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a menudo conserva su color natural, pero que pronto apren­ derán a colorear con óxidos.

Durante mucho tiempo y hasta hacia fines del siglo viii, dicha

pintura es notablemente estilizada. Es la época del estilo geo­ métrico, donde se reproducen regularmente los mismos temas: meandros o cruz gamada, pero que no excluye de ningún modo la figura viviente, hombres o caballos, y la representación de

Escudo votivo en bronce, trabajo de procedencia fenicia, encontrado en Creta.

escenas o más bien desfiles, como los cortejos fúnebres. Los personajes y los objetos no son, en verdad, sino sombras chi­ nescas muy esquematizadas, yuxtapuestas o superpuestas sin nin­ guna preocupación de la perspectiva; los bustos están figurados por simples triángulos, los muslos por conos truncados, las piernas por medios rombos alargados: el cubismo, según se ve, no es del siglo xx. El conjunto da a menudo prueba de un sen­ tido bastante seguro del ordenamiento general y del equilibrio decorativo.

Hacia fines del siglo v iii, sin embargo, la moda y el gusto

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Asiría, ha abierto la vía a las marinas de las ciudades fenicias vasallas del soberano asirio. Motivos tomados de los tejidos y de los bordados importados de Fenicia hacen irrupción en la deco­ ración de los vasos, donde se insertan en bandas superpuestas: palmetas, cordones, lotos, esfinges, cabras monteses, animales ha­ ciéndose frente con un esquema floral a uno y otro lado. El estilo geométrico cede el lugar al estilo orientalizante que, de la costa de Asia, pronto llega a la Grecia continental donde los

alfareros de Corinto lo acogen muy favorablemente.

Pero esa evolución misma no es sino uno de los signos de una transformación más profunda que rápidamente modificará, hasta trastornará por lugares, las condiciones de existencia de esa clase tan curiosa y tan original, en varios aspectos, que aún en la época homérica constituyen esos demiurgos gente de oficio, a un tiempo artesanos, artistas, oficiales públicos e instrumentos de la divinidad.

LOS DEMIURGOS EN LUCHA CON EL CAPITALISMO ARISTOCRATICO

Ese gran cambio tiene su punto de partida en el desarrollo rápido, a partir de mediados del siglo v iii, del comercio marí­

timo y de la colonización helénica a lo largo de las costas del Mediterráneo.

Afecta primero a la corporación de los carpinteros de armar. Los demiurgos de la madera, con la sola excepción de los obreros del mueble de arte, como Icmalio de Itaca, nunca fueron en verdad empresarios independientes, al modo de los de la fragua o de la alfarería. Empleados principalmente primero en la colocación de las armaduras domésticas, en la construcción de los edificios públicos o religiosos, no trabajan, en suma, sino bajo la dirección y la autoridad de sus clientes que les entregan los materiales y la mano de obra necesaria; no son más que directores de trabajos. Pero he aquí que, cada vez más, y en la mayoría de las ciudades, esas ocupaciones se hacen para ellos tareas secundarias. El maestro carpintero es en lo suce­ sivo ante todo el hombre de la construcción naval.

Ahora bien: la posesión y la construcción de un barco son privilegios de la riqueza y de la aristocracia, las cuales se con­ funden en la ciudad homérica.

clutar en su personal doméstico o en su clientela los equipos de leñadores y de braceros que irán a los bosques de la comunidad a cortar, preparar, transportar las maderas que luego habrá que dejar secar en la obra durante un año por lo menos. En el canto XXIII de la litada encontramos la descripción adornada de una de esas grandes prestaciones de leñadores acompañados de muías; se dirigen a las laderas del Ida en busca de la madera para la gigantesca pira en que será incinerado el cuerpo de Patroclo.13 A veces será necesario equipar una expedición lejana para procurarse las especies apropiadas, alisos, abetos, álamos,14 en una región aún no desmontada. Tras lo cual habrá que pro­ porcionar al maestro constructor los obreros y ayudantes in­ dispensables.

Esas exigencias materiales no son las únicas. Hay otras, de orden político. En la ciudad homérica, los bajeles pertenecen a quien los hace construir, pero no son una propiedad exclusi­ vamente privada. Todo propietario de barco está obligado, en caso de necesidad, a ponerlo a disposición de la ciudad por deci­ sión de la asamblea del pueblo. Entonces se le da la tripulación, cuyo mando ejerce. Todo armador tiene, pues, por su propia función, jerarquía de jefe y de magistrado. Sólo puede serlo un miembro de la aristocracia. Esos principios son los que presiden la muy antigua organización ateniense de las naucrarias, que no era ciertamente particular de Atenas.

Existe entre los feacios y en la Itaca de Homero. Por eso Telémaco, decidido a partir para Pilos, se ve obligado a pedir a la asamblea del pueblo un navio y veinte hombres de tripulación. Cierto es que ante la negativa, sigue adelante. Pero sólo puede hacerlo gracias al concurso excepcional de Atena, que en su nombre pide prestado un buque al armador Noemon y ella misma recluta una tripulación de voluntarios. Y aun hay que tener en cuenta que Noemon debe excusarse ante los pretendientes ex­ plicando que no podía rechazar el pedido de un hombre de esa calidad.18

Lo cierto, en todo caso, es que la posesión y el armamento de un navio están reservados en general a la gente de la más alta

13 litada, XXIII, 110-126. 14 Odisea, V, 239.

ib Ob. ch., II, 222, y IV, 649-651.

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clase. Ha llegado el tiempo en que en las ciudades marítimas en plena expansión, en Mileto, por ejemplo, en Corinto, en Calcis, en Mégara, en Egina, ésta se constituye en una aristocracia pri­ vilegiada de armadores, organizadores de astilleros navales.

La vieja corporación de demiurgos carpinteros, tan honrada en el más remoto pasado, baja así progresivamente a la categoría de una profesión de mercenarios al servicio del capitalismo creciente.

Análoga evolución se dibuja en el dominio de la metalurgia y en el de la alfarería, pero se efectúa en un sentido algo dife­ rente. Las dos corporaciones antiguas no son absorbidas por el nuevo capitalismo. Pero, al lado del artesanado tradicional, crece rápidamente la competencia cada vez más poderosa de explota­ ciones más vastas que trabajan en gran escala. Las razones de la transformación son aquí de orden comercial.

En la metalurgia del bronce, el aprovisionamiento de materias primas se hace cada vez más precario, a medida que las nece­ sidades se desarrollan. Los filones de las minas de cobre locales se agotan, en Eubea principalmente. La casi totalidad del cobre necesario debe importarse de Chipre, de Tracia, de la Calcídica. El estaño siempre se trajo del exterior. En el siglo x, en el siglo ix, todavía llegaba por tierra siguiendo las rutas del Asia Menor. Pero el consumo se desarrolla y las necesidades crecen; el estaño ya no se emplea sólo como aleación para la fabricación del bronce,16 sino también como motivo de deco­ ración. Ya no se puede esperar pasivamente su llegada. Hay que anticiparse a la competencia e ir a buscarlo lejos, por vía marítima, en su propia fuente.

Ya en la primera mitad del siglo vm se organizan convoyes marítimos para ese efecto. Unos singlan hacia el Cáucaso, por el Helesponto, el Bosforo y a lo largo de la costa meridional del Ponto Euxino, otros hacia Etruria por el estrecho de Me- sina y las barras de la Italia meridional. En otro lugar hemos tratado de mostrar las relaciones entre la organización de esas rutas marítimas y el nacimiento de la epopeya homérica.17 El gran hecho que nos interesa aquí, es que el aprovisionamiento

10 El tenor en estaño de los bronces griegos varía del 10 al 15 por 100.

17 Les poèmes homériques et l’Histoire grecque, t. I, Homère de Chios et les Routes de l ’Êtain.

en materias primas de la industria del bronce y por incidencia esa misma industria se hallan en adelante colocadas bajo la de­ pendencia directa de los armadores de las grandes ciudades marítimas.

Esa aristocracia comercial se convierte por lo mismo en aris­ tocracia industrial. Crea la fabricación en serie en talleres rela­ tivamente vastos, poblados de esclavos, a cuyo comercio se dedica también. Buena parte de su producción se exporta a lo lejos, a las colonias nuevas, y hasta Egipto, donde los primeros faraones de la XXVI dinastía luchan contra la dominación asi­ ría con tropas de mercenarios armados al estilo griego.

La misma transformación ocurre en la industria alfarera. Al lado de la exportación de armas y de artículos de metal se organiza, en efecto, la del vino y el aceite. Ésta exige abun­ dante material de ánforas, que es menester fabricar en serie en talleres que sólo los ricos armadores están en condiciones de fundar. Esos talleres, naturalmente, se consagran también muy pronto a la fabricación en masa de la alfarería de exportación que se desparrama en todos los mercados del Mediterráneo, de Egipto a Etruria.

Anotemos, incidentalmente, que la antigua industria familiar textil comienza a evolucionar, a su vez, en las mismas condicio­ nes. En el seno de los solares señoriales se crean verdaderos talleres de tejido. La anciana Hécuba dirige en Troya, en el palacio de Príamo, un taller de velos bordados en que trabaja un equipo de esclavas sidonias que Paris ha traído de Fenicia.18 Sea como fuere, el antiguo artesano de los demiurgos de la fragua y de la alfarería se halla progresivamente relegado a segundo plano en el orden económico y social. No hay que asombrarse si hacia mediados del siglo vn acaba por rebelarse, para prestar su apoyo a las jóvenes tiranías de tendencia demo­ crática que se levantan contra la omnipotencia de la aristocracia y de la riqueza. Cipselo y los que le sucedieron prohibirán en Corinto la introducción de nuevos esclavos para protegerlo de la competencia de los talleres capitalistas.

Pero así hemos llegado al final de los tiempos homéricos. La revolución económica y social, de la que nacerá la civilización democrática y urbana que florecerá dos siglos después, ha comenzado.

170 VIDA COTIDIANA EN TIEMPOS DE HOMERO