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Un día acaeció que Brynhildr y Gudrún se fueron al río Rin para lavarse. Brynhildr entró en el río algo más que Guðrún. Guðrún le preguntó qué significaba aquello.

Brynhildr le dijo: “¿Por qué debo ser tu igual en esto más que en las demás cosas? Yo creía que mi padre era más poderoso que el tuyo y que mi marido ha realizado muchas hazañas y atravesado el muro de fuego mientras que el tuyo fue esclavo del rey Hjálprekr.”

Guðrún le respondió furiosa: “Sería más inteligente por tu parte que te callaras en lugar de hablar mal de mi marido, porque todos dicen de él que en este mundo todavía no se ha visto nunca a nadie que se le iguale en cualquier cosa que sea, y es impropio que hables mal de él porque él fue tu primer marido, él fue el que mató al dragón Fáfnir, él el que atravesó el muro de llamas, y al que tú tomaste por el rey Gunnarr, y él el que se acostó contigo y él el que te sacó de tu dedo el anillo Andvaranautr: ¡míralo, a ver si lo reconoces!”

Brynhildr entonces miró el anillo y lo reconoció. Se puso tan pálida como si estuviera muerta. Brynhildr regresó de inmediato a sus aposentos y en toda la velada no dijo ni una palabra.

Cuando Sigurðr se fue a acostar, Guðrún le preguntó: “¿Por qué está enojada Brynhildr?”

Sigurðr le respondió: “Exactamente no lo sé , pero algo me dice que pronto lo sabremos algo más detalladamente.”

Guðrún dijo: “¿Por qué no estará satisfecha con toda su riqueza y su feli- cidad y las alabanzas de todo el mundo y teniendo por marido al que que quería?”

Sigurðr le replicó: “¿Dónde estaba cuando dijo que creía haberse casado con el más eximio de todos los hombres o con el que le hubiera gustado casarse?”

Guðrún respondió: “Mañana le preguntaré con quién desearía estar casada.”

Sigurðr le respondió: “Te aconsejo que no lo hagas o te arrepentirás de haberlo hecho.”

A la mañana siguiente, las dos mujeres estaban sentadas en su skemma y Brynhildr continuaba callada. Entonces Guðrún le dijo: “¡Alégrate, Brynhildr! ¿Estás apesadumbrada por la conversación que mantuvimos? O si no, ¿qué te quita la alegría?”

Brynhildr respondió: “Dices esto por malquerencia porque tienes un corazón cruel.”

“No lo creas”, dijo Guðrún, “pero respóndeme a lo que te he preguntado.” Brynhildr le replicó: “No preguntes más que lo que te conviene saber, como es propio de las mujeres poderosas: es bueno que te dés por satisfecha con lo bueno, porque entonces todo irá a pedir de boca.”

Guðrún respondió: “Todavía es demasiado pronto para jactarme de eso, pero lo que has dicho suena a presagio de algo. ¿Qué me estás reprochando? Nunca te he hecho ningún agravio.”

Brynhildr respondió: “Pagarás por haberte casado con Sigurðr, no puedo soportar que disfrutes de él ni de su gran tesoro.”

Guðrún respondió: “No sabía nada de vuestro compromiso, mi padre hubiera podido arreglarme una boda con la que tú no tuvieras nada que ver.”

Brynhildr respondió: “No estuvimos hablando en secreto y, sin embargo, nos hicimos los juramentos del matrimonio. Vosotros sabíais bien que me estabais traicionando y me vengaré de ello.”

Guðrún respondió: “Has hecho un mejor partido de lo que te mereces y tu arrogancia excesiva acabará mal y por su causa, muchos lo pagarán caro.”

“Estaría satisfecha”, dijo Brynhildr, “si no tuvieras al más noble de todos los hombres.”

Guðrún respondió: “Tienes un marido tan noble que no se sabe qué rey puede ser más noble que él, y también tienes muchísimas riquezas y muchísimo poder.”

Brynhildr respondió: “Sigurðr mató a Fáfnir y eso vale más que todo el reino de Gunnarr” tal y como se canta:

Sigurðr vá at ormi, Sigurðr mató el dragón en þat síðan mun y esta proeza desde entonces engum fyrnask, jamás caerá en el olvido meðan ǫld lifir; mientras haya gente; en hlýri þinn pero tu hermano hvárki þorði no tuvo valor ni

eld at ríða para lanzar su caballo hacia el fuego né yfir stíga.” ni para atravesarlo.”

Guðrún respondió: “Fue Grani el que no se atrevió a galopar hacia el muro de fuego porque Gunnarr le montaba, pero Gunnarr sí que atrevía a lanzarse al galope hacia el fuego: no pongas en duda su valor.”

Brynhildr le respondió: “No quiero ocultarte que no me acabo de fiar de Grímhildr.”

Guðrún respondió: “No hables mal de ella porque se comporta contigo como con una hija.”

Brynhildr respondió: “Ella es la causa de todo el mal que me atormenta, ella fue la que dio de beber a Sigurðr la cerveza dolosa que hizo que no se acordara ni de mi nombre.”

Guðrún respondió: “Dices muchas palabras inicuas, lo que dices es una gran mentira.”

me has traicionado! ¡Es indigno que compartáis una vida común! ¡Espero que todo os vaya tal y como lo deseo!”

Guðrún respondió: “Disfrutaré de él mejor de lo que tú puedas desear y nadie puede decir que él haya gozado de mí ni una sola vez [antes de lo debido].”

Brynhildr respondió: “Hablas mal y cuando se te pase tu ira, te arrepentirás de lo que has dicho, y ahora, basta ya de palabras ofensivas.”

Guðrún dijo: “Primero me lanzas tus palabras rezumantes de odio y ahora haces como si quisieras arreglar la cosa, pero detrás de lo que acabas de decir continúa habiendo crueldad”.

“Dejémonos de charlas inútiles”, dijo Brynhildr. “Durante mucho tiempo he callado lo que apesadumbraba mi corazón; ahora, es únicamente a tu hermano a quien quiero, y hablemos de otra cosa.”

Guðrún dijo: “Tu corazón está viendo mucho más allá.”

Un gran disgusto resultó por haber ido juntas al río y haber reconocido ella el anillo: de ahí vino su altercado.

XXXI.

[DE CÓMO] LA AFLICCIÓN DE BRYNHILDR CRECIÓ TODAVÍA

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