Chapter 8 Case Study: Crime Data Analysis
2.5 Example Co-locations
Como se mencionaba antes, la gran influencia que tienen las diferentes formas de construcción de la ciudad sobre el vínculo de los ciudadanos con el Estado se encuentra en estrecha relación con el espacio público, al tener en cuenta que es en este espacio en el que se construye a partir del interés colectivo.
Según José Antonio Marina (2010) la inteligencia de los individuos depende del entorno en el que se encuentren, dado que su existencia solo es viable en la medida en la que se relaciona con otros individuos. A partir de estas relaciones es que se hace posible el desarrollo de la cultura, aunque se podría hacer mención a una relación reciproca para este caso, pues de la misma forma en que se
y dar significados al mundo de una u otra forma, “Con frecuencia no sabemos por qué hacemos lo que hacemos (…) Utilizamos como criterio de evaluación de lo bueno y lo malo, lo justo y lo injusto, unas creencias culturales cuya fiabilidad no hemos comprobado” (Marina, 2010, pp.16).
Aún así, habiendo o no comprensión del porque de las pautas culturales, estas en principio fueron creadas para permitir la convivencia de los individuos en sociedad, esto haciendo uso de herramientas mentales (objeto real o ideal, diseñado para realizar una función que sin él resultaría difícil o imposible realizar), como por ejemplo los sistemas morales y/o las instituciones políticas (Marina, 2010, pp. 24). En dichos sistemas morales hay una tendencia a dar prevalencia a unos valores sobre otros en algunas culturas. Se podría pensar que resulta problemático cómo en occidente, más que todo desde el auge de la NGP, se ha dado prevalencia a valores como los de autonomía, libertad y realización personal –meramente individuales- sobre los valores colectivos, debilitando de esta forma la cohesión social.
Ahora, dependiendo de factores como las herramientas mentales se puede determinar que tan inteligente es una sociedad, en la medida en que estas permitan que los individuos logren establecer métodos de participación y comunicación, que faciliten la satisfacción de las necesidades y metas de sus integrantes, (Marina, 2010, pp.38) consiguiendo además que para el logro de estas necesidades y metas ninguno de los miembros anule por completo sus pretensiones, los casos en los que esto suceda indicaría que el sistema cuenta con un nivel de inteligencia baja, y por lo tanto con problemas potenciales de convivencia.
Teniendo en cuenta lo anterior, así como se puede hacer mención a la inteligencia de las sociedades, se puede referir a la inteligencia de las ciudades, y como estas están en capacidad o no de responder a las cuatro necesidades y
aspiraciones humanas, según las menciona Marina (2010) son: sobrevivir, disfrutar, vincularse socialmente y ampliar las posibilidades vitales (pp. 48). La capacidad o no de responder, es decir, la inteligencia ciudadana, se ve representada por las creencias y valores compartidos, las instituciones y la forma de resolución de conflictos, así como por la calidad de las relaciones entre los individuos –clima emocional estimulante y agradable, deseo por participar, bienestar- (Marina, 2010, pp. 113).
Uno de los elementos más importantes para que se cuente con un alto nivel de inteligencia es garantizar la confianza entre los individuos, siendo la única forma de lograr esto la existencia de valores y normas de actuación socialmente compartidas, aceptadas y respetadas por todos, con posibilidad de penalización por su incumplimiento. Uno de los grandes contras que se ha encontrado a la inteligencia social en este caso es la economía neoliberal –en la cual se apoya la NGP-, la cual promueve los valores individuales, como ya se mencionaba.
En estos términos, se puede aducir cómo el nivel de inteligencia social determina la calidad de la convivencia ciudadana en la comunidad, que es mediada o regulada por la cultura, como ya se mencionaba. Para el caso bogotano, no se puede evitar hacer mención de un concepto puesto en práctica desde la primera alcaldía de Antanas Mockus entre 1995 y 1997, y que tiene una estrecha relación con la convivencia ciudadana. La cultura ciudadana “es la base conceptual o el enfoque de políticas públicas encaminadas a promover el bienestar de la ciudadanía y la democratización de las ciudades por medio de la transformación de los ciudadanos” (Mockus, et. Al, 2012. Pp.34), se podría hacer referencia a esta como una herramienta mental que se puso en práctica para solventar los problemas de seguridad y convivencia ciudadana en Bogotá.
individual. Por lo tanto se le da una gran relevancia a que haya armonía entre lo que se concibe por ley, moral y cultura, pero más que todo a la generación de un sentimiento de corresponsabilidad y autorregulación,
Devolverle la autonomía moral al individuo y corresponsabilizarlo, de manera que la seguridad se convierta en un bien público que es al mismo tiempo provisto por el
Estado y construido por la ciudadanía. (…) la tolerancia y la aprobación cultural de
ciertos comportamientos y actitudes generan condiciones de posibilidad para la violencia; y correlativamente, que una transformación de dichas actitudes y comportamientos puede redundar en condiciones de posibilidad favorables a la convivencia. (Mockus, et. Al, 2012, pp.47)
La alusión a los conceptos de corresponsabilidad y autorregulación se refieren a que la capacidad del Estado para regular y sancionar para garantizar el orden social no recae únicamente en sí mismo, sino que este debe responder a las violaciones “esporádicas” de las normas sociales, pues estas gozan de suficiente legitimidad por parte de la mayoría de los individuos (Mockus, et. Al, 2012, pp. 149), el orden social sin la cooperación de los ciudadanos no es posible.
Ser ciudadano implica saber celebrar acuerdos, reconocerlos, cumplirlos, al igual que defenderlos y repararlos en caso de ser necesario. Este arte se ve facilitado por la confianza (en personas y en instituciones) y por la tolerancia (aunque hay tolerancias de tolerancias). Una escuela importante para aprender a celebrar y cumplir acuerdos es la participación, que también es un laboratorio donde se experimenta la complementariedad y las tensiones entre reglas y acuerdos. (Mockus, et. Al, 2012, pp. 286)
De lo anterior, se abstrae la necesidad de construir colectivamente para que se logre la coexistencia en el territorio, y no que haya un simple conglomerado sin un orden racional, eliminando de esta forma los acuerdos al delegar el orden social a fuerzas coercitivas. Aún así, hay que tener en cuenta que la construcción colectiva es compleja y requiere de herramientas que permitan su duración y consolidación en el tiempo, como la confianza, que ya se mencionaba, otra muy relevante es la
tolerancia4. El respeto por las ideas, creencias y la diversidad en todas sus dimensiones, por medio del reconocimiento del otro, fortaleciendo la tolerancia y la confianza entre los individuos que hacen todos parte de la misma comunidad. (Marken, 2002). Es decir, que cada uno puede “ser” sin necesidad de que se le adoctrine de una forma específica, la convivencia ciudadana implica relacionarse con el otro aceptando su diferencia; hay que mencionar que ésta es una característica inexorable del entorno urbano o de la ciudad, en la que a través de la participación en el espacio público se propende por evitar el prejuicio y la segregación. (Innerarity, 2006. Pp. 105)
Ahora, teniendo en consideración lo anterior, se puede dar cuenta de cómo la convivencia ciudadana es “fácilmente” maleable al depender esta de gran cantidad de elementos o factores. Entre estos los más relevantes son la conformación del espacio público, como ya se había mencionado, y la forma en que el Estado se relaciona con el ciudadano. A lo cual resulta pertinente mencionar, el caso de Bogotá, puesto que de manera relativamente reciente en la ciudad, estos son aspectos que se ha procurado modificar.
Por un lado se encuentra la Reforma Administrativa Distrital del 2006, que tiene una gran influencia en la forma de relacionarse, no únicamente el distrito internamente, sino el Estado con el ciudadano, en la medida en que con dicha reforma se hacen cambios al modelo de gestión pública de la ciudad. Por el otro lado se encuentra la modificación excepcional del POT de la administración actual, la cual, por supuesto, cumple un papel determinante en la forma de construir espacio público. Ambos aspectos a tratarse más a profundidad en el siguiente capítulo.
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Marken (2002) resume las normas de convivencia ciudadana en tres grupos (a) el reconocimiento de todos frente a la ley (b) el respeto por la diferencia y la diversidad (c) el interés general debe estar por encima