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3.4.3 Efficiency

En ese camino, analizando la bibliografía disponible con preocupaciones por el dibujo de arquitectura nos encontramos con dos obstáculos: en primer lugar la reducción del dibujo al aspecto meramente técnico o instrumental (problema habitual en la mayoría de las escuelas de arquitectura españolas) y en segundo lugar, la indagación, estéril desde nuestro punto de vista, acerca de las motivaciones psicólogas que implica el acto de dibujar.

El primero no ayuda demasiado a quienes sean ajenos a la práctica del dibujo, que podrían llegar a considerar tal tarea como un mero trabajo de representación sin sustancia propia, por lo cual bastaría adaptarlo siempre a las nuevas técnicas que lo agilicen y simplifiquen, a la espera de que los programas informáticos lleguen, en un futuro próximo, a suplir todo el trabajo gráfico en una relación directa, espontánea e instantánea con el proyectista.

El desconocimiento del proceso creativo de la arquitectura que implican las concepciones meramente técnicas o instrumentales del dibujo es tal, que impide concebir que son justamente estas mismas técnicas (y allí radica su utilidad) las que van dejando cada vez más tiempo para el dibujo manual, y éste, como se pretende mostrar aquí, no es solamente una herramienta intercambiable: por el contrario, parece consubstancial al propio proceso de proyectar. La manera de dibujar influye esencialmente en el proyecto, aunque el dibujo no sea el único componente del mismo.

El segundo obstáculo, el psicologista, afecta más al propio dibujante, pues es de esperar que, como todo verdadero profesional, se deje seducir por los misterios y curiosidades que subyacen en su propia práctica y, como decíamos antes, no creemos que para nuestro objetivo sea muy útil profundizar en este terreno.

Existe una especie de memoria táctil: un músico se olvida de una melodía, no la puede solfear, ni menos transcribir. Entonces toma su instrumento y... la toca. Ya está en condiciones de anotarla. Simplemente, de vez en cuando, deja el lápiz y empieza a mover los dedos en el aire, para recordar como sigue. Tiene memorizada la melodía “en las yemas de los dedos”.

Un comediante siente el teatro a través de su cuerpo, y un músico de jazz considera todo el arte musical a través del repertorio y de la práctica de su instrumento. Lo mismo se puede decir del dibujo: el dibujante dibuja porque ese es “su modo de expresión”. Sin embargo, esta definición orgánica del acto de dibujar no nos ayuda demasiado para describir los aspectos “objetivables” del dibujo.

3. La construcción

La función social de la arquitectura se define por su misión de crear espacios para ser habitados por los hombres. Aunque en el ámbito académico no está previsto que los estudiantes construyan realmente sus proyectos, es imprescindible hacerles sentir siempre esa “tensión hacia la construcción”.

Algo parecido sucede con la música, aunque un instrumentista no necesariamente ha de componer música, sí ha de poder sentir una tensión análoga hacia la creación. Si esta tensión que le permite improvisar, por ejemplo, está ausente, el intérprete se encontraría alienado de la misma forma que lo estaría un dibujante de arquitectura que no tuviese idea del sentido de su trabajo.

La enseñanza de la música se basa en el conocimiento de la harmonía y la escritura vertical, esenciales para pensar la polifonía, el verdadero fundamento de la percepción musical. Pensar la polifonía para la música es análogo a pensar el espacio para la arquitectura. Saber pensar el espacio es lo que permite desarrollar una capacidad creativa arquitectónica. Pensar en la polifonía y pensar en el espacio serían pensamientos análogos, que permiten la creatividad en sus respectivas disciplinas.

Ahora bien, ¿qué diferencias podríamos establecer entre el dibujo de arquitectura, que ayuda a pensar el espacio, y el dibujo que se utiliza para explicar gráficamente los problemas de las ciencias puras, como la física, o las matemáticas? En el campo científico, la geometría espacial, el cálculo de probabilidades y la teoría relativista se consideran temas particularmente complejos y difíciles porque los problemas que plantean no se dejan reducir y explicar con operaciones simples. Del mismo modo que resulta imposible pensar un problema relativista en términos newtonianos o un problema probabilista de manera determinista, no se puede estudiar el espacio con simples conceptos bidimensionales.

En el estudio de un problema de geometría espacial, el dibujo interviene como “representación” y como “notación”, cumpliendo las funciones de “soporte de información”.

En el dibujo de arquitectura, la función de “representación” se manifiesta especialmente en el uso del sistema diédrico (plantas y alzados) y en las perspectivas y maquetas tridimensionales; en tanto que la función de “notación” se presenta en el “dibujo acotado”.

Mientras que la geometría clásica formula un enunciado teórico, un teorema, buscando su demostración, el proyecto de arquitectura, basándose en el soporte del dibujo, procura elaborar una “propuesta” que dé solución a determinadas necesidades. En este caso el dibujo interviene como apoyo, acompañamiento, o soporte de laintuición.

Pero si la arquitectura es también un arte, la manera de dibujar implica una ideología. Es la tesis de E. Panofsky (1) respecto al renacimiento: el uso de la perspectiva implica una “visión perspectiva” del mundo.

Representación, notación, apoyo, acompañamiento, intuición, ideología serían pues diversos aspectos del dibujo de arquitectura, cuyos significados convendría aclarar.