Strategy 4 – Access to public transit
III. Examining the Reliability and Validity of the Air Force
LECTURA
POR HENRY A. GIROUX¡Aseguraos el conocimiento, vosotros, los petrificados!
Y quienes estáis famélicos, ¡empuñad el libro! ¡Es un arma! ¡Tenéis que haceros cargo del liderazgo!
Bertolt BRECHT
En esta era capitalista, los norteamericanos parecen enfrentarse a una paradoja importante acerca de la relación entre tecnología, cultural y emancipación. Por una parte, el creciente desarrollo de la ciencia y la tecnología pone en nuestras manos la posibilidad de liberar a los seres humanos del trabajo deshu-manizador y agobiante. A cambio, esta libertad proporciona a los hombres nuevas oportunidades para el desarrollo y el acceso a una cultura que promueva una sensibilidad más crítica y cualitativamente diferenciadora en todas las formas de comunicación y experiencia. Por otra parte, el desarrollo de la tecnología y de la ciencia, inspirado en las leyes de la racionalidad capitalista, se anuncia en formas de dominio y control que parecen frustrar, más que extender, las posibilidades de emancipación humana.1
Y es dentro de los parámetros de esta paradoja donde puede emprenderse un examen del valor y de la función de la lectura en una sociedad con múltiples medios de comunicación de masas. La necesidad de un análisis de esta naturaleza descansa en las intrincadas relaciones, a menudo ignoradas, entre las diferentes formas de la comunicación y las fuerzas sociopolíticas que dominan nuestra sociedad. Hablar de un aspecto dejando de lado el otro no sólo representa
1. Herbert Marcuse, One Dimensional Man, Boston, Beacon Press, 1964 (trad. cast.: El
hombre unidimensional, Barcelona, Ariel, 21987); Horkheimer, Eclipse of Reason; David F. Noble, America by Design, Nueva York, Knopf, 1977 (trad. cast.: El diseño de Estados
un problema conceptual, sino también un error político. En términos generales, esto significa que toda comprensión de la relación entre los medios electrónicos y la cultura impresa resultará confusa si no se sitúa en el contexto específico social e histórico en el que dicha relación se desarrolla. Situar el propio análisis en dicho contexto equivale a oponerse a la tendencia mayoritaria de los teóricos sociales, los cuales se han despreocupado de estudiar la dinámica de las modalidades impresa y visual de comunicación en el contexto de los conceptos críticos más amplios de historia, cultura de masas e ideología.2 De hecho, la renuncia a emprender este análisis es un reflejo de la renuncia ideológica, más seria, a reconocer las cualidades y funciones dialécticas cambiantes que tanto los medios electrónicos como la cultura impresa han ostentado históricamente y siguen ostentando todavía hoy.3 Históricamente, la relación entre los cambios sociales y los cambios en la comunicación ha estado menos determinada por la naturaleza del desarrollo tecnológico de la comunicación que por la ideología dominante y las formaciones sociales concretas de una determinada sociedad. Por ejemplo, al contrario de lo que sucede actualmente en los Estados Unidos, la lectura pública y en voz alta constituyó una práctica común en la Edad Media tardía, y lo es todavía hoy en la China contemporánea. De manera parecida, a diferencia de la mayoría de los países occidentales, en la Cuba actual no existen las leyes del copyright, porque el gobierno cubano cree que los libros deberían servir para difundir la cultura y no para fines comerciales.4 Esto nos indica que la interacción entre cambios sociales y técnicos es una realidad compleja en la que la forma y la utilización de una modalidad de comunicación están determinadas por fuerzas distintas a las de la tecnología actual. Por otra parte, tras las variadas funciones que las modalidades impresa y visual de comunicación desempeñan en distintos contextos sociales y culturales se esconden profundas cuestiones. ¿Quién controla las distintas modalidades de comunicación y a qué intereses sirven? Dicho más escuetamente, las modalidades de comunicación, ¿están al servicio de la opresión o de la liberación? Desgraciadamente, hay cuestiones que la mayoría de los teóricos sociales han decidido ignorar.5 Una forma de enfocar estas cuestiones es a través de lo que yo he llamado la dialéctica del uso y del potencial en tecnología.
Subyacente a la dialéctica de opresión y liberación, inherente a todas las formas de comunicación, está la distinción fundamental entre el uso que se hace de una modalidad particular de comunicación —por ejemplo, la televisión— y el uso potencial que a ese mismo medio puede darle una determinada sociedad. Concentrar la atención en la contradicción existente entre el uso de hecho
2. J. W. Freiberg, «Critical Social Theory in the American Conjuncture», en J. W. Freiberg, corap., Critical Sociology, Nueva York, Irvington Press, 1979, págs. 1-21.
3. Todd Gidin, «Media Sociology», Theory and Society 6 (1978), 205-253.
4. M. Hoyles, «The Ffístory and Politics of Literacy», en M. Hoyles, comp. The
Politics of Literacy, Londres, Writers and Readers Publishing Cooperation, 1977, págs. 14-
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Cultura de masas y analfabetismo | 123 y el uso potencial representa una forma viable de analizar la cambiante relación existente entre las culturas visual e impresa en nuestra sociedad. De no seguir este camino, corremos el peligro de sucumbir o bien al fatalismo tecnológico o bien a una especie de utopía también tecnológica.6 En ambos casos, la tecnología aparece desarraigada de su contexto sociocultural, abstraída de los imperativos de clase y poder, y definida a partir de la camisa de fuerza del deter-minismo tecnológico.
Un enfoque más crítico trataría de dejar al descubierto «algunas de las conexiones concretas y complejas entre creación y distribución culturales y formas sociales y económicas».7 Esto exige que redefinamos la cultura en términos políticos y que observemos la forma en que la cultura visual y la impresa actúan como mecanismos de reproducción social y cultural. Pero convendrá explicar este último concepto —el de reproducción social y cultural— antes de analizar detalladamente sus mecanismos. La noción de reproducción aclara la relación entre cultura y sociedad sugiriendo la subordinación de la cultura a la sociedad dominante. Este punto es importante por dos razones. En primer lugar, la tendencia predominante entre los antropólogos ha despolitizado tradicionalmente el concepto de cultura interpretándolo como sinónimo de «forma de vida de los pueblos».8 Como consecuencia, se ha hecho difícil estudiar la importante relación entre sociedad y cultura, en particular la relación entre ideología y control social. La segunda razón es que el lugar de dominación en los países industriales avanzados ha sufrido un cambio significativo, por lo que necesitamos un concepto politizado de cultura para examinar dicho cambio. Un análisis más prometedor que el de la corriente predominante entre los científicos sociales es el que podemos encontrar en la obra del teórico social italiano Antonio Gramsci, así como en los trabajos más recientes de la Escuela de Francfort y de sus seguidores.9
6. Las utopías tecnológicas tienen su expresión más popular en Marshall McLuhan,
Under-standing Media, Nueva York, Signet, 1963; el fatalismo tecnológico está
perfectamente captado en Jacques EUul, The Technological Society, Nueva York, Knopf, 1965. Una crítica de estas dos posiciones se encuentra en Henry A. Giroux, «The Politics of Technology, Culture, and Aliena-tion», Left Curve 6 (verano-otoño de 1976), 32-42.
7. M. W. Apple, «Televisión and Cultural Reproduction», ]oumal of Aesthetic
Education 12 (octubre de 1979), 109.
8. Christopher Lasch, Haven in a Heartless World, Nueva York, Basic, 1977, págs. 93- 94 (trad. cast.: Refugio en un mundo despiadado, Barcelona, Gedisa, 1984); Hans Peter Dreitzel, «On the Political Meaning of Culture», en Norman Birnbaum, comp. Beyond the
Crisis, Nueva York, Oxford University Press, 1977, págs. 83-138.
9. Gramsci, Prison Notebooks; una excelente muestra representativa de los escritores de la Escuela de Francfort la encontrará el lector en A. Arato y E. Gebhardt, comps. The