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B Second Round of Negotiations: Autumn and Winter

CHAPTER 3: END NOTES

Con esta elocución me invitó Adolfo el primer día a conocer la geografía del IB. Me explica que hace tres años la institución se trasladó del centro de la ciudad al actual barrio suburbial. Fue entonces cuando la casa fue reformada en su interior, “pero no durará mucho, la reforma está pensada como si fuera una casa para vivir, pero estos chicos lo destrozan todo…, son unos cafres, unos bestias” (Jueves,18 de febrero de 2010).

El edificio, construido en los años 60, cuenta con dos plantas (unos 100m2 cada una). En la primera encontramos el comedor, la cocina, la sala de TV y tres despachos. En la segunda, cinco dormitorios (que suman un total de doce plazas), dos baños, un cuarto para el educador de noche y la biblioteca. Tiene una entrada principal y otra trasera, que comunica con un patio-garaje. No hay ningún signo distintivo en el exterior de la casa que nos invite a pensar que se trata de un centro de reforma de Justicia Juvenil.

La luz exterior ilumina la práctica totalidad de las estancias: dormitorios, comedor, cocina, sala de TV. Las habitaciones interiores, despachos de educadores y dormitorios que dan al patio de luces, están iluminadas por fluorescentes. El ambiente es gélido (y no se trata únicamente de una percepción subjetiva): por un lado, la calefacción en la planta de arriba está estropeada –desde hace tres años–. Por otro, la señora de la limpieza, con

el propósito de ventilar la casa, mantiene entreabiertas las ventanas principales desde la mañana hasta primera hora de la tarde. A nadie parece importarle.

La planta del edificio es cuadrada. Las estancias principales están comunicadas entre sí de modo que, entrando por la puerta principal, es posible realizar un recorrido circular con el mismo punto de salida que de llegada: recibidor-pasillo 1-comedor-sala de TV-despacho educadores-pasillo 2-recibidor. Las escaleras que conducen al segundo piso son el epicentro de la planta.

Realicemos un trayecto descriptivo de la primera planta, partiendo de la entrada principal. Lo primero que encontramos al traspasar el umbral de la puerta es un pequeño recibidor con una mesa en la pared acompañada de un jarrón con flores de plástico amarillas y un espejo. Este espacio queda franqueado por dos puertas. Derecha: pasillo inaccesible para los internos, al que denominé pasillo 2 que conduce a los despacho de los educadores y el de coordinación. Izquierda: las escaleras de un lado y el pasillo 1 que conduce al comedor, de otro. Tomemos esta dirección. La primera puerta de este pasillo es el despacho de la directora, de unos 6m2, alberga una mesa de trabajo con un ordenador y otra de reuniones para cuatro o cinco personas. La segunda puerta, corresponde al baño que utilizan los jóvenes. El pasillo desemboca en la estancia más grande de la casa: el comedor (rectangular, 32m2). En el centro: una mesa grande, pero enclenque, de formica con capacidad para 16 personas, y utilizada en los almuerzos y las cenas. En la pared derecha otra más pequeña para desayunos, meriendas y comidas fuera de horario. Junto a ella, un mueble cerrado con llave en el que se almacenan alimentos. En la pared opuesta encontramos un mueble de estanterías despobladas y cajones para guardar el menaje (platos, cubiertos y servilletas). A su izquierda, otro mueble de puertas corredizas, también cerrado con llave.

Al fondo del comedor encontramos la puerta de la cocina. Es un estancia estrecha con mobiliario de cocina industrial: grandes fogones, encimeras metálicas y ollas gigantes. A la izquierda de esta puerta, otra, pero más grande y de cristal: la que comunica con una pequeña terraza en la que encontramos las escaleras que bajan al patio trasero, así como el cuarto de la lavadora/secadora y la despensa –también cerrada con llave–. Unos geranios

floridos, comprados y cuidados por la señora de la limpieza, contrastan con el trasfondo metálico: la fábrica de jabones.

Si continuamos hacia nuestra izquierda, nos topamos con la sala de la TV (8m2) presidida por un gran televisor colocado sobre un mueble también de formica. Frente a éste, encontramos un sofá destartalado color granate de cinco plazas en forma de ele. De una de las paredes cuelga un póster de una céntrica plaza de Torrejón; de otra, un panel de corcho con dos recortes de periódico: “La maría más oscura”, artículo sobre la producción domestica de marihuana transgénica y los peligros que comporta su consumo y otro sobre los jóvenes ni-ni. También hay un artículo de una revista de salud sobre la micosis en los pies y, por último, una hoja con los turnos semanales de los internos para fregar los platos y, poner y quitar la mesa.

Esta sala cuenta con otra pequeña terraza, a la que se accede por una puerta de cristal. Las dos terrazas y el patio trasero son los únicos espacios en que está permitido fumar. Junto con el comedor, la terraza de la sala de TV constituyen los espacios más utilizados por lo jóvenes. Esta terraza, poco frecuentada por los educadores, es el lugar habitual de reunión después de las cenas, en el que los internos conversan y fuman distendidamente.

En el lado opuesto a la terraza encontramos la puerta del despacho de educadores (12m2), un espacio destinado a las tutorías y al trabajo de los profesionales. Los jóvenes sólo pueden acceder a él con el permiso –y en presencia– de los profesionales. Si hasta el momento la escenografía era sobria y exigua, el despacho irrumpe con una profusión de objetos y muebles diversos: un armario archivador de grandes dimensiones, una fotocopiadora, impresora, fax, varias sillas, múltiples carpetas, un perchero… La mesa de trabajo presenta un especial desorden: el ordenador circundado por múltiples papeles, un periódico que nunca traspasa la puerta del despacho, un teléfono, el “Libro Diario” (cuaderno voluminoso en el que registran las incidencias del turno, las horas de llegada de los chicos, las llamadas que han realizado, puntuación del comportamiento…). La ruptura decorativa no sólo es cuantitativa, la calidad del mobiliario también cambia. Son muebles más robustos y, aparentemente, más costosos. Detrás de la mesa de trabajo, encontramos otro armario archivador de dimensiones más pequeñas, saturado con

portafolios, cuadernos, medicinas y una caja de plástico con pequeños cajones. En ellos se guardan las pertenecías de valor de los jóvenes (MP3, I-pod, etc.) y sus teléfonos móviles (la normativa impide su uso en el interior del centro). En la pared derecha de la mesa encontramos un panel de corcho con varios papeles (horario de tren y autobuses, lista actual de chicos en el centro, un calendario, etc.). El despacho comunica con el pasillo 2 que conduce, a lo largo de cinco metros, al punto de partida del recorrido: el recibidor de la entrada principal. A la izquierda de la mitad del pasillo se encuentra la puerta del despacho de la coordinadora (4m2). Cuenta con una mesa de trabajo, un ordenador, cafetera, armario archivador y perchero. La concentración de objetos por metro cuadrado sigue siendo elevada, aunque encontramos algo más de orden que en el despacho de educadores. La segunda puerta también del lado izquierdo del pasillo, corresponde al baño que utiliza el personal. Está conformado por tres pequeñas piezas (8m2): una para el lavamanos y las taquillas de los educadores, otra para la ducha y una tercera para el váter. En esta puerta, a la altura de los ojos cuando te sientas en el WC, encontramos colgada una fotocopia a color del rostro de un hombre indigente de semblante enajenado que ríe exhibiendo una dentadura mellada y semipodrida. Es una imagen un tanto dantesca. Al preguntar por ella, una de los educadores me contesta que no sabe de dónde ha salido, que está colgada “por hacer la gracia”.

Dirijámonos ahora a la segunda planta. Las escaleras desembocan en un pasillo que se bifurca en dos direcciones opuestas. La distribución de las estancias es simétrica a ambos lados. El lado derecho conduce a un pasillo perpendicular a éste. A mano izquierda tres puertas, todas cerradas con llave y que Adolfo, el educador-guía, irá abriendo y cerrando una a una a lo largo de la visita. 1) Un cuarto minúsculo para uno de los veladores que pernocta en el centro. Cuenta con un sillón reclinable para dormitar y una mesa. 2) Un dormitorio –el único individual– con un catre de hierro esmaltado en azul, un pequeño armario de formica y una diminuta ventana que da al patio de luces. Este cuarto, algo lóbrego, está destinado a aquellos jóvenes que trabajan y deben levantarse temprano. Adolfo, me presenta este cuarto también como un “premio-privilegio” para los que consiguen un empleo. 3) La tercera y última puerta del lado izquierdo es la biblioteca (24m2), una sala rectangular bien iluminada a través de un balcón que da al patio trasero. La biblioteca cuenta con el mobiliario más consistente de los espacios comunes. En el

centro encontramos una mesa ovalada con seis sillas a su alrededor. En la pared opuesta a la puerta, y a la derecha de la puerta del balcón, otra mesa, mucho más pequeña, con el único ordenador disponible para los internos. Su uso está regulado por los educadores. Cuenta con conexión a Internet, aunque tienen la prohibición de acceder a “todo lo que les conecta con el exterior”40, en alusión al Messenger, Facebook, correo electrónico, etc.

Asimismo, tampoco está permitido visitar webs “pornográficas” y “violentas”. Ante las reiterativas transgresiones de los jóvenes a esta norma, Adolfo me explica que el equipo educativo decidió emplazar la mesa en un lugar “estratégico”: justo enfrente de la puerta, de tal forma que el educador puede ver la pantalla del ordenador con tan sólo asomarse a la puerta. La pared de la derecha cuenta con un mueble de estanterías que la cubre en su totalidad. Los libros, abundantes, envejecidos y sin clasificar, son una donación que una escuela pública realizó a finales de los ochenta. “¿Alguna nueva adquisición desde entonces?”, pregunto. No, salvo alguna que otra remesa de libros de los que alguna escuela del barrio quería librase. A excepción de la colección completa de Las Aventuras

de Tintín, el resto no invitan especialmente a la lectura. Durante los meses que duró el

trabajo de campo, registré en una ocasión a uno de los chicos utilizando el espacio para hacer los deberes del Ciclo de Grado Medio (en adelante, CFGM) que estaba estudiando. Es más frecuente que usen este espacio para utilizar el ordenador. Los viernes por la mañana la biblioteca está reservada para la reunión semanal del equipo educativo.

Caminemos ahora hacia el extremo opuesto del pasillo. Encontramos dos puertas. La primera a nuestra derecha corresponde a uno de los dos baños de la planta (6m2, baldosas blancas, limpio y sin ventanas). La segunda puerta es un dormitorios también cerrado con llave. Se trata de una estancia de 8m2 que alberga una litera metálica de dos plazas y un armario empotrado; está bien iluminado por la luz que entra a través del balcón que da a la calle principal. La decoración es escueta. Los chicos tienen en cada una de las habitaciones un corcho en el que poder colgar fotografías, pósters, calendarios, etc. bajo la supervisión de los educadores. En este caso, encontramos una fotografía en la que aparece uno de los moradores del cuarto en su anterior centro y una tela con la estampa de Bob Marley. No está permitido salir al exterior desde ninguna de tres habitaciones que

40 Con estas palabras respondió Álex, educador de noche, la pregunta acerca de las webs que

cuentan con balcón. “¿Por qué?”, pregunto. “Por qué le dicen cosas a las chicas que pasan por la calle”, contesta Adolfo. Las puertas no tienen manilla a tal efecto; no obstante, todos los marcos de las puertas que dan acceso a los balcones han sido forzados por los internos para poder ser abiertas en cualquier momento.

Volvamos de nuevo a las escaleras que desembocan en la segunda planta. Del lado izquierdo de éstas, encontramos un pasillo. Hagamos el mismo itinerario que en el de la derecha. La primera puerta es un dormitorio individual (6m2) con un catre metálico y una mesita de noche. Una ventana diminuta que, como en el otro lado de la planta, también da al patio de luces e ilumina exiguamente la habitación. Observo en el panel de corcho tres fotografías del hermano mayor de Miguel, el ocupante del cuarto. Mi guía me cuenta que el fotografiado murió en un accidente de tráfico el mismo día que salía de la cárcel después de ocho años, y que se ha convertido en “una leyenda para los chicos”. Segunda puerta: el dormitorio más grande del centro con capacidad para cuatro internos (15m2). También cuenta con un pequeño balcón que da al patio trasero y desde el que puede observarse el ventanal de la biblioteca. Decoración similar al resto de habitaciones (dos literas metálicas, un armario de formica, dos mesitas de noche y dos paneles de corcho a sus costados). Los corchos de esta habitación están graficados con rotulador. Podemos leer en uno de ellos: I’m not guilting41, seguido de Hicham cabeza de polla. Daniel

the best wili morris; Hasta nunca se bañan que ya huelen mal, Hicham de Sant Feliu.

En la recta final del recorrido y tomando el extremo opuesto del pasillo, embellecido con dos cuadros que perecen extraídos de un bazar chino, encontramos, en primer lugar, otro baño (idéntico al del ala derecha). La segunda puerta corresponde a la quinta y última habitación. Tiene capacidad para cuatro plazas pero es algo más pequeña que la anterior (10m2). Cuenta con dos literas, un armario empotrado, los correspondientes paneles de corcho y un balcón –el marco de la puerta también está forzado–.

Tanto los dormitorios, como la biblioteca y el cuarto del velador, permanecen cerrados con llave durante el día. Estos son abiertos por la noche o cuando los internos solicitan

echarse la sienta o coger ropa para cambiarse. Los educadores cuentan con las llaves de todas las estancias, incluidas la cocina y las despensas. La cocinera también tiene llave de estas últimas.

Aunque el interior de la casa fue reformado hace escasos tres años, la restauración no parece muy cuidada. Es un espacio, podríamos decir tras una primera impresión, insustancial. El mobiliario no está defectuoso, no hay puertas rotas, ni paredes desconchadas, tampoco ventanas desvencijadas. Sin embargo, la decoración escueta y la disposición de los muebles le confieren un aire, en general, de desafecto. Tomando como alegoría la Poética del espacio de Bachelard (2006), diríamos que el IB responde más bien a una suerte de antipoesía del espacio. Las paredes son blancas, las baldosas del suelo gris plomizo. El escaso mobiliario que puebla los espacios comunes es endeble y ordinario. No hay plantas, ni ornamentación alguna, más allá de algunos cuadros en las paredes. El mapamundi enmarcado en la biblioteca es el único elemento que rompe con la desatención decorativa. Otros elementos de apatía espacial son, por ejemplo, el hecho de que después de fregar el comedor, sala de TV y los pasillos, la señora de la limpieza coloque hojas de periódico en el suelo que, con frecuencia, no son retiradas hasta el día siguiente. Las sillas del comedor permanecen apiladas en un rincón. Y una última: el sonido de la TV es la melodía de fondo del Benjamenta. Su voz en off es el hilo musical que se extiende ininterrumpidamente mañana y tarde por el centro, aunque nadie la esté viendo.

2.3. Los personajes

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