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Intergovernmental coordination

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D. Organization and management

1. Intergovernmental coordination

Koselleck ha señalizado un camino que se antoja fructífero no únicamente para la historia intelectual. Su atención al lenguaje y a la historicidad de los conceptos, introduciendo la clave del tiempo para alcanzar su verdadero significado, una historización sin historicismo, no prescinde de la dimensión colectiva y operativa de la cultura. La convicción weberiana de que la clave de la dinámica interna de las sociedades no debe ser buscada tanto en la esfera material como en la cultural, en las estructuras de pensamiento y de comportamiento que hacen comprensibles el cambio social, adquiere un fuerte predicamento en la historiografía con Koselleck, aunque desde el punto de vista metodológico proceda, en cierto modo, a la inversa. No trata de forjar tipos ideales para la mejor comprensión histórica, sino de com- prender históricamente los conceptos para mejorar nuestra propia formulación de la socie- dad y del tiempo. Pero al mismo tiempo no se renuncia a las posibilidades heurísticas del enfoque durkheimiano, a su capacidad de elevarse sobre el espacio social, lo que permite al observador/investigador dirigir su mirada crítica sobre el orden social global. La obra de Koselleck traduce una fecunda combinación de las tradiciones de Durkheim y Weber, muy prometedora para la pacificación del conflicto histórico entre la historia intelectual y la historia social.

El planteamiento de Koselleck sobre la historia de los conceptos subraya su papel ins- trumental, es antes que nada un método especializado, que asume el legado del método histórico-filológico, orientándose a aumentar el rendimiento de la historia social. A Kose-

94. Q. Skinner, «Retrospect: Studying rhetoric and conceptual change», en Visions of Politics: Regar-

ding Method, Cambridge, Cambridge University Press, 2002, pp. 175-187. Véase además K. Palonen,

«The History of Concepts as a Style of Political Theorizing: Quentin Skinner’s and Reinhart Koselleck’s Subversion of Normative Political Theory», European Journal of Political Theory, I, 2002: 91-106, y en este monográfico la lectura cruzada de Skinner y Koselleck realizada por Christian Nadeau.

95. R. Koselleck, Los estratos del tiempo: estudios sobre la historia, Barcelona, Paidós, 2001. 96. Imaginarios sociales modernos (2004), trad. esp. Barcelona, Paidós, 2006.

lleck le interesaba proteger la autonomía del método, pero no pretendía convertir la historia de los conceptos en una subdisciplina o especialidad independiente, cerrada sobre sí misma, como a veces se entiende, reproduciendo lo que se criticó en otro tiempo a propósito de la crisis de la historia de Annales. Más que de especialidades, es preferible hablar de objetos o campos de investigación y favorecer el carácter interdisciplinario de los mismos, como sin duda es el caso. La historia de los conceptos «no tiene su fin en sí misma»,98 y es evidente que

los lexicones, aunque sigan su método propio de investigación, no son más que instrumentos abiertos a la investigación de un campo mayor. Tanto si se atiende a la luz y potencialidad de las aportaciones de Koselleck, como a otros enfoques reconocidos dentro de la propia histo- ria de los conceptos, el movimiento que se observa conduce de los conceptos a las culturas políticas. En cualquier caso, los conceptos van más allá de sí mismos, de los lenguajes y de los textos, y empujan hacia otras formas de significación simbólica y de materialidad (las imágenes, los monumentos), como el propio Koselleck planteó.99

La etiqueta de cultura política, muy transformada en su significado originario procedente de la ciencia política, define en la actualidad un particular punto de encuentro y diálogo entre la sociología y la historia. Dentro de ésta favorece la soldadura de la (nueva) historia social y de la (nueva) historia política a través de la (nueva) historia cultural, y constituye un campo privilegiado de estudio para la historia intelectual, entendida en su concepción extensiva. En el nuevo marco complejo de las culturas políticas, los conceptos llevan a los discursos y éstos a las prácticas, aunque ya no se contemplen en dirección descendente ni como sentido único de circulación. La historia intelectual se abre a una sociohistoria de lo político, donde la atención al sujeto y a la acción rebasa los límites del acontecimiento único o de la intencionalidad del autor/actor, y donde las estructuras de repetición escapan del viejo determinismo sociológico. La actual vitalidad de la historia intelectual rehúye los esquemas cerrados.

Buena parte de los nuevos territorios que se asocian a la historia cultural o intelectual, están relacionados de alguna manera con la cultura política como objeto de investigación: instituciones y política cultural; lugares y usos de la memoria; políticas simbólicas e imáge- nes urbanas; el papel de los intelectuales y otros mediadores culturales; los viejos y nuevos soportes de difusión de ideas y conformación ideológica, del libro a los medios de comunica- ción y al cine (también como objetos de consumo cultural); la historia de la historiografía. De los conceptos a las culturas políticas es sólo un itinerario, en otros posibles, dentro de las nuevas direcciones que marca la historia intelectual, y que se puede recorrer además de muchas maneras, pero será difícil no encontrarse en el camino con Koselleck. Su pensa- miento luminoso será el mejor faro para nuestro propio recorrido intelectual.

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98. R. Koselleck, «Historia conceptual e historia social», p. 121.

99. Véase en este número el artículo de Faustino Oncina, incidiendo en el giro icónico de la historia conceptual, y el ejemplo de lenguaje en imágenes aportado por Javier Maestrojuán.

Lección conmemorativa de Reinhart

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