4.1. El lexicón está ordenado alfabéticamente. Una clasificación sistemática o una agrupación de conceptos por temas como, por ejemplo, política, economía etc., o por dimensiones tempo- rales, como por ejemplo conceptos tradicionales, conceptos que se transforman para abarcar una totalidad y neologismos, es impracticable en función de nuestro planteamiento. Cada una de estas clasificaciones constituye un esquema interpretativo que no puede sostenerse.
Por ejemplo, la serie compuesta por los conceptos «tiranía», «despotismo», «dictadura», «cesarismo» y «fascismo» puede que sea reveladora desde el punto de vista de la historia fac- tual, pero sistematizaría la historia de un modo que no puede presuponerse a partir de los conceptos. O conceptos que hoy en día se asignan a distintos campos como «Estado» y «socie- dad burguesa/civil» o «Estado» y «estamento», que antes podían, pero no exclusivamente, significar lo mismo. Tampoco la tradición que contiene un concepto coincide con la de otros de modo tan exacto que la disposición de la profundidad temporal de significados que se mantienen iguales pudiese dar un denominador común. Sólo neologismos puros podrían or- denarse según este principio. Cada clasificación de este tipo violenta en consecuencia la histo- ria de al menos algunos conceptos. Sólo la neutralidad del alfabeto ofrece la oportunidad de proceder con toda la elasticidad y adecuación necesarias al devenir histórico.
4.2. Sin embargo a menudo en un artículo deben tratarse de forma conjunta grupos de voces. No es posible averiguar la importancia del concepto tratado en la estructura social o en la confrontación política sin incluir conceptos paralelos o antónimos, sin ordenar recíproca- mente conceptos generales y específicos, sin registrar los solapamientos de dos expresiones. Las coincidencias, los significados excedentes y los desprendimientos de significaciones sólo pueden investigarse si simultáneamente se mencionan en un artículo grupos de palabras como, por ejemplo, «unión» [Einung], «liga y unión» [Liga, Union] en el artículo «federa- ción, alianza» [Bund, Bundnis].
Palabras distintas cuyos significados convergen casi completamente —como Historia [Historie] e historia [Geschichte]23 en el siglo XIX— sólo pueden investigarse de forma conjunta.
O palabras en principio de distintos campos conceptuales pueden encontrarse y convertirse en conceptos paralelos que se alternan, como «revolución» y «guerra civil». En ocasiones inter- cambiables, pueden convertirse también en conceptos contrarios, lo que exige considerarlos conjuntamente. O una palabra puede dividirse en distintos conceptos. La germanización de la palabra «Estado» (status, état) impulsó la separación de su significado puramente estamental. Sólo después, a finales del siglo XVIII, «Estado» se convirtió en un concepto central y desde entonces «Estado» y «estamento» —al principio unidos en la palabra «status» — pueden inclu- so convertirse en conceptos contrastables [Kontrastbegriffe]. En consecuencia, «estamento» aparece tanto en el artículo «Estado» como en el artículo «estamento y clase», los cuales, de acuerdo con nuestra hipótesis, pertenecen a un periodo bisagra [Sattelzeit].24
El que un concepto pueda definirse como concepto fundamental depende en última instancia del conjunto de la estructura lingüística. Sin embargo, el conjunto de la terminolo- gía sociopolítica resulta tan inabarcable como irreproducible el pasado in toto. Para deter- minar qué es un concepto fundamental ha de plantearse la pregunta —en el fondo el proble-
22. Raza en alemán. En español no se produce una evolución semejante respecto del término «raza». 23. Véase nota 5.
ma de toda interpretación— de qué debería ser presupuesto. En cualquier caso el conoci- miento deseable, pero inalcanzable, de todo el plexo lingüístico se considera heurísticamen- te cuando la presentación del concepto no permanezca unida a una voz. En caso contrario, no daríamos con lo que lo caracteriza como concepto y tampoco con su función como con- cepto fundamental. Por eso el lexicón contiene una serie de artículos centrales en los que se compendian históricamente conceptos imprescindibles que se condicionan entre sí. 4.3. En consecuencia la extensión de los artículos varía. En función de la riqueza del concep- to cada uno ocupa, sin tomar en cuenta las excepciones, de 20 a 60 páginas. Por ese motivo se pidió a muchos autores que restringiesen la extensión del trabajo, restricción que conlleva un fuerte desequilibrio con respecto al trabajo previo realizado y a la cantidad de datos recopilados. Dado que aquí la completud también es imposible, se aceptó la primacía de la restricción metodológica descrita lo que, en cualquier caso, tiene la ventaja de que aún se esperan algunas monografías que excederán el contenido de los artículos.
4.4. Básicamente todos los artículos se dividen en tres partes: una parte preliminar, que abor- da la historia de la palabra y del concepto hasta inicios de la Modernidad; la parte principal, que tematiza el desarrollo de los conceptos modernos; y una panorámica, que se refiere al uso lingüístico actual. Desde luego, según el concepto concreto la división y el peso de estas tres partes es distinta.
La parte preliminar se centra en la antigüedad —por ejemplo, el concepto aristotélico o el romano clásico—, en la tradición eclesiástica, en el humanismo, en la historia de términos franceses o alemanes. Las referencias histórico-factuales se intercalan de forma natural. De este modo siempre se evitará la excesiva estilización de un presunto mundo alternativo provo- cada por una simplificación del pasado. A menudo se observa que algunos contenidos concep- tuales de estas «prehistorias» llegan hasta bien entrado el siglo XIX y XX. Entonces ofrecen la base o plantean cuestiones estructurales a partir de las cuales los contenidos de experiencia modernos, que se tratan en la parte principal, pueden deducirse más claramente.
En la parte principal se complementan —según nuestro método— análisis transversales sincrónicos y determinaciones diacrónicas, relativas a la profundidad temporal. Precisa- mente el esquema cambiante aclara la historia de un concepto, que nunca puede reducirse a un significado original fijo. La exposición sigue la sucesión histórica, a guisa de hilo conduc- tor: la duración, la mutación y la novedad sólo pueden captarse cronológicamente y de este modo interpretarse históricamente. La historia de los conceptos es, en sentido estricto, «his- toria temporal» de los conceptos.
De este modo puede que también resuene en nuestra época, a la que se refiere la panorá- mica, la pretensión histórico-crítica de nuestra historia de los conceptos. Sin embargo, una investigación expresa del uso actual del lenguaje, caracterizado por la rapidez de su transfor- mación y por sus neologismos universales, modificaría el método y excedería la extensión de la obra. El lexicón constituye un trabajo previo general para una semántica política del presente. 4.5. Se ha logrado la participación de autores expertos que gracias a su especialización captan históricamente el concepto lo mejor posible. Por ello han influido inevitablemente las pre- ferencias disciplinares que, a veces, se han completado mediante secciones expresamente re- dactadas por otros autores. También la elaboración de un artículo por más de un autor, cuando se tenía esa posibilidad, ha resultado ventajosa. Era, en definitiva, positivo repartir algunos artículos divididos cronológicamente entre varios autores. Además de historiadores de distin- tas especialidades, en el lexicón trabajan juristas, economistas, filólogos, filósofos, teólogos y científicos sociales. Las diferencias entre los artículos relativas a los puntos de vista metodoló- gicos habitualmente utilizados y a la estructuración resultante se deben a la responsabilidad individual de los autores y a sus propias perspectivas histórico conceptuales. Pero al igual que ocurre con un concepto histórico, tampoco su historia puede fijarse de forma definitiva.