La historia de los métodos para la enseñaza de la lectura y la escritura en Cuba, parte del empleo de la vieja cartilla con su método alfabético de antiguo deletreo y su preocupación exclusiva por la lectura oral y traductora mecánica de los signos impresos o escritos, que era empleada por muchos, aún en la cuarta década del siglo XX.
Las ideas educativas del Padre José Agustín Caballero (1762-1835) permiten considerarlo como un necesario eslabón entre el escolasticismo y las nuevas ideas, sin romper definitivamente con la tradición, fue un primer paso en el camino de la búsqueda de un pensamiento educativo propio.
Para él toda la escuela debía dividirse en clases de leer, escribir y contar.
La clase de leer comprendería la cartilla, el deletreo y la lectura. En lo que respecta a la cartilla ofreció orientaciones precisas para su uso, advirtiendo a los maestros que no debían enseñar según la práctica común de esa
época, sino dirigiéndoles para que pronuncien cada palabra de una vez y comenzar por las más fáciles. Estableció que en la clase de deletrear se siguiera el método silábico y para la lectura recomendó a los maestros celaran mucho la pronunciación, ofreciendo observaciones interesantes para hacer que todos leyeran sin perder el interés.
Para la clase de escribir brindó recomendaciones que tienen que ver con la higiene escolar, relativos a la postura del cuerpo, de la mano y el manejo de la pluma. En este sentido las orientaciones son muy precisas y sorprendentes para la época, “… el brazo y la mano del que escribe se debe dejar caer naturalmente de modo que el codo quede separado del cuerpo y no salga fuera de la mesa tres o cuatro dedos para que tenga libertad. Pongamos los dedos tendidos sin violencia, en especial los que llevan la pluma, el cuarto algo encogido, de suerte que descanse sobre el más pequeño, que es el que recibe todo el peso de la mano y el que la guía. El cuerpo y la cabeza rectos. El papel que mire con el ángulo inferior a la izquierda al medio del pecho del que escribe.” (Caballero, J. A., 1956: 19-36)
El criterio de que no bastaba traducir los signos impresos y memorizarlos automáticamente, tuvo sus defensores, quienes abogaban por la importancia del significado y de la lectura consciente.
El Padre Varela (1788-1853) en su discurso de ingreso a la Sociedad Económica de Amigos del País, criticó el plan puramente mecánico de enseñanza existente en su época por creer que los niños son incapaces de combinar ideas, y que debe enseñárseles tan mecánicamente como se enseñaría a un irracional. Esta crítica iba dirigida no solo al plan de estudio general, sino a la raíz del mal, a los métodos de lectura y del lenguaje.
Las ideas educativas de José de la Luz y Caballero (1800-1862) proponían convertir la escuela como institución social, como la vía idónea para garantizar la formación de las nuevas generaciones de cubanos. Planteó ajustar la educación a las condiciones histórico-concretas imperantes en el país.
A finales del siglo XIX e inicios del XX se destaca Manuel Valdés Rodríguez (1849-1914) planteando que para lograr los fines de una enseñanza eficiente de la
lecto-escritura el alumno tiene que participar activamente en el proceso de aprendizaje, es necesario que mire, vea, sobre todo que interrogue, indague, sienta la necesidad de saber, haga las afirmaciones que le permitan su estado mental, la cultura de su vista y de su oído.
En el siglo XX, el Dr. Alfredo Aguayo (1932) afirmaba que la preparación de la clase de lectura debe ser triple: técnica, intelectual y emotiva. Explicó en sus trabajos y publicaciones sobre lectura y lenguaje, métodos que atendían primero a la comprensión de las palabras, que tendían a acercar espiritualmente al niño al contenido de la lectura, a las emociones que esta puede provocar, para adiestrarlo bien en la lectura oral de máximo valor: la lectura expresiva.
El movimiento renovador de los métodos de lectura influyó en los maestros cubanos a través de todas las vías y se comenzó a aplicar diversos métodos analíticos acompañados de distintos grados de análisis. El más divulgado el método de palabras normales utilizado por el Dr. A. Aguayo, Carlos de la Torre, Miguel Ángel Cano y por otros pedagogos en sus libros de lectura. Este método se ha mantenido vigente, modificado o ampliado con técnicas variadas hasta hace poco tiempo.
El perfeccionamiento actual de nuestro sistema de enseñanza exige que ese cambio radical empiece desde el primer grado. Para ello es necesario que la enseñanza de la lectura y la escritura considere y se apoye en los adelantos de la ciencia en general y de la pedagogía marxista-leninista, la psicología y la ciencia lingüística en particular, sin perder de vista que estas proclamaban la prioridad de la lengua oral, la esencia social del lenguaje y su estudio científico.
Lo planteado anteriormente se tiene en cuenta en el método que se emplea actualmente en la escuela primaria de Cuba: el método fónico-analítico-sintético,
aplicado desde el año 1975.
El método fónico-analítico-sintético al apoyarse en la ligüística moderna, tiene en cuenta el lenguaje articulado, que es el primero que aparece en el hombre, en la sociedad humana, se desarrolla el lenguaje escrito después del oral y sobre la base de este último. Aplicando los principios de Fonología y Fonética, que como parte de la ciencia lingüística se ocupan del estudio y descripción de los elementos fónicos de la lengua y del habla, respectivamente. Al conjugar esos
principios con los requerimientos psicológicos y pedagógicos necesarios para lograr una mejor dosificación y graduación de las dificultades, se ha procurado al elaborar el método ir de lo más sencillo a lo más complejo.
Un elemento del método es el ordenamiento de los fonemas y grafemas para su presentación y estudio en el texto del alumno:
* a, e, o, i, u, m, p, y, t, l, n, d, f, ñ, b, y, s, z, c, j (e-i), c (a-o-u), ch, r, rr, ll, y, j, g, x, k.
Además se espació la entrada de sílabas mixtas, inversas, directas dobles y palabras polisílabas.
Otro elemento importante del método son las operaciones mentales de análisis y síntesis. Los niños se ejercitan en el reconocimiento de cada uno de los elementos que integran un todo, aprenden a analizar y dividir las oraciones en palabras, sílabas y sonidos y luego mediante la síntesis, aprenden a integrar de nuevo las partes, hasta llegar a recomponer el todo. Así llegan a dominar el proceso de la lectura; pero simultáneamente, aprenden a representar los sonidos con letras y a componer palabras, oraciones empleando primero tarjetas donde aparecen impresas y luego aprenden a escribirlas con letra cursiva en la misma secuencia con que tiene lugar en la clase de lectura, logrando el dominio del proceso de la escritura.
Es decir, que en el proceso de la lectura y la escritura interactúan ambos procesos y los alumnos reciben nociones fonéticas y gráficas del sonido. Para favorecer la rapidez y efectividad en la relación de las formas de lenguaje -oral y escrita- se utiliza un procedimiento que sirve como mecanismo intermedio: el esquema gráfico.
El trazado del esquema le permite al niño representar gráficamente lo que pronuncia (oración, palabra, sílaba, sonido). El empleo de este procedimiento es válido hasta que el alumno esté en condiciones de establecer la correspondencia adecuada sin necesidad de apoyo.
En el análisis realizado por la autora de los métodos existentes para la enseñanza de la lecto-escritura en Cuba no se manifiesta de forma explícita la prevención en las dimensiones propuestas, dirigiendo la atención a la prevención de la ortografía en cada uno de los grados de la Enseñanza Primaria.
La lectura y la escritura resultan ser estrategias complejas, aun para la mayoría de los niños que aprenden a leer y escribir sin dificultad. Es obvio que contando con un grado de maduración determinado y con un ambiente pedagógico favorable, los niños son capaces de acceder sin problemas al dominio de la lecto-escritura; ahora bien, estos procesos pueden llegar a convertirse en laberintos para niños totalmente normales en otros aspectos de su desarrollo, pero que presenta problemas específicos de lecto- escritura.