Task 2: Assess the Implications for the Defense
3. Enable Multiple Simultaneous Attacks
Science! True daughter of Old Time thou art!
Edgar Allan Poe, “To Science”, en Al Aaraaf, Tamerlane and Minor Poems, 1829.
1. La unidad de la naturaleza y del tiempo. 2. La muerte de Dios y del tiempo.
3. La naturaleza fragmentaria del tiempo. 4. Del ser-esencia al ser-transformación. 5. La búsqueda de un lenguaje.
6. Los argumentos del tiempo.
7. Una propuesta pluridisciplinar para el tiempo. 8. La teoría unificada de la gravedad cuántica. 9. Paradigmas e inconmensurabilidad.
Los cambios revolucionarios en la física del Siglo XX implicaron una desintegración del esquema cinético de la física de partículas y una formulación gradual de un modo nuevo de comprensión de la realidad. La materia perdió su solidez y muchos científicos temieron la pérdida de un panorama objetivo de mundo. La fusión de masa y energía propuestas en la Teoría Especial de Relatividad eliminó la distinción esencial entre cuerpo material y espacio circundante. Esta pérdida de la distinción entre materia y espacio desafió el concepto tradicional del movimiento, concebido como un desplazamiento de partículas materiales en el espacio, lo que significó también la desaparición de tiempo como una entidad separada. La nueva teoría no consideraba el movimiento como un desplazamiento de un cuerpo sólido en el espacio sino como un par de eventos en los que la distorsión del medio espacio-temporal aumenta en una zonas mientras disminuye en otras zonas cercanas.
La noción relativista de dilatación de tiempo o contracción direccional parecía implicar un cambio subjetivo en la percepción del observador, mas que una transformación intrínseca de la naturaleza. En Duración y Simultaneidad, Henri Bergson comparó esta dilatación del tiempo al efecto óptico de la perspectiva, concluyendo que esa dilatación temporal no implicaba un verdadero alargamiento del tiempo sino que expresaba, mas bien, el contraste de velocidades entre los dos marcos de referencia. El debate entre Bergson y Einstein saltó a todos los titulares. La pluralidad de tiempos locales cuyos ritmos dependen de la intensidad de los campos gravitatorios de sus regiones respectivas, no anula, según Bergson, la unidad de tiempo real, ya
que cada tiempo local forma parte de la misma sucesión de acontecimientos causalmente conectados. Para Bergson, no es la unidad de tiempo, la separación de eventos la que se ve afectada, sino la medida.
Esta idea de una realidad puramente mental no era nueva. En Análisis de la Mente (1921) Bertrand Russell supuso también que nuestro planeta se había creado hacía pocos minutos, y que el pasado que recordábamos era puramente ilusorio. Sin embargo, tal afirmación parecía ahora más preocupante ya que situaba el énfasis en el papel del observador y en las medidas que éste tomaba.
Se necesitaba una nueva formulación matemática que devolviese a las entidades materiales su existencia objetiva. La historia del pensamiento en la primera mitad del Siglo XX se centró en esta búsqueda de un lenguaje común y adecuado para volver a formular nuestras ideas del mundo. Físicos y filósofos trabajaron con conceptos abstractos, que carecían de paralelo en el mundo de los sentidos, aunque cada tentativa para llegar a la comprensión de la realidad les apartaba de ella al reconocer el papel central y creativo de la mente que la percibe, sugiriendo que la mente toma un papel activo en la creación de dicha realidad y que todo modelo verbal no es mas que una aproximación, una representación, un retrato.
1. La unidad de la naturaleza y del tiempo.
El error que ha hechizado la literatura filosófica durante siglos es la noción de “existencia independiente”. No existe tal modo de existencia; toda entidad debe ser entendida en estrecha relación al resto del universo.
Alfred North Whitehead, Ciencia y Filosofía citado en Duszenko,1989.
La posibilidad de encontrar principios generales para expresar las relaciones entre fenómenos aparentemente desconectados es la razón que justifica la búsqueda de concepciones absolutas. El caso de tiempo es de particular importancia debido a que se ramifica en todas las áreas de nuestro esquema conceptual.
El cambio revolucionario en la física del Siglo XX coincidió con el desafío a la concepción determinista que plantearon los intelectuales en otras áreas del pensamiento. La literatura, en particular, fue, al igual que en el período Romántico, el lugar de la búsqueda de un nuevo lenguaje, que se veía como una construcción cultural e histórica, un organismo complejo del que formaban parte los lenguajes y subjetividades individuales. La unidad del mundo, tal y como la concebía Whitehead (1861-1947), por ejemplo, era como una red que unía no sólo los elementos de naturaleza semejante, sino incluso de categorías distintas, el mundo de los objetos y el de los pensamientos, “descomponiendo las categorías separadas”, “las influencias”, “las formas”, “para sustituirlas por un fondo común a toda experiencia” (Whitehead, El concepto de Naturaleza,
1920 citado en Duszenko Implicaciones Filosóficas 4). Al mantener que los acontecimientos o eventos son los componentes básicos de la naturaleza, Whitehead estaba siendo influido por la filosofía antimecanicista del cambio. Como Bergson, Whitehead vino a criticar el materialismo científico en su La ciencia y el mundo (1925), atribuyendo un papel subjetivo a la religión, en lugar de la tradicional función social, interpretándola como una actitud del individuo solitario hacia el universo en su Religión en construcción (1926). El proceso y la Realidad (1929) fue la culminación de la metafísica Whitehead que reflejó la hipótesis de un universo que consiste enteramente de transformaciones donde, cada una de las cuales, integra una infinidad de partes de la realidad, bajo la coordinación de posibilidades que ejerce Dios, un Dios que incluye el mundo al igual que un organismo incluye células, incluyendo así el momento presente de cada acontecimiento, ideas todas ellas muy presentes en la concepción del tiempo de Virginia Woolf, según las plantea en sus novelas, particularmente en Las Olas.
2. La muerte de Dios y del tiempo.
Desde que conozco mejor el cuerpo- dijo Zaratustra a uno de sus discípulos - el espíritu no es ya para mí más que un modo de expresarse; y todo lo 'imperecedero' es también sólo un símbolo.
Esto ya te lo he oído decir otra vez, respondió el discípulo, y en entonces añadiste: 'más los poetas mienten demasiado'.
Nietzsche, Así habló Zaratustra, De los poetas, in Altaya 188.
Friederick Nietzsche (1844-1900) fue uno de esos hombres que han desconfiado de las concepciones establecidas y han afirmado el poder de la individualidad subjetiva.
Al igual que Whitehead, el interés de Nietzsche dejó de centrarse en el estudio de la teología para pasar a la filología y la metafísica. El nacimiento de la tragedia es una obra que contiene las semillas de lo que sería el trabajo posterior de Nietzsche.
Una de las razones por las que la influencia de Nietzsche se ha dejado sentir de forma fragmentaria ha sido la utilización de sus obras, por parte de su hermana, para la causa Nazi, lo que creó una imagen pública de Nietzsche muy distinta de la realidad. Pero la razón principal ha sido precisamente el hecho de que Nietzsche no produjese un sistema completo de ideas, y que éstas quedaran dispersas al azar en afirmaciones y aforismos aislados.
Algunos críticos afirman que Nietzsche rehusó, precisamente, a producir un sistema filosófico porque para él la noción de sistema era decadente. Nietzsche no ha sido pues un nihilista, ni un romántico, ni un existencialista, aunque todos estos estados mentales se combinen en su pensamiento. Para Nietzsche la noción de sistema deriva de unos cuantos supuestos arbitrarios que, en realidad, reflejan la subjetividad del pensador, “donde ustedes ven ideales yo veo lo que es humano, demasiado humano”, afirmaba Nietzsche.
Nietzsche se dio cuenta, además, de que el hombre entiende la vida como gobernada por principios completamente racionales, que no explicarían en absoluto toda la crueldad, la injusticia, la incertidumbre y el absurdo del mundo. Nietzsche no compartía la visión hegeliana de progreso. Condenó la moral cristiana convencional porque la consideraba una barrera insalvable que no permitía al hombre interrogarse hasta el límite. Pensaba también que la sociedad burguesa moderna había convertido al hombre en un ser decadente y débil, víctima del desarrollo excesivo de sus facultades racionales a costa de su instinto y sus deseos.
La Parábola del loco, donde afirmó que Dios había muerto, pareció el anuncio profético de
su propia locura. Nietzsche creía que la Cristiandad debía su éxito fundamental a la noción de inmortalidad. En Así habló Zaratustra, Nietzsche ridiculiza la doctrina de la inmortalidad, planteando que una repetición cíclica traería consigo no solo la repetición de las alegrías, sino también de las penas y males de la humanidad. Un hombre que aceptase contemplar la repetición del lado horrendo de su propia vida tendría que ser un “superhombre” (Übermensch). 3. La naturaleza fragmentaria del tiempo.
La vida ya no reside en el todo. La palabra se vuelve soberana y salta de a frase, la frase se eleva y obscurece el significado de la página, y la página llega a tener vida propia a costa del todo –el todo ya no es un todo. Sin embargo, éste es el símil de todo estilo de decadencia: cada vez hay una anarquía de átomos.
Friederick Nietzsche, El nacimiento de la Tragedia.
El Siglo XX presenció la demolición final de las últimas certezas universales. Los cambios en todas las áreas del pensamiento implicaron la desintegración del determinismo y de la noción clásica de causalidad. La Revolución Industrial contribuyó también a romper el ritmo establecido y la Primera Guerra Mundial fue el golpe final que destruyó los últimos edificios de la concepción humana de la realidad. Un sentimiento apocalíptico generalizado, una sensación de profundo fracaso marcó el fin de la visión de la historia de la humanidad como progreso. Poemas como El
Segundo Advenimiento de W.B. Yeats, o La Tierra Baldía de T.S. Eliot, mostraban la ruina de la
humanidad.
El impacto adicional de teorías de Freud sobre la personalidad y su descubrimiento de partes de nuestro ser que escapaban al control consciente, destruyeron también la noción de identidad, que nunca ha vuelto a ser algo comprensible y controlable. La ruptura del ser y su contexto, y la ruptura dentro del propio ser, se vieron reflejadas en la enajenación que sufrió el individuo y la sociedad, en la sensación de una vida y un mundo fragmentados, donde la representación mimética de la razón ya no es posible. El arte se convierte así en un espacio
alegórico de experiencia subjetiva y autobiográfica. La literatura se vuelve una reflexión sobre sí misma.
La guerra evidenció también esta imposibilidad de representar la experiencia auténtica. El lenguaje parecía inadecuado para contener tales acontecimientos. La fragmentación de la experiencia y la sensación de que no sólo era imposible representar el mundo, sino que no existía un único mundo que representar, enfatizaba el relativismo de las construcciones mentales. El arte llega a ser una reflejo sobre su propio código. El tiempo se transforma en experiencia subjetiva, asociada a la memoria y al recuerdo a través de objetos (la casa o el faro en Al Faro de Virginia Woolf).
El artista moderno desarrolla ciertas estrategias literarias para escapar de un mundo de fragmentos, un mundo en que el orden se ve amenazado. Las pesadillas o visiones apocalípticas pintan una realidad fuera del control racional, que únicamente puede confrontarse como si fuera un sueño. Es el caso de Finnegans Wake donde Joyce emplea el mito como esquema para ordenar la realidad. La suspensión temporal que ofrece el mito ayuda a explicar la realidad “in illo
tempore”, redimiendo la sensación de caos y dando forma y significado al panorama de anarquía
de la historia contemporánea. El hombre moderno, retratado en el Ulises de Joyce, intenta buscar su camino de regreso a casa. El mito y el arte llegan a ser instrumentos epistemológicos que tratan de entender la historia y el mundo, donde el artista se asemeja a un Dios de la creación.
4. Del ser-esencia al ser-transformación.
Cuanto más estudiemos la naturaleza del tiempo, más fácilmente comprenderemos que la duración significa invención, creación de formas, la continua elaboración de lo absolutamente nuevo.
Henri Bergson, Evolución Creativa, 14 citado en Duszenko,1989.
La negación del determinismo absoluto en la naturaleza planteaba también la necesidad de volver a evaluar la noción clásica de causalidad, que se había establecido desde la Primera Revolución Científica como una fuerza impulsora de la naturaleza, concibiéndose en términos mecánicos.
La física de principios del Siglo XX se esforzaba por renunciar a esta visión del mundo como una enorme máquina, aunque se seguía creyendo en que los acontecimientos de la naturaleza se regían por leyes estrictas, y que, según había dicho el propio Einstein, “Dios no jugaba a los dados”. Frente a las voces que, como Nietzsche, hablaban de fragmentos, deconstrucciones y anarquía, Bergson o Whitehead planteaban el restablecimiento del concepto de belleza en el mundo y la
integración de la naturaleza dentro de un panorama esencialmente dinámico. Una tercera posibilidad dialogada se sugería en el trabajo de Wittgenstein y Bakhtin y que exploraremos en la siguiente sección.
5. La búsqueda de un lenguaje.
La necesidad de ajustar el lenguaje a la nueva comprensión de la realidad llegó a ser otra característica prominente durante la primera mitad del Siglo XX.. El movimiento hacia un nuevo lenguaje venía alentado también por la nueva descripción científica del mundo. Aunque desde la época de Galileo la descripción matemática del mundo físico se considerara exacta, esta creencia en la exactitud del lenguaje científico se vio quebrantada con la Nueva Física. La formulación de la teoría de la relatividad y la exploración del mundo subatómico introdujo varios conceptos que carecían de un equivalente en la realidad diaria familiar. Los conceptos como “continuo cuatridimensional” o “tendencia a existir” de una partícula, indicaban la insuficiencia del idioma para expresar la esencia de la realidad física (Duszenko Implicaciones Filosóficas 8).
Las insuficiencias del lenguaje científico llevaron a los físicos a emplear un nuevo lenguaje, ambiguo e imaginativo, más próximo al lenguaje de las artes, que marcó la convergencia entre el lenguaje científico y el literario. Esta reconciliación no ha supuesto un desastre sino, como anunciaba Whitehead (1925), una reconciliación.
6. Los argumentos del tiempo.
Entre los conceptos que han continuado siendo una fuente perenne de controversia y asombro filosófico y científico se encuentra, por supuesto, el concepto de tiempo. Una prueba de que la cuestión continúa siendo el centro del debate es el volumen preparado por Jeremy Butterfield para conmemorar el centenario de la Academia Británica y publicado en 1999, dos años antes del Siglo XXI. En lugar de presentar ensayos retrospectivos acerca de la filosofía del Siglo XX, decidieron que era mejor abordar un único tema, y rápidamente el tiempo surgió como la perfecta elección.
Las exposiciones del volumen muestran, entre otras cosas, que dentro de la metafísica de tiempo, el debate principal continua situándose entre dos perspectivas: los que abogan por la objetividad del paso del tiempo, es decir, una concepción dinámica del mundo o, “tensed
problema tiene importantes ramificaciones epistemológicas ya que en un mundo dinámico, las nociones de verdad y realidad son construcciones culturales.
Entre los que favorecen la primera postura se encuentra J.R. Lucas, que explica que experimentamos el tiempo en movimiento. Para Lucas, la propuesta de la irrealidad del tiempo en McTaggart (1908,1927) esta llena de contradicciones e inconsistencias (Lucas,1999:1-6). Sin embargo, para Lucas, la integración de tiempo y espacio en Relatividad General sugiere el planteamiento del tiempo como una dimensión no independiente y equivalente con las dimensiones del espacio, que llevaría a la conclusión de que el concepto de tiempo no es analíticamente básico.
Tooley, sin embargo, piensa que es incorrecto hablar de conceptos más o menos básicos. Aunque defiende un enfoque dinámico (“tensed account”) considera que no se puede probar que esta propuesta sea analíticamente más básica que la concepción no dinámica, y afirma que las propiedades de prioridad temporal, simultaneidad o inclusión temporal no expresan relaciones externas entre acontecimientos sino relaciones internas, es decir que se obtienen en virtud de las propiedades intrínsecas de los acontecimientos pertinentes (Tooley,1999:28-29). Propone además una objeción mayor, indicando que es inútil rebatir el argumento de McTaggart sobre la irrealidad del tiempo definiendo la simultaneidad en términos de presencia, pasado o futuro, que no son propiedades irreductibles. La aceptación del concepto de prioridad temporal como analíticamente más básico excluye la explicación de un no-acontecimiento como anterior a sí mismo, por lo que para Tooley, el concepto de prioridad temporal no puede ser analíticamente básico. Además, cualquier tentativa para definir los conceptos de pasado y futuro en términos del concepto del presente, y analizar la prioridad temporal en términos de una explicación dinámica implicaría una circularidad (Ibid. 34). Tooley subraya, pues, que estas propiedades no son intrínsecas sino relacionales. Aún así, para Tooley el mundo es dinámico, pues puede ser un mundo de distintos estados constantes que surgen y decaen de manera dinámica, y donde la actualidad de cada estado viene dada en función del tiempo (Ibid.).
7. Una propuesta pluridisciplinar para el tiempo.
El concepto de ser-transformación adquiere significado en la física: el presente, que separa el futuro del pasado, es el momento en el que lo no determinado se convierte en determinado… es con respecto al “ahora” que el pasado es determinado y el futuro no lo es.
Reichenbach, “Les Fondements Logiques de la Méchanique des Quanta”, Annales de Ínstitut Poincaré, 13 (1953), 154-57. Citado en Grunbaum, The Meaning of Time” In Basic Issues in the Philosphy of Time. The Monist Library. Open Court. La Salle, Illinois, 1971. p.221.
Según hemos visto, el problema de tiempo es realmente un conjunto de problemas que surge principalmente de los distintos enfoques y análisis. Por esta razón, cada vez son más los filósofos de la ciencia que se acercan la cuestión mediante tratamientos pluridisciplinares que, al igual que Tooley, hablan de propiedades relacionales y enfoques dialogados.
En las últimas décadas del Siglo XX se ha discutido mucho sobre la inalterabilidad del pasado y la apertura del futuro, empleando estructuras de árbol, donde el tronco representa el pasado, y las ramas los cursos de futuros o estados posibles. Cuando estas posibilidades no se actualizan, contribuyen a engrosar el tronco del pasado. Este enfoque defiende una concepción dinámica del universo en la que la condición de verdad se da sólo después de que el evento/acontecimiento ha tenido lugar. Se trata por tanto de un enfoque asimétrico del tiempo.
Paul Horwich (1987) defiende este enfoque y considera además que un único hecho físico de índole cosmológica (una singularidad del tipo Big Bang) podría haber dado lugar a una asimetría ramificada “fork asimetry” que se tradujese en lecturas asimétricas en otras áreas de la experiencia humana, tales como el conocimiento, la explicación, o la causalidad (Horwich,1987:205).
Según Horwich, dos eventos correlativos podrían empotrarse en una cadena de