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5 General discussion
5.5 Efficient reverse logistics operations in waste management 1 Integrated solid waste management (ISWM)
Aunque aclamada como la “campaña militar que salvó a los judíos de la aniquilación”, la victoria del 48 no trajo a Israel la tranquilidad esperada y las aperturas de paz hacia sus vecinos –“la mano abierta y tendida” de Golda Meir- fueron sistemáticamente ignoradas por jefes de Estado que no podrían darse el lujo de negociar con Israel (aunque muchos lo hicieran de manera secreta y en privado, como Abdulá de Jordania poco antes de su asesinato). Pese a la firma del Armisticio, ninguno de los vecinos de Israel le extendió su reconocimiento y, a unas pocas semanas del Armisticio, Siria ya había violado los acuerdos desplegando soldados en lo que debían ser las zonas desmilitarizadas (ZDs) de la frontera.
Para empeorar las cosas, Siria, Jordania y Egipto se negaban a asilar a los palestinos desplazados, prefiriendo perpetuar su miseria en los inmensos campos de refugiados que eran la Franja de Gaza anexada por Egipto y la Ribera Occidental bajo protección jordana. Desde esos territorios y a partir de 1950, guerrilleros palestinos –convencidos que debían luchar por sí mismos y no volver a cometer el error de esperar la protección de sus vecinos árabes- incursionaban en territorio israelí para atacar indistintamente a civiles y soldados judíos. Como es de esperarse, cada incursión resultaba en una contraofensiva por parte de las Fuerzas de Defensa Israelíes (FDI) para encontrar a los culpables o –en la mayoría de los casos- simplemente vengarse al más puro estilo bíblico de “ojo por ojo”. En ocasiones, como en la incursión en Qibya liderada por Ariel Sharon en 1951 a los israelitas se les pasaba la mano, resultando en un número de civiles muertos -69- completamente desproporcionado.
Pese a sus mejores intentos, el gobierno de Ben Gurión y el FDI eran impotentes para frenar definitivamente este tipo de ataques pues los perpetradores (feda’yeen) se mezclaban con la población civil, a su vez protegida por Jordania y Egipto. Apadrinado por la URSS, Egipto había logrado neutralizar la posibilidad de los israelitas de recibir ayuda americana directa en su confrontación contra los árabes. De hecho, desde su ascensión al poder, Nasser había supuesto un constante dolor de cabeza para el gobierno de Ben Gurión, primero con su programa de unidad árabe en torno a la causa Palestina, después con su patrocinio a los grupos de feda’yeen y, más recientemente, con la insistencia de organizar un “segundo round” contra Israel. Pero la retórica incendiaria y anti-israelita de Nasser era, en buena medida, para beneficio de su público árabe. En privado, Nasser negociaba con EU y Gran Bretaña un préstamo a largo plazo para construir una presa en Aswán (Asúan) a cambio de fungir mediador del problema palestino y generar una alianza anti-soviética en el mundo árabe. La presa era clave para el proyecto de gobierno de Nasser pues permitiría irrigar y hacer fértil el desierto, dando a Egipto la codiciada autosuficiencia alimenticia. Pero todo ello se fue al traste cuando, en Febrero de 1955, el IDF incursionó en la Franja de Gaza buscando eliminar a feda’yeen que venían de atacar a pobladores israelitas. En su lugar, los israelitas encontraron a las fuerzas armadas egipcias y en la escaramuza que siguió 51 soldados egipcios resultaron muertos.
De nuevo la retórica incendiaria sería el peor enemigo de los árabes. Buscando mantener su liderazgo por encima de los islámicos que lo acusaban de encabezar un gobierno pro-Occidental, Nasser ordenó aumentar los ataques de los feda’yeen a Israel. La medida enojó a los británicos y americanos que, por separado y por miedo de alienar el voto judío en sus respectivos territorios, cancelaron las negociaciones del crédito de Aswán. La misma suerte corrieron las pláticas de Nasser para conseguir armas americanas con fines defensivos.
El Presidente egipcio se volvió entonces hacia los soviéticos y, en Septiembre de 1955, anunció la compra de los suficientes tanques y jets para superar las capacidades de todos los demás países árabes juntos. Sabiéndose invulnerable bajo el padrinazgo soviético, Nasser regresó a la labor de convertirse en el líder de los árabes. Esta vez, el blanco de sus críticas fueron los gobiernos de Jordania y Arabia Saudita, a los que el presidente Egipto tildaba de timoratos y tibios en su defensa de los palestinos. También su retórica castigaba a los gobiernos de Irak, Irán, Turquía y Pakistán que venían de formar el Pacto de Bagdad con EU y Gran Bretaña, una especie de OTAN del Medio Oriente para contener la expansión soviética en esa región. Los incendiarios discursos de Nasser en esta época estaban diseñados para azuzar a los pueblos de esos países contra sus gobiernos, obligando a los monarcas a aceptar el liderazgo pro-soviético de Nasser.
Para Ben Gurión, la creciente seguridad en sí mismo y soberbia de Nasser tenía un único desenlace posible: un ataque a Israel. Pero un sondeo a sus aliados americanos pronto reveló poca disposición de los EU para confrontar definitivamente a los árabes, de cuyos recursos petroleros dependía el coloso americano. Necesitado de un padrino que neutralizara a los soviéticos, Ben Gurión se acercó a una Francia resentida contra Egipto por la intromisión de Nasser en Argelia. Para fortuna de Ben Gurión, cuando la alianza galo-israelita se había atascado en los detalles prácticos de una posible operación, Nasser tomó la iniciativa.
El 23 de Julio de 1956, en represalia por la suspensión de negociaciones para ultimar el préstamo para Aswán, Gamal Abdel Nasser nacionalizó el Canal del Suez. Acto seguido la Marina egipcia bloqueó el Estrecho de Tirán a la navegación israelita, cerrando la única salida de Israel al Océano Indico vía el Golfo de Aqaba. Las protestas de Israel al Consejo de Seguridad de la ONU no rindieron fruto alguno, así que el gobierno de Ben Gurion reanudó sus contactos con los franceses. Estos, a su vez, vieron conveniente incluir en las conversaciones anti-Nasser a los británicos.
En el suburbio parisino de Sévres, el 24 de Septiembre de 1956 franceses-británicos e israelitas firmaron el pacto secreto “Mosquetero” por medio del cual cada parte conseguía sus objetivos: bajo cubierta aérea franco-británica, Israel atacaría a los egipcios en la Península del Sinaí destruyendo las flamantes columnas blindadas de Nasser y abriendo el Estrecho de Tirán. En una segunda fase, viniendo de atrás de los israelíes tropas franco-británicas incursionarían en territorio egipcio a retomar el control del Canal cuyo control regresaría a sus legítimos dueños. La derrota y humillación también servirían para bajarle los humos a Nasser y disminuir su prestigio internacional.
Si en lo militar “Mosquetero” salió como se había planeado –abriendo el Estrecho y tomando el Canal-, en lo político el plan resultó un desastre para la alianza franco-británica-israelí. Bajo presión americana, los europeos regresaron el control del Canal a Nasser. La maquinaría propagandística de Egipto convirtió la “manita de puerco” americana sobre franceses y británicos en una indiscutible victoria militar de Nasser: nada se dijo de la vergonzosa destrucción de las divisiones blindadas de Egipto a manos del ejército israelí, ni de la obligación contraída por Nasser de permitir el paso de barcos israelitas por el Estrecho de Tirán. En los diarios del Medio Oriente, Nasser se convirtió en la estrella política del mundo árabe, el único líder capaz de plantarle cara a las potencias Occidentales.
contra sus gobiernos, se dispuso a derrocar a las monarquías de Irak, Jordania y Arabia Saudita, así como el gobierno del Líbano, amén de concretar con Siria en 1959, la primera alianza para lo que, según él sería, una única República Árabe Unida desde Irak hasta Omán. También, para demostrar su compromiso con la causa, fundó un gobierno palestino en el exilio con sede en Gaza.