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Chapter 4 Results

4.3. Implementation of the assays

4.3.1. Establishment of normal expression range in control non-PID donor samples

En este apartado, nos atenemos muy de cerca al artículo del P. Tomás Forrest, publicado en Internacional Newsletter, vol. VI, n. 4, .julio-agosto, 1980.

"Cuando veo la Renovación alrededor del mundo, siento temor que esta vez podamos perder los dones del Espíritu Santo más rápidamente que en los comienzos. La efusión original de los dones duró un siglo, para citar a Santo Tomás de Aquino, (perduraron por lo menos hasta finales del siglo III), pero ahora podríamos verlos desaparecer al cabo de unos pocos años.

Al citar a Santo Tomás disiento respetuosamente de su afirmación de que los dones cesaron porque quizá fueron necesarios sólo en la etapa inicial de la evangelización del mundo pagano. La misión dada por Cristo de proclamar el Reino acompañada con señales y prodigios (Mc 16, 15-18; Mt 10, 7-8), sus promesas de un Espíritu Santo que nos dará su poder, las explicaciones de San Pablo sobre cómo el Espíritu Santo nos capacita y sus exactas palabras cuando dice: 'Dios no se echa atrás después de elegir y dar favores' (Rom 11,29), todo conduce a pensar que los dones se dan para toda la vida de la Iglesia. Cuesta mucho creer que la evangelización es más fácil hoy en día que en el primer siglo; más bien, los dones tienden a desaparecer por el desuso, siguiendo el ejemplo del siervo con su solo talento que, al no usarlo, lo perdió.

"En otras palabras, los dones desaparecen porque o bien se abandonan explícita y deliberadamente, o bien porque se pierden de la misma manera que alguien ignorante o descuidado pierde una moneda o un pendiente. En primer lugar, quiero dar algunas razones por las que, a pesar de la prohibición de Pedro (1 Ped 4, 10), los dones son abandonados."

En la exposición, su artículo es una guía muy apreciable. A las consideraciones de su autoridad, añadimos nuestro pensamiento, inspirado también en otros autores de reconocida experiencia y doctrina.

Algunas razones de peso por las cuales podemos perder los dones:

1ra. El cansancio

Ei desafío básico es la necesidad de perseverar. En la perseverancia nos jugamos no sólo los carismas, sino nuestra propia santidad. La perseverancia -que supone una constante fidelidad- en razón del tiempo, engendra una nueva y fuerte dificultad.

La llamada constante del Señor a perseverar, repetida por San Pablo y San Juan en sus cartas.

Aun lo extraordinario, con el tiempo y la repetición, puede convertirse en algo monótono, rutinario, mecánico, sin alma ni entusiasmo. Los dones son servicios: nuestra naturaleza viciada, el influjo del maligno, se convertirán en tentación de abandonarlos o usarlos fuera del fin para el cual han sido dados por el Espíritu.

Si el don es grande, su demanda puede crecer a tal punto que represente una verdadera crucifixión personal, una cruz que nos distrae de sus verdaderos frutos, atraer a todos a Jesús, como El lo hiciera (Jn 12,32).

La sobrecarga en su ejercicio nos puede llevar a descuidar la preparación para ejercerlos como el Señor quiere; nos puede apartar de la comunicación personal con Jesús por la oración y, en último término, a usarlos mal y aun abandonarlos; todo lo cual repercutirá dañinamente en nuestra sicología y aun en nuestro cuerpo.

2da. Usar los dones se hace gradualmente más duro:

Cada vez que ejercitamos un carisma es un acto de fe, un caminar sobre las aguas como San Pedro.

Este paso es fácil cuando todavía está cercana nuestra experiencia personal del Espíritu Santo. Pero, a medida que pasan los meses y los años, Dios permite que cada vez que oramos por la efusión del Espíritu o por liberación y sanación, o cuando nos usa para enseñar, testimoniar, profetizar ... todo ello es más bien un acto de voluntad. El sentimiento tiene menos participación en nosotros.

Percibimos menos de un modo tangible, la presencia y acción del Señor. Hemos de proceder en fe, y la fe "a secas" puede resultar una dura cruz.

A medida que los años de experiencia en diferentes ministerios se multiplican, puede aparecer una sutil decepción que nos va alejando de una dependencia explícita de los dones. Empezamos a creer que hemos adquirido tanta sabiduría que podemos utilizarla de la misma manera como hemos utilizado anteriormente técnicas y talentos personales. Nuestra mentalidad cambia: "Ahora sé". "Ahora puedo realizar el trabajo". Volvemos a olvidamos que solamente la gracia y el Espíritu Santo pueden efectuar este tipo de tarea y que nosotros sin El, no somos ni podemos nada.

Por eso siempre necesitamos tener un "corazón de discípulo", un "alma de niño"; una disposición interna de tener que estar siempre estudiando (formación permanente), aprendiendo de la experiencia propia y de la ajena.

3ra. Empezamos a considerar los dones demasiado humillantes:

Los dones son acciones de Dios que realiza a través de nosotros, cosas que nosotros mismos no podemos efectuar (1 Cor 2,12). Pero el orgullo interviene ya que prefiero ser el autor antes que alguien simplemente usado aunque sea por Dios. Busco mi gloria; no la edificación de la Iglesia. Me encanta ser el constructor, más que la herramienta en Sus manos. Para el mundo, los dones serán siempre extraños, emocionales y anticientíficos. Y así, aun cuando no hay necesidad de defender los dones de Dios, nos ponemos en un plan

defensivo. Con nuestro orgullo herido por los epítetos que el mundo pone a los que actúan en fe, empezamos a temer los dones y a olvidarlos. Empezamos por cohibimos en su uso y terminamos por abandonarlos.

4ta. Viendo más allá del límite de nuestro don personal

En cada uno el Espíritu Santo revela su presencia, dándole algo que es para el bien de todos (1 Cor 12,7).

En ninguna parte se promete que alguien, fuera de Jesús mismo tendría todos los dones. San Pablo manifiesta que a cada cual se lé otorga un don para provecho común. (1 Cor 12, 4-11). Los clones son complementarios y de ayuda mutua.

Esta es la razón por la que nos necesitamos mutuamente: porque cada cual tiene su don, como lo explica San Pablo (Rom 12,6). Cuando alguno sobrepasa el límite de su don específico y ejerce ministerios sin tener el don correspondiente, comienza a destruir la eficacia y el funcionamiento armónico de todos los dones, puesto que son dones para el crecimiento armónico del cuerpo de Cristo.

El don de María fue la "maternidad espiritual": "Hijo, ahí tienes a tu madre" y nunca vemos a María dejar esa misión y reclamar el don del apóstol o del evangelista. Ahí estaba su poder. No lo diluye reclamando todo ministerio. Tampoco nosotros debemos inventarlo.

5 ta.Ejerciendo los dones en interés propio

Cristo dijo que haríamos cosas aun mayores que El (Jn 14,12-13) "para que den gloria ai Padre".

Pablo nos dice que los dones se nos dan para capacitarnos en el servicio del bien común, del cuerpo de Cristo (1 Cor 12, 7-12; 14,26). El Cuerpo crece a medida que los dones son debidamente utilizados (Ef 4,6), e indica que los dones se debilitan si se trata de manipularlos en interés propio.

Pedro nos exhorta a usar los dones para alabanza y glorificación de Dios (1 Ped 4,11).

Por eso Pablo quiere que los dones estén enraizados y cimentados en el amor (Ef 3, 16-17), y explica que sin amor, aun los dones más preciosos de nada sirven (1 Cor c. 13).

Cuando alguien usa los dones para su propia gloria o para llamar la atención, en realidad está perdiendo el don y su verdadero poder: el poder de edificar el cuerpo de Cristo para la Gloria del Padre.

La tentación del maligno, la raíz del mal en nosotros, el mundo malo y perverso, tienen sumo empeño en que desplacemos a Dios, en gloria y el bien de los demás para colocamos nosotros.

La tentación será sutil, difícilmente perceptible y a partir de un bien o apariencia de bien. (El discernimiento en estos casos será, ordinariamente, no sobre lo bueno y lo malo, sino sobre lo bueno y lo aparentemente bueno).

Diversos modos de utilizar, consciente o inconscientemente los dones en interés propio:  La propia gloria y satisfacción personal; la notoriedad;

 Conservar una fama adquirida;  El poder y dominio espiritual;

 El lucro (raro, pero no totalmente excento).

6ta. No estudiando, no comprendiendo los dones correctamente

Nos olvidamos de las palabras de San Pablo: "No quiero que estén en la ignorancia respecto de los dones espirituales" (1 Cor 12,1). Creemos que en cuanto tenemos un don debemos dejamos llevar por los sentimientos y automáticamente llamar a todo, sentimiento, sin necesidad de un estudio serio y una guía madura, acompañados de un discernimiento comunitario y eclesial.

La falsa creencia de que "lo que vale es la experiencia", sin más 7ma. Permitiendo que la necesidad de aceptación y aprobación estorbe

Hay personas, y aun teólogos, que no aceptarán los dones, sin embargo, ellos forman parte de la Iglesia, pero no son la Iglesia. La jerarquía, los pastores, sobre todo los Papas, la inmensa mayoría de los teólogos y escrituristas, especialmente los de primera fila, los aceptan y defienden en sus escritos.

Es un error común creer que todo el mundo está aceptando la Renovación y los carismas.

"Cualquier aceptación del mundo podría mostrar realmente que estamos perdiendo algo de nuestro papel profético, tarea que supone 'trastornar los criterios humanos' (Pablo VI, Evangelli Nuntiandi, 19)".

El único signo que indica el éxito de la Renovación es el cambio de vida de aquellos que toca, no lo que las revistas escriben o lo que los intelectuales dicen de nosotros, (aunque debemos sopesar, a la luz de Dios, sus críticas y admitirlas, para corregimos si descubrimos que son exactas).

Si necesitamos aprobación, fuera de la de aquellos a quienes el Señor ha puesto como Pastores y guías de su rebaño, pronto perderemos los dones, simplemente por miedo.

"Si al dueño de la casa lo han llamado Beelzebu..." (Mt 10,25).

Cuando Cristo nos da sus dones, puede quitarnos todo sentido de poder, cualquier otro apoyo, a fin de que nos hagamos conscientes de que dependemos solamente de su persona. Entonces, humillados, estamos en condiciones de recibir su poder, los dones del Espíritu Santo, las herramientas dignas para la labor eficaz en la Iglesia.

8 va. No sometiéndolos al discernimiento

Tan importante es este carisma, que debe dársele el primer puesto: sin el discernimiento, los carismas más bien dañan; con el discernimiento, son dones preciosos.

Aun en el supuesto caso de que no se dé el carisma de discernimiento en una comunidad, no debemos preocupamos demasiado. Hay otros modos de discernir que suplen o son suficientemente válidos como para aplicarlos y dejarnos en una sana seguridad moral.