12. COMMITMENTS, CONTINGENCIES AND LITIGATION 31
12.2. LITIGATION AND CLAIMS 31
El relacionarse con compañeros que consumen drogas es un claro factor de riesgo para el consumo de drogas (Andrews, Hops, Li y Tildesley, 2002). Toda una serie de estudios encuentran consistente que salir o realizar actividades con personas de la misma edad que consumen drogas es un fuerte predictor del uso de sustancias en jóvenes (Becoña, 1999; Becoña, 2000; Becoña, 2001; Fergusson, Lynskey y Horwood, 1995; Fleming, Abbott, Catalano y Haggerty, 2010; Gervilla et al., 2011; Hawkins et al., 1992; Jenkins, 1996; Jessor y Jessor, 1977; Kandel et al., 1990; Latimer et al., 2004; Mayberry et al., 2009; Muñoz-Rivas et al., 2000; Rhodes et al., 2003; Scherrer et al., 2012; Secades, Carballo, Fernández, García y García, 2006; Villa et al., 2010).
En cuanto a variables como la edad o el sexo, si la relación con los compañeros que consumen drogas coincide con aquellos que las han consumido a edades tempranas, como ocurre frecuentemente en un grupo de alto riesgo para el posterior consumo abusivo de las mismas, puede darse un consumo más temprano (Hawkins et al., 1992; Hawkins et al., 1995; Kandel, 1996). Y si además existe presión de los compañeros cuando los adolescentes tienen corta edad, de 12 a 13
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FACTORES DE PROTECCIÓN
años, esta, suele predecir el consumo de alcohol u otras drogas, más en caso de las chicas que en el de los chicos (Fahnhorst y Winters, 2005).
Existen estudios que intentan esclarecer los mecanismos de actuación de la pertenencia e implicación en grupos de pares desviados sobre el uso y abuso de drogas posterior. Además de los procesos de interacción grupal, selección de pares, modelado de conductas, decisiones arriesgadas en particular, etc., han emergido otros conceptos explicativos, tales como el uso de jerga y estilos de comunicación desviados que parecen explicar este efecto mediador sobre la conducta desviada y el uso/abuso de drogas posterior (Granic y Dishion 2003). En el estudio de Bobakova et al. (2012) ya comentado anteriormente, los adolescentes afiliados a una subcultura juvenil fueron significativamente más propensos a consumir sustancias a los 15 años de edad que sus pares no afiliados.
Tener percepciones erróneas del consumo de los pares, también puede tener influencias potencialmente negativas sobre el consumo real de sustancias entre adolescentes (Arbour-Nicitopoulos et al., 2011). De igual modo, la relación entre la preferencia de la música y el consumo de sustancias puede estar total o parcialmente mediada por el consumo percibido de los pares (Mulder et al., 2010). La música puede modelar el consumo de sustancias, ya que los aficionados de diferentes tipos de música pueden elegir amigos con patrones de uso de sustancias que refuerzan sus propias inclinaciones por el uso de las mismas. Por otro lado, parece que los estados emocionales negativos y su autorregulación, así como el tipo de relación e implicación con los pares, interactúan para ejercer un papel determinante sobre el uso de drogas en adolescentes (Hussong y Hicks, 2003).
Actualmente, el consumo juvenil de alcohol está vinculado a los momentos de ocio con el grupo de amigos durante los fines de semana, por lo que una serie de estudios han centrado su atención en la implicación, cada vez más extendida, de los adolescentes en este tipo de consumo. Presentan un patrón de consumo de alcohol intermitente, en forma de atracones, concentrado en sesiones de pocas horas, asociado principalmente a las noches de fin de semana y que se realiza con grupos de iguales. Este patrón, denominado consumo intensivo de alcohol, se caracteriza por picos de incidencia entre los jóvenes, igualación del consumo entre sexos, rejuvenecimiento del perfil de los bebedores abusivos y escasa percepción de riesgo (Parada, Caamaño-Isorna, Corral, Crego, et al., 2011). En cambio, estos consumidores abusivos no suelen beber entre semana o con su familia (Laespada y Elzo, 2007).
Y, desgraciadamente, esta situación no es exclusiva del consumo de alcohol. La mayoría de los expertos coinciden en que el uso de drogas, como cannabis, anfetaminas, éxtasis, cocaína y opioides, incluyendo heroína, se estabilizó en 2009, algo que contrasta con la tendencia ascendente de las nuevas sustancias
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psicoactivas. El número total de consumidores de drogas ilícitas ha aumentado desde finales de la década de 1990, si bien, como veíamos en el caso del alcohol, y al contrario de lo que sucede en la población general, donde la prevalencia de consumo de drogas de los hombres es superior a la de las mujeres, tampoco se encuentran diferencias significativas en el patrón de consumo entre ambos sexos (Fernández et al., 2011).
En el Informe Mundial sobre las Drogas (2011) de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONODC), se hace hincapié en la aparición, en los últimos años, de nuevos compuestos sintéticos en el mercado de drogas ilícitas cuyo consumo es cada vez mayor. Muchas de esas sustancias se comercializan como “legal highs” (es decir, sustancias cuyo uso y comercialización no está prohibido o sometido a control), que se ofrecen como sustitutos legales de las drogas clásicas, imitando sus efectos, sin estar sometidas a la regulación internacional aunque sí a diferentes tipos de control según los distintos países. A continuación, y sin intención de ser exhaustivos, se recogen algunas de las denominaciones de este tipo de sustancias:
Research chemicals (RCs). Los RCs, término que en castellano significa “sustancias químicas de investigación”, reciben también el nombre de “nuevas sustancias de síntesis”. Son sustancias psicoactivas sintéticas, no fiscalizadas internacionalmente, que son vendidas por proveedores que operan, principalmente, a través de Internet. Ello no significa que sean sustancias nuevas, unas lo son y otras fueron sintetizadas hace muchos años.
Pharming parties. Es un término concebido por los medios de comunicación que hace referencia a reuniones, fiestas o encuentros donde los asistentes se intercambian fármacos de prescripción y los ingieren al azar con el fin de intoxicarse.
Club drugs - Drogas recreativas. Término genérico utilizado para referirse a las drogas psicoactivas, generalmente ilegales, que son consumidas por los participantes en festivales organizados (rave) o discotecas de música electrónica (dance club). Las sustancias más comúnmente utilizadas son: Éxtasis (MDMA) y otros derivados anfetamínicos, Rohypnol o Rohipnol (bunitrazepam), gammahidroxibutirato (GHB), ketamina, dietilamida de ácido lisérgico (LSD) y otros alucinógenos.
Estas sustancias se pueden obtener en tiendas especializadas (smartshop, headshop, etc.), pero la manera habitual de conseguirlas es a través de tiendas on- line. Un aspecto menos conocido de este grupo de drogas es su papel como sustancias facilitadoras en las agresiones sexuales. Las sustancias más utilizadas con estos fines son el etanol, el bunitrazepam, el GHB o la ketamina, entre otras.
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Algunos ambientes recreativos pretenden ser una expresión de rebeldía, trasgresión o contracultura, lo que logran en no pocas ocasiones, alterando las normas básicas de seguridad. Algunos expertos ya han mencionado que, esa libertad o trasgresión, es aparente y no real, la producción, regulación y consumo de ocio responden en primer lugar a intereses empresariales (Chatterton y Hollands, 2003; Winlow y Hall, 2006; Hadfield, 2006) y en último término, la supuesta desconexión grupal del sistema de valores dominante se revela como una forma de subordinación al mismo.