Christopher Alexander, nació en Viena, Austria, en 1936. Estudió arquitec- tura (1956) y matemáticas en Cambridge (1959), Inglaterra, y realizó su doctorado en Harvard (1963) en el desarrollo de programas informáticos para la descomposición jerárquica de sistemas o series asociadas a grá- ficos. Hacia mediados de la década de los años 60s, Alexander publicó el ensayo “Notes of the Synthesis or Form” (1964), basado en su tesis sobre la metodología de diseño, donde hacía una propuesta de diseño basado en un sistema de representación para hacer más fácil su resolu- ción. A partir del apoyo que los recursos informáticos podían dar, el autor daba un orden al problema planteado, el cual era a su vez, dividido en sub‒problemas.
En 1963 se trasladó a la Universidad de Berkeley, donde inició su labor como docente y años después, en 1967, fundó el Center for Environmental Structure –grupo que apoyó su investigación teórica y que le permitió realizar diversos experimentos de comprobación de sus teorías a través de proyectos urbanos y arquitectónicos‒. En esta década publicó nume- rosos artículos que de alguna manera marcan el derrotero que su investi- gación seguirá en los años siguientes, como “A city is not a tree” (1965) y “From a set of forms to a form” (1966).
Alexander ha publicado numerosos libros, se destacan el ya mencio- nado “Notes of the Síntesis of Form” y la trilogía de la cual hace parte el estudio objeto de este aparte: “The timeles way of building” (1979), “A Pattern languaje. Towns, Building, Construction” (1977) y “The Oregon ex- periment” (1975). Para analizar el contexto del libro “A Pattern languaje. Towns, Building, Construction”, es necesario analizarlo precisamente como parte de la trilogía que según el autor, constituye una sola gran obra.
Esta trilogía surgió de una crítica radical que puso en duda las pre- tensiones científicas del urbanismo y sus fundamentos teóricos; este esfuerzo por irrumpir sobre los dogmas establecidos definió una serie de análisis que propusieron unos nuevos estatutos para el urbanismo por venir. Para Françoise Choay (Choay, 1985, Vox: Urbanisme: théories et réalisations. En: Enciclopaedia Universalis, France), Alexander es preci- samente el primero en enfrentarse abiertamente a la lógica de la concep- ción moderna, a través de la utilización de elementos conjuntos de las ciencias de la naturaleza y de las ciencias del hombre en su trabajo67.
67 Para Choay, Alexander está incluido en lo que denomina como Críti- ca Epistemológica, en la cual “… la pobreza y la imprecisión de las necesidades integradas por el urba- nismo progresista fueron subrayadas: ciencias de la naturaleza y ciencias del hombre fueron llamadas para precisar los contenidos y determinarlos de nuevo. La vieja y confusa noción de higiene se desdobló en higiene física e higiene mental; se robusteció con el aporte de la ecología, de la etología (nociones de territorio, espacio vital, etc.), de la sicología del consciente y del subconsciente. La antropología cultural y la sociología económica construyeron como brecha el dogma de la universalidad de las necesidades de base mostrando la doble influencia de la cultura y de la economía sobre la estructuración del espacio por el individuo. La historia ha subrayado la importancia de estos ciclos lentos”. <Traducida por el autor> (Choay, 1995, Corpus 23, p.195)
En esta lucha por superar los preceptos del Movimiento Moderno, Alexander acudió a nuevas fuentes para una fundamentación científica en las cuales se preocupa más por el proceso de producción que por el ob- jeto acabado, negando los procesos de planificación seguidos entonces. A estos recursos utilizados por otros en ésta época, Alexander sumó la utili- zación del estructuralismo como base de su teoría ‒en donde se hace evi- dente que el todo no es la suma de sus partes sino su totalidad‒, y al igual que Lynch, la exaltación de la participación de la ciudadanía en los pro- cesos de estudio y definición de la forma. (Luque Valdivia, J. 2004, p. 70).
Este trabajo, que partió de una crítica a la vitalidad y significación del espacio urbano generado por los modernos, tuvo como objetivo principal la identificación del individuo con el entorno que lo rodea y la compren- sión del espacio urbano que pare el autor, influye de manera importante en los hábitos de convivencia social.
El primero de los trabajos relevantes de Alexander en esta corriente de lectura de la ciudad es el artículo publicado “A city is not a tree”, en donde da los primeros pasos hacia la construcción de una teoría que ocu- pará un largo lapso de tiempo en su trabajo. En este artículo, afirmó que la ciudad es un semientramado y no un árbol como pretendían los mo- dernos; comparó las ciudades que denomina como naturales ‒aquellas construidas espontáneamente‒ y las ciudades artificiales ‒que han sido trazadas por planificadores y urbanistas‒, reconociendo que a las se- gundas les falta un elemento esencial que es necesario redescubrir para que vuelvan a ser habitables (Alexander, 1965).
El autor concluye afirmando que para combatir la ciudad moderna se han formulado numerosas propuestas que parten de dar vida a la ciudad antigua, pero que no han sido capaces de crear nada nuevo. De aquí el planteamiento de un nuevo método de trabajo que desarrolla en la tri- logía mencionada y que se desarrolla en “A Pattern Language. Towns, Buildings. Construction”.
Este libro está basado en el rechazo a la explotación económica y la producción en masa de la ciudad; para el autor y su grupo de trabajo, el ambiente urbano está muy distante a las necesidades reales de los ciu- dadanos y la forma construida ha roto lo que debería ser una conexión natural entre el hombre y el entorno que lo rodea. Se ha perdido el sen- tido que tenía la actividad constructora, algo que sólo puede recuperarse cuando los habitantes de la ciudad sean consientes del espacio que los rodea y tomen el control de los procesos de concepción y construcción
del medio ambiente. Para Alexander, estas implicaciones psicológicas y sociales que tiene la forma construida sobre los habitantes, es algo que concierne directamente a los arquitectos (Domínguez, 1979, p.43).
En el primer volumen de la trilogía, “The timeles way of building”, se presenta la interacción que existe entre el espacio que rodea las ac- tividades humanas y los acontecimientos, afirmando que es algo que siempre ha existido68. Esta afirmación se apoya en la búsqueda de un
entorno que tenga el carácter morfológico de la naturaleza que es pre- cisamente el estar vivo para posteriormente definir los patrones como átomos de la estructura del medio ambiente; “cada uno de los patrones es una ley morfológica que establece un conjunto de relaciones con el es- pacio”, es un elemento cultural que se trasmite y que está anclado en el tiempo” (Alexander, 1979, p.84).
Aquí desarrolló la noción de patrones como una forma de plantear y resolver problemas; con estos, el autor demuestra cómo complejas situa- ciones están siempre conformadas por elementos fáciles de comprender. No sólo los definió como un problema recurrente en la ciudad sino que planteó la actitud que debería guiar cada solución particular; juntos, todos los patrones forman parte de un lenguaje que está en permanente evolución.
Los patrones aparecen en la ciudad en cuatro sentidos simultáneos: el Patrón de Acontecimientos, unidades de comportamiento de los indi- viduos que se repiten y suceden periódicamente ‒desplazamientos, reu- niones, horarios, etc.‒, el Patrón de Espacio, configuraciones morfoló- gicas donde tienen lugar los acontecimientos ‒edificios y ciudades‒ y el Patrón de Relaciones ‒inventadas y trasmitidas por la cultura‒. Aunque no están enlazados de una única manera, el Patrón de Espacio es requi- sito que permite que ocurra el Patrón de Acontecimientos; sin embargo ninguno causa el otro ni generan ideas por si sólos.
El Patrón Total es un elemento cultural, es el tipo de imagen mental, la noción que todos tenemos antes de construir y que no se asemeja ni a un dibujo una fotografía o un proyecto: es una Regla Empírica. De esta forma, cada patrón es una regla tripartita: expresa una relación entre un contexto, un problema y una solución.
Alexander parte del convencimiento que en la estructura mental de todo constructor del medio ambiente, desde el obrero hasta el maestro, hay un conjunto de reglas empíricas o patrones mentales relacionados entre sí que conforman un lenguaje; este sistema de reglas empíricas
68 En palabras del autor: “Con el propó- sito de definir la cualidad en edificios y ciudades, debemos comenzar por comprender que todo lugar adquiere su carácter a partir de ciertos pa- trones de acontecimientos que allí ocurren”. (Alexander, 1979, p.11)
puede ser transcrito y utilizado por otros, pero para que esto suceda debe ser ampliamente compartido y la relación que exista entre los usua- rios y la construcción, directa.
Los patrones existen a cualquier escala, desde lo doméstico hasta lo regional; hay patrones vivos –buenos‒, y muertos ‒que se destruyen porque no funcionan‒. A partir de aquí, el autor propone el desarrollo de un lenguaje que facilite al ciudadano mayor comprensión y control del entorno construido.
El estudio describe las reglas para descubrir patrones vivos que diferencian entre buenos y malos lugares; estas reglas consisten en de- finir cada una de las tres partes del patrón ‒acontecimiento, espacio y relaciones‒ como Regla Empírica, expresarlas en un diagrama, darle un nombre, comprobar hasta que punto da vida al entorno y si resuelve todas las formas que confluyen en él, y por último, aplicar la prueba más científica según el autor: si produce auténtica emoción, algo que se de- duce a través de las encuestas.
Con esto, Alexander propone una serie de reglas prácticas con las cuales construir un lenguaje de patrones vivos que busca convertirse en el eje sobre el cual gira la arquitectura: “podemos llegar a la conclusión que la tarea fundamental de la arquitectura es la creación de un único lenguaje de patrones compartido y evolutivo al que todos contribuyen y todos pueden utilizar” (Alexander, 1979, p.194)
El libro es un compendio de 253 patrones hallados y comentados cada uno en un aparte; todos tienen un nombre, el grado de acierto, una ilustración que muestra un ejemplo arquetípico del patrón, un corto es- crito que establece su contexto, la esencia del problema ‒el conflicto‒, su validez y distintas formas de plasmarlo en un edificio y, la solución en forma de instrucción ilustrada.
Los patrones forman una cadena por escalas, es decir que cada uno está contenido en otro mayor en el que se inserta y, contiene otros me- nores insertos en el. Con base en esto, y tras la identificación de los pa- trones, se presenta cómo debe ser la construcción de un lenguaje com- pleto, lenguaje que requiere toda intervención en la ciudad; para esto, se elije el patrón de acuerdo al problema presentado, se seleccionan los patrones más pequeños, componentes esenciales de ese patrón, se di- bujan en un diagrama todas las relaciones entre ellos y se comprueba si el lenguaje es morfológicamente completo ‒cuando falta únicamente el edificio a diseñar‒ y si es funcionalmente completo ‒cuando puede llegar
a resolver los conflictos que genera‒. Cada acto de construcción tiene una secuencia diferente que el constructor deberá elegir.
El conjunto de patrones incluidos en el libro componen un lenguaje, que según el autor conforma un cuadro coherente de toda una región, con capacidad para generar infinidad de variedad con todos sus detalles, según las soluciones lo requieran. Todas las secuencias de patrones que se deriven de la utilización del lenguaje que el autor propone, son en sí mismas un leguaje con el cual generar una parte el entorno; “El lenguaje de patrones es el que se asegura, así como lo hacen los genes distri- buidos en las células, de que exista una estructura, esta permanencia invariable en el flujo de las cosas, de modo tal que el edificio y la ciudad sigan siendo un todo” (Alexander, 1979, p.271).
El modo de actuación del lenguaje es también indicado por el autor: debe actuar de forma múltiple ‒millones de actos de construcción‒, procesal ‒como un sistema orgánico‒, y de modo diferenciador e inte- grante ‒que el todo se diferencie en partes y que cada parte constituya un todo‒. En síntesis, el lenguaje de patrones propone el establecimiento de seis principios: un orden orgánico en donde todo surge gradualmente desde la acción local, una participación que otorga las decisiones a los usuarios, el crecimiento a pequeñas dosis, a través de proyectos pun- tuales muy definidos, los patrones en donde la construcción y el diseño deben guiarse a través de patrones comunitariamente adoptados, la realización de diagnósticos que identifican la vitalidad de los lugares y la coordinación de un orden orgánico que haga posible los proyectos pun- tuales (Alexander, 1975).
Finalmente, Martín Domínguez en su reseña sobre: “A Pattern Language. Towns, Buildings. Construction”, resume de manera precisa los cinco grandes temas sobre los que se desarrolla el estudio: el control y comprensión del usuario del hábitat construido que propone facilitar a la gente una mayor comprensión de su entorno; un desarrollo fragmen- tado ‒“lo pequeño es hermoso”‒, que se presenta como una alternativa a la construcción total de los modernos que permita asegurar el control por parte de la comunidad; la integración de habitantes y actividades en los diversos estratos de la población a partir del rechazo a la zonificación y funcionalización; el contacto social como fenómeno sutil y frágil que hay que cuidar primando al hecho arquitectónico ‒sentido y razón de la ciudad‒ sobre los aspectos técnicos y económicos y; la democracia y la participación ya que cada persona tiene el derecho de aplicar el len-
guaje de acuerdo con sus necesidades particulares (Domínguez, 1979, pp.44 ‒ 48). Con estos temas, Alexander propone una nueva teoría de la construcción donde el poder está en manos de los individuos y los grupos sociales.
Legado
Uno de los mayores valores de la teoría de Alexander, es el desafío que realizó a los planteamientos abstractos del movimiento moderno, cuando señaló que el urbanismo seguido hasta entonces no correspondía con la ciudad del momento, ya que la distancia entre lo propuesto y la realidad se había convertido en insalvable y había generado problemas en las formas de convivencia.
Con el método de los patrones, Alexander propuso un cambio en la concepción jerárquica del urbanismo moderno que va de lo mayor a lo menor, mediante la combinación compleja de patrones de manera simul- tánea en numerosos espacios de la ciudad. Con esto desplaza la teoría del urbanismo de una ciencia de la forma ‒urbanismo y arquitectura‒ hacia una ciencia de la actuación ‒la construcción del entorno‒ (Luque Valdivia, 2004, p.80).
Otras de las contribuciones de este trabajo son la integración de ideas, ‒que constituye un esfuerzo en la asociación de los conceptos fun- damentales de la ciudad con la forma construida en todas las escalas‒, las contribuciones a la metodología urbana; la solución humanística en la solución de los problemas urbanos en la que el hecho humano está implícito en el acto de construcción; la búsqueda de una arquitectura verdaderamente democrática; la participación pluralista y no populista que invitan al contacto humano con las formas construidas para crear Figura 23. Paseo. Fomentar la formación gradual de paseos en el corazón de todas las comunidades, uniendo los más importantes nodos de actividad, localizándolos centralmente, con lo cual cada punto en la comunidad está a diez minutos caminando. Localizar los puntos de atracción mayores en los dos finales para mantener un movimiento constante de arriba abajo. (Fuente: Un lenguaje de patrones. Ciudades. Edificios. Construcciones, Barcelona, 1980)
vida comunitaria y los patrones, que serán la búsqueda de las relaciones entre la vida cotidiana y las construcciones, instrumentos para analizar la arquitectura (Domínguez, 1979, pp.48 ‒ 51).
Los patrones y la búsqueda de la participación de los usuarios en la construcción de la ciudad, no planteados como instrumentos de diseño sino como modo de entender y poner en práctica un proceso a través del cual la arquitectura es creada, constituye otro importante aporte de este estudio. Aunque los patrones no son propiamente instrumentos de diseño, son sin lugar a dudas un apoyo al proyecto arquitectónico al proponer muchos elementos que en su momento estaban olvidados por el quehacer de la arquitectura y el urbanismo, desde la importancia que pueden llegar a tener una puerta o una ventana, hasta las características de partes enteras de la ciudad.
Desde la trilogía publicada, se buscó un desplazamiento y una trasfor- mación del proceso de concepción de la arquitectura y la ciudad; se pro- puso asociar al usuario a la concepción del campo de construcción que le interesaba, al tiempo que reducir el papel del arquitecto a una asistencia técnica y el de elaborar al mismo tiempo nuevos instrumentos concep- tuales con reglas metodológicas para su desarrollo y con un claro sistema de patrones (Alexander, Boulet, Choay, & Gresset, 1979, pp.59, 60).