El turismo puede ser estudiado desde diversas perspectivas y disciplinas, dada la complejidad de las relaciones entre los elementos que lo forman y los trascendentales impactos económicos, socioculturales y medioambientales que posee. Esto ha generado un debate, todavía abierto, para intentar llegar a un concepto unívoco y estándar del turismo que quede reflejado en una definición universal. Pese a la diversidad de conceptualizaciones del término turismo, la OMT (1998) apunta la existencia de cuatro elementos que son comunes a todas las definiciones: “existe un movimiento físico de los turistas que, por definición, son quienes se desplazan fuera de su lugar de residencia; la estancia en el destino ha de ser durante un período determinado de tiempo, no permanente; el turismo comprende tanto el viaje hacia el destino como las actividades realizadas durante la estancia y por último, cualquiera que sea la motivación para viajar, el turismo abarca los servicios y productos creados para satisfacer las necesidades de los turistas” (p.45).
La industria turística se caracteriza por su gran complejidad, como consecuencia de la diversidad de sectores económicos involucrados en su
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desarrollo. La relevancia del turismo doméstico e internacional en la economía mundial es tal, que aporta actualmente alrededor de 3.4 billones de dólares al PIB mundial, constituyendo uno de los principales motores del crecimiento económico mundial (OMT, 1998).
Si nos centramos en España y según Camisón y Monfort (1993), el turismo se ha desarrollado en cuatro grandes etapas. Las dos primeras caracterizan el ciclo de expansión (años 1960-175) y la posterior crisis del turismo de masas (años 1975-1980). A partir de 1980, se inicia una tercera etapa que los autores definen como “Consolidación y racionalización del modelo turístico de masas” (años 1980-1987). Por último, a partir de 1988 se inicia la cuarta etapa, denominada “Agotamiento del modelo de turismo de masas”, en la cual estamos actualmente inmersos. En este último período, se ha producido una importante contracción del turismo de calidad procedente de ciertos países y un cambio de la composición de demanda. Esto ha sido como consecuencia del agotamiento del modelo de turismo de masas (“sol y playa”) iniciado en los años 70 y consolidado, de forma progresiva, en las dos décadas pasadas.
El turismo es el complejo de actividad más importante en nuestra economía (Ebinger, 1994). De hecho, la demanda turística aporta el 9.3% a la formación del PIB y da empleo a alrededor de un 8% de la población ocupada y, aproximadamente, a un 6.5% de la población económicamente activa. En España, alrededor de 1,000,000 de personas trabajan en actividades relacionadas con el turismo, de las cuales un 60% son empleos directos y un 40% son empleos indirectos. Según los últimos datos de la OMT (1998) referidos a 1996, España es el cuarto destino mundial en recepción de turistas, después de Estados Unidos, Italia y Francia. En concreto, el turismo español se define por su carácter estacional. Así, el 50% de los visitantes que llegan cada año se concentran en la temporada de verano (Junio - Septiembre). Además, los turistas se alojan preferentemente en hoteles (54.3% del total de visitantes) y en segundo lugar, en apartamentos (el 32% del total). En cuanto a los destinos turísticos, Cataluña ocupa el primer puesto como destino principal de turistas (21.87%), a continuación se sitúan Baleares (17.42%), Canarias (16.18%), Andalucía (13.14%) y Comunidad Valenciana (12.82%) (ZONTUR, 1997).
En cuanto a la Hostelería14 española, puede afirmarse que es un sector integrado por pequeñas y medianas empresas. Por ejemplo, dentro de la actividad económica de hoteles, más del 93% de las empresas se sitúan en los estratos de menos de 50 asalariados. También es reseñable que más del 56% de las empresas del sector de Hostelería situadas en los estratos de más de 50 trabajadores son hoteles (ZONTUR, 1997).
La Comunidad Valenciana, se ha convertido en uno de los destinos mediterráneos preferidos del turismo internacional de los últimos decenios (Vera y Monfort, 1994). El estudio de las características del sector turístico valenciano excede los objetivos de esta tesis; por ello, remitimos al lector interesado en profundizar en este ámbito a la Agència Valenciana del Turisme (2000a). En cualquier caso, se ofrece una perspectiva general del turismo valenciano, que permitirá entender las principales características del sector en esta región.
Un datos representativo de la transcendencia económica del turismo en la comunidad se refiere a las cifras de la población empleada en este sector. Sin embargo, la diversidad de actividades susceptibles de conceptualizarse como turísticas dificulta la medición del empleo turístico directo. Por ello, suelen utilizarse indicadores parciales, como la cifra de población activa en el sector de la Hostelería, que según datos de la Encuesta de Población Activa del Instituto Nacional de Estadística, supone alrededor de un 6% de la población activa total. No obstante, se acepta comúnmente que el empleo generado por el turismo en la Comunidad Valenciana, computando sus efectos directos e indirectos, supera el 10% de la población activa (más de 150,000 personas) (Comité Econòmic i Social de la Comunitat Valenciana, 2000).
La región valenciana ha logrado una posición consolidada dentro del segmento “sol y playa” (Morant y Monfort, 1992; Vera y Monfort, 1994) y alguno de sus municipios, como Benidorm (Alicante), es paradigma de este modelo turístico. La Comunidad Valenciana ocupa el quinto lugar como destino turístico a nivel nacional y constituye el 8.2% del total de plazas de hoteles en España (Agència Valenciana del Turisme, 2000a). Tal y como puede verse en la tabla siguiente (Ver TABLA 2.5), desde 1975 hasta la actualidad, se ha producido un notable incremento del número de plazas de alojamiento (hoteles y campings),
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Según la clasificación nacional de actividades económicas (CNAE), el sector de Hostelería agrupa 6 categorías: Hoteles, Campings, Restaurantes, Establecimientos de bebidas, Comedores colectivos, y Otras actividades de Hostelería.
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pese al claro descenso ocurrido en las plazas de hostales, que en la actualidad constituyen menos de la mitad que en 1975.
TABLA 2.5.Evolución de la oferta básica turística de alojamiento (plazas) en la Comunidad Valenciana 1975 1980 1985 1990 1997 1999 Hoteles 57,835 59,839 59,270 60,871 75,675 79,712 Hostales 15,145 14,974 15,251 13,196 6,775 6,490 Campings 36,968 46,400 51,127 54,164 67,953 65,918 TOTAL 109,948 121,213 125,648 128,231 150,403 152,120 Fuentes: Elaboración propia a partir de los datos proporcionados por Morant, A. y Monfort, V.M. (1992). La actividad turística y su promoción desde la Comunidad Valenciana. Papers de Turisme, 8/9, 54-74; Agència Valenciana del Turisme (1998). Oferta turística municipal y comarcal 97 y Agència Valenciana del Turisme (2000b). Oferta turística municipal y comarcal 1999.
Sin embargo, existe un claro desequilibrio entre las distintas zonas geográficas de la Comunidad Valenciana, como se aprecia en el gráfico siguiente (Ver GRÁFICO 2.1.). La provincia de Alicante supone el 62.82 % de las plazas totales de hoteles en la región. En concreto, Benidorm supone el 42.29% del total de plazas hoteleras de la región. La provincia de Castellón supone sólo el 17.79% de la oferta hotelera regional. Concretamente, la localidad costera de Peñíscola constituye el 41.19% de la provincia de Castellón. La provincia de Valencia supone el 19.38% de las plazas hoteleras valencianas. La ciudad de Valencia es la que recoge el mayor porcentaje de plazas hoteleras de la provincia (46.89% del total provincial) (Agència Valenciana del Turisme, 2000b). Además, la mayor parte de hoteles pertenece a categorías intermedias, siendo casi inexistentes los hoteles de cinco estrellas. Esto indica que el segmento de demanda es de bajo - medio poder adquisitivo.
GRÁFICO 2.1. Oferta de plazas hoteleras en 1999 por provincias en la Comunidad Valenciana
Fuente: Elaboración propia a partir de los datos proporcionados por la Agència Valenciana del Turisme (2000b). Oferta turística municipal y comarcal 1999, Valencia.
En cuanto a la restauración, puede señalarse que el grueso de la oferta tanto en número de establecimientos como en plazas, como puede verse en la tabla siguiente (Ver TABLA 2.6), sigue concentrándose en las categorías inferiores (uno y dos tenedores), que representan el 99% de las plazas totales. También en este caso se evidencia un predominio de usuarios de bajo – medio poder adquisitivo. Territorialmente, la provincia de Valencia es la que mayor número de plazas aporta, ya que dispone de un 45% de las mismas. Alicante recoge el 39% de las plazas y Castellón el 16% restante.
TABLA 2.6. Plazas de restauración por categorías y provincias en 1999 TENEDORES
PROVINCIA
Uno Dos Tres Cuatro Cinco TOTAL
Castellón 53,119 34,935 1,100 180 0 89,334
Valencia 121,805 128,178 1,071 110 0 251,164
Alicante 111,122 103,101 1,984 602 40 216,849
TOTAL 286,046 266,214 4,155 892 40 557,347
Fuente: Elaboración propia a partir de los datos proporcionados la Agència Valenciana del Turisme (2000b). Oferta turística municipal y comarcal 1999, Valencia.
Otra característica definitoria del turismo valenciano es el desequilibrio Litoral - Interior, pues la oferta y también la demanda hotelera de la región se concentra en los destinos del litoral. Así, el 93.6% de las plazas ofertadas por los hoteles se localizan en el litoral. Similar comportamiento manifiesta la oferta
18% 63% 19% Alicante Valencia Castellón
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en las tres provincias, aunque existen algunos rasgos diferenciales entre sí. La provincia de Alicante es la que manifiesta un mayor desequilibrio en este aspecto. Su litoral aglutina el 97.0% de las plazas de sus hoteles, siendo los porcentajes de Castellón y Valencia del 89.2% y 86.7% respectivamente. En cuanto al turismo rural, el 57% de las plazas las encontramos en los albergues turísticos, casi el 46% las proporcionan las casas rurales y tan sólo el 1% las acampadas en finca rural. La provincia de Castellón aglutina la mayor parte de las plazas con un 52.55% de las mismas, mientras que Alicante y Valencia recogen el 20.1% y el 27.35% respectivamente (Agència Valenciana del Turisme, 1999).
La estacionalidad (una mayor afluencia de visitantes en los meses de verano) (ZONTUR, 1997; Agència Valenciana del Turisme, 1999 y 2000a) es otro rasgo definitorio del modelo turístico valenciano, y compartido con el resto de destinos mediterráneos (Frangialli, 1993). Este fenómeno es más notable en las zonas litorales que en las urbanas, donde sucede el fenómeno inverso. Aunque esto ha venido reduciéndose ligeramente en el transcurso de los últimos años (Morant y Monfort, 1992). Así, el índice de estacionalidad general ha disminuido en el período 1986-1999 casi un 3.2%, pasando del 38.1% de 1986 al 34.9% en 1999. Gran parte de esta reducción se debe a que el primer destino turístico valenciano, Benidorm, ha conseguido un elevado grado de ocupación durante todos los meses del año (Agència Valenciana del Turisme, 2000a).
En definitiva, tanto España como la Comunidad Valenciana, en particular, constituyen importantes zonas receptoras de turismo nacional e internacional. El turismo constituye la actividad económica más relevante a nivel nacional y regional, siendo el denominado turismo de “sol y playa” de carácter estacional, el modelo predominante en la región valenciana. Además, el turismo es importante en la economía regional ya no sólo en la actualidad, sino especialmente a medio y largo plazo. En este sentido, el sector se enfrenta a ineludibles retos de futuro, tal y como se verá en el apartado siguiente.