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RESEARCH METHODOLOGY

3.6 Ethical Considerations

Gentes que estén más interesadas por los pies cuadrados de la casa de usted, o los utensilios que posee y no por sus ideas y conversación, son inclinadas a lo mezquino. Vigile su ambiente psicológico. Seleccione amigos que se interesen por las cosas positivas, amigos que realmente deseen que usted triunfe. Encuentre amigos que respiren estímulo a sus planes e ideales. Si no lo hace, si selecciona pensadores pequeños como amigos íntimos, desarrollarán gradualmente un pensador pequeño dentro de sí mismo.

Somos una nación consciente del veneno del cuerpo. Cada restaurante está en guardia contra el alimento envenenado. Bastan un par de casos de ello, para que el parroquiano no se acerque más a su casa. Hemos conseguido toneladas de leyes que protegen al público contra Centenares de venenos del cuerpo. Ponemos -o deberíamos poner- los venenos en lo alto de los estantes para que los niños no puedan alcanzarlos. Llegamos a cualquier extremo para evitar los venenos del cuerpo. Y es bueno que lo hagamos.

Pero hay otro tipo de veneno quizá un poco más insidioso -el pensamiento-veneno- comúnmente llamado “chisme”, El pensamiento-veneno difiere del veneno del cuerpo en dos aspectos. Afecta la mente, no el cuerpo y es más sutil. La persona al ser envenenada no sabe que lo es.

El pensamiento veneno es sutil porque realiza grandes cosas. Reduce el Volumen de nuestra reflexión al forzarnos a que nos concentremos en cosas mezquinas. Tuerce y retuerce nuestra opinión acerca de la gente porque se basa en una distorsión de hechos y crea un sentimiento de culpabilidad en nosotros que se exterioriza cuando encontramos a fa persona’ de quien hemos chismorreado. El pensamiento veneno es cero por ciento un pensamiento correcto; es 100 por ciento pensamiento erróneo.

Y contrariando a gran cantidad de opiniones, las mujeres no tienen una franquicia exclusiva en el chisme. Cada día los hombres, también, viven en un ambiente parcialmente envenenado. Cada día millares de chismes ponzoñosos susurrados por los hombres tiene lugar en tópicos como los “problemas maritales o financieros del jefe”; “la política de Bill para adelantar en los negocios”; “en la posibilidad de que John sea trasladado”; “la razón de por qué un especial favor será adjudicado a Tom”; y “por qué ellos introducen a este hombre nuevo”. El chismear conduce a algo como esto: “Dime... acabo de oír... no, porque... bueno, no ‘debe sorprenderme... había de sucederle.., desde luego, esto es confidencial”...

Digitalizado por Oscar Gutiérrez Salinas – Octubre 31 de 2011

La conversación es una gran parte de nuestro ambiente psicológico. Alguna conversación es saludable. Le anima a usted. Le hace sentir como si estuviera dando un paseo en el tibio amanecer de un día de primavera. Alguna conversación le hace sentirse semejante a un vencedor.

Pero otra conversación se parece más a pasear en una nube ponzoñosa y radiactiva. Le ahoga a usted. Le hace sentir enfermo. Le convierte en un perdedor.

El chisme es totalmente una conversación negativa acerca de la gente y la víctima del pensamiento- veneno comienza a pensar que se goza en ella, Le parece encontrar una forma de alegría venenosa al hablar negativamente de los demás, sin saber que para la gente afortunada está llegando a ser en creciente inverosímil e indigno de confianza.

Uno de estos adictos al pensamiento-veneno intervino en una conversación que sostuve con algunos amigos respecto a Benjamín Franklin. Tan pronto como el señor Killjoy conoció el tópico de nuestra charla, prorrumpió en escogidos bocados acerca de la vida personal de Franklin, en ‘un sentido negativo. Quizá es verdad que Franklin fue un carácter en algunos aspectos y que pudo haber hecho los magazines de escándalo’ que circularon en la décimo octava centuria. Pero el punto es, Benjamín Franklin, en su vida personal, no tenía por qué figurar en !a conversación a mano, y no pudo ayudarme a estar contento el que no estuviésemos discutiendo a alguien a quien conocíamos íntimamente.

¿Hablar acerca de la gente? Sí, pero mantenernos en el lado positivo. Permítase aclarar un punto: No toda conversación es chisme. Las sesiones contradictorias, charlas de taller e inclusive ‘batear la brisa” son necesarias a veces. Sirven a un buen propósito cuando son constructivas. Usted puede probar su propensión a ser un chismoso mediante esta prueba:

1. ¿Esparzo rumores acerca de otras gentes?

2. ¿Tengo siempre cosas buenas qué decir respecto a los demás? 3. ¿Me agrada escuchar informaciones de escándalo?

4. ¿Juzgo a los demás solamente a base de hechos?

5. ¿Induzco a los demás a traerme sus rumores?

6. ¿Hago preceder mis conversaciones con ‘no hablemos de nadie”? 7. ¿Mantengo en confidencia la información confidencial?

8. ¿Me siento culpable de lo que digo en relación con otras gentes? Las contestaciones correctas son obvias.

Medite sobre este pensamiento no más que un momento:

Empuñar un hacha y destruir y hacer pedazos con ella el mobiliario de su vecino no hará que su propio mobiliario luzca un ápice mejor: y usar hachas verbales y granadas contra otra persona no es hacer una cosa que le vuelva mejor a usted ni me vuelva mejor a mí. Vaya en primera clase; esta es una r’egla excelente a seguir en cualquier cosa que haga, incluyendo los alimentos y servicios que compre. Una vez, , para mostrar la incondicional verdad del pensamiento ir-en-primera-clase, pedí a un grupo de educandos que me dieran un ejemplo de cómo habían escatimado en lo pequeño y derrochado en lo grande. He aquí algunas réplicas de muestra:

-Yo compre a bajo precio un traje a un detallista de ocasión. Pienso que obtuve una ganga, pero el traje simplemente no era bueno.

Mi carro necesitaba una nueva transmisión automática. Se encargó de ello un taller de callejuela que convino en hacer el trabajo por 25 dólares menos que un comerciante autorizado. La “nueva transmisión duró 1,800 millas. Y el mecánico se negó a reponerla.

-Durante meses comí en un figón tratando de ahorrar dinero. El lugar no estaba limpio, los alimentos no eran sanos, el servicio -bueno, no se le podía llamar así-, y la clientela la componía un racimo de zarrapastrosos. Un día un amigo me persuadió de que fuera con él a almorzar a uno de los mejores restaurantes de la ciudad. Ordenó el lunch comercial y yo hice lo mismo. Me asombré de lo que obtuve: buena comida, buen servicio, buena atmósfera por un poco más de lo que había estado pagando en el figón. “Aprendí una gran lección”.

Digitalizado por Oscar Gutiérrez Salinas – Octubre 31 de 2011

Hubo muchas otras replicas. Un sujeto informó que se vio en un conflt0 con la Oficina de Rentas Públicas porque usó un “contrato” de tenedor de libros; otro acudió a un doctor de tarifa baja y más tarde supo que el diagnóstico recibido fue completamente equivocado. Otros relataron los costos de ir en segunda clase en reparaciones caseras, hoteles, y otros alimentos y servicios.

Desde luego, he oído el argumento muchas veces “pero yo no puedo costear la primera clase”. La respuesta más simple es: Usted no puede costear ir en otra. Ciertamente a la corta o larga, ir en primera clase cuesta de hecho menos que ir en segunda clase. Luego, también, es mejor poseer pocas cosas y de calidad que no muchas y tener basura. Es mejor, por ejemplo, tener un par de zapatos realmente buenos que tres pares de segunda clase.

La gente lo avalúa a usted por la calidad, a menudo subconscientemente quizá. Desarrolle un instinto en pro de la calidad. Resulta. Y no cuesta más, a menudo menos, que la segunda clase.