4.1 Abstract
4.3.3 An example
Contexto del conflicto
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l conflicto tiene sus primeras raíces al terminar la primera guerra mundial con la desintegración del Imperio turco-otomano, lo que implicó que el territorio palestino quedara bajo la Administración del Reino Unido, y bajo el Sistema de Mandato adoptado por la Liga de las Naciones. Durante los años de ese mandato, de 1922 a 1947, numerosos judíos emigraron a Palestina, especialmente, a partir de la persecución de los nazis durante los años treinta. En 1947, el Reino Unido pasó el problema a las Naciones Unidas, quienes en ese mismo año y mediante la Resolución 181, decidieron dividir el territorio bajo mandato británico en dos Estados sin continuidad territorial, división que nunca llegaría a aplicarse completamente. La partición del territorio por parte de las Naciones Unidas y la posterior proclamación del Estado de Israel, en 1948, fueron los detonantes principales del actual conflicto, ya que poco después de que los británicos se marcharan de la zona, Israel ocupó el 77% del territorio palestino y gran parte de Jerusalén. Grupos paramilitares sionistas masacraron a muchos palestinos, lo que provocó el exilio de unos 800.000 palestinos. Desde entonces, se han librado cinco guerras (1948, 1956, 1967, 1973 y 1982) hasta llegar a la crisis actual. En 1959 nació la OLP, que poco después sería dirigida por Yasser Arafat. En la «Guerra de los 6 Días» de 1967, Israel ocupó la península de Sinaí, Cisjordania y los Altos del Golán, estableció un anillo de seguridad alrededor de Israel, intensificó los asentamientos de israelíes en Gaza y Cisjordania y provocó un segundo éxodo de palestinos (medio millón). En 1974, la Asamblea General de la ONU concedió el estatus de observadora a la OLP. En 1982, Israel invadió el Líbano, lo que permitió una gran masacre en los campos de refugiados palestinos de Sabra y Shatila, y provocó la expulsión de Arafat en 1983, que se exilió en Túnez. En 1987, la desesperación de la población palestina ocupada provocó la «primera Intifada» (1987-1992), al mismo tiempo que Arafat iniciaba gestos de acercamiento hacia los Estados Unidos, convencido de que este país era el único que podría presionar a Israel. La «segunda Intifada» se inició en septiembre de 2000 y, desde entonces, ha provocado más de 5.500 muertos, el 80% de ellos, palestinos. En el año 2002, Israel inició la construcción de un muro de separación entre ambas comunidades, por lo que incrementaron las críticas de la comunidad internacional.Antecedentes del proceso de paz
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n 1990 se iniciaron las primeras negociaciones secretas en Oslo, que permitieron que, en agosto de 1993, se firmara en Washington el primer acuerdo entre Israel y los palestinos. Las conversaciones para llegar a un acuerdo fueron comenzadas por el Gobierno noruego, que era neutral en el conflicto. Los principales arquitectos de los acuerdos fueron Johan Jørgen Holst (ministro de Asuntos Exteriores de Noruega), Terje Rød-Larsen y Mona Juul. Las negociaciones transcurrieron en total secreto en Oslo y sus alrededores, con reuniones en la casa del ministro Holst, hasta la firma del texto resultante el 20 de agosto y la consecuente ceremonia pública el 13 de septiembre. En esencia, los principios de los Acuerdos de Oslo residían en la retirada de las fuerzas israelíes de la franja de Gaza y Cisjordania, así como en el derecho de los palestinos al autogobierno en esas zonas a través de la autoridad palestina. El Gobierno palestino duraría cinco años de manera interina, durante los cuales el estatus sería renegociado (a partir de mayo de 1996). Las cuestiones acerca de Jerusalén, los refugiados, los asentamientos israelíes, la seguridad y las fronteras exactas fueron excluidas. El autogobierno interino sería desarrollado en fases.Análisis por países | ISRAEL – P
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Dos años antes, en 1991, se celebró la Conferencia de Madrid, presidida por el principio de intercambio «paz por territorios» en la que se establecieron las bases para una futura negociación bilateral. En 1995, se inició el llamado «Proceso de Barcelona» para estimular la cooperación entre todos los países del Mediterráneo, incluido Israel. También, en 1995, se inició el proceso de Oslo II, que preveía una zona bajo control palestino, una zona de administración mixta y otra zona controlada por Israel, con carreteras que unirían las zonas de dominio israelí. En 1998, ese proceso quedó completamente paralizado y, desde entonces, se intensificaron los ataques suicidas por parte de grupos palestinos.
Las negociaciones de paz que intentó abrir el presidente de los EEUU, B. Clinton, a finales de 2000, entre el primer ministro israelí Ehmud Barak y Yasser Arafat en Camp David, y que preveían la ampliación de la zona bajo control palestino y un intercambio de territorios, no llegaron a fructificar, así como tampoco lo hicieron las negociaciones de enero de 2001 en Taba (Egipto), que ampliaban aún más la zona bajo dominio palestino y les daba acceso al río Jordán. Desde entonces, y con la segunda Intifada, la espiral de violencia y la dinámica de acción-reacción han excusado la paralización de los numerosos planes y propuestas que han hecho distintos actores, organismos y países. En el año 2002, con el conflicto completamente deteriorado, se multiplicaron las iniciativas de paz, como la creación del Grupo de Trabajo Internacional para la Reforma Palestina, las actuaciones del Cuarteto Diplomático (EEUU, Rusia, UE y ONU) y, muy en particular, su plan de paz u «Hoja de Ruta» de diciembre de 2002, que constaba de tres etapas que debían concluir en el año 2005 con la creación de un Estado palestino independiente. En 2005, el conflicto entre Israel y Palestina dio un salto cualitativo después de la muerte de Y. Arafat, del triunfo electoral de M. Abbas en las elecciones presidenciales palestinas y de la posterior apertura de contactos directos con el Gobierno de Israel. A lo largo de 2006, el difícil proceso de paz entre Israel y Palestina estuvo inicialmente marcado por la victoria del grupo Hamás en las elecciones de enero para el Consejo Legislativo Palestino, y por el posterior bloqueo internacional al nuevo Gobierno islamista, condicionado al reconocimiento de Israel, al fin de la violencia y a la aceptación de los acuerdos firmados por la ANP. En abril, el nuevo primer ministro y dirigente de Hamás, I. Haniya, defendió el derecho de los palestinos a continuar la lucha por la independencia, pero también expresó su deseo de entablar conversaciones con actores internacionales para finalizar el conflicto con Israel, a la vez que se mostró favorable a que continuase la involucración internacional en el proceso de paz, refiriéndose al Cuarteto y, particularmente, a Europa.
En julio de 2007, los ministros de Exteriores de Egipto y Jordania llevaron a cabo una visita a Israel para presentar un plan de paz que contaba con el respaldo de la Liga Árabe y que contemplaría el reconocimiento de Israel si éste se retiraba de los territorios ocupados. El 27 de noviembre, finalmente, terminó la conferencia de paz celebrada en Annapolis (Maryland, EEUU), que supuso la primera conversación de paz entre Israel y la ANP en siete años. La conferencia definió el lanzamiento de negociaciones basadas en la Hoja de Ruta, que empezarían a partir del 12 de diciembre con la reunión quincenal de equipos de negociadores dirigidos por un comité conjunto de dirección. Asimismo, el comunicado afirmó que existía acuerdo en tratar todas las cuestiones fundamentales, sin excepción, en un intento de crear un Estado palestino independiente. Las cuestiones fundamentales acordadas, conocidas como del «estatuto final», fueron el futuro de Jerusalén, las fronteras, el agua, los refugiados y los asentamientos. En agosto de 2008, el Gobierno israelí desveló un plan que ofrecía ceder a los palestinos el 93% de Cisjordania, incluyendo un corredor entre Cisjordania y Gaza que permanecería bajo soberanía israelí pero con libre paso para los palestinos y sin controles de Israel. Según fue revelado por el diario Haaretz, el plan negaba el derecho de retorno de los refugiados palestinos, aunque preveía excepciones al amparo de la reunificación familiar. El plan no mencionaba Jerusalén. Tras el anuncio de la oferta, el 10 de agosto, el portavoz del presidente palestino, Mahmoud Abbas, declaró que la oferta no era seria y que la rechazaban por no incluir un Estado palestino con continuidad territorial y con capitalidad en Jerusalén. En noviembre de 2008, el presidente palestino, Mahmoud Abbas, y la ministra israelí, Tzipi Livni, reafirmaron ante los representantes del Cuarteto de Oriente Medio, reunidos en la ciudad egipcia de Sharm el-Sheick, su compromiso de continuar las negociaciones de paz. Ambos representantes consiguieron una serie de acuerdos respecto a los principios que debían guiar el proceso negociador. Éstos incluían: la necesidad de entablar negociaciones bilaterales, directas, ininterrumpidas y continuadas; el principio de que nada será considerado acordado hasta que esté todo acordado; y la necesidad de alcanzar un acuerdo completo que abordara todas las cuestiones, tal y como estaba previsto en Annápolis, y no un acuerdo en algunas cuestiones aisladas. El inicio del año 2009 estuvo profundamente marcado por la ofensiva israelí contra la franja de Gaza el 27 de diciembre, en la operación más violenta desde la guerra de 1967. Antes del inicio de la operación, la ministra de Exteriores israelí, Tzipi Livni, declaró que Israel debía derrocar a Hamás. El ataque sucedió al fin de la tregua de seis meses entre Hamás e Israel que finalizaba el 19 de diciembre. Tras varios intentos, el 8 de enero el Consejo de Seguridad de
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la ONU aprobó una resolución presentada por Reino Unido, la 1860, con 14 votos y con la abstención de EEUU, que hacía un llamamiento a un alto el fuego inmediato, durable y plenamente respetado, que llevara a una retirada completa de las fuerzas israelíes de Gaza, a la distribución de provisiones alimentarias, combustible y tratamiento médico en el territorio, y a que se intensificaran las gestiones internacionales para prevenir el contrabando de armas y municiones en la franja. A finales de mayo, el primer ministro israelí se reunió en Washington con el presidente de EEUU para discutir sobre la paz en Oriente Medio. Obama expuso el apoyo de su Administración por una solución para la creación de dos Estados, uno israelí y otro palestino. Netanyahu se mostró a favor de una mayor autonomía pero no a favor de la creación de un segundo Estado, alegando que si el Gobierno de éste cayera en manos de Hamás la seguridad de Israel se vería seriamente comprometida. Netanyahu, sin embargo, se mostró partidario de reiniciar las negociaciones de paz con los palestinos una vez que éstos reconocieran la existencia de Israel como Estado judío. Por su parte, el presidente palestino señaló que sus dos condiciones para el diálogo eran frenar la construcción y ampliación de asentamientos judíos en territorio palestino y permitir la creación de un Estado palestino. A mediados de junio, el primer ministro israelí pronunció un discurso en la universidad de Bar-Ilan, cerca de Tel-Aviv, en el que afirmó su disposición a la creación de un Estado palestino siempre que estuviera desmilitarizado y que los palestinos reconocieran a Israel como un Estado judío.
El proceso de paz en 2010
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as relaciones entre EEUU e Israel alcanzaron uno de los momentos más críticos después de que el Gobierno de Benjamin Netanyahu anunciara la construcción de 1.600 nuevas viviendas en Jerusalén Este durante la visita a la zona del vicepresidente estadounidense, Joe Biden. Tras el anuncio, los palestinos descartaron las negociaciones indirectas con Israel, mientras que Biden condenó la medida, considerándola como un gesto que minaba la confianza necesaria para reimpulsar el diálogo, condicionado negativamente por la judaización de Jerusalén Este, la colonización de Cisjordania, el bloqueo de Gaza y la construcción del muro.Ayuda militar de EEUU a Israel Millones de dólares
2008 2.380
2009 2.550
2010 2.750
Durante la primera semana de mayo se anunció la reanudación de las conversaciones indirectas entre israelíes y palestinos en un intento por avanzar en el proceso de paz. La ronda de conversaciones terminó
sin signos de progreso ni fecha para continuar el diálogo, que debería extenderse durante los siguientes cuatro meses y abordar asuntos clave, como Jerusalén y la situación de los refugiados. Según analistas citados por la BBC, el proceso enfrentaba grandes dificultades, ya que los israelíes percibirían que los palestinos sólo deseaban que EEUU impusiera una solución acorde a sus intereses y, además, permanecían divididos, con Hamás abiertamente hostil a las negociaciones. Por otra parte, los palestinos creerían que el Gobierno de derecha de Netanyahu no pretendía avanzar hacia una salida que involucrara un Estado palestino y que pretendía mantener las conversaciones en punto muerto. En junio, la muerte de nueve activistas tras la intercepción por parte de Israel de una flotilla de ayuda humanitaria a Gaza motivó una condena internacional y obligó al Gobierno de Benjamin Netanyahu a suavizar las condiciones del bloqueo sobre el territorio palestino. Las víctimas, de nacionalidad turca, viajaban en la embarcación Mavi Marmara, que formaba parte de un grupo de seis barcos que transportaban a 750 activistas y 10.000 toneladas de ayuda para la franja de Gaza. La acción militar se produjo en aguas internacionales, causó además decenas de heridos y generó una amplia condena internacional, por lo que se consideró como uso desproporcionado de la fuerza contra los cooperantes. Israel justificó su actitud argumentando que las intenciones de la flotilla eran ilegales y que se desoyeron las advertencias del ejército para que abandonaran su intención de llegar a Gaza.
Los escollos de los procesos de paz
Colonias de Cisjordania. Más de medio millón de colonos residen en el territorio ocupado de Cisjordania, de ellos, unos 200.000, en Jerusalén Este. Israel ha practicado desde 1967 una política de hechos consumados que derivó en la construcción de tres grandes bloques de colonias. Jerusalén. Dividida físicamente hasta 1967 – cuando fue conquistada por el ejército israelí–, los palestinos reclaman la mitad oriental de la ciudad santa para establecer su capital. Israel se niega rotundamente.
Refugiados. Los palestinos exigen que se llegue a un acuerdo sobre los refugiados (permitir el retorno simbólico de algunos miles y compensaciones económicas). Para Israel es una cuestión que permite nulo margen de maniobra.
Seguridad. Israel exige garantías de seguridad, principalmente, que Palestina sea un Estado desarmado.
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El presidente palestino, Mahmoud Abbas, y el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, se reunieron en Washington el 2 de septiembre en una nueva ronda de conversaciones directas entre las partes, la primera en veinte meses. Abbas había exigido el cese total del levantamiento de colonias, incluido Jerusalén, como paso previo al diálogo, pero terminó cediendo a las intensas presiones internacionales y, al menos oficialmente, Washington anunció que el restablecimiento de los contactos se hacía «sin condiciones». Según sus declaraciones a la prensa, el primer ministro israelí aceptó un Estado palestino, pero no admitió negociar sobre las fronteras previas a la guerra de 1967; aseguró que Jerusalén era la capital eterna e indivisible de Israel y exigió el control del espacio aéreo de un futuro Estado palestino, que desde su perspectiva debería ser desmilitarizado y aceptar la instalación de bases israelíes en el valle del Jordán. Un futuro Estado palestino tampoco podría suscribir pactos defensivos con países considerados enemigos de Israel. En ese contexto, las prioridades de Netanyahu serían la seguridad, el reconocimiento de Israel como un Estado judío (el retorno de refugiados sólo podría hacerse a un Estado palestino) y el fin del conflicto, sin posibilidad de admitir nuevas reclamaciones en el futuro. Tras la reanudación de las conversaciones directas entre palestinos e israelíes a principios de septiembre, se mantuvo la incertidumbre sobre el futuro del diálogo tras la decisión de Israel de no renovar la moratoria sobre la construcción de asentamientos en Cisjordania. En octubre, las negociaciones se mantuvieron en punto muerto, después de que Israel decidiera no extender la moratoria. A mediados de mes, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, ofreció una renovación parcial de la moratoria a cambio de un reconocimiento de Israel como Estado judío por parte de los palestinos. Autoridades palestinas rechazaron la propuesta aseverando que no tenía nada que ver con la edificación de colonias en los territorios ocupados. Días antes, la Liga Árabe había apoyado a la OLP rechazando negociar con Israel mientras no se detuviera la construcción de asentamientos, pero había evitado romper por completo el proceso de paz.
A finales de noviembre, el Parlamento israelí aprobó una ley que exigía la realización de un referéndum, en un plazo de 180 días, antes de la suscripción de cualquier acuerdo internacional que supusiera alterar la situación de los territorios anexados por Israel. Diversos analistas coincidieron en que la medida haría más difícil para cualquier Gobierno israelí concretar la retirada de territorios que Israel considera formalmente bajo su soberanía, pero que la comunidad internacional considera territorios ocupados. Las autoridades palestinas rechazaron la decisión del Parlamento israelí e insistieron en que el fin de la ocupación en los territorios palestinos no podía depender de ningún tipo de referéndum en Israel. En diciembre, EEUU
renunció a exigir a Israel la paralización en la construcción de asentamientos como condición en las negociaciones de paz. El enviado especial de EEUU para Oriente Medio, George Mitchell, se reunió con el presidente palestino, Mahmoud Abbas, y con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, como parte de un intento de salvar las conversaciones de paz entre palestinos e israelíes. Mitchell se comprometió a lograr progresos reales en los siguientes meses hacia un acuerdo de paz. Respecto al diálogo entre los grupos palestinos, el presidente palestino, Mahmoud Abbas, responsabilizó en marzo a Irán del bloqueo en las negociaciones con el grupo islamista Hamás. El dirigente aseguró que Teherán no deseaba que Hamás firmara el documento de reconciliación impulsado por Egipto y recordó que en un principio los líderes islamistas se mostraron dispuestos a suscribir el acuerdo y que luego se negaron. A principios de abril, las tensiones entre el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbas, y el primer ministro palestino, Salam Fayyad, quedaron en evidencia tras unas declaraciones de Abbas en las que descartaba la declaración unilateral del Estado palestino, uno de los proyectos clave promovidos por Fayyad. Rivales políticos durante largo tiempo, ambos dirigentes se habían cuidado de no manifestar sus diferencias en público. No obstante, fuentes de Fatah aseguraron que la creciente iniciativa de Fayyad respecto al Estado palestino y su mayor protagonismo público llevó a Abbas a contradecir al primer ministro en una entrevista televisiva. En junio, varias propuestas e ideas nuevas para la reconciliación entre las facciones palestinas se pusieron sobre la mesa de negociaciones. Según el periódico al-Hayat, que citó a fuentes palestinas, tras la reunión del jefe de la Liga Árabe, Amr Moussa, y el jefe de Hamás en Gaza, Ismail Haniya, se estaban considerando nuevas opciones para superar el impasse, una de las cuales implicaba que ambas partes asumieran el compromiso de tener en cuenta las observaciones del contrario en lo referente al documento de reconciliación promovido por Egipto. Fatah ya firmó la iniciativa en octubre, pero Hamás exigía que se consideraran algunos de sus reparos, cuestión que El Cairo había rechazado categóricamente. No obstante, fuentes diplomáticas egipcias