3.2 Implementation
3.2.2 Elliptic Curve Cryptography library implementation
Como comentamos anteriormente existen variadas actividades que se desarro- llan como parte de la estrategia, las cuales van dirigidas a facilitar los procesos orientados a la inclusión social y por otra parte todas las actividades relacionadas al trabajo comunitario. Este último ha sido el mayor desafío del equipo, así como también el que más tiempo hemos tardado en desarrollar.
Intervenir directamente con la PsD y su familia, significa un enorme trabajo donde se ponen en práctica aspectos clínicos, educativos y de trabajo en red. Es en esta intervención directa donde se destina la mayoría del tiempo disponible de nues- tro equipo. Creemos que es una intervención necesaria y probablemente la más requerida por la comunidad. Sabemos que el acceso a la rehabilitación ha sido históricamente escaso. El año 2001 solo un 6,4% de la población tenía acceso a servicios de rehabilitación (FONADIS, 2004) y esta estrategia busca en parte tener un impacto positivo en esta cifra. Pero, ¿Destinamos el tiempo suficiente para in- tervenir en aspectos comunitarios?, ¿Cómo estamos resolviendo el dilema de tener que “atender usuarios” y a la vez desarrollar un plan de trabajo comunitario con un escaso recurso humano y un demanda “asistencial” importante?, ¿Cómo evitamos generar falsas expectativas en nuestra comunidad? Este conjunto de preguntas han generado un constante debate en el equipo, intentado resolverlas de manera recu- rrente. Sin embargo la discusión permanece latente. Ha tenido que pasar un tiempo para experimentar los procesos necesarios y cumplir con las etapas de un plan de trabajo comunitario: el conocimiento (diagnostico situacional), la convocatoria, el diagnostico participativo, la programación, ejecución y evaluación participativa (MINSAL, 1994) son procesos complejos y que se logran en el mediano y largo plazo. Si bien creemos que es posible llevar a cabo un correcto trabajo comunitario debe- mos tener claridad de los recursos disponibles, ser sinceros con la comunidad y con nosotros mismos, ya que podemos generar expectativas que no seremos capaces de cumplir y por último, ocupar las metodologías recomendadas en los lineamientos ministeriales del programa, para ser más eficientes frente a la demanda.
Al comienzo (año 2009) se tuvo que hacer frente a una lista de espera de 810 personas con un equipo de tres profesionales, dos kinesiólogos y un terapeuta ocupacional, todos con escasa o nula experiencia. Esto sin duda fue una presión para el equipo, lo que hizo ver el desarrollo del trabajo comunitario como algo lejano o secundario. Al correr de los años logramos ir resolviendo aspectos de la demanda con el apoyo de recursos locales y centrales (SENADIS, MINSAL), los cua- les nos permitieron aumentar las horas profesionales e incluir nuevas disciplinas, hasta hoy. Con esto hemos mantenido una gestión interna que ha logrado asegurar estándares de calidad. Actualmente la demanda sigue siendo importante (más de mil derivaciones anuales), la cual no podemos resolver a cabalidad. A pesar de esto hemos aumentado los tiempos dedicados a las intervenciones comunitarias, incluso incrementando nuestra capacidad de atención.
Dentro de las actividades que hemos podido descubrir que son efectivas para favorecer la inclusión social y junto a esto, colaborar con la adquisición de conoci- miento por parte de la comunidad, ha sido la formación de monitores. Al momento de intervenir bajo un enfoque de fortalecimiento al usuario y su familia, hemos podido identificar líderes comunitarios, los cuales se han transformado en monitores capaces de liderar grupos. Así, con el objetivo de favorecer la participación social de nuestros usuarios como también estimular funciones físicas y cognitivas, se han creado ocho talleres guiados inicialmente por profesionales, los cuales capacitan y mantienen un apoyo constante al grupo, para luego dar paso a una etapa de autogestión, la cual es facilitada por los monitores anteriormente mencionados. Esto no ha sido una tarea fácil. En el momento de plantear la creación de un taller, sin intención quizás, el profesional tiende a anteponer su saber sobre el de los demás. Este ejercicio puede jugar en contra de la creación del taller y la intención de permanencia en el tiempo. Hemos evidenciado que tan solo el reunirse, tomar un café y jugar dominó satisface por completo los intereses de los usuarios. Quizás es necesario encontrar en conjunto el equilibrio para realizar los lineamientos del taller, considerando en todo momento los intereses de los participantes. Esto lo mencionamos debido a que toda la estructura creada por el profesional debería tender a funcionar desde la consulta y diálogo con los participantes.
El proceso de formación de monitores no queda exento de dificultades. Tal como ocurre en todo grupo humano nos encontramos ante diversos caracteres. Por ello consideramos importante el permanente apoyo a los líderes en aspectos de manejo grupal, resolución de conflictos, etc. El monitor debe tender a facilitar la discusión y diálogo dentro del grupo y encontrar salidas viables, considerando alianzas favo- rables para que el grupo permanezca en funcionamiento. Nuestra experiencia nos indica que debemos evaluar constantemente cada taller y de forma intermitente integrarnos en ellos.
Por último, compartimos nuestra experiencia en el fortalecimiento de grupos. El Centro de Acción Social “Nadie está libre” nace al alero del CCR el año 2010. Esta organización social con personalidad jurídica, conformada por usuarios, cuidadores y profesionales, se crea desde el vínculo afectivo que se generó entre los mismos, así como también de la necesidad de continuar con lo adquirido a lo largo del proceso de rehabilitación. Finalmente hemos podido observar como este centro de acción social, no solo se ha convertido en una instancia de dialogo con la comunidad organizada, sino también como una oportunidad efectiva de participación social, mediante la formulación de proyectos, formación de monitores, microemprendi- miento, entre otras.