5.4 Results and Discussion
6.1.1 Etch process in the ICP-RIE: using hard etch masks
Una de las sospechas más interesantes que Friedrich Nietzsche formula en sus obras hace referencia directa al sentido de la historia. Por influencia de la tradición judeocristiana, los occidentales tenernos una concepción de la historia lineal, progresiva, delimitada por un origen (Génesis) y por un final (Apocalipsis).
Esta idea de la historia, genuinamente bíblica y según la cual la historia es un camino de liberación hacia una tierra prometida, un progreso hacia formas de vida de mayor calidad, se contrapone radicalmente con la visión griega y oriental, que parte de la idea de que la historia es, esencialmente, un círculo, la reiteración de todo lo que ha ocurrido, el eterno retorno de todas las cosas.
En este punto particular, Nietzsche no es original, pero introduce una sospecha que altera el sentido habitual que el hombre occidental le atribuye a la historia. Los occidentales partimos de la idea implícita de que progresamos, de que mejoramos en todos los aspectos, de que gracias al trabajo, al desarrollo científico y técnico, y a las instituciones educativas, el proceso de civilización se va abriendo camino y que, tanto desde un punto de vista científico como moral, la humanidad progresa.
Nietzsche cuestiona esta idea implícita, pero no es el único. También su maestro, Schopenhauer, elabora una filosofía de la historia de carácter circular según la cual esta es una rueda donde todo se repite una y otra vez, indefinidamente, donde no hay ni evolución ni involución, donde no hay progreso ni retroceso, sino que, como las estaciones del año, todo se va repitiendo una y otra vez.
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En la concepción oriental, todo vuelve, tanto lo grande como lo pequeño, tanto la justicia como la injusticia, tanto el amor como el desamor, tanto la belleza como la fealdad, tanto la paz como la guerra. Es iluso imaginar que habrá un fururo sin negatividad. Sería como imaginar un año sin invierno o bien pensar que el futuro será una eterna primavera. En definitiva, Schopenhauer, antes que Nietzsche, ya ponía entre paréntesis la idea ilustrada de la historia presente en los textos de Kant, Herder y Condorcet.
La intuición nietzscheana del eterno retorno de todas las cosas data del verano de 1881. Hay dos formulaciones diferentes de esta concepción de la historia. Una, de carácter cosmológico, se encuentra expresamente manifiesta en el Zaratustra. La otra, de carácter ético, puede verse expresada en el aforismo 341 de La gaya ciencia, titulado «El más pesado de los pesos». Son dos formulaciones diferentes, aunque complementarias.
En el Zaratustra, los animales revelan a Zaratustra el gran secreto de la historia: el eterno retorno de todas las cosas. Le dan a conocer la última verdad de la historia. En La gaya ciencia, la formulación tiene un sentido hipotético. A través de la figura de un daimon, Nietzsche interroga al lector y lo exhorta a pensar como habría de vivir su vida si todo lo que ocurre en ella, lo más grande y lo más pequeño, el dolor más intenso y el placer más deseado, todo, ab- solutamente todo, volviera a repetirse en el mismo orden y la misma sucesión temporal. Dicen los animales a Zaratustra:
Todo va, todo vuelve; eternamente rueda la rueda del ser. Todo muere, todo vuelve a florecer, eternamente corre el año del ser.
Todo se rompe, todo se recompone; eternamente la misma casa del ser se construye a sí misma. Todo se despide, todo vuelve a saludarse; eternamente permanece fiel a sí el anillo del ser.37
Más adelante añaden:
Mira, nosotros sabernos lo que tú enseñas: que todas las cosas retornan eternamente, y nosotros mismos con ellas, y que nosotros hemos existido ya infinitas veces, y todas las cosas con nosotros.
Tú enseñas que hay un gran año del devenir, un monstruo de gran año: una y otra vez tiene este que darse la vuelta, lo mismo que un reloj de arena, para volver a transcurrir y a vaciarse: - de modo que todos estos años son idénticos a sí mismos, en lo más grande y también en lo más pequeño, - de modo que nosotros mismos somos idénticos a nosotros mismos en cada gran año, en lo
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más grande y también en lo más pequeño38.
Zaratustra hace suyo el mensaje:
Vendré otra vez, con este sol, con esta tierra, con este águila, con esta serpiente - no a una vida nueva o a una vida mejor o a una vida semejante:
- vendré eternamente de nuevo a esta misma e idéntica vida, en lo más grande y también en lo más pequeño, para enseñar de nuevo el eterno retorno de todas las cosas.39
El mensaje que los animales salvajes comunican a Zaratustra está bien claro: no hay otra vida (ein anderes Leben), ni una nueva vida tein neues Leben), sino tan solo esta vida (dieses Leben) que vivimos aquí y ahora, con su luz y su oscuridad. Resulta pueril creer en una vida eterna y maravillosa, en una vida sin fin, en una eterna primavera. El bien y el mal vuelven una y otra vez, como el amor y el desamor.
En esta doctrina hay, como es evidente, una crítica a la noción de vida ultraterrenal tal y como se expresa en el cuerpo de la tradición judeocristiana. Esta vida, objeto de fe, es calificada por Nietzsche de sueño pueril, de pura ilusión. Hay que asumir esta vida tal como es, con todo lo grande y todo lo pequeño; hay que extraerle el máximo beneficio, porque no hay ninguna otra vida después de la muerte personal. Otros nacerán, lucharán, amarán, sufrirán y morirán; revivirán placeres y dolores en la propia piel y, después de ellos, lo harán nuevas individualidades, y así indefinida- mente. Entre unas y otras, ninguna relación, ninguna esperanza de vida eterna: solo el olvido en la desmemoria del tiempo.
En el aforismo 341 de La gaya ciencia, Nietzsche plantea al lector un pensamiento difícil de asumir: que todo aquello que ha vivido en su vida volviera a repetirse indefinidamente en el mismo orden y sucesión. Le exige que piense cómo habría de amar su vida para sentirse feliz con esta hipótesis y cómo habría de vivir su presente y su futuro si pensara que cada decisión que tomase en su momento iba a repetirse indefinidamente.
En el vitalismo de Nietzsche, la vida es el gran bien, la gran posibilidad. Nietzsche nos exhorta a vivirla como un instante eterno, como algo que s~ basta a sí mismo, sin hipotecarla con falsas esperanzas de futuro. Así lo expresa Zaratustra:
¿Habéis dicho sí alguna vez a un solo placer? Oh, amigos míos, entonces dijisteis sí también a todo dolor. Todas las cosas están encadenadas, trabadas, enamoradas, -
- ¿habéis querido en alguna ocasión dos veces una sola vez, habéis dicho en alguna ocasión «jtú me agradas, felicidad! ¡Sus! ¡Instante!»?
38 Ibid., p. 303. 39 Ibidem.
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¡Entonces quisisteis que todo vuelva!
- todo de nuevo, todo eterno, todo encadenado, trabado, enamorado, oh, entonces amasteis el mundo, - vosotros, eternos, amadlo eternamente y para siempre: y también al dolor decidle: ¡pasa, pero vuelve! Pues todo placer quiere - ¡eternidad! 40