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El INTI se creó en diciembre de 1957, durante el gobierno de facto de Pedro Aramburu, como un organismo autárquico, comandado por un consejo directivo con propia capacidad de organización y decisión, y cuyo funcionamiento dependía del Ministerio de Comercio e Industria de la Nación. Su objetivo fundacional consistió en refomentar la investigación y los estudios sobre procesos y usos de materias primas de origen nacional con el fin de incentivar el desarrollo de la industria, en cooperación con universidades nacionales e institutos de investigación ya existentes. En 1958, el presidente Arturo Frondizi ratificó el decreto de origen, llevando a cabo un plan de capacitación de técnicos y profesionales en apoyo a la industrialización que sumó a los objetivos existentes el de brindar una herramienta de apoyo tecnológico. Las metas eran el impulso a la innovación y el desarrollo nacional. En ese sentido el INTI dio respaldo a la formación de centros especializados e independientes que fueran idóneos para generar estrategias de investigación y capacitación propias, y que se constituyeran en la actividad central del instituto. Los centros se conformaron por iniciativa de empresas, sociedades, organismos

158 universitarios, dependencias del Estado o grupos múltiples, que acordaron con el organismo sus respectivos aportes y a cambio de recibir el apoyo necesario para lograr autonomía de recursos.

La organización institucional del INTI se vinculó con la presencia que tenían en el medio local las entidades internacionales que apoyaban los procesos de industrialización en países en vías de desarrollo, en particular con el Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de la ONU y la UNESCO, que no solo asesoró y financió a implementación de políticas industriales, sino también facilitó la comunicación con otras entidades similares de Estados Unidos, Alemania, Bélgica y Países bajos, entre otros.174 Con el intercambio de experiencias se intentaban mejorar las condiciones y los recursos para investigación y paliar el éxodo crónico de científicos argentinos, así como adoptar, transferir y replicar conocimientos en distintas áreas. El instituto se presentaba así como un organismo articulador de las ideas de planificación que acompañaban las perspectivas de expansión y consolidación del Estado de Bienestar (Suasnábar 2004: 39).

Al momento de la creación del CIDI en 1962, el INTI se encontraba en un proceso de proyección nacional e internacional, era una institución encabezada por un Consejo Directivo formado por un presidente y ocho vocales, -cuatro sugeridos por asociaciones de industriales, uno por el Banco Industrial de la República, y los tres restantes por otras agencias del Estado-, quienes regían las pautas y normativas, administraban recursos y determinaban políticas institucionales a propuestas propias y del presidente. Asimismo contaba con una Comisión Asesora encargada del seguimiento de las investigaciones y del registro y control de informes y dictámenes, que actuaba como organismo de consulta integrado por nueve científicos provenientes de la UNLP, UBA, asociaciones profesionales y entidades privadas con desarrollo de investigación científica y/o técnica que se considerara de “prestigio”. Esta Comisión informaba al Consejo Directivo sobre las posibilidades de los proyectos presentados, los programas de actividades, los recursos y medios asignados y los antecedentes en capacidad técnica para los equipos que las llevarían a cabo. Una vez aprobado el proyecto, estos equipos debían ponerse al tanto de las consideraciones de la Comisión, y trabajar alrededor de los aspectos favorables y condicionantes planteadas y a su vez, ésta llevaba a cabo el control y la asesoría respecto de la continuidad de los emprendimientos.

159 Bajo la conducción del ingeniero Salvador María del Carril el INTI, entre 1958 y 1963, dio un fuerte impulso a la creación de centros de promoción e investigación que tendieran lazos y contactos entre las empresas, las universidades y otras entidades dedicadas a la investigación técnica y científica. El objetivo era sustentar las actividades de los centros hasta que éstos consiguieran tener autonomía de recursos, de modo que se proporcionaba infraestructura –cesión de locales, equipamiento, herramientas, laboratorios, locales, servicios de biblioteca, personal técnico- y apoyo financiero para el trabajo administrativo y las tareas específicas propuestas –subsidios para viajes de intercambio, realización de encuentros científicos, organización de seminarios de estudio, entre otros-. Los centros se creaban a propuesta de “promotores” -agentes estatales, empresarios, asociaciones técnicas o profesionales- que elevaban los lineamientos y objetivos a seguir, y establecían

“el programa concreto de estudios; la duración del centro;

quiénes lo dirigirán;

la contribución de los promotores el aporte del INTI

la aceptación de los promotores de los reglamentos y normas administrativas del INTI

la proporción de propiedad respectiva de los bienes, patentes u otros beneficios que resulten del trabajo emprendido” (Tecne 1961: 6)

Entre 1959 y 1964 se crearon veintiún centros, que enumeramos a continuación, ya que sus propios nombres evidencian la diversidad de áreas de investigación que el instituto apoyó y la cantidad de instituciones de todo el país que intervinieron en su formación: Centro de Investigación de Grasas y Aceites, CIGA; Centro de Investigación Automotriz, CIA; Centro de Investigaciones para el Uso Eficiente del Combustible, CIPUEC; Centro de Investigaciones de la Tecnología Aplicada a la Construcción, CITAC; Centro de Investigaciones del Metal Estampado, CIME; Centro de Investigación de Tratamiento preservador de Madera, CTM; Centro de Investigación de Biología Marina, CIBM; Centro de Investigación Documentaria, DID; Centro de Productividad de la Argentina, CPA; Centro de Investigación en Diseño Industrial, CIDI; Centro de Investigación de la Soldadura, CIS; Centro de Investigaciones Minerales de Cuyo, CMC; Centro de Investigación de la Tecnología del Cuero, CITEC; Centro de Investigación de

160 Microbiología Industrial, CIMI; Centro de Investigaciones Metalúrgicas, CIM; Centro de Investigaciones Acústicas; Centro de Investigación para las Normas Estructurales del Hormigón, CINEH; Centro de Investigación de Ingeniería Ambiental, CIIA; Centro de Investigación de las Técnicas Matemáticas Aplicadas a la Dirección de Empresas, CITMADE; Centro de Investigación para el Estudio de problemas de la Industria de Celulosa y Papel, CICELPA; Centro de Investigación Tecnológica de la Industria del Caucho, CITIC; Centro de Investigación en Tecnología de Frutas y Hortalizas, CITEF.175

En la conformación de estos centros intervinieron universidades como la UBA, UNCu UNL, Universidad Nacional de Córdoba, UNC; Universidad Nacional del Sur, UNS; Universidad Nacional de Tucumán, UNT; Universidad Católica, UCA; y Escuelas Industriales de la Nación. También muchos de los centros contaban con el asesoramiento de la ONU y de la Organización Internacional del Trabajo, OIT, y de centros y asociaciones profesionales y empresarias, como el Centro Argentino de Ingenieros, la Cámara del Metal Estampado y Ramos Afines, la Asociación Nacional de la Productividad de la Nación; el Consejo Unión Industrial Argentina, UIA; la Asociación de Diseñadores Industriales de la Argentina, ADIA. También detectamos en la creación de estos centros la participación activa de las agencias estatales como Secretaría de Industria, Secretaría de Obras Públicas, Municipalidad de Buenos Aires, INTA, Instituto Nacional de la Productividad, INP; Comisión Nacional de Investigaciones Científicas, CNICT, Dirección Nacional de Vialidad, DVN; Dirección de Obras Sanitarias de la Nación DOSN; así como empresas automotrices, alimentarias, frigoríficas, petroleras, de herramientas industriales y de precisión entre otros.

También, como parte del plan de actualización, capacitación y formación de recursos humanos en investigación y tecnología, el INTI se integró junto a otro organismo similar dedicado a la agricultura, el INTA, y a las universidades de Buenos Aires y Córdoba y a los centros profesionales de químicos e ingenieros e ingenieros agrónomos, a la Internacional Association for the Exchange of Students for Technical Experiencie, IAESTE, entidad que facilitó el intercambio de estudiantes de las disciplinas “científicas y técnicas” otorgando becas de trabajo en instituciones extranjeras.

Hasta aquí hemos presentado los fundamentos que dieron lugar al INTI como ente de promoción de la investigación científica en el momento de impulso al desarrollo de la

161 industria, y el auspicio al intercambio y circulación de profesionales y especialistas con entidades extranjeras, así como la existencia de un plan de cooperación para integrar actores de distintas agencias, estatales y privadas, en la investigación, cuyo espacio común estaría en un centro de investigación sustentado por el instituto y que funcionaba en el mismo. Constatamos así el momento integrador de entidades representativas de lo que Schvarzer denominó como “redes académicas y empresarias”, en referencia a las vinculaciones entre cámaras, asociaciones, consejos, y su acceso y consolidación como la agencia estatal –centros de investigación- en el marco de una entidad que les dio apoyo (2000: 230).

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