A lo largo de lo que tradicionalmente denominamos época bajoimperial, es decir durante la segunda mitad del Imperio Romano, los testimonios arqueológicos de pre- sencia humana en el actual Parc Nacional d’Aigüestortes i Estany de Sant Maurici se ha- cen cada vez más frecuentes e intensos. En realidad, este incremento es continuo desde el cambio de era aunque con el paso del tiempo se acentúa claramente. Es posible que este proceso sea el correlato de la creciente presencia del mundo romano en la vecina Val d’Aran en los últimos siglos del imperio (Cots, 2001). De hecho, quizás no es casual que la mayoría de los yacimientos de esta época en el parque se sitúen en su vertiente norte o en zonas relativamente accesibles desde las cuencas septentrionales. Este hecho
podría indicar la vinculación de estos asentamientos precisamente con el poblamiento romano de la cabecera de la cuenca de la Garona, hinterland de la ciudad de Lugdunum Convenarum (la actual Saint-Bertrand-de-Comminges). En todo caso, especulaciones al margen, lo cierto es que este incremento del número de asentamientos a partir de los siglos II y III se corresponde con un aumento de las evidencias romanas en los valles de la vertiente norte de la cordillera.
Las evidencias arqueológicas en el Parque Nacional durante los siglos IV, V e inicios del VI, muestran una continuidad con los parámetros de los siglos anteriores. En cierta medida parece este proceso de reaparición de vestigios arqueológicos de asentamientos marca un patrón de ocupación del espacio de alta montaña en el Pirineo central, o al menos concretamente en el Parque Nacional, que aunque experimente ciertas transfor- maciones, se mantendrá en lo esencial durante unos cuantos siglos hasta bien entra- da la Edad Media. De hecho, en este capítulo las distinciones cronológicas realizadas responden más a la evolución histórica general que a cambios marcados en el registro arqueológico.
Tabla 2. Yacimientos con ocupaciones fechadas por C14 entre el 300 y 550 calNE.
Yacimiento Fase/estrato Código lab Datación (bp) Datación cal. Material
Abric de l’Estany de la
Ribera Hogar KIA-28278 1725+/- 243-393 calNE Carbón
Pletiu de Subenuix II
(edificio 1) Talla 3 KIA-28277 1715+/-15 250-401 calNE Carbón Lac Tort de Rius 4b Beta - 332029 1690+/- 260-300,
320-420 calNE Carbón Gerber I Talla 3 Beta-278787 1580+/-40 401-569 calNE Carbón Abric de l’Estany
Llebreta Nivell 2 KIA-26469 1530+/-30 432-600 calNE Cometes de
Casesnoves II Beta-377579 1530+/-30 425-600 calNE Carbón
Riu de les Abadies I Beta- 278791 1520+/-40 430-617 calNE Carbón
La ocupación de abrigos rocosos como lugar de refugio y habitación
En época tardorromana encontramos en el Parque Nacional algunos abrigos rocosos que fueron empleados como lugares de refugio, como ya sucedía en los siglos anteriores. Concretamente, durante este período se han identificado vestigios de ocupación humana en tres de estos abrigos: el Abric de l’Estany Llebreta, el Abric de l’Estany de la Ribera y el abrigo del yacimiento Gerber I. Sin embargo, a diferencia de los casos descritos en las páginas previas, únicamente en el tercero se han identificado indicios de estructuras de estabulación de ganado o de otros recintos habitacionales. En realidad el segundo consiste en un pequeño recoveco debajo de uno de los bloques de mayor tamaño de un canchal de
grandes piedras que desciende por una de las laderas en la parte superior del valle de Mo- rrano, a 2.380 m de altitud. El espacio que se define debajo de la base de este gran bloque es relativamente ancho, de casi 5 m de largo y algo más de 3 m de ancho. Llamaba también la atención la presencia de sedimento terroso en gran parte de su interior apoyando direc- tamente sobre el sustrato pedregoso del canchal. Cerca del acceso en el año 2005 se realizó un pequeño sondeo que, por debajo de unos 10 cm de suelo vegetal, permitió documentar un estrato de casi 15 cm de ancho formado por grandes carbones y cenizas. Su presencia indicaba, sin lugar a dudas, que en el lugar se habían llevado a cabo actividades de que- ma de leña que, además, había sido aportada intencionalmente en el interior del abrigo, a tenor de las características pedregosas y sin vegetación de lugar donde se encuentra. Aunque este lar contenía un estrato espeso de residuos de fuego, la capa de carbones no presentaba una estratificación interna evidente. Este fenómeno indica que su formación fue rápida y que, seguramente, el abrigo se ocupó durante un único período de tiempo, aunque no podamos precisar de qué longitud. En todo caso, lo que si se conoce a partir de la datación de un carbón, es que esta ocupación se llevó a cabo en algún momento entre el 243 y 393 calNE.
Figura 10. El Abric de l’Estany de la Ribera se encuentra en una zona de caos rocoso. Aun así, fue un lugar apto para conformar un refugio o lugar de habitación en algún momento de los siglos III o IV calNE.
El Abric de l’Estany Llebreta se encuentra en la orilla del lago del mismo nombre, a una altitud de 1.626 m. Como en el caso anterior, no se vincula a ningún cercado. Si bien en sus cercanías se documentaron las trazas de diversos «caleros» u hornos de cal, no está nada claro que la ocupación de la pequeña cavidad se relacione con ellos. El abrigo como tal es relativamente espacioso, con una entrada de más de 2,5 m de alto dando lugar a un espacio de más de 4,5 m de largo y 3,5 m de ancho. Cierra la entrada la base de un muro de piedra que actualmente alcanza algo más de medio metro de alto y que tiene restos evidentes de un derrumbe bastante sedimentado. Por si mismo esto ya es indicativo de que la construcción y su posterior colapso ocurrió en una cierta antigüedad.
La prospección detallada del interior del abrigo permitió recuperar algún fragmen- to de cerámica moderna y una pequeña laja de pizarra trabajada. Diversos carbones en la superficie mostraban que en algún momento se había realizado fuego, actividad que también había dejado alguna traza en la cubierta. Sin embargo, estos materiales parecían demasiado modernos para explicar la construcción tan sedimentada de la puerta. Por esta razón se realizó un sondeo, con el fin de intentar documentar ocupaciones más antiguas. El resultado de la actuación fue positivo y por debajo del sedimento superficial se docu- mentaron dos lenguas diferenciadas de tierra con cenizas que fueron interpretados como dos hogares superpuestos. El nivel de tierra estéril entre ambos indica que se correspon- den con dos ocupaciones diferenciadas, aunque quizás no muy separadas en el tiempo. El hogar más antiguo se dató entre el 432 y 600 calNE. La otra ocupación posiblemente tuviera lugar en los primeros siglos de la Edad Media. Durante la excavación se recogie- ron una quincena de fragmentos de cerámica modelada a mano, pertenecientes a unos 4-5 recipientes diferentes. Tomando en cuenta la reducida extensión del sondeo, ésta es una cifra llamativa. La existencia de un ajuar cerámico diferenciado puede mostrar que al menos una de las ocupaciones fue relativamente intensa o que transcurrió durante un periodo de tiempo en el que se fueron sucediendo diversas idas y venidas de personas que fueron aportando los diferentes recipientes.
En cambio, el caso del yacimiento de Gerber I es similar a los abrigos con ocupacio- nes descritos en el apartado anterior donde, en realidad, estos espacios de habitación que aprovechan estructura del relieve forman parte de asentamientos mucho más ex- tensos. El asentamiento se localiza muy cerca del lago de Gerber, a 2240 m de altitud. A lo largo de más de 1.000 m2 junto al abrigo hay numerosos vestigios de muros que
definen un mínimo de 6 o 7 recintos. Aunque sus dimensiones en general no superan los 50 m2, podrían ser cercados. Llama la atención que algunos de ellos parecen haber
sido construidos sobre lo que parecen terrazas que definen superficies horizontales en una ladera muy inclinada.
Figura 11. En Gerber I la presencia de un abrigo rocoso utilizado como lugar de habitación (imagen dere- cha) complementa la existencia de numerosas construcciones al aire libre, cercados que, en algunos puntos, forman terrazas en el terreno (imagen izquierda).
En el interior del abrigo se efectuó un sondeo. La excavación documentó alguna ocu- pación reciente, muy cercana a la superficie actual, en la que se recuperó una hoja de cuchillo de hierro y algún fragmento de cerámica. Por debajo se documentaron diversas capas de tierra con carbones y cenizas, hasta llegar a lo que parecía un hogar: un estrato con fragmentos de ramas quemadas, muchos carbones y cenizas contenidos o rodeados por diversos clastos y lajas. En ese nivel, además de algunos fragmentos de cerámica, se recogió un fragmento de esquisto pulimentado, cuyo uso todavía está por determinar. La datación de un fragmento de una rama del hogar indica que esta ocupación se llevó a cabo entre el s. V y la primera mitad del VI. El nivel de sedimentación y arrasamiento de los muros exteriores al abrigo indica que seguramente fueran edificados en este período. De hecho, el patrón arquitectónico observado es similar al de los yacimientos del área de Rius que, como hemos visto, tienen cronologías similares. Al igual que sucede allí, aquí también hay otro asentamiento cercano con una morfología y cronología similar. Se trata de Gerger II y, de él, hablaremos en breve.
Continúa la construcción de cabañas grandes o casas pequeñas
A lo largo de este período se siguieron construyendo recintos de habitación de más de 15 m2 de espacio interior. Como ya se ha dicho, este tipo de construcciones contrasta con el modelo típico de cabaña de pastor documentado etnográficamente en el s. XIX y XX (Kruger, 1995; Violant 2001) y arqueológicamente para los últimos 1.000 años en diferentes puntos de la cordillera (Calastrenc, 2014; Gassiot y García, 2014; Orengo, 2010; Rendu, 2003). En reali- dad, la imagen típica de los pastores de las zonas altas de los Pirineos que todos tenemos en la cabeza vivían en cabañas muy pequeñas, con espacio para un hogar y poderse tumbar a su orilla. Las construcciones vinculadas a usos habitacionales al aire libre identificadas en época romana no siguen este patrón.
En el apartado anterior ya se han mencionado un par de casos. Otro ejemplo documentado es el «edificio 1» del Pletiu de Subenuix II. Este yacimiento, registrado el año 2005, se localiza en un pequeño rellano en la parte baja de la ladera de la entrada del valle de Subenuix, a unos 2.165 m de altitud. La zona actualmente tiene una vegetación abierta de pastos. El punto donde se localiza el asentamiento tiene una visibilidad muy buena sobre el Estany de Sant Maurici y una parte del valle de Espot. En la actualidad en el lugar se pueden distinguir restos de muros muy sedimentados dispersos por un área de unos 500 m2. También en las lenguas
de canchal de la ladera se observan algunos alineamientos y bases de muros, un fenómeno bastante frecuente en otros yacimientos.
Entre las construcciones del asentamiento, una de las más visibles es el «edificio 1». Consiste en un recinto de planta más bien rectangular definido por bases de muro de doble paramento de piedras y cerca de 1 m de ancho que actualmente están muy sedi- mentadas, cubiertas por suelo vegetal. El espacio interior conforma una hondura en el microrelieve. Mide aproximadamente 4 m de largo por 3 m de ancho, unas dimensiones similares a las de la habitación del Lac deth Mei y del Pletiu deth Port de Caldes II. Con el fin de poder fechar la construcción, se efectuó en su interior un sondeo arqueológico. La pequeña excavación permitió identificar un nivel de ocupación a unos 17-19 cm de profundidad apoyando sobre lo que podría ser un pavimento de lajas y un enlucido de barro endurecido con fuego. En él se recuperaron algunos fragmentos de sílex, indi- cando que el uso de herramientas de piedra tallada era algo relativamente normal en la época en esta zona. También se recogieron algunos fragmentos de cerámica realizada a
torno, restos de fauna (huesos) muy meteorizados por el sedimento y varios fragmentos de vidrio antiguo, así como algunos carbones. Llama la atención la presencia de restos de vidrio, indicando que los ocupantes de la casa emplearon un ajuar nada habitual ni en otros períodos históricos ni en la información etnográfica de pastores de este sector de los Pirineos. La datación de uno de los carbones del piso de ocupación dio una anti- güedad de entre el 250 y 401 calNE, mostrando que el abandono del edificio se produjo seguramente durante el s. IV.
Figura 12. El edificio 1 del Pletiu de Subenuix II es una construcción muy sedimentada actualmente.
¿Cultivo de cereal por encima de los 2000 m en época romana?
En el yacimiento del Pletiu de Subenuix II hay alguna novedad con respecto a los an- teriores. La revisión del terreno de los alrededores del «edificio 1» permitió documentar otros recintos, alguno de dimensiones reducidas que habría podido ser un pequeño alma- cén, cercados y algo que llama poderosamente la atención: bancales. Concretamente se trata de 4 muros de entre 10 y 15 m de longitud y alrededor de 1 m de alzado que definen escalones en la ladera en diversos puntos. En un caso dos de estas terrazas están super- puestas en la ladera, una por encima de la otra. La funcionalidad de estas construcciones aún no se ha podido determinar con seguridad. Una opción es que pudieran haber servi- do para terraplenar el relieve y definir espacios llanos sobre los que levantar algún tipo de estructura. Sin embargo no se han documentado vestigios de muros que puedan validar esta hipótesis, aunque también es cierto que éstos podrían haber sido de madera o algún otro material perecedero.
Figura 13. Uno de los muros de terraza o bancal en el yacimiento del Pletiu de Subenuix II.
Otra posibilidad es que su construcción se relacione con algún tipo de cultivo. La morfo- logía alargada de los espacios creados así lo parece indicar. Esta opción aparentemente llama la atención por la altitud en la que se encuentra el asentamiento, en un área en la que gene- ralmente la presencia humana se vincula casi exclusivamente a la ganadería. De hecho, más adelante veremos como éste no es el único caso donde se han encontrado estructuras de este tipo. Por otra parte, las evidencias sedimentarias en algunos lugares no muy alejados de la cordillera indican que en diferentes momentos se cultivó cereal en zonas donde en la actuali- dad nos cuesta imaginar que se hubiera llevado a cabo este tipo de actividad.
En este sentido es interesante la información procedente de los análisis polínicos y de micro- carbones en el testigo sedimentario obtenido en un paleolago denominado Estany de Burg, en el Pallars Sobirà, situado a 1.821 m de altitud. Allí el estudio publicado por Bal et al. (2010) muestra elevados porcentajes de polen de cereal en determinados momentos históricos que, al parecer, muestran que su cultivo se llevó a cabo en las inmediaciones del lugar. Uno de estos momentos sucedió a principios del I Milenio antes de nuestra era. El otro, ya más intenso, en época bajo imperial y en la cronología tratada en este apartado. En ambos casos estos cultivos aparecen vin- culados a una importante señal de incendios, tal y como muestran las elevadas concentraciones de microcarbones en el sedimento. Estos incendios seguramente tuvieron un origen intencional y fueron el medio para abrir zonas forestales tanto para cultivos como para pastos, ya que el polen de este tipo de vegetación también experimenta importantes aumentos de frecuencia en estos pe- ríodos. Otro ejemplo, también del Pallars Sobirá, procede de la Turbera de Estanilles, en el valle de Cardós. Allí se documentó polen de cereal en época medieval, a parir del s. XI (Pérez et al. 2012). Que los cultivos eran locales lo prueba la presencia, en el sedimento, también de fragmentos de anteras de flores de cereal doméstico. En definitiva, estos datos avalan la existencia de cultivos en
medios subalpinos en determinados momentos de la historia, posibilidad que las terrazas docu- mentadas parecen indicar también en el caso del Pletiu de Subenuix II.