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EMERGENCY CALLS

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En las últim as décadas los contenidos de aprendizaje de carácter cognitivo han sido predom inantes en el c urrículo escolar; sin em bargo la dim ensión em ociona l ha estado frecuentem ente olvidada y no ha sido objeto del proceso de enseña nza y aprendizaje. Educar las em ociones, gestionarlas, afrontar situacione s difíciles de la vida, solucionar conflictos interpersonales adecuadam ente, aprender a ser m ás feliz, son ejem plos de contenidos de aprendizaje de los que la escuela no se ha encargado sistem áticam ente de program ar en los currículos.

Ante esta situación, Va lles (2004), afirm a que ha sido en los últim os años cuando se ha suscitado la necesidad de afrontar una realidad escolar del com portam ientos de nue stros alum nos caracterizado por una ausenc ia notable de control em ocional en los casos de conflic tividad y agresividad, un lenguaje carente de com unicación em ocional efectiva y eficaz, ausencia de actitude s em páticas y escasa o nula tolerancia a la frustración de la vida diaria, entre otros m uchos problem as cotidianos de los estudiantes.

Asim ism o, desarrollar la inteligencia em ocional de los alum nos se ha revelado com o un cam po m uy prom etedor para prevenir la conflictividad actua l en los centros educativos. M ayer y Cobb (citado por Valles, 2004). Es decir, se bebe

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plantear en la escuela, enseñar a los alum nos a ser em ociona lm ente inteligentes, dotándole s de estra tegias y habilidades em oc ionale s básicas que les protejan de los factores de riesgo o al m enos, que palien sus efectos negativos.

Baena (2002), hace referencia que trabajar con las em ociones es fundam enta l y es algo que puede y de be m oldearse desde el preescolar.

Para Extrem era y Fernández (2003), la alfabetización em ocional pretende enseñar a los a lum nos a m odular su em ocionalidad desa rrollando su inte lige ncia em ocional y a procesar la inform ación em ocional de form a eficaz: identificar, conocer y m anejar las em ocione s convenientem ente. Todo ello debe y puede ser objeto de enseñanza, y no dejarla solam ente al arbitrio de las exposic ione s indirecta s en las interacciones fam iliares, sociale s o interpersonales de la vida diaria.

Para que esta enseñanza y aprendizaje de la em ocionalidad pue da desarrollarse en un m arco escolar idóneo, se necesitan suficiente s m edios y recursos. Desde el punto de vista tutorial, se hace necesario un nue vo perfil del profesor -tutor que aborde el proceso de m anera eficaz para sí y para sus alum nos. Para ello es necesario que é l m ism o se constituya en m odelo de equilibrio personal, así c om o desem peñar funcione s tutoriales m ás persona lizadas que den respue stas a las necesidades educativa s de cada alum no en el plano psicoafectivo.

Por otra parte, es necesario disponer de un currículo que desarrolle los contenidos em ocionales con sus respectivos elem entos curriculare s: objetivos, actividades, m etodología y criterios de evaluación. La e scuela, por lo general y hasta estos últim os años, ha desarrollado c urrículos que escasam ente presentaba n contenidos em ocionale s para la educación de jóvene s y niños. Ha tenido que ser la m adurez vital la que aporte las estra tegias adecuada s de afrontam iento para la convivencia con los dem ás. Es necesario disponer de estrategia s m etodológicas que perm itan al profesorado la enseñanza de dic hos contenidos em ocionales.

Por su parte Greenspan (1998), m anifiesta que si no com enzam os a introducir los conocim ientos del de sarrollo em ociona l en nuestros program as educativos, seguirem os fracasando en la educación de un extenso núm ero de niños, a pe sar de hacerles pasar m iles de horas en las aulas de nuestras escuelas. Agrega adem ás, que, el afecto y la interacción constituyen la base del aprendizaje de cualquier niño, no así la adquisición de determ inados conocim ientos o habilidades. El docente com o m odelo y prom otor de la inteligencia em ocional de l alum no

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En las escue las del siglo XX, el éxito del profesor ha estado vinculado esencialm ente a los logros académ icos de sus alum nos, esto es, al rendim iento académ ico. Sin em bargo, la sociedad del siglo XXI ha creado nuevas dem andas y retos tanto para la escuela com o para los docentes que han cuestionado en profundidad los principios y los objetivos educativos vige ntes. En nuestras escuelas ya no es suficie nte conseguir un buen rendim ie nto del alum nado, el éxito del profesorado queda tam bién vinculado a desarrollar personas inte gradas en la sociedad, con herram ientas socia les y em ocionales que les perm itan afrontar los desafíos de la vida cotidiana (Cabello, Fernández y Ruiz, 2010).

Si dentro de la m isión educativa se encuentra reflejado el Interés por e l desarrollo em ocional del alum no, es im portante com prender que no basta con un contenido teórico, que por otra parte es tam bié n necesario, sino que debem os prepararnos para desarrollar actividades y cultura organizaciona l que prom ueva el crecim iento em ocional de nuestros alum nos, de los docentes y de toda la com unida d educativa. El alum no pa sa en las aulas gran parte de su infancia y adolescencia, periodos en los que se produce principalm ente el desarrollo em ocional del niño, de form a que el entorno escola r se configura com o un espacio privilegia do de socialización em ocional y el profesor/tutor se convierte en su referente m ás im portante en cuanto actitude s, com portam ientos, em ocione s y sentim ientos. El docente, lo quiera o no, es un agente activo de desarr ollo afectivo y debería hacer un uso conscie nte de esta s habilida des en su trabajo (Fernández, 2003).

Para Ibarrola (2002), uno de los requisitos para que el profesorado asum a la m isión de desarrollar la I.E. de sus alum nos es que se com prom eta a desarrol lar su propia inteligencia em ocional. Respecto al uso de la propia inteligencia em ociona l los educadores deberán ser capaces de:

 Expresar adecuadam ente sus sentim ientos en la relación con los alum nos.

 Utilizar la m etodología de planificación en función d e m etas y de resolución de problem as.

 Poner en práctica estrategias de autom otivación.

 Controlar sus estados de ánim o negativos y gestionar adecuadam ente sus em ociones.

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 Desarrollar conduc tas asertiva s, m anejando adecuadam ente los conflic tos que se produzcan en el aula.

Al respecto podem os opinar, que educar con inteligencia em ocional im plica que el profesorado sepa ide ntificar sus sentim ientos y em ociones, sepa controlar su expresión, no reprim irla sino ofrecer m odelos adecua dos de expresión sobre todo cuando se trata de em ociones negativa s que suelen ser m ás difíciles de com unicar de una form a respetuosa.

Adem ás, el profesorado experim enta, con m ás frecuencia, m ayor núm e ro de em ociones negativas que positivas. Las em ociones positivas de los docente s pueden m ejorar su bienestar, así com o el ajuste de sus a lum nos y el increm ento de estas em ociones positivas puede facilitar la creación de un clim a de clase que favorezca el aprendizaje (Sutton, citado por Cabello, 2010). De este m odo, los profesores tiene n que aprendan a m antener los estados em ocionales positivos y a reducir el im pacto de los nega tivos para un m ayor bienestar de él m ism o y de los alum nos.

Se ha com probado que la intelige ncia em ociona l del profesor es una de las variables que está presente en la creación de un clim a de aula em ocionalm ente saludable, donde se gestiona n de form a correcta las em ociones y donde se pueden expresar sin m iedo a ser juzgados o ridic ulizados. Todo educador debería enseñar un am plio vocabulario em ocional, o com o dice Golem an (1995), debería prestar atención a la alfabetización em ocional de sus alum nos y procurar ayudar a sus alum nos a m irar en su interior a menudo para descubrir cuáles so n sus estados em ocionales y por qué están provocados.

Es im portante que el alum nado com prenda que las em ociones son una parte fundam ental del ser hum ano, determ ina n nue stro com portam iento, m anifestándose a través del ajuste soc ial, el biene star y la salud del individuo. Con el program a escolar atiborrado por la proliferación de nuevos tem as y agendas, algunos profesores que, com prensiblem ente, se siente n sobrecargados, se resisten a sustraer m ás tiem po a los contenidos básicos para enseñar estas habilidades, de m anera que una estrategia alternativa para im partir educación em ocional, no e s crear una nueva cla se, sino integrar las c lases sobre sentim ientos y relaciones personales a otros tem as ya enseñados.

Por otra parte no ha y que olvidar que m uchos de lo s docentes en ejercicio recibieron una form ación pensada para la escuela de m ediados del siglo XX y

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nuestra socieda d ha cam biado vertiginosam ente, de m anera que la form ación perm anente que nuestra sociedad actual im pone a sus ciudadanos, tam bién resulta indispensable para el profesorado de todos los niveles educativos.

Dado que cada vez m ás niños no reciben en la vida fam iliar un apoyo seguro para transitar por la vida, y que m uc hos padres no pueden ser m odelos de inte lige ncia em ocional para sus hijos, las esc uelas pasan a ser el único lugar hacia donde pueden volverse las com unidades en busca de pautas para superar las deficiencias de los niños en la aptitud socia l y em ocional (Abarca, 2003). Hay que poner en claro que esto no significa que la escuela, por sí sola, pueda suplantar a todas la s instituciones sociale s pero, desde el m om ento en que prácticam ente todos los niños concurren a la escuela, esta ofrece un ám bito donde se les puede brindar lecciones de vida que no podrían recibir en ninguna parte. Esta tarea exige dos cam bios im portantes: que el profesorado com prenda que educar es m ucho m ás que transm itir c onoc im ientos y, que la fam ilia y los m iem bros de la com unidad se involucren m ás profundam ente con la actividad escolar.

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