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En este apartado, se resumen y comparan los hallazgos encontrados en la revisión bibliográfica sobre la relaciones entre inteligencia emocional y desarrollo, inteligencia emocional y estilos de manejo d conflicto, y desarrollo moral y estilos de manejo de conflicto. Además, se resumen también planteamientos teóricos que apoyan la premisa de que estas variables están relacionadas.

2.4.1 Inteligencia emocional y desarrollo moral

Pizarro y Salovey (2002) señalan que, en los últimos años, en la psicología ha nacido un amplio interés por comprender el rol de las emociones en varios procesos psicológicos, entre los que se incluye la toma de decisiones. Este interés también ha despertado una intriga acerca de cuál es el papel que juegan las emociones en nuestras vidas morales. De ahí que el estudio del rol de las emociones en el desarrollo moral ha adquirido importancia en la psicología (Beer et al., 2007).

47 Al parecer, se ha dejado atrás la tradición que se arrastraba de la filosofía que tenía la creencia de que la emoción se contrapone a la razón y, especialmente, al razonamiento moral como explica Pizarro (2000). Ahora, los planteamientos parecen ir en dirección a creer que, como explica Beer et al. (2007) la emoción y la razón interactúan en el proceso de toma de decisión, por lo que están presentes y pueden juegar un rol importante en situaciones que presentan dilemas morales.

Sin embargo, varias décadas atrás no se había considerado el estudio de las emociones y su relación con la psicología moral. Pizarro y Salovey (2002) aseguran que la investigación en el desarrollo moral ha crecido bastante en las útlimas cinco décadas y la mayoría de las investigaciones se han fundamentado en la teoría de Kohlberg (1969). Pero, esta forma de investigación ha ignorado el rol que juegan las emociones en el desarrollo moral de los niños hasta la adultez. Sus planteamientos sobre el desarrollo se han enfocado principalmente en aspectos cognitivos. En este sentido, Pizarro y Salovey (2002) explican que “a pesar de que Kohlberg a veces tocó el tema de las emociones, en su teoría nunca explica el rol de la emociones en el desarrollo moral natural” (p.50).

Pero, en los últimos años se ha comenzado a considerar este tópico debido a las siguientes razones: las emociones son una fuente poderosa de motivación, están relacionadas con tendencias de comportamiento, dirigen el proceso de socialización y son valiosos recursos de formación en niños pues permiten la transmisión de normas y valores a los niños (Pizarro y Salovey, 2002). Por estas razones, Pizarro y Salovey consideran que, para una compresión completa de la moralidad, hay que tomar en cuenta a las emociones y afirman que las emociones influyen en el desarrollo moral, el juicio moral y la conducta moral.

Por otro lado, Pizarro y Salovey (2002) aseguran que el modelo de inteligencia emocional provee una útil base para analizar las distintas formas en las que las emociones actúan sobre el proceso de razonamiento moral. Estos autores afirman que la capacidad para manejar eficazmente las emociones, utilizarlas para guiar el pensamiento y regularlas eficazmente son habilidades que utiliza una persona moral y es que el juicio moral es casi siempre afectado las emociones propias. Koenig et al. (2007) concuerdan con este

planteamiento. A partir de una investigación en pacientes con daño cerebral en el área donde se procesan las emociones, que mostraron un razonamiento moral anormal y orientado hacia el utilitarismo, Koenig et al. concluyeron que las emociones son esenciales en el proceso del razonamiento moral.

Scott (2004) y Smith (2009) han encontrado que la inteligencia emocional y el razonamiento moral están vinculados de forma directa. Ambos realizaron sus estudios en Estados Unidos: estudiantes y a trabajadores de una institución educativa conformaron la muestra de Scott, mientras que un grupo de policías conformaron la muestra de Smith. En ambas investigaciones, se hallaron una asociación significativa y positiva entre las variables. Para Scott, la inteligencia emocional predice al desarrollo moral. Sin embargo, estos datos son distintos a los encontrados por Athota et al. (2009) y McBride (2010).

McBride (2010) no halló ninguna relación directa entre inteligencia emocional (en general) y desarrollo moral en una muestra de estudiantes en una universidad norteamericana. Solamente, consiguió una relación positiva débil y no significativa entre las variables. Sin embargo, sí encontró una asociación significativa (y positiva) entre una de las dimensiones de inteligencia emocional (comprender las emociones) y el desarrollo moral. Pero, los hallazgos de Athota et al. (2009) en una muestra de estudiantes en Australia son aún más distintos de los de Scott (2004), Smith (2009), e incluso, McBride (2010), pues no consiguieron ninguna relación directa entre inteligencia emocional y desarrollo moral. En su lugar, obtuvieron una relación indirecta entre inteligencia emocional y desarrollo moral, en la que la personalidad actúa como mediadora de la relación. Para Athota et al., de forma indirecta, la inteligencia emocional pudiera predecir al razonamiento moral.

2.4.2 Inteligencia emocional y estilos de manejo de conflicto

Las emociones juegan varios papeles en la vida diarias de las personas; aún así hay diferencias en la forma cómo las personas las manejan. Por ejemplo, mientras una mala evaluación en un proyecto puede hacer que una persona asuma una actitud violenta; otra puede animarse a trabajar más duro para el siguiente (Pizarro y Salovey, 2002).

49 Como parte de la vida diaria de las personas, éstas usan habilidades para percibir, generar y regular las emociones frecuentemente con la intención de mantener las relaciones con otras personas. Por ejemplo, cuando una persona se molesta mucho con otra con la que tiene una relación muy cercana puede regular sus propias emociones en función de mantener la relación en buen estado (Pizarro y Salovey, 2002). Tomando lo anterior en cuenta, estos autores afirman que, para aquellos interesados en estudiar la inteligencia emocional, adquiere relevancia el comprender cómo las habilidades en esta área afectan las relaciones sociales. Y es que, la inteligencia emocional ha sido descrita como un set de habilidades importante para el funcionamiento social.

Si se toma en cuenta lo que plantean Pizarro y Salovey (2002), acerca de la utilidad de la inteligencia emocional para mantener las relaciones con otras personas y se agrega el planteamiento que varios teóricos comparten acerca de lo inevitable que es el conflicto en cualquier relación humana (e.g., Rahim, 2001; Gottman, 2007, Thomas y Kilmann, 2010); entonces se comienza a entender la cercanía que pueden tener en la vida de las personas los constructos inteligencia emocional y manejo del conflicto. Y es que, sí con algo se debe lidear en todas las relaciones interpersonales e intergrupales es con el conflicto. De hecho, Gottman, psicólogo que ha estudiado las relaciones interpersonales en el trabajo y en la familia por décadas, asegura que, hasta en las mejores relaciones, hay espacio para el conflicto. Por esta razón, la psicología se ha interesado en estudiar la relación entre ambas variables.

El estudio de Jordan y Troth (2004) realizado en Australia reveló que la inteligencia emocional predice el uso de los estilos de manejo de conflicto integrador, dominante y evitativo. Específicamente, la inteligencia emocional (en general) y las dos dimensiones con las que se midió (habilidad para lidiar con las emociones propias y habilidad para lidiar con las emociones de otros) tuvieron una relación positiva y significativa con los estilos integrador y dominante. Mientras que la inteligencia emocional (en general) y solo una de las dimensiones (habilidad para lidiar con las emociones propias) tuvieron una relación negativa y significativa con el estilo evitativo. Resultados similiares obtuvieron Godse y Thingujam (2010) en un estudio realizado en India. Hallaron una correlación positiva y significativa entre la inteligencia emocional (en general) y dos dimensiones (comprensión de las dimensiones

externas y manejo de emociones) y el estilo integrador; y una correlación negativa y significativa entre inteligencia emocional (en general) y solo una dimensión (control de las emociones) y el estilo evitativo. Sin embargo, no consiguieron ninguna correlación entre inteligencia emocional y el estilo dominante. Igualmente, algunos resultados del estudio de Ellis (2010) realizado en estudiantes de maestría en Estados Unidos se asemejan a estos hallazgos.

Ellis (2010) consideró dos tipos de relaciones en las que se usan los estilos de manejo de conflicto (las relaciones públicas y las relaciones personales) y dos tipos de estados emocionales (la calma y la tormenta). Obtuvo una asociación significativa y positiva entre la escala total de inteligencia emocional y el estilo integrador en los dos tipos de relaciones interpersonales. Sin embargo, obtuvo una asociación negativa y significativa entre la escala total de inteligencia emocional y evitativo en las relaciones públicas, y en las relaciones de tipo personal solo cuando hay un estado emocional de tormenta; mientras que cuando hay un estado emocional de calma la asociación sigue siendo significativa pero se vuelve positiva. Como Jordan y Troth (2004), halló una relación significativa entre inteligencia emocional y el estilo competitivo (dominante), solo que la relación es negativa y se da solo en las relaciones personales y en estados de tormenta. Adicionalmente, encontró otras asociaciones significativas con la escala total de inteligencia emocional: una positiva con comprometido, y una negativa con complaciente, ambas en las relaciones personales y en estados de calma. La relación negativa con complaciente coincide con el hallazgo de Morrinson (2008) y la relación con comprometido coincide con los datos obtenidos por Shih y Susanto (2010).

Adicionalmente, al igual que Jordan y Troth (2004), Morrinson (2008), y Shih y Susanto (2010) también encontraron una relación positiva y significativa entre la escala total de inteligencia emocional y el estilo integrador (también llamado colaborativo en el modelo de Thomas y Kilmann). Morrinson realizó su estudio en Estados Unidos, mientras que Shih y Susanto lo hicieron en Indonesia. Sin embargo, Sherman (2009) solo halló una asociación entre una de las dimensiones de inteligencia emocional (manejo de emociones) y el estilo integrador. Tampoco consiguió relaciones entre inteligencia emocional y el estilo dominante; e inteligencia emocional y el estilo evitativo. Alejándose aún más de los resultados de Jordan y

51 Troth, Gambill (2008) no encontró ninguna asociación entre inteligencia emocional y alguno de los estilos de manejo de conflicto en una muestra de clérigos en Estados Unidos.

2.4.3 Desarrollo moral y estilos de manejo de conflicto

Rahim et al. (1999) y Chow y Ding (2003) estudiaron la relación entre desarrollo moral y los estilos de manejo de conflicto. Rahim et al. analizó una muestra de 443 estudiantes de negocio de una universidad norteamericana; mientras que Chow y Ding, trabajaron con dos grupos de estudiantes (uno de Hong Kong y uno de China) y compararon los resultados. Según, los datos obtenido por Rahim et al., los estadios más altos de desarrollo moral se asociaron con el uso del estilo integrador; los estadios medios, con el uso de comprometido; y los estadios bajos con el uso de los estilos dominante y evitativo. Quienes se ubicaron en el nivel post-convencional usaron más los estilos integrador y comprometido, y menos el dominante y evitativo que quienes estuvieron en el nivel pre-convencional. Sin embargo, Chow y Ding obtuvieron resultados distintos. Solamente, hallaron una correlación baja, positiva y significativa entre el puntaje P del DIT (moral de principios) y el estilo integrador en ambos grupos.

Como se ha observado, los hallazgos analizados no son concluyentes acerca de las relaciones entre inteligencia emocional y desarrollo moral, e inteligencia emocional y estilos de manejo de conflicto. Los estudios reportan resultados aún inconsistentes, por lo que es importante realizar más investigaciones que ayuden a esclarecer estas relaciones, como lo plantea la presente investigación.