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Effects Coding and Hypotheses Testing

Chapter 5 Consumer Informedness and Heterogeneous Consumer Choice

5.5 Effects Coding and Hypotheses Testing

Arguedas arriba a la capital peruana el 7 de agosto de 1968, des- de allí envió un cable a Londres que textualmente dice:

Embacuba pha 163 Cubanex ldnv

Here telex call to alba griñan tlx 261094 cubanez london no habiendo podido agencia central de inteligencia de estados unidos (cia) eliminarme físicamente, ha decretado mi muerte civil difundiendo intrigas y calumnias, para suplantar mi posi- ción revolucionaria.

Gobierno chileno me concedió asilo con la obligación de abandonar chile en el primer avión disponible. fui presio- nado insistentemente para que me trasladara a cuba por cual- quier país europeo. solo estuve libre en santiago diez minutos. Agente policía chilena oscar pizarro barrios y agente norteamericano cia, nicolás leondiris, me escoltaron desde san- tiago hasta londres. ambos agentes me condujeron hotel apollo

y me registraron con mi apellido materno (mendieta), luego me trasladaron richmond hill donde fui registrado como pérez.

Documentos identidad chilenos me fueron decomisa- dos por agente leondiris.

Bajo amenaza muerte mi familia y golpe de estado en bolivia, cia me permitió hablar con funcionarios británicos y embajadora cubana, a los que manifesté mi posición marxis- ta de izquierda nacional y mi deseo de volver de inmediato a nuestra patria.

Desde que fui fotografiado en iquique (chile), declaré que mi vida estaba amenazada por el servicio de inteligencia norteamericano, cuyas actividades en américa latina y en bo- livia denunciaría en conferencia de prensa y que este era el motivo de mi pedido de asilo.

Policía chilena me mantuvo incomunicado y sometido a intensos interrogatorios, a los que me negué a responder du- rante ocho días. sólo cuando me comprometí a no revelar las actividades de la cia y se establecieron las correspondientes garantías, se me presentó a la conferencia de prensa.

Jamás tuve relaciones personales con agente cubano cia, gabriel garcía, cuyos delitos haré públicos.

Tengo visa de ingreso a bolivia y arribaré a la paz el día sábado 17 de agosto a bordo braniff.

Apelo al patriotismo de los bolivianos para que mi re- torno no justifique golpe de estado ni agitación subversiva. no pretendo justificar errores gobierno.

Asumo responsabilidad, sólo diré la verdad y espero justicia.

Antonio Arguedas

Call ended.

En la capital peruana denunció las actividades de la CIA y de la embajada de los Estados Unidos contra su país; explicó que en su patria una revolución triunfante no debe terminar con la toma del Palacio Quemado, sino con la expulsión del embaja- dor norteamericano, y cuando se imponga la lucha violenta hay que destruir las sedes de los norteamericanos y barrerlos de las calles de las ciudades donde se pasean como conquistadores. Dijo que volvía a Bolivia para desenmascarar a la CIA, la cual opera en todo el mundo, y particularmente está destruyendo la independencia nacional de varios estados latinoamericanos.

El malestar de las fuerzas armadas bolivianas con Ba- rrientos al autorizar el regreso de Arguedas fue evidente; por eso decidieron suspender la tradicional parada militar del 7 de agosto de 1968 que, en ocasión de las fiestas por la independen- cia de Bolivia, se realiza todos los años. La suspensión se dio por la radio. El mandatario boliviano se enteró por ese medio de la información.

Una semana después, de manera sorpresiva y sin consul- tar previamente a Ovando, Barrientos relevó de sus funciones a Juan José Torres y Marcos Vásquez Sempértegui, jefes del Es- tado Mayor General y del Estado Mayor del Ejército, respecti- vamente. Esta decisión produjo nuevas contradicciones y gran alarma, porque era evidente que Barrientos había tomado una grave decisión y comenzado a desplazar a los militares leales a Ovando. Por otra parte, Juan José Torres se estaba radicalizan- do en posiciones nacionalistas de forma acelerada y mantenía una actitud sumamente crítica a la política de sometimiento de Barrientos hacia la CIA, los Estados Unidos y la embajada de ese país en La Paz. Torres manifestó, en círculos de amigos, que era necesario parar de manera inmediata la prepotencia e in-

jerencia de los norteamericanos en los asuntos internos de Bo- livia. Otros militares que compartían esas posiciones también fueron sustituidos, tal fue el caso del coronel Manuel Cárdenas Mallo, jefe del Departamento de Operaciones.

Fuentes bolivianas explicaron que Barrientos autorizó el regreso de Arguedas al país, y mantuvo en todo momento una posición de benevolencia, porque el ex ministro del Interior conocía muchos aspectos oscuros de su vida política y privada que de revelarlos era el fin de su gobierno. Por ejemplo:

—Conocía que desde 1960 era agente de la CIA, recluta- do por el coronel norteamericano Edward Fox a propuesta del también agente de la CIA Julio Sanjinés Goytía, a quien Ba- rrientos designó como su embajador en Washington.

—Que todas las semanas Barrientos y el Jefe de la esta- ción CIA en La Paz se reunían secretamente y le pagaban esos servicios depositándole el dinero en una cuenta bancaria en los Estados Unidos.

—Que el oficial de la CIA Nicolás Leondiris le entregó una importante suma de dinero —en un apartamento que poseía la CIA frente al consultorio del dentista doctor Oscar Serrano— para que Barrientos financiara su campaña electoral y desesta- bilizara el gobierno del doctor Víctor Paz Estenssoro.

—Que sobornaba a determinados militares, políticos, fun- cionarios, periodistas y dirigentes sindicales dándoles dinero, favores personales, o nombraba a familiares o amigos en pues- tos del gobierno o del servicio diplomático.

Por esas poderosas razones, Arguedas pudo regresar a La Paz, Bolivia, el 17 de agosto de 1968. Y en una conferencia de prensa denunció la penetración de la CIA y la embajada de los Estados Unidos en su país.

Arguedas declaró que, en ocasión de estar investigando la presencia de un grupo guerrillero, descubrieron que en una casa próxima a la embajada de México operaba un supuesto servicio de información de prensa con aparatos telegráficos y medios para control de conversaciones telefónicas. Cuando se disponía a ofrecer una conferencia de prensa para anunciar que la red de Inteligencia de la guerrilla había caído en poder del aparato de seguridad del Estado, se encontró con gran sorpresa que el oficial de la CIA Hugo Murray le dijo que esos aparatos le pertenecían. Señaló que la CIA, no obstante su gran influen- cia en el Ministerio del Interior de Bolivia, tenía organizada su propia red.

Denunció también que la CIA estaba preparando un kar-

dex (archivo) donde aparecían fichados una gran cantidad de

ciudadanos bolivianos; que trataba de apoderarse del control del servicio de Inteligencia del Estado; deformar las informa- ciones; infiltrar a sus agentes en algunos partidos políticos, y cooperar con algunas personas en cuya carrera militar o políti- ca estaban interesados.

Explicó que la CIA reclutaba en los partidos políticos a dos tipos de agentes: unos, encargados de revelarle todos los planes partidarios y entregarle las nóminas de los militantes, y otros, para ir adaptando la línea política partidaria a sus in- tereses. Afirmó que en muchas y variadas oportunidades los agentes políticos lograron éxitos e, incluso, se apoderaron de las direcciones de los partidos infiltrados.

En relación con la injerencia de la CIA en la prensa boli- viana, dijo que existían dos tipos: agentes directos, como Hugo Alfonso Salmón, y los encargados de difundir determinadas no- ticias por canales nacionales; en otras ocasiones aparecían de-

clarantes o articulistas preparados en el exterior, que eran los iniciadores de tejer las intrigas en el propio país. Todo este tipo de trabajo lo realizaba un grupo de redactores de la Agencia. Refirió que de esa manera planearon la operación contra Tania, pues conoció cómo se introdujo el artículo contra ella, entrega- do por el jefe de la CIA, luego, lo publicaron en el periódico El

Diario, diciendo que lo habían enviado de la República Federal

de Alemania.

Las revelaciones de Arguedas produjeron combativas ma- nifestaciones que acusaban al gobierno y a las fuerzas armadas bolivianas de complicidad con la embajada norteamericana y la CIA. Los manifestantes exigieron la expulsión del embajador y de los oficiales y agentes de la CIA.

El 17 de agosto, en Santa Cruz, hubo varios atentados di- namiteros. El primero contra la librería Cruz del Sur, propie- dad del prefecto de esa ciudad, teniente coronel Félix Moreno, arrojándole una carga explosiva que destruyó las vidrieras y una gran cantidad de libros. La casa del fiscal Mariano Saucedo Mercado fue atacada a tiros; en las oficinas del Centro de Es- tudios Petroquímicos explotó una carga de dinamita. Personas desconocidas dispararon contra el jefe del Departamento de In- vestigación Criminal (DIC), Guillermo Millet, y el exclusivo club Círculo de Amigos recibió impactos de balas. Al día siguiente, el comandante de la VIII División, general Remberto Iriarte, de- claró que las fuerzas armadas habían tomado el control de la ciudad e impartió instrucciones de matar a los que fueran des- cubiertos in fraganti. Ese mismo día, agentes del DIC, en forma violenta, detuvieron e incomunicaron a Jorge Chávez, secretario ejecutivo de la Confederación de Estudiantes Secundarios de Bolivia, lo que provocó airadas protestas y manifestaciones.

En Potosí se produjo un atentado dinamitero contra las oficinas del DIC; los agentes de esa institución irrumpieron y allanaron el recinto universitario. Los estudiantes convocaron una marcha de protesta que llenó las principales avenidas de la ciudad.

En las universidades de Oruro y Cochabamba detuvieron a varios estudiantes. El resto reaccionó convocando una huelga en defensa de sus compañeros; la policía los reprimió.

En la Universidad Mayor de San Andrés, en la ciudad de La Paz, se colocaron carteles que acusaban a la CIA y a la em- bajada de los Estados Unidos de intromisión en los asuntos internos de Bolivia; los dirigentes estudiantiles Adolfo Quiroga y Horacio Rueda, junto con otros estudiantes, señalaron a Ba- rrientos como el principal responsable de permitir la injeren- cia descarada de los norteamericanos. Se organizaron distintas manifestaciones donde se corearon consignas contra los Esta- dos Unidos, la CIA y el embajador, como: “Muera Henderson” y “Abajo el imperialismo norteamericano”.

La policía penetró en la Universidad y detuvo a varios catedráticos y estudiantes, entre ellos a Jaime Rubín de Celis, dirigente de la Federación Universitaria de La Paz. En respues- ta, los jóvenes apresaron a los agentes del DIC Hugo Aranda Farfán, Alejandro Ochoa y Augusto Roque Lara; oportunidad que aprovecharon para exigir la libertad de sus compañeros detenidos a cambio de la de los agentes retenidos por ellos.

El 18 de agosto el periódico Presencia reportó que a las 22:00 horas se realizó en las zonas suburbanas de La Paz una manifestación de estudiantes que exigían la libertad de sus compañeros detenidos en las ciudades de Cochabamba, Oruro y La Paz. Asimismo criticaban al gobierno por la intervención

en las universidades y condenaban a las fuerzas armadas como las responsables. Señaló el periódico que entre las consignas varias veces gritaron: “¡Gloria al Che Guevara!”

Los carabineros rodearon los accesos y con gases lacrimó- genos dispersaron a los manifestantes. La represión se intensifi- có en todas las universidades, pero los estudiantes respondían.

En los muros de las universidades y calles aledañas apare- cieron escritos contra los Estados Unidos, la CIA, Henderson y Barrientos; se llamaba a organizar un tribunal para juzgarlos y condenarlos a muerte.

La prensa reportó que el 22 de agosto de 1968 varios ofi- ciales de la CIA abandonaron Bolivia en un avión especial que vino expresamente a recogerlos. Hasta Thomas Hazlett, Jefe de la estación CIA, partió de la capital boliviana.

Unos se fueron, pero ya habían enviado a otros, porque el 2 de agosto de ese año llegó a Bolivia, para sustituir a Hazlett, John Ronan Higgins, a este le habían antecedido los oficiales de la CIA Richard Olson, quien llegó el 4 de enero, Arthur Porn, el 5, y William Boner, el 4 de junio.

La entrega del Diario del Che a Cuba y sus posteriores consecuencias le ocasionaron un duro golpe a los servicios se- cretos norteamericanos y a la embajada de los Estados Unidos en Bolivia.

Repudio a los Estados Unidos. Cambio