5.2 INTERFACES BEFORE MAY 2004
5.2.1 EU view of Interface with National Law
Los jóvenes que cursan primer semestre en la Universidad Nacional reconocen que las dinámicas propias de este espacio público de educación superior permiten que tengan una perspectiva más abierta sobre diversos procesos sociales, así como aspectos destacados en cuanto a las vivencias de la sexualidad.
La investigación permitió establecer la incidencia del consumo de cine (cine arte o independiente y de Hollywood y literatura (literatura canónica, literatura de consumo y subliteratura) en la construcción de la subjetividad sexuada en un grupo de jóvenes universitarios en Bogotá, a partir de identificar los relatos que consumen, los discursos y las prácticas que de allí se derivan.
Cargados de significados, los productos culturales se implican en la construcción de subjetividades en los jóvenes desde el deseo. La selección, la incorporación de estos en sus gustos y en sus rituales atraviesan la significación de los relatos, de las prácticas y de las representaciones que tengan dey sobre su sexualidad. Esto solo puede darse al reconocer los discursos que se derivan de ese consumo, cuyo perfil es interrogador y constitutivo de las identidades juveniles contemporàneas.
Entre el cine y la literatura, como ejes del consumo cultural investigado, existen diferencias en términos de las motivaciones y las representaciones que de allí se derivan; ya que en el primer caso, el consumo atiende a despertar la curiosidad, elaborar o proyectar fantasías. En el segundo, a buscar información o a validar sus puntos de vista con respecto a la sexualidad.
Por parte del consumo de cine, se confirma la apuesta interpretativa sobre la mediación de estas producciones en la configuración de las subjetividades juveniles gracias a la efectividad de los mensajes que transmiten, a través de discursos sexuales que se develan en los personajes, entornos y situaciones. Esto ocurre desde la construcción de audiencias que hacen películas como Ted, American Pie, Fifty Shades of Grey, entre otros, sin que estos productos culturales consumidos sean obras puramente eróticas u objetos canónicos en el marco de la cultura “adulta” e “ilustrada”. La representación que se hace de la sexualidad juvenil en estos productos es calificada por los estudiantes de irresponsable, inmediata, sin consecuencias, y privilegiadamente masculina. En suma, la elaboración y difusión de estas representaciones constituye un ejercicio de poder, que se hace interesante y atractivo a los estudiantes de acuerdo con el enfoque: las
95 referencias comunes en torno a las películas cuyos contenidos son sexuales, pertenecen al género de comedia.
Por su parte, en el caso de literatura, los hallazgos muestran que según el consumo que se realice y la intencionalidad de este, pueden generarse marcos de comprensión distintos sobre la sexualidad. Por un lado, desde la literatura de consumo que proveen libros como The game, existe una perspectiva pragmática y teleológica de la sexualidad en la cual mediante una serie de procedimientos se puede acceder a determinados fines con las mujeres. De otro, la literatura canónica en la que se ubican aquellos libros leídos durante el bachillerato y sugeridos por los profesores de español y literatura, logran que el estudiante construya una visión del erotismo y la sexualidad dirigida a la elaboración refinada del placer, la autonomía y el desarrollo de la propia subjetividad antes de llegar a las prácticas eróticas. También se confirma la hipótesis de que la construcción de la subjetividad sexuada en jóvenes se da en la subliteratura – como texto de placer – y no en la literatura canónica que dificulta su relación con la cultura.
De forma particular, The game ilustra que las narrativas posestéticas hacen parte de este entramado, al orientar el consumo de productos culturales desde la interacción de plataformas digitales, lectura de novelas, cursos digitales y presenciales sobre la seducción, así como grupos de Facebook como Escuela de seducción UN. Por ello, como afirma Díaz (2009), hay un diálogo entre formas artísticas tradicionales como el cine y la literatura con otros espacios que, según la investigación, muestran que ‘el arte de la seducción’ se está consolidando como narrativa posestética.
De lo anterior, se dio cumplimiento al primer objetivo específico, relacionado con identificar y analizar los textos narrativos y los discursos cinematográficos que consumen los jóvenes, con relación a la sexualidad. Esta identificación se problematizó con el visionado y posterior cinefórum de la película Easy A (2010), que dio pie al reconocimiento de los discursos y de las prácticas que plantean los jóvenes sobre la sexualidad (el segundo objetivo especìfico).
Así, se halló que esta no es un concepto claro. Se establece desde aspectos biológicos, pero también con la forma de relacionarse con la pareja y las demás personas. La definición se reconoce en la línea de Díaz (2009) como una codificación sexual y discursiva del deseo, establecida dentro de marcos normativos correspondientes al dominio sobre el cuerpo – véase derechos sexuales y reproductivos, biopoder – que choca con la imagen promovida por el cine y la literatura de consumo sobre la sexualidad de los jóvenes. Así, se presenta una tensión entre los
96 discursos normativos y normalizadores de la sexualidad versus el mundo de significaciones provenientes del cine y literatura de consumo al que acceden y apropian los jóvenes para configurar su subjetividad.
La codificación, entonces, no da cuenta de toda la experiencia con la que los jóvenes viven en su propio cuerpo, se requiere abordar esta perspectiva desde la subjetividad sexuada, concepto que se asume desde el diálogo, la negociación, la acción colectiva que supere la construcción histórico-cultural consolidada y que se nutra de los aspectos biográficos de sus sujetos que cambian a medida que experimentan consigo mismos y con los otros, diversas prácticas eróticas.
Además, debe considerarse la importancia de que los discursos de los estudiantes sobre la sexualidad, el deseo, el placer, el erotismo y sus derivados le exigen al estudiante ejercer su subjetividad política orientada a la sexualidad (o lo que es más, su subjetividad sexuada), ya que al compartir con otros sus opiniones, hace ejercicios de memoria vinculados con su biografía, de narración, al compartir con los otros participantes sus experiencias significativas, posicionamiento, por adherencia , rechazo o generación de nuevas ideas a partir de otras intervenciones; de identidad, al reconocerse en sus intervenciones y en las de sus pares; y, finalmente, en la proyección, al interrogarse por las posibilidades a futuro de estos ejercicios investigativos, con respecto a la formulación de políticas públicas orientadas a jóvenes, o a las experiencias formativas en otros contextos.
Finalmente, y para el último objetivo específico, la investigación contribuyó a la configuración de la subjetividad sexuada de los jóvenes participantes, desde un horizonte político reconociendo, en el diálogo por fuera de los espacios institucionalizados, que estas subjetividades de los jóvenes se han construido de acuerdo con variables contextuales, históricas y referentes en diversos productos culturales.
En la discusión, se reconoce que los jóvenes reciben mucha presión por parte del contexto, con la que se pretende contener el deseo para que su comportamiento corresponda a las representaciones ideales sobre la sexualidad adulta; mientras que por parte de los medios y del círculo social inmediato, existe una presión por iniciar y continuar su vida sexual, para “aprovechar el tiempo” como jóvenes.
97 Los estudiantes reconocen que existe una fuerte motivación por parte de sus pares, pero que esta no se encuentra bien direccionada ya que presentan la sexualidad como una carrera en la que todos compiten para no ser perdedores, vulnerando dos de los tres valores iniciales para un disfrute de la sexualidad: la libertad y la autonomía. Allí, al preguntarse por los sentidos y significados asociados a esa subjetividad deseante, asistimos a una instancia política en la que se definen, o más bien, la que se configura a través de la negociación, de la problematización de los límites.
De ahí que sea necesario, por un lado, ahondar en perspectivas formativas que reconozcan la validez de los puntos de vista de todos y, por el otro, reconocer que la sexualidad como paradigma no da cuenta de las dinámicas que inciden en que un sujeto sea un sujeto sexuado, sino que esta subjetividad y sus procesos, se dan en un escenario de interacción.
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