En la década de los años sesenta se produce la revolución cuantitativa o teorética, centrada en la cuantificación, ya que detrás de todo fenómeno existe un orden que per- mite explicarlo. Por ello los fenómenos o hechos aislados no conducen a nada, y sólo los procesos generales encierran las características del orden. De ahí que esta Geografía se centre en descubrir leyes generales sustentadas en criterios estadísticos, aprovechando los instrumentos de interpretación, como las computadoras. Arranca de las universidades de Washington, Iowa, Columbia y Chicago, para irradiarse a países del ámbito anglosajón. Logró afincarse en la Geografía Económica, ligada a las innovaciones de la Economía y de la Geomorfología (Strahler), para unirse a otras más generales con Chorley (1975). Y de la difusión se encargaron revistas como Economic Geography. Dirigió sus esfuerzos hacia los problemas socioeconómicos: jerarquías urbanas, localizaciones industriales, poblamiento, redes de comunicación, etc., por una razón simple, porque a través de los modelos explica- tivos se podía dirigir la planificación de los espacios. Entre dichos modelos resaltan dos:
– Los descriptivos, de base empírica, formulados inductivamente desde la observa- ción de hechos seleccionados.
– Los normativos, a partir de deducciones teóricas.
El resultado estaba apoyado en las matemáticas y en la informática, con el recurso a simulaciones.
El positivismo quiso imponer la unidad de la ciencia a través de leyes generales, lo que implicaba también un cierto rechazo hacia los planteamientos historicistas y regionalistas. Por ello, la mayor parte de los estudios se orientaron a la realidad social, incorporando conceptos de la Física y de la Biología (como el de ecosistema). Designó, en principio, al Círculo de Viena (ahí surge en la década de los años veinte, en torno a Moritz Schlick), y desde ahí se impuso una concepción científica que conllevará también la neutralidad de
la ciencia, el método deductivo en investigación (con posterior influjo de Popper), y la bús- queda de las realidades objetivas a través de un sistema neutral de fórmulas. Se trataba de un regreso a las concepciones nomotéticas, que encontraron apoyaturas filosóficas en los trabajos de la escuela de Ecología Humana de Chicago, en los de Von Thünen, Christaller, y en la Teoría General de Sistemas de Bertalanffy.
Entre las razones esgrimidas para justificar el resurgimiento de la Geografía positivista hay tres:
– El deseo de establecer la disciplina sobre unos cimientos rigurosos. – La incorporación de los conceptos y métodos de otras ciencias.
– El objetivo de crear leyes y teorías que proporcionasen explicaciones y predicciones. Ante lo que se consideraba la crisis del paradigma regional, en los años cincuenta nació una disciplina nueva y revitalizada, que encontró su unidad en un tipo concreto de meto- dología y no en una temática específica. Ahora, el énfasis en la teoría de Popper conducirá a la generalización de los métodos deductivos. Especialmente importante fue la obra de Haggett (1965), que llevó a un debate dentro de la materia. Y las ideas de Kühn sobre los cambios de paradigmas en el mundo de la ciencia fueron aplicadas a dicho debate (1962). Chorley y Haggett propusieron que se adoptara un nuevo paradigma basado en modelos, cuya elaboración constituyó la meta de la investigación geográfica, una tarea que implicaba la ayuda de los métodos cuantitativos y el uso de la informática. Se trataba de definir un modelo, una representación idealizada y simplificada de la realidad que intentara aclarar determinadas características (el concepto de modelo es amplio, aunque para Chorley y Ha- ggett es una teoría, una ley, una hipótesis o una idea estructurada). Y la evolución de estas ideas fue rápida, porque en la posguerra mundial las universidades formaban a profesiona- les que organizaran una economía cada vez más compleja. De ahí que los geógrafos no tar- daran en adoptar esos métodos para mejorar el estado de su ciencia (Ackerman animaba a los estudiantes a concentrar su atención en la Geografía sistemática y la cuantificación).
Durante las décadas de los cincuenta y sesenta los intereses se centraron en torno al espacio y a la elaboración de teorías apoyadas en la Escuela de Chicago, que tuvieron sus principales artífices en Garrison, Ullman, Dacey, Berry, Murril y Bunge (los antecedentes teóricos hay que remontarlos a Christaller, Von Thünen, Lösch y Weber). Cobró gran impor- tancia la labor de William L. Garrison (Universidad de Washington), interesado por la teoría económica de la localización basada en métodos matemáticos. Pero Johnston indica la presencia de cuatro escuelas en EEUU: Washington, como principal centro innovador, Wins- consin, Iowa y la vinculada a la escuela de Física Social en las universidades de Princenton y Pennsylvania. El siguiente gran empuje se produjo en Gran Bretaña, de la mano de Chor- ley, Dacey o Kennedy, entre otros, con la aplicación del enfoque de sistemas. Pero los ma- yores progresos en la consecución de unas bases filosóficas y metodológicas unificadoras de la escuela cuantitativa se dieron en los años sesenta gracias a los geógrafos británicos Peter Haggett, Richard Chorley y David Harvey. En esta vorágine cuantitativista los geógrafos se detuvieron en descubrir las leyes generales que explican la distribución espacial, y en temas específicos: los sistemas y jerarquías urbanas, los factores de localización industrial, los estudios de difusión, la accesibilidad de áreas de mercado, los patrones en la utilización del suelo, y las pautas de poblamiento y las redes de comunicación.
Como síntesis la Geografía Cuantitativa encuentra su apoyatura filosófica e ideológica en: el positivismo lógico o neopositivismo (con los antecedentes en el Grupo de Viena, con Bergmann), la Escuela de Ecología Humana de Chicago (con los trabajos de Von Thünen), el Proyecto de Física Social de Stewart, la Teoría General de Sistemas, de Bertalanffy,
y en la creación de la Asociación de Ciencia Regional (Losch, Isard). Sus protagonistas más relevantes fueron: Schaeffer, Bunge, Chorley, Hagget, Harvey, las Universidades de Washington (Garrison, Berry, Morrill), Wisconsin (Robinson), Iowa (McCarthy, Scheidegger, Strahler, Schumm, Bagnold, Leopold Luna…), y desde una visión espacial se considera que el funcionamiento de una región está regido por leyes, con aportaciones esenciales para obtenerlas: el empleo de nuevas técnicas y métodos (estadística, representación gráfica); la noción de proceso (especialmente en Geografía Física); etc. Entre las críticas contra el positivismo se encuentran: el fracaso en la implantación de unas teorías capaces de ex- plicar las características humanas o físicas de la superficie terrestre; la irrelevancia de las investigaciones llevadas a cabo; y la incapacidad de los métodos cuantitativos para ofrecer explicaciones a los problemas sociales, económicos y ambientales del momento (finales de los sesenta y década de los setenta).