Part I Motivational Studies
4.4 Emotion Estimation
Todo objetivo, para que sea completo y esté bien redactado, debe constar de tres partes, a saber: la operatividad, la condición y el criterio evaluador.
La operatividad es, de las tres, la más importante y caracte- rística. Un objetivo es operativo cuando identifica, define y describe el acto observable o resultado que se aceptará como prueba de que el alumno ha demostrado satisfactoriamente su aprendizaje. En este sentido la pregunta clave es ésta: «¿Qué es lo que tiene que hacer el alumno para demostrar que...?».
La operatividad, en definitiva, se refiere siempre a una con- ducta observable, en la medida en que todo resultado lo es. Ahora bien, ninguno de nosotros puede observar el conocimien- to, o la comprensión o la apreciación de algo, pues para medir ese conocimiento, esa comprensión o esa apreciación en un alumno le pedimos que haga algo: explicar, demostrar, analizar, describir, construir, comparar, etc. De ahí que sólo sean opera- tivos los verbos que, como éstos, indiquen acciones específicas, concretas y de interpretación unívoca, y no sean vagos, generales o de interpretación equívoca, como ocurre con términos como: saber, conocer, comprender o apreciar. Si un profesor le dice a un alumno: «Hay que estudiar más», «Hay que ser bueno», no está siendo operativo, práctico. Si por el contrario le indica: «Realiza estas tres sumas», «pregúntame ahora si no entiendes algo», «cuando termines deja ordenados estos tres libros», está actuando de modo operativo y concreto, por lo que conseguirá mejores resultados.
La condición, que es el segundo elemento de todo objetivo, se refiere a la descripción de las condiciones (facilidades, restric- ciones o ambas) en las cuales ha de realizarse el acto observable o resultado. Si una madre manda a su hijo a comprar un kilo de carne sin más explicaciones, está siendo operativa, ya que el verbo comprar indica una acción concreta, pero no señala nin- guna condición, por lo que el hijo cumpliría bien su encargo comprando cualquier tipo de carne. Ahora bien, si le indica que el kilo de carne ha de ser de cerdo, sin grasa, y que ha de traerlo
antes de media hora, no cabe duda que la orden queda más completa y mejor expresada, gracias a estas condiciones.
He aquí otro objetivo: «Traducir números romanos al siste- ma arábigo». La operatividad o acto concreto a realizar es bien claro. Ahora bien, no es lo mismo traducir diez números que 40, que todos sean de decenas o que haya de decenas, de centenas y de millares, por ejemplo. Este objetivo puede quedar mejor redactado así: «Dados doce números romanos en donde haya tres de unidades, tres de decenas, tres de centenas y tres de millares, traducirlos al sistema arábigo». De esta forma tenemos que la operatividad o resultado que queremos ver conseguido es el de que esos números sean traducidos al sistema arábigo, mien- tras que la condición que se pone es que los números han de ser doce y que, además, tiene que haber tres de unidades, tres de decenas, tres de centenas y tres de millares.
Así mismo, el objetivo siguiente: «Ordenar alfabéticamente una serie de palabras», que sólo indica la operatividad por medio del verbo ordenar, queda mejorado sí se añade la condición de que las palabras a ordenar sean 60 y de que tendrá que haber al menos dos que comiencen por cada una de las letras del abe- cedario.
El tercer elemento importante de todo objetivo es el criterio evaluador o evaluatividad. Un objetivo debe poder ser evaluado para ver en qué medida se han conseguido los resultados previs- tos. Para ello lo mejor es establecer en el mismo objetivo un criterio evaluador cumplido el cual ha de considerarse cubierto suficientemente el objetivo. Si se establece el objetivo de que hay que saltar una altura de 1,80 metros con los elementos ade- cuados para el salto, se ve que cumple todos los requisitos por- que es operativo, indica las condiciones y establece el criterio evaluador.
Volvamos ahora a los ejemplos anteriores. En el objetivo 1.°, por ejemplo, el criterio evaluador puede ser que se traduz- can al sistema arábigo todos los números y sin ningún error. En el objetivo 2.° se puede establecer el criterio de que ha de orde- nar bien al menos el 90 por 100 de las palabras.
Por consiguiente, estos dos objetivos, redactados de modo completo, quedarían así:
Objetivo 1.°: Dados doce números romanos (en los que ha-
brá tres correspondientes a unidades, tres a decenas, tres a centenas y tres a millares), traducirlos todos al sistema arábigo sin ningún error.
Objetivo 2°: Ordenar alfabéticamente de modo correcto al
menos el 90 por 100 de 60 palabras de entre las que habrá como mínimo dos que comiencen por cada una de las letras del abe- cedario.
He aquí otros tres ejemplos de objetivos bien formulados (serán el 3.°, 4.° y 5.° de nuestra serie) que ayuden al mejor entendimiento de lo expuesto hasta ahora.
Objetivo 3.°: Dadas diez características culturales, escoger -
seis correspondientes a los esquimales.
Objetivo 4.°: Presentadas veinte diapositivas o dibujos de
treinta insectos diferentes, dar el nombre común de, por lo menos, veinticinco insectos.
Objetivo 5.a: De una lista de treinta palabras escogidas al azar del libro de lecturas de primer curso, componer quince oraciones. Cada una de ellas contendrá al menos una de las palabras usadas gramaticalmente, en significado y contexto ver- bal apropiado a la oración.