4 Types of Action, Modes of Steering
5.3 Ego-Network Dynamics
Todavía no hemos expresado aquello que es el gran descubrimiento de los ini- ciadores de la dinámica de grupos, y que nos sirve ahora para profundizar el alcance y significado de la noción de grupo y para explicar las potenciali- dades que el grupo tiene como instrumento del trabajo social, la pedagogía, la animación sociocultural, sin contar su importancia en lo terapéutico, lo lú- dico, etc. Se trata de lo siguiente:
El grupo, en su actividad, comportamiento y dinámica, es algo distinto a la suma9de actividades, comportamientos y dinámicas de cada uno de los individuos en particular. Es decir, está dotado de cualidades desconoci- das en el ámbito de los componentes considerados individualmente.
Del mismo modo que el todo es más que la suma de las partes, el gru- po en cuanto sistema posee algo más que sus componentes considerados en forma aislada o yuxtapuesta; existen en él cualidades y propiedades nuevas que emergen, precisamente, de la vida en grupo. De este modo, el rendimiento de un grupo supera la sumatoria del rendimiento individual de cada uno de sus miembros. En cuanto al nivel de productividad puede al- canzar un grupo, hay que distinguir entre:
•
la productividad potencial (hasta dónde podría llegar ese grupo en concreto);•
la productividad efectiva (la que alcanza realmente el grupo), ésta puede ser más o menos cercana a la productividad potencial según sea la combinación de factores a los que antes habíamos aludido. Los diferentes estudios realizados, y la experiencia que puede tener cual- quier observador medianamente perspicaz en el campo del trabajo social, de la pedagogía y su animación, ponen de relieve que la solución en grupo de problemas que suponen una toma de decisiones, es mejor, más eficaz y más amplia que las soluciones que pueden ofrecer los individuos trabajando aisladamente. Lo mismo puede afirmarse con relación al aprendizaje en don- de la tarea grupal se revela significativamente mejor que el trabajo indivi- dual, cuando se trata de determinadas creaciones colectivas o de resolver problemas (pero, atención, no en cualquier tipo de aprendizaje).Hemos hablado de las potencialidades de la acción grupal. Sin em- bargo, conviene tener en cuenta que no siempre un grupo potencia a sus
9La palabra «suma» se utiliza en este contexto, tanto en sentido operacional como alge-
braico. Pero de ningún modo la palabra «suma» quiere decir que el grupo es algo independien- te de los individuos que lo integran, tal como sostuvieron los institucionalistas en los años veinte.
miembros. Uno de los problemas centrales que todo grupo tiene que resol- ver si quiere asegurar el respeto a cada persona, es el de compatibilizar la
cohesión y espíritu grupal con el respeto a la autonomía individual.
Es evidente, como lo hemos destacado en otra parte del libro, la im- portancia que tiene el espíritu grupal para mejorar su buen funcionamien- to. Sin embargo, este espíritu de grupo de ninguna manera significa una entrega total del individuo al grupo. En algunas organizaciones y en deter- minados grupos, se pide lealtad total por parte de cada uno de los miem- bros. Esto es alienante, y lo es porque ninguna persona puede entregarse al grupo o a una colectividad sin reservas. La persona no puede perderse en el «mundo del se». Hemos de valorizar el trabajo conjunto, el trabajo co- lectivo, pero hemos de valorizar el derecho a singularizarse y el respeto a la autonomía de cada uno.
En otro orden de cosas, o visto desde otra perspectiva el problema que estamos analizando, cabe señalar que el auténtico espíritu y cohesión gru- pal (y esto vale también para el trabajo en equipo), supone la unidad en la
diversidad. Esta compatibilización de lo colectivo y de lo individual, impli-
ca la unidad pluralista en el marco de una concordia discordante: concor- dia en lo sustancial y discordias inevitables, esperadas y asumidas como naturales en la diversidad de manifestaciones que se dan en nuestra forma de actuar cotidiana.
El «cemento» que aglutina y da cohesión y espíritu grupal dentro de la di- versidad, es la solidaridad interpersonal. Acción conjunta, conciencia de per- tenencia a un mismo grupo y relaciones interpersonales solidarias; he aquí tres componentes básicos del espíritu y cohesión grupal. Pero hay algo más: cada uno debe ser tratado como un sujeto libre y autónomo. Y esto lo explicamos con la concordia discordante. Concordia en lo sustancial que asume como na- tural las diferencias de pareceres y la diversidad de puntos de vista, y esto es lo discordante.
Admitir la pluralidad y la diversidad es una actitud de tolerancia e in-
dulgencia. Sin embargo, en lo más profundo puede mantenernos en la in- diferencia respecto de los otros; los admitimos en su diferencia, los respe- tamos y ahí queda todo. No es poco haberlo logrado, pero para una mayor plenitud del espíritu grupal, hay que dar otro paso. Debemos asumir la pluralidad y la diversidad como algo positivo; esto significa reconocer la riqueza que hay en ello, en lo que los otros tienen de diferente.
Muy ligado a este modo de actuar por el que asumimos la diversidad, debemos evitar ver a los otros condicionados por las mediaciones. Me ex- plico: las personas suelen tener identidad de referencia por la adhesión que hacen a una religión, ideología, partido político, teoría o doctrina. Lo más
frecuente es que percibamos a los otros (y a veces reaccionamos de acuer- do con ello), como personas vinculadas o definidas por una determinada opción, ya sea política, religiosa, ideológica, científica, etc. (marxista, cris- tiana, funcionalista, organicista, etc.), o por su ocupación (diputado, militar, clérigo, sindicalista, economista, etc.) y asociamos e interpretamos sus pro- puestas o comportamientos sólo por esas mediaciones. No decimos que no haya que tenerlas en cuenta, sólo afirmamos que debemos evitar ser con- dicionados por ellas, porque esto nos impide percibir a los otros miembros del grupo como individualidad.
Para ello hay que comenzar por ser conscientes de que las relaciones interpersonales en un grupo (o en una organización), están mediadas y con- dicionadas por otros elementos que la simple percepción individual. Esto ocurrirá casi siempre, pero si queremos lograr un auténtico espíritu de gru- po, tenemos que percibir a cada uno de los otros en cuanto individuos, es decir, en cuanto personas únicas e incanjeables.
Por ello —insistimos en esa idea— hay que asegurar la autonomía de cada persona de modo que, frente a las propuestas del grupo, pueda de- cir sí o no y, en ciertas ocasiones, pueda estar dubitativo. Cada integrante de un grupo debe estar siempre en condiciones (y el mismo funcionamien- to del grupo lo ha de permitir) de elegir en libertad (o de no elegir), al mar- gen de las decisiones del grupo.
De ahí también que la igualdad en el grupo debe ser una igualdad in- dividualizada, puesto que podemos ser iguales, siendo como átomos dentro de una masa o colectivo, aun cuando éste sea relativamente pequeño como es el caso de un grupo. Bien lo decía Mounier con relación al espíritu de equipo (igualmente válido al espíritu de grupo): éste «supone un nosotros, y esto no comienza sino cuando cada uno de los miembros ha descubierto a los otros como personas y los trata como tales y los capta como tales»10.