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Rational Expectations and Adaptive Learning

Chapter 6 Informedness Through Learning and Customer-Centric Revenue

6.2 Rational Expectations and Adaptive Learning

El 3 de septiembre los diputados independientes Marcelo Qui- roga Santa Cruz y José Ortiz Mercado solicitaron al Congreso que se aclarara la infiltración de la CIA en Bolivia, pero los legisladores de la coalición oficialistas, siguiendo directivas del gobierno, impidieron que el Congreso se reuniera y se iniciara un juicio contra Barrientos.

Tres días después, el Congreso ratificó el estado de sitio al cabo de una violenta sesión que terminó en horas de la ma- drugada. En señal de protesta, los diputados de la oposición abandonaron la sala de sesiones.

El 1º de septiembre, el periodista chileno Diego Santos Almeyda, de la revista Punto Final, reportó desde La Paz que

Antonio Arguedas confirmaba las graves acusaciones contra la CIA que comprometían no solo a Bolivia, sino también a Chi- le, Perú y otros países latinoamericanos, pues esa organización secreta norteamericana actuaba en connivencia con los respec- tivos gobiernos o con funcionarios locales.

Las protestas en La Paz se sucedían una tras otras, prove- nientes de los diferentes sectores del país que, al mismo tiem- po, exigían se aclararan todos los aspectos denunciados por Ar- guedas. El 21 de septiembre Barrientos declaró, sin inmutarse, que la CIA no actuó en Bolivia, que él no tenía conocimiento de esa organización.

El dirigente del Partido Demócrata Cristiano, Remo di Na- tale, pidió al gobierno y a las fuerzas armadas que explicaran las actividades de la CIA en Bolivia. Sin embargo, la respuesta fue detenerlo y enviarlo a prisión.

Los sectores obreros, campesinos, intelectuales y estu- diantiles solicitaron enérgicamente que todo lo denunciado por Arguedas se dilucidara. Barrientos no tuvo otra alternativa que aceptar que la Cámara de diputados nombrara una comisión interna encargada de investigar todas las denuncias formuladas por el ex ministro del Interior.

La comisión comenzó a sesionar el 7 de octubre de 1968. Citaron a varios funcionarios vinculados a los acontecimien- tos: teniente coronel Hugo Rocha Patiño, jefe de la sección B, del Departamento de Inteligencia del ejército; mayor Rubén Peña Lino, oficial del servicio de Inteligencia; teniente coronel Hugo Echavarría Tardío, jefe de la Inteligencia en la IV Divi- sión del ejército; coronel Federico Arana Cerrudo, jefe de la Inteligencia militar; teniente coronel Andrés Sélich Shop, jefe del Estado Mayor de la agrupación táctica Nº. 3; José Matías

Valencia, chofer de Arguedas; teniente coronel Roberto Toto Quintanilla, subjefe del Departamento de Inteligencia del Mi- nisterio del Interior; Ricardo Aneiva Torrico, jefe del Depar- tamento Técnico del Ministerior del Interior, y su ayudante, Jaime Moreno Quintana; Julio Duran Arce y Fernando Manza- neda Mallea, fotógrafos.

El 8 de octubre los estudiantes de la Universidad de La Paz le rindieron un combativo homenaje al Guerrillero Heroi- co, se pronunciaron fogosos discursos y se corearon consignas revolucionarias. Habló de manera especialmente emotiva el sa- cerdote Mauricio Lefebre. Grandes carteles con la imagen del Che fueron colocados en los muros de la Universidad; al mismo tiempo prepararon una gran marcha estudiantil. Mientras, el ejército y la policía bloquearon el Paseo del Prado y estaban preparados con gases lacrimógenos, perros policías y carros de bomberos. Pero los estudiantes, a diferencia de otras ocasiones, aparentemente decidieron dispersarse y no enfrentarse a las fuerzas represivas. Se dirigieron por la calle Landaeta hasta la avenida Buenos Aires, importante vía de la ciudad que la sepa- ra de los barrios obreros de Tembladerani, Tacagua y Chujini. En puntos importantes del recorrido, organizaron mítines; de este modo la marcha fue creciendo con obreros, estudiantes de otros centros docentes y pobladores de los lugares por donde iban pasando. Hablaron los dirigentes estudiantiles Jorge Ríos Dalence, Ramiro Barrenechea, Raúl Ibarguen, Juan José Saave- dra y Eusebio Gironda. Los oradores se refirieron claramente al Che, a la lucha revolucionaria; algunos de los presentes izaron banderas del ELN y desplegaron fotos del Guerrillero Heroi- co, otros asistieron con antorchas encendidas. Fue tal el fervor alcanzado que la multitud comenzó a corear gloria al Che. A

las tres de la madrugada aún la ciudad permanecía ocupada por los militares ubicados en puntos estratégicos; aunque en esta ocasión no se atrevieron a actuar por la magnitud de la manifestación. La respuesta de Barrientos no se hizo esperar: clausuró el curso escolar.

En las minas de Bolivia, el aniversario del asesinato del Che también fue recordado. Los mineros, antes de iniciar su jornada laboral en el interior de la mina, le dedicaron un mi- nuto de silencio. A partir de ese momento, nació una nueva tradición en Bolivia, que años después se extendió hasta en el Parlamento.

En algunos barrios pobres de La Paz surgieron los prime- ros centros espiritistas, pues, para los creyentes bolivianos el alma del Guerrillero Heroico hace milagros. Los enfermos de asma y las vías respiratorias acuden a estos lugares buscando mejoría. Hacen promesas, encienden velas, le rezan oraciones, le piden fervientemente que los ayude a salir de tanta miseria.

Las fotos del Che con flores y velas encendidas comen- zaron a aparecer en humildes pahuichis de los guaraníes; en casas de adobe o barro de quechuas y aymaras; en viviendas de mineros; en chozas de los empinados cerros de la ciudad de La Paz; hasta en residencias de los lujosos barrios. El caserío de La Higuera, donde lo asesinaron, ahora es conocido como San Ernesto de La Higuera.

Los campesinos bolivianos le piden al Guerrillero Heroico desde que haga llover, hasta que les cure una vaca enferma, un hijo moribundo, les salve la cosecha, los proteja contra todos los males que les rodean.

En la Feria de Alasitas, cada 24 de enero, aparece la ima- gen del Che, incluso tallada en semillas. Ese día indios aymaras

llevan en miniatura todo lo que desean tener en demasía. Es- peran que el Dios Ekeko les bendiga sus miniaturas y la abun- dancia llegue.