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ENVIRONMENTAL OBLIGATIONS 37 

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12.  COMMITMENTS, CONTINGENCIES AND LITIGATION 31 

12.3.  ENVIRONMENTAL OBLIGATIONS 37 

Junto con la familia, la escuela es uno de los primeros agentes socializadores desde la infancia temprana, y en ella los niños y adolescentes pasan gran parte del día. Es por esto que su papel en la protección contra el uso, abuso y dependencia de sustancias resulta fundamental. Los factores de riesgo escolar que se consideran más importantes son el bajo rendimiento académico y el fracaso escolar, el bajo apego a la escuela, el tipo y el tamaño de la escuela y la conducta antisocial en la escuela.

5.4.4.1 Bajo rendimiento académico y fracaso escolar

Uno de los factores de riesgo para el consumo de drogas que tradicionalmente ha recibido una mayor atención y ha sido objeto de estudio más frecuentemente es el fracaso escolar, que puede considerarse que incluye también el bajo rendimiento académico o dificultad de pasar de uno a otro curso (Hawkins, Catalano y Miller, 1992). Toda una serie de estudios encuentran consistente que presentar bajo rendimiento o fracaso escolar predice el consumo de drogas en jóvenes (Green, Zebrak, Fothergill, Robertson y Ensminger, 2012; Donath et al., 2012; López y Rodriguez-Arias, 2012), una mayor probabilidad de consumo abusivo de las mismas (Donath et al., 2012; Fleming et al., 2010) y también una mayor probabilidad de usar esteroides anabólico-androgénicos (Dunn y White, 2011).

El rendimiento escolar resulta importante en cuanto al uso de drogas, aumentando el riesgo de consumo. Cuando existe fracaso escolar, independientemente de cuáles sean sus causas, y constituyéndose como uno de los principales factores de protección cuando los resultados son altos, lo que puede deberse a la experiencia de éxito que supone para el niño y el adolescente (Piko y Kovács, 2010).El riesgo de consumo de drogas sería mayor en los últimos cursos de la escuela primaria, que coincide evolutivamente con el periodo de desarrollo en el que el niño y la niña se dan más cuenta de su mundo circundante, de sí mismos y de su papel en él. Existen estudios que muestran que los niños con un pobre rendimiento académico y un inapropiado comportamiento social en edades de 7 a 9 años tienen mayor probabilidad de verse envueltos en problemas de abuso de sustancias a la edad de 14 ó 15 años (National Institute on Drugs Abuse –NIDA-, 2003). Asimismo, cada vez es más evidente que uno de los mayores riesgos para el fracaso escolar es la falta de habilidad para leer en 3º y 4º de educación primaria (Barrera et al., 2002).

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No obstante, a pesar de que el fracaso escolar es un determinante fundamental a la hora de explicar el problema del uso y abuso de drogas y otros problemas de conducta, no debemos olvidar que este es solamente uno de los factores y que en muchos casos el fracaso escolar está relacionado con otros factores distintos a la capacidad intelectual o a la posibilidad de aprendizaje, como puede ser el clima en la familia, el barrio en el que se vive, el nivel de apego social que muestra la persona, etc., y que con frecuencia son los que llevan directamente al fracaso escolar. Del mismo modo, también las creencias de los padres sobre la escuela y lo que sus hijos pueden aprender en ella es un determinante muy importante del propio rendimiento escolar de los hijos y de sus logros académicos posteriores, al transmitirles unas expectativas en un sentido o en otro. No sólo una baja motivación personal para el logro escolar predice un elevado riesgo para el posterior uso de drogas, sino que la percepción de una baja motivación de este tipo en los pares y amigos también resulta un factor de riesgo para el consumo de drogas posterior (Hawkins et al., 1992).

5.4.4.2 Bajo apego a la escuela

Mientras que la satisfacción con la escuela y encontrarse bien en ella facilita el desarrollo de conductas normativas y disminuye las probabilidades de uso de sustancias (Piko y Kovács, 2010), el bajo apego a la escuela, la falta de compromiso y la mala relación alumno-maestro (Markham, Aveyard, Sweeting, West y Young, 2012) o la falta de interés por la misma, es un factor de riesgo para el consumo de drogas (Hawkins et al., 1992).

Parece que la desvinculación escolar está fuertemente relacionada con la deserción de la escuela, así como con conductas problemáticas graves, que incluyen el uso o abuso de sustancias psicoactivas (Fleming et al., 2010; Henry et al., 2012). Las constantes faltas al centro escolar aumentan de forma importante las posibilidades de que el adolescente se implique en conductas inadecuadas para su edad o en conductas de carácter antisocial, entre las que se encuentra el consumo de drogas. Distintos estudios encuentran que aquellos niños o adolescentes que tienen previsto asistir a la escuela tienen un menor consumo de drogas que aquellos que no piensan ir. Específicamente, el “hacer novillos” (faltas a clase no justificadas) es uno de los factores claves para explicar el bajo apego a la escuela, siendo uno de los factores más claramente asociados con el consumo de drogas (Battísüch y Hom, 1997; Donath et al., 2012; Dunn y White, 2011; Gottfredson, 1987; Hallfors et al., 2002).

Abundando en lo ya apuntado en apartados anteriores cuando subrayamos la fuerte interrelación entre varios de los distintos factores de riesgo, es lógico esperar que si la persona que tiene que asistir a la escuela no va, también realizará otro tipo de conductas distintas a las que debe: no asistir a la escuela, no atender las

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explicaciones, no retener lo expuesto, no aprovechar lo que se enseña, etc., y es probable que se implique en otro tipo de conductas, adultas o no normativas para su edad, como consumir alcohol, tabaco u otras drogas. Además, si este tipo de conducta -no asistir a clase- se relaciona con otros factores de riesgo para el consumo de drogas ya comentados, tales como desarraigo familiar, pobre control en el barrio, problemas personales, etc., es aún más probable que siga desarrollando esas conductas. Además, y de modo circular, el comienzo temprano del consumo de drogas, como el tabaco, el alcohol y el cánnabis también incrementa posteriormente el riesgo de abandono prematuro de la escuela sin finalizar los estudios.

5.4.4.3 Tipo y tamaño de la escuela

Podría pensarse que el tipo de escuela y el tamaño de la misma influye también directa o indirectamente como factor de riesgo en el consumo de drogas, ya que lo más probable es que una escuela en un barrio marginal tenga mayores problemas que una escuela en un barrio rico sin problemas sociales importantes. De igual modo, un mayor tamaño de la escuela lleva a pensar que podría haber un menor control de los profesores sobre sus alumnos. En el sentido contrario, el percibir y tener disponibilidad por parte del profesorado para hablar de los problemas personales probablemente tendría ciertos efectos protectores.

Esta cuestión fue analizada de forma específica en España por Recio et al. (1992) este autor encontró que la mayor probabilidad de consumo de sustancias se daba en aquellos alumnos que estudiaban en un centro con mayor número de alumnos y en escuelas privadas de carácter laico. Por el contrario, esta relación no aparecía entre los que estudiaban en centros de menor tamaño o en escuelas públicas o privadas de orientación religiosa. También sus resultados indicaban que la relación anterior sólo aparecía referida al consumo de algunas drogas. Por ejemplo, el carácter privado laico del centro predecía sólo el consumo de tabaco, alcohol y tranquilizantes; el carácter privado de la escuela, tanto laica como religiosa, estaba negativamente asociado al uso de barbitúricos; y, el mayor tamaño del centro predecía tanto el uso de alcohol y cánnabis como de tranquilizantes y analgésicos. Estudios más recientes aportan nuevos datos al respecto, ya que se ha encontrado mayor proporción de adolescentes que consumen drogas (sobre todo tabaco) que provienen de centros públicos, en la línea de otros estudios precedentes (Yáñez et al., 2006) pero en contra de otros (Bjarnason et al., 2003; Paniagua, Castellano, García, Redondo y Sarrallé, 2001).

La ubicación del centro también ha sido objeto de estudio, las zonas marginales se han relacionado con mayores problemas en la escuela y en sus alumnos y profesores, así como con una menor motivación del profesorado, mayores conflictos, etc. Se ha observado que los alumnos/as de centros ubicados en zonas rurales consumen drogas en mayor proporción que los que no se ubican en dichas

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áreas (Bisseto et al., 2012), si bien, como en otros factores de riesgo y protección, esto va a depender mucho de otros factores sociales y puede ser modelado por ellos.

Finalmente, otros factores relacionados con la calidad de la escuela, como la exposición a situaciones de victimización por violencia en el entorno escolar han mostrado también una asociación con el uso de drogas y otras conductas de riesgo para la salud (Ljubotina, Galic y Jukic, 2004). Un estudio prospectivo realizado a nivel nacional en Finlandia investigó los comportamientos de intimidación y victimización (bullying). Se estudió el sufrimiento de dichos comportamientos a los ocho años (n=2.946) y el consumo de sustancias a los 18 años, en varones. Las conductas de acoso y psicopatología infantil a la edad de ocho años se obtuvieron de auto-informes de los profesores, los padres y de los propios niños. A los 18 años los auto-informes de embriaguez fueron frecuentes (una vez a la semana o más), el tabaquismo diario (10 cigarrillos o más al día) y el uso de drogas ilícitas, durante los últimos seis meses, fue de un 78%. En el análisis multivariado, la intimidación predijo el uso ilícito de drogas, en cambio el sufrimiento de acoso escolar se asoció a una menor incidencia del consumo de drogas ilícitas. Por tanto, ser víctima de acoso escolar predispone de modo particular a fumar tabaco posteriormente y el bullying en la infancia podría considerarse como el primer indicador de consumo de drogas ilegales en el futuro (Niemelä et al., 2011).

Es interesante incluir, para terminar, un reciente estudio realizado por Tucker et al. (2012) en el que se estudia la popularidad entre los adolescentes como un posible factor de riesgo para el uso de sustancias, obteniendo sorprendentes resultados: los estudiantes que puntuaron más alto en popularidad eran más propensos a ser fumadores de por vida, bebedores y usuarios de cannabis.

5.4.4.4 Conducta antisocial en la escuela

Una conducta que se desarrolla frecuentemente de modo paralelo al consumo temprano de drogas en la escuela es la conducta antisocial. Aunque la conducta antisocial y otros problemas de conducta son variables de tipo individual (Hawkins et al., 1992), cuando la persona está en la escuela, ese problema de conducta se pone de manifiesto dentro de ese concreto contexto de funcionamiento social. De ese modo, su problema individual de conducta pasa a convertirse en un problema familiar, escolar y comunitario, en función del distinto contexto de actuación en que se encuentre la persona en cada momento.

En la escuela, la conducta antisocial individual acarrea problemas importantes de adaptación y problemas relacionados con la disciplina y las normas del centro, relación con los profesores y con otros alumnos, etc. Al mismo tiempo, puede llevar a problemas de fracaso escolar, poca valoración de la persona por parte de sus

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profesores, necesidad de prestarle mucha atención para controlar sus conductas problema pero poca para con su aprendizaje y conducta más relacionada con el desempeño escolar, mayores quejas a los padres por su comportamiento en la escuela, etc. Todas estas consecuencias de la conducta antisocial individual se asocian asimismo con un riesgo incrementado para el consumo de drogas (Hawkins et al., 1992), una iniciación más temprana en el mismo, un riesgo mayor de borrachera, en el caso del alcohol, en forma de comportamiento agresivo con los docentes (Donath et al., 2012) y, en general con un mayor número de problemas cuando ambas conductas se dan al mismo tiempo (Ljubotina et al., 2004; Petterson et al., 1992). Por tanto, aunque la conducta antisocial se manifiesta a través de diversos comportamientos, siendo uno de ellos el consumo de drogas, en el marco escolar se convierte en un factor de gran relevancia para el desarrollo de otros problemas de adaptación y de conducta.

5.4.4.5 Factores de protección en la escuela

El rendimiento escolar se ha constituido como uno de los principales factores de protección cuando los resultados son altos (Farhat et al., 2011; Piko y Kovács, 2010), así como la participación en actividades extracurriculares (Schepis et al., 2011).

En general, se acepta la hipótesis de que una mayor vinculación y apego a la escuela resulta un factor de protección frente a una variedad de conductas de riesgo para la salud durante la adolescencia, no solamente para el uso o abuso de drogas, sino también para otros comportamiento problemáticos (Hawkins et al., 1992; Piko y Kovács, 2010). El grado de integración en la escuela y la buena relación con el profesorado son factores de protección frente al consumo de drogas (Markham et al., 2012), incluso cuando se controlan características individuales y escolares relevantes, los centros educativos que alcanzan un sentido más alto de comunidad cohesionada muestran una tasa de delincuencia y consumo de drogas más bajo, sugiriendo que la cohesión y el apego al contexto escolar puede moderar las relaciones entre los factores de riesgo y protección individuales, que, a su vez, pueden aumentar la resiliencia de los alumnos (Bonny, Britto, Homung, Klostermann y Slap, 2000).

Sin embargo, el factor de protección esencial en la escuela es una escuela de calidad (Jessor, 1993; Jessor et al., 1995; Jessor et al., 1998; Muñoz-Rivas et al., 2000; Pertusa, Espada y García del Castillo, 2011). Cuando en la escuela hay un adecuado control del profesorado hacia sus alumnos, un seguimiento cercano de los mismos y un trato correcto y adecuado a su desarrollo evolutivo, se favorece un desarrollo integral de la persona. Con ello se facilita que los alumnos puedan funcionar más autónomamente, se encuentren mejor consigo mismos y tengan menos conductas problema, tanto relacionadas con el consumo de drogas como con otras conductas

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problemáticas. Esto viene a apoyar la necesidad de no contemplar de modo aislado el factor del fracaso escolar, ya que el mismo viene explicado por otras múltiples causas, entre ellas, problemas de salud, valores, motivación del logro, problemas de aprendizaje, bajo nivel intelectual, etc. (Craig, 1997).

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