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5. Investigation and regionalisation of soil characteristics

5.4. Soil characteristics in the Drâa catchment: Summary and conclusions

Visión inquietante y complementaria a estos planteamientos es la de Pierre Bourdieu, quien más allá de otorgarle cierto poder a las palabras cree en el poder de quien detenta estas palabras, un elemento extremadamente interesante para considerar en la realidad de los populistas. Considera que la eficacia simbólica del lenguaje sólo se desarrolla en la medida que los que experimentan reconocen que quien lo ejerce está autorizado para tal efecto:

“El poder de las palabras sólo es el poder delegado del portavoz, y sus palabras –es decir, indisociablemente la materia de su discurso y su manera de hablar- sólo pueden ser como máximo un testimonio, y un testimonio entre otros, de la garantía de delegación del que ese portavoz está investido”250.

Por eso discrepa con las aportaciones de Austin y con las que luego efectuó Habermas, pues considera un error el “descubrir en el propio discurso, es decir, en la sustancia puramente lingüística, -si se me permite la expresión- de la palabra, su principio de eficacia”251. A juicio del teórico francés, buscar en el lenguaje el principio de la lógica y la eficacia del lenguaje de institución, es olvidar que la autoridad (autoritas) llega al lenguaje desde afuera, “como lo recuerda concretamente el skeptron que, en Homero, se tiende al orador que va a tomar la palabra”252.

Según Bourdieu, como máximo el lenguaje se limitaría a representar esta autoridad, manifestándola y simbolizándola. Sin embargo, no cree por tanto que en determinadas situaciones el locutor con su estilo particular incruste en las palabras ciertas connotaciones vinculadas a un especial contexto, introduciendo en el discurso un

250 BOURDIEU, P. (1999). ¿Qué significa hablar? Economía de los intercambios lingüísticos. Madrid:

Akal, p. 67.

251 Bourdieu, P. (1999), op. cit., p. 67. 252 Ibídem.

excedente de significado que le confiere la denominada “fuerza ilocutiva”253. Sí es un convencido de que el uso del lenguaje depende de la posición social del locutor, la que rige el acceso que éste puede tener a la lengua de la institución, a la palabra oficial, ortodoxa y legítima254.

Pese a la contundencia de estos postulados que pueden ponerse en controversia, Bourdieu nos aporta algo muy interesante para nutrir la teoría de los populismos latinoamericanos. Para que este poseedor de skeptron, conocido y reconocido como el habilitado y hábil para producir los discursos públicos enuncie un discurso legítimo, requiere también de condiciones litúrgicas, de un conjunto de prescripciones que rigen la forma de la manifestación pública de autoridad (la etiqueta de las ceremonias, el código de los gestos, la ordenación oficial de los ritos, etc.), dando visibilidad a un sistema de condiciones255.

Como una manera que estas condiciones funcionen en la sociedad, es preciso que se presenten y sean percibidas como legítimas, como un simbolismo ritual que no actúa por sí mismo, sino “en tanto representa –en el sentido teatral del término- la delegación”256, esto es, “delegación de autoridad que confiere autoridad al discurso autorizado”257; es decir, el agente no actúa en su nombre personal y por su propia

253 Austin plantea la temática de los actos de habla para especificar su desacuerdo con la teoría de los

enunciados mantenida por la filosofía hasta él. Según su propuesta, la expresión de palabras o frases es el eje central en la realización del acto, finalidad que persigue la expresión, aunque especifica que es muy importante que las circunstancias y las personas que la realizan sean las adecuadas. Divide en tres tipos sus actos del lenguaje: locutivos, ilocutivos y perlocutivos. Entiende el acto locutivo cuando el hablante dice algo con una determinada intención (preguntar o responder a una pregunta, dictar una sentencia, etc.). Los ilocutivos, en tanto, deben llevar implícito una “fuerza ilocutiva” que es la intención por la que el hablante produce la frase. Esta intencionalidad o fuerza está estrechamente ligada a la conversación. Por último, el acto perlocutivo es el efecto que produce la frase enunciada sobre las creencias, actitudes o comportamientos del receptor. AUSTIN, J. L. (1971). Palabras y acciones. Cómo hacer cosas con

palabras. Buenos Aires: Paidós, pp. 138-152. Austin llega a distinguir cinco clases generales de verbos y

los clasifica según la fuerza ilocutiva (verbos de judicación, de ejercicio, de compromiso, de comportamiento y de exposición). La clasificación fue revisada posteriormente por Searle, introduciendo importantes modificaciones. Por su parte, no se puede dejar a un lado tampoco los planteamientos de Grice y su principio de cooperación, como tampoco las observaciones sobre estos aspectos de Teun Van Dijk, quien tiende a unir y complementar las divisiones de Austin y Searle. Véase SEARLE, J. (1980).

Actos de habla. Ensayo de filosofía del lenguaje. Madrid : Cátedra ; GRICE, P. (1975). “Logic and

conversation”. En Cole, P.; Morgan, J. (eds.), Sintax and Semantic. Vol. III Speach Acts. New York: Academic Press.

254 Bourdieu, P. (1999), op. cit., p. 67. 255 Ibídem, p. 77.

256 Bourdieu, P. (1999), op. cit., p. 74.

257 Bourdieu, P. (1999), op. cit., p. 73. Agrega el francés que “la exclusiva atención a las condiciones

formales de la eficacia del ritual hace olvidar que, en tanto no se reúnan las condiciones que producen su reconocimiento, las condiciones rituales necesarias para que el ritual funcione y para que el sacramento sea a la vez válido y eficaz no son nunca suficientes: el lenguaje de autoridad gobierna siempre con la colaboración de aquellos a quiénes gobierna, es decir, mediante la asistencia de los mecanismos sociales capaces de producir esta complicidad, fundada en el desconocimiento, y que es el origen de toda autoridad (...)”. Ibídem.

autoridad, sino como depositario de un mandato. En la dimensión política de América Latina esta característica es manejada con un sentido estratégico por los populismos, quienes justamente emplean el lenguaje y los elementos simbólicos como el vínculo y la representación de un pacto con los sectores populares. Estos últimos, a su vez, depositan su confianza y, por tanto, sus apoyos políticos manifestados en los votos, cuando son testigos y partícipes de lo simbólico.

La participación puede remitirse simplemente al contacto visual otorgado por los medios de comunicación de ciertos símbolos, mensajes o actitudes que el populista exhibe, pero que hace visible una esfera popular que se encuentra aislada del resto de los grupos que suelen apreciarse, existir, desarrollarse y protagonizar la construcción de la realidad social. Es una participación restringida y pasiva, pero que cohesiona a los sectores populares, provoca comentario y diálogo entre sus componentes y afirma la posibilidad de creer en el cambio desde la base comunitaria.

Así, para Bourdieu, la “magia” de los ritos sociales no reside en los discursos y contenidos de conciencia que les acompañan, sino “en el sistema de relaciones sociales constitutivas del propio ritual, que se hacen posibles y socialmente eficientes (entre otras cosas, en las representaciones y creencias que implica)”258.

En efecto, es importante destacar que la capacidad simbólica de la comunicación, y especialmente de la comunicación política, no se agota en lo lingüístico, sino que también se manifiesta en otros procedimientos como los mencionados ritos, debido a que son instrumentos de reafirmación del poder que se presentan hasta nuestros días en las sociedades más avanzadas y que en determinadas comunidades suelen tener una presencia constante, que incluso se traduce en todo un dominio icónico259. América Latina sabe de esta manifestación y el rito político conforma parte de la comprensión de su cultura política. Dejar de analizar o no integrar los populismos en este plano, restringe la posibilidad que planteo de traducirlo en un fenómeno ligado a la comunicación, tanto de aquella que nace en el seno de su identidad original como aquella que en la actualidad nos habla de un mestizaje e hibridación cultural de insospechada diversidad.

258 Ibídem, p. 77.

259 Benedicto (1995), op. cit., p. 261. Por su parte, Bourdieu llega a expresar que “para comprender los

fenómenos sociales más fundamentales, tanto los que se producen en las sociedades precapitalistas como en nuestro propio mundo (...), la ciencia social debe de tener en cuenta el hecho de la eficacia simbólica de los ritos de institución; es decir, poder de actuar sobre lo real actuando sobre la representación de lo real”. Bourdieu, P. (1999), op. cit., p. 80