cuya inteligibilidad depende del conjunto de las relaciones política e ideológicas de dominación y no sólo de las relaciones de producción: la contradicción pueblo/ bloque de poder es la contradicción dominante al nivel de la formación social”. Ibídem, p. 122.
revolucionario puesto que el marco “popular-democrático”110 se refiere a las diversas variantes que podrían darse a nivel político, excluyendo la lucha de clases y sustituyéndola por las interpelaciones ideológicas que se encuentren en pugna con el poder y que pueden adoptar multiplicidad de formas111. En estos últimos postulados se aprecia la influencia de Gramsci, producto de que Laclau distingue entre la lucha popular democrática y la lucha de clases: “a través de este tipo de antagonismo los sectores dominados no se identificarían a sí mismos como clase, sino como ‘lo otro’, ‘lo opuesto’ al bloque de poder dominante, como los de abajo”112.
Por su parte, Emilio De Ipola rescata la noción de lo nacional-popular como la construcción de una voluntad colectiva, vinculada con una forma intelectual y moral determinada. Esto supondría también el proceso de construcción de la hegemonía, definido como una actividad de transformación. A diferencia de Laclau, no observa relación alguna del populismo con ideologías como el socialismo, sino más bien quiebres pues cree que el populismo jugó un papel importante en el componente y la construcción nacional-estatal113.
Añade que es necesario distinguir conceptualmente la “interpelación” de la “constitución” de los individuos como sujetos o –lo que sería semejante- diferenciar la producción de los discursos de la recepción de los mismos. Es en este desconocimiento de la diferencia, afirma De Ipola, donde residiría el principal límite de la teoría de Laclau114.
Pese a lo novedosa y estimulante que se constituyó en su momento la propuesta de Laclau para los populismos del siglo XX, sus tesis han sido criticadas teóricamente a partir de lo que él denunció en las visiones estructural-funcionalistas: la limitación y reducción de la naturaleza del fenómeno, condicionándolo en su caso a lo “ideologista”115 y simplificando también dimensiones que esta investigación considera extremadamente importantes y que intentaré integrar en la siguiente perspectiva.
110 “Por democracia debe entenderse un conjunto de símbolos, valores, etc. –en suma, interpelaciones- por
las que el pueblo cobra conciencia de su identidad a través de su enfrentamiento con el bloque de poder”. Ibídem p. 121.
111 Lamentablemente Laclau también cae en la tendencia de efectuar tipologías tan excesivamente amplias
que termina por calificar de populistas a una larga gama de movimientos ideológicos: desde el fascismo italiano y alemán, incluyendo el socialismo de Mao, Fidel Castro o del Partido Comunista Italiano, hasta los populismos latinoamericanos de Perón y Vargas.
112 Ibídem, p. 122.
113 DE IPOLA, E. (1982). Ideología y discurso populista. México: Folios. 114 Citado por Torres Ballesteros (1987), op. cit., p. 169.
De hecho, en lo teórico concibo el inicio del populismo con situaciones que fueron estimulando los procesos comunicativos de las culturas populares, las que comenzaron a construir y elaborar una posición colectiva y simbólica de un orden político.
En el siguiente capítulo, se presenta la búsqueda de huellas de la esfera de la comunicación que permitan explicar los contextos originales en los cuales este fenómeno se ha expandido en Latinoamérica. Para ello se propone una visión genética- comunicacional del objeto de estudio, que presenta una postura de integración de las dimensiones popias de la cultura política y sus rasgos en el continente que nos atañe, orientada por una serie de elementos que se detallarán. Las condiciones que se expondrán las identifico como el ADN del populismo, como parte del material genético comunicativo de la política de América Latina.