CHAPTER 3: BACKGROUND
3.3. Different Machine Learning Approaches
3.3.4. Evolutionary Learning
8.2.2. Formación y actividad científica
8.2.3. Corrientes científicas en la formación de Lavoisier 8.3. LABOR CIENTÍFICA DE LAVOISIER
8.3.1. Trabajos sobre metales 8.3.2. Composición del aire 8.3.3. Trabajos sobre el agua
8.4. LA NUEVA QUÍMICA: ADIÓS AL FLOGISTO
8.4.1. Nueva química y necesidad de una nueva nomenclatura 8.4.2. Extensión a otros países
8.5. OBRA ESCRITA DE LAVOISIER 8.6. REFLEXIONES FINALES
8.1. INTRODUCCIÓN
Tradicionalmente Lavoisier es considerado como «padre» de la química moderna. Aunque la expresión puede parece más bien un tópico, responde en gran manera a una realidad. Si bien es verdad que ha habido gran polémica sobre la verdadera paternidad de la química entre franceses contra alemanes (que la atribuyen a Stahl y a Paracelso) e ingleses (que argumentan a favor de Cavendish o Priestley), es a Lavoisier a quien se debe el haber dado a la química un nuevo enfoque. Asimismo, modernizó la química dotándola de un lenguaje que hacía sus escritos mucho más compresibles y reestructuró sus principios. Esto se tras- luce fácilmente en su texto Tratado elemental de Química, por lo que es conve- niente, si no leerlo en profundidad, al menos ojearlo con alguna atención.
No obstante y volviendo a esa polémica, las ideas de Lavoisier se basaron en gran medida en investigaciones de científicos ingleses, alemanes y escan- dinavos sobre problemas químicos, farmacéuticos y médicos. Pero al situar- se la química en una nueva dirección, se rompió con el pasado, por lo que muchos de esos trabajos han quedado injustamente relegados al olvido.
8.2. NOTAS SOBRE LA VIDA DE LAVOISIER
Antes de analizar la obra de Lavoisier y la reforma que llevó a cabo en la química, para comprenderla mejor es importante ubicarle en su momento histórico y dar una referencia de los aspectos más sobresalientes de su bio- grafía. Su vida está repleta de interesantes datos, unos relacionados directa- mente con la química y otros no tanto, pero que en conjunto marcaron su actividad y actitud hacia la ciencia.
8.2.1. Datos biográficos
Antoine Laurent Lavoisier nació en París en 1743, dentro de una fami-
ocupaba un importante cargo, el de procurador en el Parlamento de París. Por esta razón en un principio Lavoisier continuó en esa línea y estudió abo- gacía en el ilustre Colegio Mazarin, graduándose en derecho en 1763.
Muy probablemente con fines económicos y para asegurarse una holgada situación financiera que le hiciera independiente, en 1768 se hace miembro de la Ferme Genérale, una compañía contratada por el gobierno para recau- dar impuestos indirectos, razón por la que esa institución era odiada por la sociedad francesa, lo cual con el tiempo trajo para Lavoisier trágicas conse- cuencias. En 1771 se casa conMarie Anne Pierrette Paultze, hija de otro fermier, como se les llamaba a los socios de esa empresa. En 1785 es nom-
brado director de la Academia de Ciencias de Francia. En 1793, durante el «Reinado del Terror» es hecho prisionero, en parte por su condición de fer-
mier y en parte —y puede que en el fondo— por el odio de Marat hacia él, fun-
dado en los celos que sentía por Lavoisier en el aspecto científico. Es juzgado y condenado a la pena capital, muriendo guillotinado en 1794.
De la imagen de Lavoisier, uno de los más grandes hombres de Francia, no quedan más que algunos cuadros y grabados, pues se da el caso que en la escultura que se le dedicó en 1890 la cabeza no correspondía a la suya, sino a la de un filósofo contemporáneo de Lavoisier, escultura que por otra parte fue destruida durante la Segunda Guerra Mundial.
8.2.2. Formación y actividad científica
A pesar de haberse graduado en derecho, su verdadera pasión fueron las ciencias ya que su tiempo libre lo dedicó intensamente a la investigación quí- mica. Y, curiosamente, su formación en leyes le ayudó en gran manera en su preocupación por la precisión en el planteamiento, realización y discusión de sus trabajos científicos. O tal vez, fue precisamente la que le inspiró a enfo- carlos de esa manera. En todo caso, es en principio extraño que un hombre de letras diese un giro tan significativo hacia las ciencias. Pero, dejando a parte su propia personalidad, hubo algunos factores que sin duda contribu- yeron decisivamente a que tomase esa nueva trayectoria.
Por una parte, el lugar donde estudió, el Colegio Mazarin, de gran pres- tigio en la enseñanza tanto de las letras como de las ciencias y en el que, ade- más de derecho, estudió Lavoisier un curso de química divulgativa dirigido especialmente a médicos y farmacéuticos. Por otra parte, y éste sea tal vez el factor más importante, algunos de las personas próximas a él. Así, algunos de sus amigos influyeron notablemente en su formación científica, como el geólogo mineralogistaGuettard o el prestigioso matemático Laplace, con
el que incluso llevó a cabo algunas importantes investigaciones. Otra perso- na que le ayudó enormemente en su labor científica fue su mujer, que siem- pre estuvo a su lado contribuyendo en sus trabajos. Desde traducir numero- sos textos científicos ingleses, como los de Priestley o Cavendish —para lo cual tuvo que aprender expresamente ese idioma— hasta estudiar dibujo para poder realizar ella personalmente los grabados que representaban los
aparatos de química que utilizaba su marido, u organizar reuniones sema- nales para crear tertulias científicas en los salones de su casa, donde se inter- cambiaban ideas y se daba información sobre los últimos descubrimientos científicos.
8.2.3. Corrientes científicas en la formación de Lavoisier
En el Colegio Mazarin, a través del curso de química al que asistió —y que era impartido por el prestigioso científico Rouelle— tomó contacto con la teo- ría del flogisto, si bien con ciertas variantes. Según Rouelle (en el Tema 7), se seguían admitiendo los cuatro elementos tradicionales, si bien podían actuar como elementos químicos y también como instrumentos físicos, en contra de lo postulado en la teoría de Stahl (también en el Tema 7). Éste es un interesan- te matiz, el de la distancia entre lo físico y lo químico. Así el fuego, o flogisto, no sería tan sólo un instrumento físico —como opinaba Stahl— con el que se podrían alterar los estados físicos de la materia, sino también un componente de ésta, es decir, sería asimismo un elemento químico. Lo mismo ocurriría con los otros tres elementos, el agua, la tierra y el aire. En éste último, el aire, ya se había demostrado que podía actuar de forma química y bien existir libre o bien fijado (aire «fijo»). En definitiva, se iniciaba una corriente de ir interpretando las reacciones químicas mediante un análisis «científico» de las mismas, bus- cando una interpretación de tipo químico, a partir de la teoría corpuscular de Newton. Sin embargo, hay que reconocer que la formación científica inicial de Lavoisier cayó plenamente dentro de las teorías del flogisto.
Rouelle también había estudiado las sales y realizó una clasificación según sus formas cristalinas y, lo que es más importante, según los ácidos y las bases de las que proviniesen. En conjunto, Lavoisier recibió información sobre la teoría de la acidez, de las reacciones en que intervenía el aire, en par- ticular la combustión, del análisis cuantitativo de minerales y de la composi- ción de las aguas.
Otra fuente de conocimiento para Lavoisier fueron también las numero- sas traducciones sobre minas y metalurgia de textos alemanes y suecos, prin- cipalmente. Esto vino provocado por una incipiente preocupación del estado francés por la instalación de industrias como posibles creadoras de riqueza, al igual que ocurría en Inglaterra, en los estados alemanes o en los países del norte de Europa.
C/T/S
Se trataba, pues, de una preocupación de origen económico, lo cual nos vuelve a demostrar las estrechas relaciones entre los fenómenos sociales y la ciencia.
Este hecho dio lugar a que Lavoisier colaborara en la realización de un estudio «in situ» de los yacimientos minerales en el suelo francés, así como de las fuentes naturales de agua. Esto, a su vez, le llevó a efectuar un estudio
sobre análisis químicos de aguas y otro sobre el yeso. También realizó un tra- bajo sobre las formas de alumbrado (con candelas de aceite y con velas) en las grandes ciudades. De estos dos últimos trabajos presentó sendos informes ante la Academia de Ciencias de París, obteniendo una medalla por el segun- do, en 1766, cuando sólo tenía 23 años.
Fue así ganando la consideración e, incluso, la admiración del mundo científico, lo cual le valió el ingreso en la Academia de Ciencias en 1768, a los 25 años, hecho que implicaba un gran prestigio aunque hubiese sido admiti- do sólo en el rango más bajo (como ayudante químico o «adjoint»).