6 An Evaluation of Electron Density Along a Transmitter-Receiver Path
6.2 Eikonal Based Ray Tracing Procedure
El construccionismo social constituye una posición formulada por Berger y Luckman en 1966. Procedente de diferentes enfoques teóricos, como: la posición fenomenológica de la sociología formulada por Schütz, donde este a su vez tomó como referencia la propuesta fenomenológica
desarrollada por Husserl y la "sociología interpretativa" de Weber, esto permitió la descripción de las invariables "estructuras del mundo de la vida" y los procesos de externalización, objetivación e internalización, las cuales dieron forma a un paradigma teórico encargado de las construcciones sociales de la realidad, la cual otorga mayor importancia a la subjetividad y a como las experiencias sociales se convierten en significativas para las personas.
La propuesta de Schütz retomada por Berger y Luckmann parten de que los sujetos crean la sociedad y de que ésta se convierte en una realidad objetiva que, a la vez, crea a los sujetos. El eje básico se encuentra en el concepto de intersubjetividad, comprendida como el encuentro por parte del sujeto de otra conciencia que va constituyendo el mundo en su propia perspectiva. La intersubjetividad no se reduce al encuentro cara a cara, sino que se amplía a todas las dimensiones de la vida social. Así, tanto Berger y Luckmann como Schütz abandonan la concepción de la intersubjetividad como flujo de conciencia interior y la conciben como el vivir humano en una comunidad social e histórica. Sus propuestas implican un tránsito de lo individual a lo social, de lo natural a lo histórico y de lo originario a lo cotidiano (Rizo, 2009).
Igual que Schütz, Berger y Luckmann (2003) conciben a la realidad de la vida cotidiana como una realidad intersubjetiva, compartida con otros. La interacción cara a cara es considerada como la más importante de las experiencias de interacción social, porque de ella se derivan todas las demás situaciones de interacción. La realidad de la vida cotidiana es aprehendida en un continuo de tipificaciones que se vuelven progresivamente anónimas a medida que se alejan del “aquí” y “ahora”, de la situación de interacción cara a cara.
3.4.1 El construccionismo social y sus postulados
En el presente estudio el construccionismo social, proporcionó las bases para explorar cómo es que las madres de familia perciben el peso corporal de su hijo y qué vínculo tiene con las prácticas de alimentación de la familia. De acuerdo al construccionismo, la percepción que se explicite sobre un objeto, un suceso, una persona, una institución; es una construcción donde se entrelazan conocimientos científicos, informaciones fragmentadas, experiencias vividas, creencias, estereotipos, entre otras; que se han creado en la interacción con otras personas y en un contexto social, cultural e histórico. Al respecto Gergen (2007), menciona que “la percepción no es la recepción o duplicación de la información que viene de afuera, sino la construcción de las invariabilidades por medio de las que el organismo puede asimilar y organizar la experiencia” (p.222).
El construccionismo social plantea que la realidad es construida por el sujeto y está conformada por medio de la interacción con los demás. A su vez, se interesa específicamente por la construcción interindividual de la realidad, principalmente mediada por el lenguaje (Berger y Luckmann, 2003). Por lo tanto, la realidad no es objetiva y el objeto de conocimiento no es algo que está afuera ni dentro de la mente del sujeto. Lo que se conoce y observa como “verdad” es un producto, no de la observación objetiva del mundo sino que es generada de los procesos sociales y las interacciones en las cuales la gente está constantemente compartiendo con otros.
A su vez, el construccionismo social busca explicar cómo las personas describen y entienden el mundo en que viven, validando la idea de que el sujeto desempeña su papel activo en la sociedad. Lo presenta como un intento de sobrepasar los postulados del empirismo y del racionalismo para ubicar el conocimiento dentro del proceso de intercambio social. En esta perspectiva el lenguaje es un elemento crucial en la construcción de la realidad social, y también del sujeto (Gergen, 1996).
Para Berger y Luckmann (2003), la sociedad existe como realidad objetiva y subjetiva dentro de un conjunto de procesos dialécticos compuesto de tres momentos antes mencionados: externalización, objetivación e internalización, que se dan en forma simultánea y no de manera secuenciada en términos de temporalidad. La externalización es un proceso de expresar significados, es una manifestación de los procesos subjetivos de otros, que en una dinámica de interacción se torna subjetivamente significativo para el sujeto. Así pues, cuando el proceso de externalización es compartido por el conjunto de los sujetos se genera el proceso de objetivación, lo cual implica la redefinición de los fenómenos subjetivos permitiendo la comprensión de tales fenómenos como cosas y es cuando las personas pueden tener una visión compartida sobre la realidad.
Desde este proceso surge como tercer elemento la internalización, esta ocurre cuando las personas incorporan en su subjetividad un sistema de valores y creencias mediante el proceso de socialización, donde las experiencias estereotipadas se constituyen en entidades reconocidas y memorables (Berger y Luckman, 2003). Desde este punto de vista la socialización en cada una de las participantes del estudio es un proceso que incluye su historia de vida, a través de la cual las prácticas, ideas, comunicaciones, forjan su identidad individual y la hacen ser ellas en esencia y también en su identidad social como parte de un grupo con el cual comparte costumbres, realidades de la vida cotidiana, ideas y emociones.
A partir de lo anterior Berger y Luckmann (2003), destacan dos tipos de socialización, la primaria y la secundaria. La socialización primaria se da en la niñez, podría decirse que es donde se forman las bases para comprender el mundo que la rodea. Al nacer la persona encuentra una sociedad ya formada en la cual se inserta llegando a ser miembro de ésta. La madre de familia en su niñez atravesó por la socialización primaria por medio de ella se convirtió en miembro de la sociedad y su primer contacto directo es la familia. Aquí interiorizó, el mundo que existía antes de que ella naciera, así como las normas, costumbres y valores. Las definiciones que las demás personas hacen de su situación le son presentadas como realidad objetiva. En su niñez se identificó con los otros significantes en una variedad de formas emocionales, aceptó los roles y actitudes de los otros significantes, es decir los internalizó y se apropia de ellos, por esta identificación con los otros significantes, se volvió capaz de identificarse ella misma, adquirió una identidad, aceptando el mundo que los demás le presentaron.
La socialización secundaria es cualquier proceso posterior que induce al individuo ya socializado a nuevos sectores del mundo objetivo de la sociedad. De acuerdo a Berger y Luckman (2003), este tipo de socialización es “la internalización de submundos" institucionales o basados sobre instituciones. Su alcance y su carácter se determinan, pues, por la complejidad de la división del trabajo y la distribución social concomitante del conocimiento” (p. 172). Las madres de familia en la socialización secundaria internalizan
“submundos institucionales” (el de la vida familiar, escolar, del trabajo, etc.) donde cada “submundo” supone que ella tenga un cierto lenguaje específico, esquemas de comportamiento y de interpretación de las cosas, más o menos estandarizados e ideas particulares de la realidad destinadas a justificar las prácticas habituales. La socialización secundaria es el tipo de socialización que la persona experimenta cada vez que se incorpora a nuevos ambientes humanos, por lo que las madres de familia estarán expuestas a ella a lo largo de toda su vida, en las distintas oportunidades en que pasa a formar parte de un nuevo grupo de personas o a un nuevo estrato de la sociedad.
Por otro lado, Gergen (1996) señala que el construccionismo social fundamenta sus planteamientos en cuatro premisas: en la primera se menciona que los términos con los cuales se entiende el mundo no surgen de, ni corresponden con lo que el mundo es realmente. Así que, no hay correspondencia entre mundo y lenguaje, si se establece alguna comunicación entre ellos es únicamente por un cierto tipo de conversación. De esta manera lo que se considera conocimiento del mundo no es producto de la inducción o de la construcción de hipótesis generales, sino que está establecido por la cultura, la historia o el contexto social. La segunda premisa indica que los términos bajo los cuales el mundo es entendido son artefactos sociales productos de intercambios históricos entre personas. Los modos de describir, explicar y representar la realidad derivan de relaciones. El lenguaje adquiere significación de acuerdo al contexto social en el que se desenvuelve la persona. Los significados nacen de los procesos de coordinación, desacuerdos, negociaciones entre personas, nada existe por si, sino que las relaciones anteceden a las cosas o en otras palabras la construyen (Gergen, 1996). Por ejemplo: la alimentación varían en su sentido según la época histórica. La manera en como una madre de familia describa, conozca y signifique la percepción que ella tiene del peso corporal de su hijo y la alimentación de su familia dependerá del contexto en el cual vive y se relaciona, así como también de su historia familiar pasada.
La tercera premisa indica que en la medida en que se describa, explica o representa la realidad así se le da forma al futuro. Las descripciones del mundo son en si misma una forma de acción social que tiene consecuencias. El grado en que una manera particular de entendimiento prevalece o se sostiene a través del tiempo no está relacionado estrictamente con su validez empírica de la perspectiva en cuestión sino de las vicisitudes de los procesos sociales. Así pues, si existe algo denominado mundo es sólo una creación del lenguaje, en la medida que las prácticas se modifiquen, el mundo lo hará también (Maldonado, 2006).
En la cuarta premisa se menciona que las formas de entendimiento negociado son de crucial significado en la vida social, en la medida en que se conectan integralmente con otras actividades que las personas realizan en sus vidas diarias. La reflexión sobre las formas de comprensión es vital ya que los valores que fundamentan las ideas tienen un efecto directo sobre la realidad. Por lo tanto el enfoque que se da es que no existe acceso objetivo a al realidad, ya que ésta es de actividad social. La realidad no es unívoca: existen diferentes versiones de ella dictadas por diferentes tradiciones (Molinari, 2003). Por lo cual, no existe una realidad única, sino varias realidades ya que está depende de la cultura de cada persona, contexto y época histórica.
En términos generales, el construccionismo social constituye una perspectiva de aproximación a la comprensión de los fenómenos psicosociales que contempla la integración de la mutua influencia y reciprocidad entre los aspectos individuales particulares y los aspectos socioculturales. Es decir, se centra en la relación que existe entre los sujetos que participan de una cultura común, y que desde su propia experiencia y subjetividad van construyendo realidades en el lenguaje social (Donoso, 2004).
3.4.2 El construccionismo social y la realidad
El construccionismo social estudia las múltiples realidades construidas por las personas, las implicaciones de esas construcciones para sus vidas y sus interacciones con otras. Esta filosofía construccionista es desarrollada en la tesis de la relatividad ontológica, la cual sostiene que los señalamientos defendibles sobre la existencia dependen de la visión de mundo y que por lo tanto no está determinada por datos empíricos sobre el mundo (Chase, 2005). Para Berger y Luckman, (1994), "la realidad se construye socialmente y la sociología del conocimiento debe analizar los procesos por los cuales esto se produce" (p. 13).
De acuerdo a Gergen (1996), un enfoque a partir de una mirada construccionista tiene como objeto de estudio las percepciones, interpretaciones y construcciones semánticas de los sujetos que se generan en un espacio de diálogo compartido por varios individuos. Se exploran validando el conocimiento que surge en la conversación y en la interpretación que se realiza en la convivencia. “Debido a que nuestras formulaciones conjuntas, sean las que sean, están incorporadas a nuestras pautas de acción, ésas formulaciones tienen una enorme importancia para la construcción de nuestro futuro” (p.21).
Para Gergen (2008), las construcciones de las cosas, en este caso de las percepciones, son creadas por la cultura, vecindario, familia, salón de clases, lugar de trabajo, etc. Las creencias sobre el conocimiento, la objetividad, los valores, y el lenguaje son moldeadas por los esquemas o tradiciones culturales. Por tanto, las investigaciones realizadas por el construccionismo ven la realidad en una forma holística.
La importancia de esta perspectiva es destapar las maneras en las cuales los individuos y los grupos participan en la creación de su percepción de la realidad, implica mirar la manera de como son creados los fenómenos sociales, y hecho tradiciones por los seres humanos. La realidad social construida se considera en marcha, como proceso dinámico; reproducida por la gente que actúa en sus interpretaciones y su conocimiento (Fernández-Ramírez, 2009).
De acuerdo Fernández (2006), la realidad no existe con independencia del modo de acceso a la misma, sino que resulta de las prácticas que se articulan para representarla. Estas prácticas de objetivación incluyen el conocimiento (científico o no), las categorías conceptuales, los sistemas de convenciones lingüísticas y son contingentes e históricas, es decir, cambiantes y relativas a una cultura dada.
Esta perspectiva de conocimiento de “realidad” permite reflexiones que indican que lo que se toma por explicaciones correctas y objetivas de la naturaleza, es sólo un subproducto de los procesos sociales que aportan la idea de que “la conducta humana, lo que la gente dice y hace, es producto del modo en que define su mundo” (Taylor y Bogdan, 1994, p.21). La posición
que asumen las madres de familia frente a la situación de peso de sus hijos, la forma en que vive y cómo experimenta los acontecimientos y hechos en sus prácticas de alimentación, es influido por experiencias y significados sociales aprendidos.
Un mismo objeto y situación puede ser contada y significada de distinta forma según la construcción personal de cada quien. Si bien esto es cierto, la propia experiencia también marca una percepción común, lo que Berger y Luckman (2003) explican como sentido común, aquello que comparto de la realidad con las demás personas. La realidad está llena de significados personales y colectivos y la vida cotidiana está formada por ambos significados, se acomoda en la historia individual como en la social. Los significados culturales provocan identificaciones con prácticas, alimentos, afectos, etc., según como se ha construido la persona individual y socialmente.
Al respecto Gergen (2008), menciona que los significados que se le atribuyan al mundo no son inherentes a las cosas del mundo, éstos emergen, cuando se interactúa con ellas; el significado y la verdad no están ahí para ser descubierta sino para ser construida por interacciones. La intención del construccionismo no es descubrir la verdad en tanto revelada sino en tanto construida e impregnada de significado.
Por lo tanto, el conocimiento del mundo no es adquirido en una forma pasiva, sino que, es adquirido a través del involucramiento con el mundo y a cómo se le atribuye el significado a las percepciones del mundo. Asimismo, el significado lo crea cada persona, éste no está "allá afuera" para ser descubierto. El involucrarse con el mundo, e involucrarse unos con otros, significa construir significados de las experiencias (Gergen, 2007).
Los significados no son consubstanciales a las cosas sino que se generan en la interacción colectiva entre las personas en las diferentes situaciones de la vida social. Procesos sociales como la percepción no son características fijas e innatas de los individuos, sino que surgen en la interacción social, no preexisten a las relaciones sociales sino que se crean en ellas, de acuerdo a la época en que se vive, a la cultura y a su historia. Por lo tanto, las percepciones, emociones, los deseos y los conceptos están constituidos socialmente y las prácticas, descripciones, explicaciones y respuestas de las personas son las acciones sociales mediante las cuales se reproduce, mantiene y cambia la realidad (Layunta e Íñiguez, 2005).
El construccionismo social considera que los significados que la sociedad le otorga a las diferentes dimensiones de la vida social y la cultura son importantes para fundamentar las percepciones que las personas le dan a su propia vida (Gergen, 2007). De esta manera permitirá comprender y analizar las construcciones que se relacionan con la percepción del peso corporal como lo son las prácticas de alimentación. Según Munné (1999), la realidad es lo que las personas interpretan como realidad y a partir de la cual se realizan ciertas acciones. En este caso las experiencias que viven las madres de familia son fundamentales para la construcción de la percepción del peso corporal de sus hijos la cual es recordado a través del lenguaje por cosas que se dicen, relatos y palabras.
De acuerdo a Berger y Luckman (2003) cada persona tiene su propia historia de vida en la cual las prácticas, percepciones, comunicaciones, forjan su identidad individual y la hacen ser
ellas en esencia y también en su identidad social como parte de un grupo con el cual comparte costumbres, realidades de la vida cotidiana, ideas, emociones, etc.
Por su parte, Gergen (1996) señala que “Las personas actúan respecto de las cosas, e incluso respecto de las otras personas, sobre la base de los significados que estás cosas tienen para ellas. Y son sus interpretaciones y definiciones de las situaciones lo que determina la acción” (p. 24)... “el proceso de interpretación es un proceso dinámico. La manera en que una persona interprete algo dependerá de los significados de que se disponga y de cómo se aprecie una situación” (p. 25).
Para Gergen (1996), las palabras dan expresión a las propias percepciones («el modo como veo el mundo»), las emociones («el modo como me siento») y numerosos otros estados y condiciones (como son las intenciones, las ideas y los motivos). Por consiguiente, “es a través de las palabras del individuo como se puede detectar si el individuo «está viendo las cosas de un modo claro y exacto» o está siendo «irrealista»” (p.148).
La realidad es producto del conocimiento, donde el individuo produce y reproduce el mismo de manera dialéctica a través de la interacción con el entorno social, por lo tanto la realidad no es algo que aparece, sino que es aprendida por el proceso de socialización mediante símbolos generando un mundo simbólico que es transmitido por el lenguaje. No obstante, el lenguaje utilizado no refleja la realidad, no la representa sino la construye e irá variando según los contextos en que se utilice. Será significativo según quién lo use, con quién y en qué situación (Donoso, 2004).
Dentro de la realidad se enmarca todo orden preestablecido de objetos designados, por tanto son estables en el tiempo, el lenguaje es esa gran herramienta que permite dar sentido al entorno y objetivar la interpretación subjetiva de esa realidad y es aquel que da la posibilidad de acumular el conocimiento y trasmitirlo en el tiempo. La interacción permite decir que lo que es real para cada persona también lo es para los demás (Layunta y Íñiguez, 2005).
La realidad externa se convierte en un constructor social y el lenguaje en la herramienta principal para entender la misma. Las construcciones sociales si bien son convencionales, una vez creadas se objetivaban y adquieren una condición de realidad en un contexto determinado. El lenguaje funciona como mediador y como regulador de conductas, sujeto a un conjunto de